Santiago Masarnau (Sobre la organización de la Sociedad, sus prácticas y efectos que estas deben producir)

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1853

La Asociación de San Vicente de Paúl, tan humilde en su origen, en sus Estatutos y en sus prácticas todas, se ha desarrollado en algunos años, y sigue extendiéndose por todo el mundo de un modo verdaderamente prodigioso. En nuestra España también crece y se propaga. Reconozcámoslo con satisfacción, y demos al Señor de lo íntimo de nuestro corazón las más sinceras gracias por ello. Pero no nos contentemos con esto. Debemos también meditar con frecuencia delante de Dios el espíritu verdadero de esta nuestra Institución, y esmerarnos en correspondo; a la gracia tan grande que nos ha dispensado llamándonos a ella.

Señores: los bienes que la Sociedad do S. V. de P. está destinada a producir, son incalculables. Para formarse alguna idea de ellos os preciso considerar: primero, la formación de esta Sociedad, es decir, la clase de personas que la componen; en segundo lugar, las prácticas de la Sociedad; y en tercer lugar, los efectos que estas prácticas deben necesariamente producir.

Dediquemos algunos instantes a la consideración de estos tres puntos, sobre los cuales interesa mucho que nos formemos todos ideas bien claras y terminantes.

1.° ¿Qué circunstancias han de concurrir en los miembros activos de nuestra Asociación? Fundada por jóvenes, solo admitió en su seno, durante algunos años, a los que no pasaban de treinta. Más la experiencia enseñó que también podían ingresar personas de más edad con ventaja propia y de la Asociación. En el día se admiten, pues, de todas edades. En cuanto a la condición social de los que pueden formar parte de la Asociación, nunca so determinó regla alguna. Desde luego se admitieron, y se han seguido admitiendo indistintamente, tanto personas de la más alta jerarquía como modestos artesanos, estudiantes, militares, letrados, comerciantes, artistas, etc., etc. Parece al pronto, en vista de esto, que el número de miembros activos debe aumentarse rápidamente en cualquier parte en que se halle establecida una Conferencia; y sin embargo, no es así. No puede ser así, porque so procede siempre con cautela al admitir nuevos consocios; y esta prudente cautela es de absoluta indispensabilidad, atendido el estado general de las costumbres, el espíritu de la época presente, la corrupción, digámoslo claro, del mundo en que vivimos, y en que seguimos viviendo, aun después de ingresar en esta santa Asociación. Esta exijo de sus asociados una fe viva y sostenida por la práctica de las virtudes cristianas; una fe sólida, y cimentada en el amor de Dios y del prójimo; una fe, en fin, nutrida por la frecuencia de los santos Sacramentos de la Penitencia y de la divina Eucaristía. Esta fe, Señores, existe sin duda; VV. lo saben muy bien, pero no es común. Y como las apariencias engañan, y como se ha hecho tan general el hábito de aparentar lo que no se siente, resulta que no es tan fácil la determinación de las personas que se hallan en el caso de poder ingresar en nuestra Asociación. Conviene fijarse bien en esta circunstancia, que se puedo decir es la única que decide de la admisión o no admisión de los que se proponen para formar parte de la Sociedad de S. V. de P. Por lo demás, hay otras condiciones imaginarias, a las que sin embargo se da mucha importancia no mereciendo ninguna, y resultando de aquí que se retarda o imposibilita el ingreso de personas que pudieran ser de suma utilidad a la Asociación. Así, por ejemplo, se cree, por algunos que para formar parte de esta Sociedad se necesita estar desocupado, y osle es un error. La Sociedad de S. V. de P. ha sido fundada por hombres y para hombres muy ocupados. Es innegable que cuanto más tiempo tenga uno disponible, más podrá utilizar en beneficio de los pobres; pero por falla de tiempo nos atrevemos a decir que apenas habrá quien no pueda ingresar en la Sociedad, y lomar una parte activa en sus trabajos. Para persuadirse de esto, bastará observar que no tenemos hora determinada para ninguna de nuestras prácticas habituales, exceptuando la Conferencia semanal, que suele ocuparnos una hora escasa del domingo. ¿Y habrá algún hombre de fe que no pueda disponer de esa hora escasa en el día del descanso y de las prácticas religiosas? Porque nuestras conferencias no se parecen a las reuniones que se suelen celebrar en oirás Asociaciones. El objeto es distribuir los bonos, y la mesa prepara las cosas de manera que no tiene lugar la discusión, porque la palabra de las Conferencias, como dice nuestro Manual, es la oración. La distribución de bonos está dispuesta de modo que no debe ocupar arriba de 15 a 20 minutos en la Conferencia más numerosa. Si se presenta alguna duda sobre el aumento o disminución de socorros, sobre la admisión o suspensión de alguna familia, etc., la mesa la resuelve o la aplaza inmediatamente. La proposición o la votación do un nuevo consocio es asunto de pocos instantes. En fin, todo está calculado para ahorrar el tiempo y evitar la discusión, que desde el principio se observó no convenir al espíritu de la Asociación. Por otra parte, como nos vemos con frecuencia fuera de la Conferencia; como el cultivo de nuestra amistad es uno de nuestros objetos principales; como visitamos juntos a nuestros pobres, no nos faltan ocasiones de tratar de sus intereses, sin necesidad de hacerlo en la Conferencia misma. La visita se hace como y cuando se puede. No hay día ni hora determinada para ella, y unas veces aplazando al pobre, si tiene ocupación fuera de su casa, otras veces cambiando de hora a propósito, con la mira de observar mejor sus hábitos, siempre se puede cumplir esta práctica a costa de poquísima pérdida de tiempo. En una palabra, sean cuales, fueren las ocupaciones de un miembro de la Asociación, puede muy bien llenar los cargos que ésta le impone, y que se distribuyen con conocimiento de las circunstancias respectivas de cada uno

