Santa Luisa y las Caridades

Francisco Javier Fernández ChentoLuisa de MarillacLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Carmen Hernández. H.C. .
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Francia, siglo XVII. Los pobres son despreciados, relegados, reducidos, encarcelados.

Vicente de Paúl ve en ellos seres humanos, a los que hay que devolver su dignidad, sacarlos de su pobreza y aislamiento, como hijos preferidos de Dios. Organiza, en 1717, en Chatillon-en-Bresse, una  asociación de Señoras, que se llaman hermanas de la Caridad, – también colaboran caballeros- lo que  hoy llamamos Asociación Internacional de Caridad, y a sus miembros, Voluntarias; no es una organización solamente humanitaria, Vicente «desea, con todas sus fuerzas, que sea una escuela de verdaderos y auténticos cristianos y cristianas…»1 no se limita a atender sólo las necesidades corporales, considera la integridad de la persona.

Luisa de Marillac se adhiere al proyecto de Vicente, pone su capacidad organizativa, sensibilidad femenina y amor al prójimo, al servicio de los necesitados. En 1629 la vemos visitando las «Caridades» erigidas por Vicente de Paúl. En este mismo año se fundó la Cofradía en París, en la parroquia de San Salvador.2

Luisa se dispone para partir a Montmirail donde se encuentra Vicente. Era su primera salida apostólica.  Vicente, el 16 de mayo de 1629 escribe: «Le envío las cartas y la memoria que serán menester para su viaje. Vaya, pues, Señorita, en nombre de nuestro Señor. Ruego a su divina bondad que ella le acompañe, que sea ella su consuelo en el camino,… fuerza en el trabajo …

Comulgará usted el día de la partida para honrar la caridad de nuestro Señor …

Sobre lo que me pregunta de si se quedará más tiempo del que le dije, creo que será bastante estar un día o dos en cada lugar …»3

Los viajes los realiza en carruajes muy incómodos, sufriendo muchas penalidades, comiendo y durmiendo pobremente para ponerse en el lugar de los pobres. Va cargada de ropas, medicinas, alimentos que paga de su dinero como también los viajes. En los pueblos reúne a las mujeres de la cofradía para darles instrucciones animándolas con entusiasmo; restaura las que están en decadencia. Ella misma visita a los enfermos encargándose no sólo de las necesidades del cuerpo, sino que procura remediar otras necesidades más profundas del alma. Sabe que la ignorancia es la madre de todas las miserias; reúne a las muchachas del campo para instruirlas en los deberes de la vida cristiana.4 A las reuniones de Luisa no sólo acuden las señoras, atraídas  por su elocuencia y sencillez cautivadoras, también los hombres, sin ser vistos, se interesaban por sus charlas.

Al partir de Beauvais, hacia París como le acompañaba mucha gente para despedirla, un niño cayó bajo la rueda de su carruaje. Luisa se apresura a orar, y todos pueden ver cómo el niño se levanta sin ninguna herida.5

En sus visitas lleva dos objetivos: organizar las Caridades y establecer escuelitas  para instruir en catecismo y enseñar a leer. No es suficiente remediar el hambre presente, hay que preparar para que salgan de su ignorancia y pobreza. Buscaba y preparaba jóvenes para que hiciesen de maestras. En el archivo de la Casa Madre de París se conserva un Catecismo escrito, casi con toda certeza, por Luisa de Marillac, para facilitar la enseñanza de la doctrina cristiana en las aldeas. Más tarde se emplearía para instruir a los niños expósitos e incluso para formar a las primeras hermanas.6

El Señor Vicente escribe a la Señorita Legrás hacia 1630:

«Por lo que se refiere a su Caridad [Probablemente la Caridad de Saint Nicolas-du Chardonnet] no puedo decirla cuánto ha sido mi consuelo … Determinar que guarde el dinero el señor vicario es cosa que conviene mucho evitar, por la cantidad de inconvenientes … se ha experimentado que, de todos los medios, el más seguro que se puede practicar en la caridad es el que tienen usted en su mente…

Que las mujeres no dependan, en esto, de los hombres, sobre todo en la bolsa. Ánimo Señorita ¿Dirá después de esto que es inútil en el mundo?».7

Luisa escribe en febrero de 1630:

«El miércoles … salí para ir a Asnières … para ir a Saint Cloud …»8

Visita las Cofradías de Sannois, Franconville, Herblay y Conflans.

Escribe sus notas:

«Hace un año que no hay Procurador en Sannois pero un buen hombre se ha encargado siempre de apuntar los ingresos y los gastos, y ahora no tiene inconveniente en aceptar el cargo por elección.

