Nació en Madrid el 10 de Diciembre de 1805. D. Santiago Masarnau y Fernández, notable músico, hombre piadosísimo y fundador en España de las Conferencias de San Vicente de Paúl.
Fueron tan precoces sus disposiciones para la música, que a los trece años de edad compuso una Misa, que se cantó en la Capilla Real, lo que motivó que Fernando VII le honrase con el nombre de gentilhombre en Octubre de 1819.
Con gran aprovechamiento y ganando algunos premios, figuró como alumno en el Colegio de Agustinos de Doña María de Aragón y en los Estudios de San Isidro.
En Agosto de 1825 hizo su primer viaje a París, y en esta capital y en Londres pasó gran parte de su juventud dedicado al arte musical.
En 1838 y hallándose en París empezó Masarnau sus ejercicios de piedad, pues hasta entonces, como dice su entusiasta biógrafo Sr. Quadrado, «si algún homenaje rendía al principio o al sentimiento católico, tenía más de reflexión filosófica que de arranque devoto».
Después de una detenidísima confesión general, comulgó Masarnau en 19 de Mayo de dicho año en la Iglesia de Nuestra Señora de Loreto, frecuentando ya sin interrupción los Sacramentos y dedicándose a la oración y a la caridad.
El domingo 9 de Junio de 1839 asistió por primera vez en París a una Conferencia de San Vicente el que había de ser fundador de ellas en España, y desde el primer momento se distinguió por su fervoroso celo.
El cariño de su hermano, el recuerdo de los suyos, le llamaba a España, y en 9 de Mayo de 1843 entró en Madrid, para instalarse en él definitivamente, corno vicedirector del Colegio de Masarnau, establecido por su hermano en la calle Alcalá, sobre el solar donde se alzó antes el convento de las Vallecas y sitios que hoy ocupa la casa cuya planta baja es el café de Fornos.
Desde su regreso a la Corte, y aun antes, acariciaba Don Santiago la idea de introducir en España la piadosa institución que le era tan querida; y tanto hizo, que en II de Noviembre de 1849 se reunió en Madrid la primera Conferencia de San Vicente, que fue la de San Sebastián, siendo sus primeros socios el que luego fue sabio catedrático y españolísimo escritor D. Vicente de Lafuente, el profesor de Francés D. Anselmo Ouradou y el famoso artista, perfecto caballero, prodigioso erudito y literato castizo D. Pedro de Madrazo.
Celebráronse las primeras Conferencias en una casa del Sr. Ouradou, y la primera Comunión pública el 8 de Diciembre de aquel año en la Iglesia de los Capuchinos del Prado. En 1854 eran muchas las Conferencias fundadas, y tuvo lugar su creación por este orden: San Sebastián, Santa María de la Almudena, San José y Santa Cruz (Madrid), Burgos, Calella (Cataluña), Huesca, Jaén, Santander, Valladolid, Rueda, Salamanca y Palencia. Todas ellas y las que posteriormente nacieron recibían impulsos y dirección de «La Colmena», centro administrativo y oficina permanente del Consejo Central, del que era alma y vida D. Santiago Masarnau. Tan piadosa ocupación era compatible para nuestro biografiado con su afición artística, el cumplido desempeño de sus tareas en el Colegio de su hermano y el cuidado con que atendía al Hospital de los Franceses de la Red de San Luis, al Asilo de Santa Isabel, de la calle de Hortaleza, y a una correspondencia sostenida con el Consejo de París y con las personas que de todas las provincias de España acudían a pedir a D. Santiago auxilio y luces.
En 1863 dejaron los dos hermanos la dirección del Colegio, y en 1864 eran en España 9.575 los socios activos de San Vicente, de los cuales sólo en Madrid, durante la invasión colérica de 1865, fallecieron 11.
En 21 de Octubre de 1868 disolvió el Gobierno la Sociedad, y la autoridad se incautó de los papeles de «La Colmena», y muebles, y dinero; y triunfante la Restauración, se alzó el entredicho y se recobraron los papeles; ¡los dineros fueron los que no aparecieron! ¡Sic transit en todas las iguales o parecidas ocasiones!
Incansable se mostró Masarnau en la segunda época de las Conferencias, corno se había mostrado durante su eclipse, en no abandonar el cumplimiento de la misión piadosa que se había impuesto; pero su salud padecía, y la muerte de su hermano, ocurrida repentinamente en 21 de Diciembre de 1879, fue un golpe terrible.