Otra condición se ha creído también necesaria para ingresar en nuestra Asociación no siéndolo realmente, y debemos declararlo aquí; a saber, que es preciso dar tanto o cuanto a la colecta. No existe, ni ha existido nunca, semejante condición en nuestra Asociación. Se exijo, sí, para ingresar en ella que se halle uno en estado de dar, aunque sea poco, esto es, no hallarse en estado de verdadera pobreza; pero entre esto y el exigir que se dé, hay una diferencia que conviene mucho advertir. Ha dicho alguno: “pero si no doy ¿con qué se pagan los bonos que llevo a los pobres?”. A eso respondemos, que esos bonos se pagan con el dinero de los que dan. Bueno, muy bueno por supuesto, es dar a la colecta, y todos debemos procurar no solo dar, sino dar lo más posible; pero no es lo misino reconocerlo así y recomendarlo, que exigirlo. Cabalmente es esta una de las bases más sólidas de nuestro querido edificio. Esta preciosa libertad en que todos estamos respecto al dar o al no dar, unida a este no menos precioso secreto respecto al que da y al que no da, forman su verdadero cimiento. Las ventajas inmensas de esa libertad y do ese secreto serían larguísimas de enumerar, y no es creíble que puedan ocultarse a la penetración do VV. Pasemos, pues, a considerar en segundo lugar las prácticas de nuestra Asociación.

Sobre este punto es fácil también formarse ideas muy equivocadas. Lo hemos observado repetidas veces, y desearíamos por lo tanto fijar bien en la mente de todos VV. la verdadera tendencia de nuestras prácticas, que no es la que a primera vista aparece, y en la que sin embargo consiste la esencia misma de nuestra Asociación. Esta tiene por objeto la caridad, pero la caridad en toda su ostensión. El alivio de las miserias espirituales y corporales de la humanidad entera por amor a Dios. ¿Hemos considerado suficientemente la extensión de este campo que se abre aquí a nuestra actividad, a nuestro celo, a nuestra fe? ¿Hemos calculado sus límites? ¿Acaso los tiene? Miserias espirituales y corporales nos rodean por todas partes. No podemos dar un paso sin tropezar con ellas. Apenas podemos dirigir la vista a objeto alguno que no nos las pruebe o recuerde al menos. Se equivoca por consiguiente mucho el que entiende que nuestra misión está reducida a visitar algunos pobres y a socorrer cierto número de menesterosos. No; el miembro de S. V. de P. no debe olvidar nunca el objeto de la Asociación a que pertenece; y si no lo olvida y procura llenarlo, en todas partes y a todas horas podrá hacer muchísimo bien con la ayuda de la Divina gracia. En el salón magníficamente decorado, no menos que en la desabrigada guardilla, cerca del opulento lo mismo que al lado del pordiosero, en el palacio como en la choza, hallará repetidísimas ocasiones de ejercer la gran virtud de la caridad, que no se limita ni puede limitarse a la limosna material. Vivimos en el mundo, y no renunciamos al mundo por entrar en esta