Las hermanas [señoras] de esta Caridad se han enfriado un poco en sus prácticas y con frecuencia han dejado de hacer la visita a los enfermos en el día de su turno, porque la Tesorera tiene tan buena voluntad que se ha encargado ella de preparar el puchero en lugar de las de turno y también porque la Superiora [presidenta] y ella se han contentado con dar dinero a los enfermos …y descuidaban con frecuencia de tener preparada la carne, dando a los enfermos huevos y otra cosa de su gusto.»9

Se tiene establecido de la presidenta guarde una llave de la caja, otra la tesorera. Luisa anota que las dos llaves la guardaba la tesorera. También tienen dificultades en discernir a quienes deben asistir. Hay pocos que no tienen nada pero en cambio hay muchos que tienen tan hipotecados sus pocos bienes que llegarían a morirse de hambre antes de poder venderlos.

En Franconville halla  otras anomalías: el Procurador de la Caridad ha prestado dinero a personas mediante garantía; las señoras de la junta no se atreven a oponerse porque es muy tajante. Algunas señoras han dejado sus cargos. Hay otras señoras a las que es muy difícil removerlas de sus cargos, cuando han cesado, para que entren otras a ocuparlos. También encuentra los mismos defectos que en Sannois: dan dinero a los enfermos, prescinden de darles carne y muchas hermanas [señoras] el día que les toca, hacen el gasto a su capricho sin atenerse al reglamento.

En Herblay las hermanas [señoras] de la Caridad están en su primer fervor, mas les cuesta hacer la cuestación y la tesorera no lleva libro de cuentas.

En Conflans  encuentra que no ha habido nunca Procurador elegido y se ha interrumpido el ejercicio de visitar a los enfermos. Un eclesiástico se encarga de apuntar los gastos pero no los ingresos por que dice que apenas hay dinero. No tienen ya ropa blanca, de fondos tienen cerca de 50 libras. Han dado dinero a los enfermos con el beneplácito del señor Cura Párroco. Con frecuencia han dejado de dar carne a los enfermos. Todos han prometido observar el reglamento y algunos han prometido proporcionar ropa.10

Luisa trabaja incansable para poner orden las Caridades. Sus perspicacia, tesón y talento son capaces de persuadir, de aconsejar de revitalizar las cofradías. Todo lo encomienda al Señor en sus oraciones, su comunicación con Vicente es constante para pedir consejo y corregir lo que cree conveniente.

En sus escritos también aparece un reglamento de la Caridad que es digno de transcribirse, al menos un pequeño resumen:

«El fin para el cual debe ser instituida la Cofradía de la Caridad.

Quedará instituida en la Iglesia Parroquial … para honrar a Nuestro Señor Jesús su Patrón, y a su Santa Madre; para asistir a los pobres enfermos de dicha Parroquia, espiritualmente … y corporalmente.

Patrón de la Cofradía.

Será Nuestro Señor Jesucristo que es la Caridad misma.

De qué personas estará compuesta

De un número fijo de honestas mujeres casadas y solteras … llevarán el nombre de siervas de los pobres.

De las Oficialas (miembros de la junta)

Elegirán a tres que llevarán la dirección de la Cofradía … una de las tres será Directora o Superiora y las otras dos, primera y segunda asistenta.

De la Directora

Se encarga de que el reglamento se observe y de que los enfermos están bien atendidos y procurará el aumento de los ingresos de la Cofradía.

Siguen los puntos sobre las Asistentas, del deber de cada una de las siervas de los pobres, de cómo actuarán para servirles. Describe con todo detalle lo que debe hacer cada una.

De cómo alimentar a los enfermos

Cada enfermo recibirá de cuatro a cinco onzas de carne de cordero o de ternera … y medio cuartillo de vino … Los días de vigilia tomarán dos huevos en cada comida, con caldo hecho con mantequilla y yema de huevo.

De la caridad mutua entre ellas

Se querrán entre sí, como hermanas …

De la elección de Oficialas y de la rendición de cuentas.11

Es un reglamento elaborado con todo detalle. Vicente forma los reglamentos; Luisa los retoca, los acomoda a las necesidades y los pone en vigor.

Visita las cofradías de Pont Sainte Maxence, Verneuil, Gournay, Neufville y Bulles, (1633)12

Con estas pequeñas muestras de sus escritos podemos tener idea del trabajo tan intenso que ocupaba a nuestra santa y de lo minuciosa que era.

«Llegué a Verneuil y me alojé en casa de un panadero … vi allí a dos enfermos …Las hermanas se han repartido los barrios … No se preocupan de que reciban los sacramentos hasta que los ven muy graves. Se quejan de que la Tesorera es difícil … Tienen tendencia a hacer cada una según su inclinación … La Superiora propone que no  se espera a que los enfermos lo hayan vendido todo para socorrerlos. Hay algunos fondos. La señora propone que se compre una casa para alojar a los pobres, u otras proponen comprar algunas parcelas de terreno, a cusa de la mortalidad que a veces se ceba sobre el ganado. Se echa de de ver bastante cordialidad entre las Hermanas …»

Las hermanas se quejan de la superiora porque deja de asistir demasiado pronto a los enfermos y de no se reúnen para tratar juntas de las necesidades de los pobres y no leen el reglamento. Asisten a los sepelios y acompañan a los enterradores.