Se le veía acabar, y él, que notaba que sus consocios se apenaban y que temían no llorar sólo su muerte, sino la de las Conferencias, pues le creían insustituible, les dijo en ocasión solemne: —¿Qué agravio mayor al poder y a la bondad de Dios, de quien el hombre no es más que instrumento, que esa frase vulgar «si no fuera por Fulano», que a todo propósito repetimos? ¿A quién se le ocurre creer que el cuchillo corta, que la escoba barre, que el martillo clava por sí solo?
Trasladóse «La Colmena» desde la calle del Prado a la de la Greda, pero ya asistió muy poco a dicho Centro D. Santiago, encargándose de la dirección D. Vicente de Lafuente y D. Mariano Bosch hasta el II de Noviembre de 1882, en que fue nombrado Presidente D. Luis de Tapia.
Algún alivio experimentó D. Santiago, pero cuatro días después de cumplir los setenta y siete años, en 14 de Diciembre de 1882, rodeado de consocios y de pobres y confortado con la administración de los Sacramentos, murió el fundador de las Conferencias, el infatigable propagandista, el piadosísimo amparo de los desgraciados, su maestro y consejero, que de todos era conocido por ¡D. Santiago!
A su memoria dedicaron sentidísimos artículos D. Vicente Lafuente, D. José María Esperanza y Doña Concepción Arenal, y las noticias que aquí se dan son todas extracto del primoroso y sentidísimo trabajo biográfico debido a la castiza pluma de D. José María Quadrado. Y han sido tan notorias las virtudes de D. Santiago Masarnau y tan convencidos quedaron los que le conocieron de que había muerto en olor de santidad, que se ha incoado (y admitido) el expediente de beatificación de este hombre ejemplar.
ENSEÑANZAS DE D. SANTIAGO
- Respecto al dinero pueden suceder cuatro cosas: I.a, no tenerlo y necesitarlo, malo es; a, tenerlo y necesitarlo, menos malo; 3ª, tenerlo y no necesitarlo, mejor aún; y 4.a, no tenerlo ni necesitarlo; esta es mejor de todas.
- Las necesidades crecen al compás del ocio.
- La máquina que hace más ruido no es la que produce más efecto, ni el horno que echa más humo es el que mejor quema: tampoco el hombre que más ríe 6 mete más bulla suele ser el que más goza.
- Se escoge demasiado tal vez lo que se come, y poco o nada lo que se lee.
- De dos que disputan acaloradamente, ninguno tiene razón. Algo de lo mismo pasa con las guerras, mayormente si son civiles.
- ¿Por qué se aparta la vista de un objeto inmundo y no se separa de uno obsceno?
- El pensamiento es como el acero; si no se usa, se toma; si se usa demasiado, se gasta.
- El arte de montar consiste en adaptar los movimientos del cuerpo a los del caballo; así como el arte de vivir, en conformar los afectos del ánimo a las circunstancias en que Dios nos coloca.
- La moral cristiana no pide cuenta al hombre de lo que siente, sino de lo que consiente.
- En las quejas y alarmas de los males presentes y de las persecuciones que atravesamos, nos parecemos los católicos del día a los niños que lloran y rabian cuando los lavan para vestirlos.
MÁXIMAS DE D. SANTIAGO MASARNAU SACADAS AL AZAR DE LAS CIENTO Y MÁS PUBLICADAS.
- Cuidado con la lengua de la sociedad y con el pensamiento en la soledad.
- Callar con igual esmero todo lo bueno propio y lo malo ajeno.
- Oración y trabajo son los dos remos del barco, las dos alas del ave, los dos pies del hombre; se necesitan y completan mutuamente.
- El que vence sus pasiones es señor del mundo; a hemos de mandarlas a ellas, o hemos de ser sus esclavos; mejor es, pues, ser martillo que yunque.
- El malo no cree en la bondad de nadie: le sucede lo que al borracho, que, no pudiendo tenerse en pie, le parece que todo el mundo se cae.
- Decir de Dios toda lo que permita la prudencia; decir bien del prójimo todo lo que permita la verdad; decir mal de sí mismo todo lo que no llegue a
- Del empeño en mirar las faltas ajenas y en olvidar las propias dimana la murmuración, hija del orgullo.
- ¿Qué es el hombre? Un cuerpo que viene de la tierra, unido a un alma que va al Cielo.
- Tristeza es una flaqueza, comparable en un cristiano a miedo en un soldado: si no hay peligro es tontería, y cobardía si lo hay.
- ¿Cómo amar a los malos? Como nos ama a nosotros Jesucristo.
- Dios, como los reyes, premia con cruces a sus favoritos.
- Ni la vela luce hasta que arde, ni perfuma el incienso hasta que se quema, ni el hombre ama hasta que sufre.
- Todos tenemos nuestros defectos, y el mayor acaso es el de no saber callar y tolerar los ajenos.
ANALES 1906