Asociación. Pero nos proponemos combatir la corrupción del mundo hasta donde lo permitan nuestras débiles fuerzas, porque esto también es caridad. Nos proponemos sostener en el mundo la divina moral del Evangelio: empresa ardua, pero que la Asociación de S. V. de P. procura en todas partes llevar a cabo, apoyada en su fe, y únicamente en su fe. Nos proponemos defender la verdad, combatir el error, sostener la Iglesia, impugnar la herejía, ensalzar toda virtud, deprimir lodo vicio; en una palabra, luchar varonilmente a todas horas y en todas partes contra la corrupción de este mundo en que vivimos, y del que Dios no nos ha querido sacar, pero de cuyo contagio nos quiere preserva!’. Este es el campo de la verdadera caridad; y por cierto que si nos dedicamos como debemos a su cultivo, pocos momentos nos quedarán de ocio. En efecto, nuestra vida debe ser toda de acción. El sabio y conciso lema adoptado por otra institución modernamente establecida en Alemania, nos conviene a nosotros perfectamente. Este lema se reduce a dos solas palabras: Ora el labora. Estas palabras deben resonar constantemente en nuestro oído. Su gran significado no debe apartarse un momento de nuestra mente. De este modo, y solo así, lograremos corresponder a la gracia que el Señor nos ha dispensado llamándonos a esta Asociación. De este modo conseguiremos en España, como nuestros hermanos lo consiguen en otros países, obtener los resultados admirables que la Sociedad de S. V. de P. produce, y que nos hemos propuesto indicar, aunque brevemente, para terminar este pequeño discurso.

En una época como la presente, en que el llamado positivismo tiende a dominarlo todo; en que la sed de goces materiales ha penetrado ya en todas las clases; en que se ha formado como un empeño en separar la moral del cristianismo, una Sociedad de seglares, unida por el santo vínculo de la fe católica, y únicamente apoyada en ella, se extiende por todo el mundo. En contado inmediato con el pobre, con el rico, con el ignorante, con el instruido, con el incrédulo, con el creyente, en una palabra, con el hombre en todas sus posiciones físicas y morales, se propone consolar, socorrer, mitigar toda especie de dolor, aliviar todo género de miserias. Advirtiendo que la desgracia del pobre no consiste tanto en la pobreza misma como en la falla de su verdadera apreciación, procura enseñársela a fuerza de paciencia y de amor. Notando que el peligro del rico no consiste tanto en la riqueza misma como en el mal uso que de ella suele hacer, procura demostrarle el verdadero destino de los bienes que la Divina Providencia le ha deparado. Conociendo que la felicidad a que el hombre puede aspirar en esta existencia no depende de su trago, ni de su comida, ni do su habitación, sino únicamente de la práctica de las virtudes evangélicas, predica esta práctica en todo tiempo y lugar, primero con el ejemplo, esto es, con el mayor esmero en el cumplimiento de todos los deberes, sostenido por la oración y la frecuencia de Sacramentos, y segundo con la palabra, pero con la palabra templada siempre por la prudencia cristiana. Su influencia benéfica penetra poco a poco por todas partes, por todos los rangos, por la humanidad entera; ¿y qué resultados no se pueden esperar de esta continua y cada día más extensa influencia? ¿Qué resultados no está produciendo ya? Nuestros cuadros estadísticos hablan de los millones que la Sociedad roba al lujo y al vicio para invertirlos en sus limosnas materiales. Estos cuadros nos dicen las Conferencias que van naciendo, los Consejos que se van estableciendo, los socorros que se distribuyen, con otra porción de datos curiosos y de bastante interés. Pero, Señores, en estos cuadros no se lee lo principal, porque en ellos no se expresa ni se puedo expresar el efecto verdadero de todos los trabajos de la Sociedad: No se lee en estos cuadros el número de pobres que se han conformado con su pobreza; el de ricos que se ha santificado por el buen uso de sus riquezas; el número de ambiciosos que ha conocido y detestado la causa de su loca ambición; el número de ilusos por las diversas fantasmagorías del mundo, que ha conocido la vanidad de sus antiguos ídolos; el número de los malos matrimonios arreglados; el de los tratos ilícitos cortados, el de los odios calmados; el de las venganzas evitadas; el número, en fin, de los que la Sociedad ha arrancado de la esclavitud del pecado, y restituido a la libertad de los hijos fieles de la Iglesia.