La señorita continúa escribiendo que llega a Pont, el martes y se aloja en la «Flor de Lis». Las señoras visitan a los enfermos cuando no hay contagio pero no les llevan el caldo hasta mediodía y más bien poco. Acompañan a los muertos y los amortajan; ofrecen por ellos la primera comunión que hacen, sin ofrecer ninguna extraordinaria.

Cada semana hacen la colecta y suelen sacar 4 libras y aún más.

En Gournay encuentra que las hermanas son algo más rudas que en otros lugares y se aprecia menos caridad entre ellas.

Hay enfermos tienen algunos bienes pero no pueden venderlos. Los asisten con limosnas particulares par que no sean cargas para el pueblo. No tienen ovejas ni corderos.

Al llegar a Neufville-le Roy, se aloja en la posada. Y anota: poseen seis ovejas y seis corderos y en dinero sólo 13 o 15 libras. Los campesinos murmuran  y las hermanas no pueden hacer lo que deben.

Luisa no se limita a observar y a anotar lo que ve; explica el reglamento aconseja, exhorta y sirve a los enfermos, dando ejemplo de dedicación y amor a los pobres.

Llega Bulles donde ha fallecido una hermana [señora] y las demás no han ofrecido la comunión por ella.

«Visitan a los enfermos tres veces al día. Poseen quince o dieciséis ovejas y diez o doce corderos que se crían en casa de particulares en provecho de la Caridad … Disponen de jergones, almohadas, colchas, mantas y mucha ropa blanca; además de dinero, 15 o 16 escudos …»13

Da razón de la visita a Verneuil, en 1633. El pueblo es grande y las Hermanas de la cofradía se quejan de que no visitan más que un barrio. La tesorera se limita a guardar el dinero a causa de su mala salud. La Superiora [presidenta] propone que no se espere a que los enfermos hayan vendido todo su patrimonio. No tienen orden en algunas cosas. Observa que tienen cordialidad entre ellas. Tiene muy en cuenta siempre cómo se tratan entre los miembros de la junta. En cada visita analiza punto por punto el reglamento. Explica, aconseja; sus intervenciones mueven a organizar bien la caridad. En un libro hay que anotar la muerte de las señoras de la junta, en otro lugar la recepción de los enfermos y salida, ya sea por curación o defunción. Por el otro lado del libro anotarán las limosnas y los enseres de los enfermos. El libro debe mantenerse guardado en el arca.14

En la siguiente carta se traslucen la prudencia, agudeza y sentido práctico de nuestra santa. San Vicente escribe el reglamento pero es santa Luisa la que lo estudia y corrige. Expone siempre con humildad y finura su parecer. En cada propuesta añade: «si le parece». En otros puntos dice: «me parece».

Hacia 1634 escribe al Sr. Vicente al devolverle el reglamento de San Salvador. Le parece que no conviene poner ese comienzo porque hace depender toda la Cofradía, del Señor cura. «Lo que sí es cierto que los Señores Curas de Beauvais se alegrarían mucho de ello, pero les llevaría inmediatamente a no querer que nadie tuviese conocimiento de lo que ocurriera en cada Cofradía». Opina  que los miembros de la Junta deben tener al corriente a los Señores Curas de la recepción de enfermos, de los donativos, y cuando haya elecciones que los votos sean recogidos por ellos y que la tesorera rendirá cuentas su presencia. No cree conveniente que haya un procurador en cada cofradía porque las cuentas las pueden llevar las mujeres, así que al procurador no le quedará más trabajo que hacer ejecutar los legados, y en ese caso, con un procurador sería suficiente para todas las Cofradías.15

Santa Luisa nos da un ejemplo excelente y nos animas a trabajar con el mayor interés y organización en la administración de la caridad. Ella, a pesar de sus enfermedades se sobreponía, gracias a su vida de oración y gracias al apoyo del gran Santo de la Caridad, Vicente de Paúl.

  1. Fernández, Celestino. Justicia y Caridad. Marzo 2009
  2. N. Gobillon. Vida de la Señorita Legras. Editorial CEME, pp. 56, 57 y San Vicente de Paúl. Obras Completas. Correspondencia 1. 38. pp. 135, 136.
  3. Ibid. p.57
  4. Ibid. pp. 58, 59
  5. Gobillon, «Vida de la Señorita Legras» CEME. Pp. 65, 66.
  6. Martínez, Benito, C.M. «Empeñada en un paraíso para los pobres» CEME. 1995, pp. 59-62.
  7. C. 42. pp. 140, 141
  8. Traducción de Sor Pilara Pardiñas. Ediciones CEME Salamanca 1985, Santa Luisa de Marillac, correspondencia y escritos. E.16 (A.50) p. 682.
  9. Ibid. E.17 (A.51)  pp. 682, 683.
  10. Ibid. pp 683, 684.
  11. E 18 (A.46).
  12. E 25 (A.53).
  13. Ibid.
  14. E. 32 (A.47).
  15. C. 5. (L. 4).

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