Estos números, sin embargo, por la misericordia de Dios son bastante considerables, y seguirán siéndolo cada día más y más si nosotros permanecemos siempre fieles al espíritu de verdadera caridad, que ha dado origen y progreso a nuestra Asociación, y que con la ayuda do la Divina gracia puede hacer de ella una verdadera palanca, cuyo punto de apoyo es la fe católica, cuya potencia es el amor, y cuya resistencia es el pecado.

En nuestra mano está, Señores, que la Sociedad continúe obrando los efectos prodigiosos que hasta aquí ha logrado producir. La gracia que para conseguirlo necesitamos obtener se nos concederá, si de corazón la pedimos a Dios por la intercesión de la Santísima Virgen y de nuestro gran Patrono. Y si nos esmeramos en corresponder dignamente a esta gracia después de obtenida, es, como decíamos al principio, incalculable el bien que podemos reportar. Oremos, pues, y trabajemos incesantemente. Ora el labora. Oremos cada vez con más y más fervor. Trabajemos cada día con mayor celo; y mientras otros pierden su tiempo, su tranquilidad y la paz del alma en discusiones y cálculos interminables sobre el alivio de las clases menesterosas, sobre la moralización de las clases opulentas, sobre la mejora de la condición humana, sigamos nosotros dedicándonos al alivio y remedio de todas sus miserias, proporcionando así del único modo posible la felicidad que nuestros semejantes y que nosotros mismos podemos alcanzar en esta existencia, y asegurando de paso aquella inmarcesible a que todos debemos aspirar en la otra.

Y mientras somos llamados a esa otra existencia, no nos olvidemos de los hermanos que nos han precedido. Sus nombres se publican en d Boletín todos los meses, con el objeto de que en todas las Conferencias se rece el De profanáis por el descanso de sus almas. Pero hay un día señalado en el año para ofrecer en su sufragio el santo sacrificio de la Misa. Este día es el primer lunes de Cuaresma, es decir, el día de mañana. Contamos, pues, con la asistencia de VV., de aquellos cuyas obligaciones se lo permitan, a la santa Misa que se debe celebrar con esto objeto. Contamos con su fervor, para pedir en ella al Dios de las misericordias el perdón de los pecados, de las faltas y de las miserias todas de nuestros queridos hermanos difuntos. La amistad que a ellos nos une es más fuerte que la muerte. Esta logra solo separarnos de nuestros hermanos por algún tiempo; pero confiemos en la misericordia del Dios que nos los ha hecho conocer y amar en este desierto de la vida, para volvernos a unir con ellos por toda la eternidad en la patria prometida. Allí nos aguarda a todos la más Amplia recompensa de nuestros sacrificios, do nuestro celo, de nuestra caridad. Allí encontraremos con usura lo que aquí hayamos dado. Allí penetraremos toda la verdad del célebre epitafio que se lee en el Campo Santo de Pisa, y que tanto ha llamado la atención de los que le visitan. Este epitafio traducido a nuestro idioma viene a decir:

No tengo lo que gasté;

Lo que guardé, lo perdí.

Solo tengo lo que di.

 

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