Santa Luisa de Marillac

Francisco Javier Fernández ChentoLuisa de MarillacLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Desconocido .
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Orígenes

Luisa nació en París, de una familia noble de Auvernia como hija natural de Louis I de Marillac (1556-1604) caballero y señor de Ferrières-in-Brie i de Villiers-Adam. Luisa no conoció a su madre y su padre murió cuando ella tenía quince años. No obstante, estuvo bien cuidada y recibió la educación en el monasterio real de Posionador, cerca de Pamplona dónde su tía era religiosa dominicana.

Trayectoria espiritual

En 1604, muerta su tía, viajó a París, donde será tutor su tío Michel de Marillac (1560-1632), futuro canciller de Francia. Luisa aprendió a llevar una casa y entró en los ambientes de reforma católica de la capital, frecuentando las capuchinas del Foubourg Saint-Honoré. Pensó ingresar en alguna congregación e hizo voto de servir a Dios y al prójimo.

Michel de Marillac era un ferviente católico y había tomado parte en la reforma de la orden de los carmelitas. A través suyo, conoció, en una de las  reuniones en la tertulia de Madame Acarie, el padre Pierre de Bérulle (1575-1629) y Charles Bochard de Champigny (1568-1624), provincial de los capuchinos en 1612. Este recomendó a Luisa, al ver que era de constitución débil, que no se hiciera capuchina. Luisa siguiói la dirección espiritual de Jean-Pierre Camus obispo de Belley y amigo de san Francisco de Sales.

Matrimonio

Desolada por esta negativa, Luisa estaba desorientada sobre el próximo paso en su camino espiritual. Su familia la convenció de que el matrimonio era la mejor alternativa y un tío suyo arregló su matrimonio con Antonio Le Gras, hombre joven y ambicioso que parecía destinado a grandes logros. Luisa dio el gran paso hacia el matrimonio en 1613, la pareja tuvo su único niño en el primer año de matrimonio. Aunque consagrada a su familia, Luisa seguía todavía anhelando una vida de servicio a Dios y cumplir su voto privado de dedicación total a Él. Poco después del nacimiento de su hijo, su marido, Antonio, contrajo una enfermedad crónica y eventualmente cayó postrado en cama.

En 1623 escribió: «En la fiesta del Pentecostés, durante la Santa Misa cuando yo estaba haciendo oración en la iglesia, mi mente fue completamente liberada de toda duda. Me aconsejaron que debía permanecer con mi marido y que llegaría un tiempo en que estaría en posición de hacer votos de pobreza, castidad, y obediencia y estaría en una pequeña comunidad dónde otras harían lo mismo». Tuvo también una visión en que ella sería guiada por un nuevo director espiritual (Vicente de Paúl) y que esta gracia le sería concedida por su difunto confesor, san Francisco de Sales.

Dos años después de esta experiencia, falleció su marido y dejó a Luisa libre para cumplir su gran misión en la vida. Ella asumió la tarea de su propio perfeccionamiento espiritual. Escribió sus propias «Reglas de Vida en el Mundo» que detallaban una estructura para su vida.

Vicente de Paúl

Vicente de Paúl se convirtió en su director espiritual en 1625. Durante los ocho años siguientes se comunicaron a menudo a través de cartas y reuniones personales. En 1632, Luisa hizo un retiro para buscar una guía interna con respecto al próximo paso a dar. Su intuición profunda la llevó a comprender que había llegado el tiempo de ir al mundo a ayudar a los pobres y necesitados manteniendo una vida espiritual interior. Luisa se sintió preparada para esta misión y comunicó estas aspiraciones a Vicente.

Fundación de las Hijas de la Caridad

San Vicente de Paúl, Santa Luisa de Marillac y las primeras «Hijas de la Caridad»; Iglesia de San Carlo al Corso, en Milán.

En el siglo XVII en Francia el cuidado caritativo de los pobres estaba completamente desorganizado. Muchas personas poco privilegiadas eran víctimas de la inexistencia de cuidados o de las malas condiciones en el hospital. Las «Señoras de la Caridad», fundadas por Vicente de Paúl muchos años antes, proporcionaban algún cuidado y recursos monetarios, pero esto no era bastante. Al comienzo de 1633, Luisa asumió la tarea de poner orden en ese caos. Aunque las adineradas Señoras de la Caridad tenían fondos para ayudar a los pobres, no tenían el tiempo o el temperamento para vivir una vida de servicio e inserción entre los pobres. Luisa de acuerdo con Vicente reunió en su casa para formar a las mujeres del pueblo jóvenes humildes que tenían la energía y la actitud apropiada. Con un grupo de cuatro jóvenes que vivían en su casa, Luisa comenzó a prepararlas y a preocuparse de los necesitados y les enseñó también a desarrollar una vida profunda de espiritual «Amar a los pobres y honrarlos como honrarían al propio Cristo». Esto fue la fundación de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul.

El trabajo de Luisa con estas mujeres jóvenes desarrolló un sistema de atención en el Hôtel-Dieu, el hospital más antiguo y más grande de París. Su trabajo fue bien conocido y las Hermanas fueron invitadas a Angers a tomar a su cargo la organización del hospital. Éste fue el primer proyecto fuera de París para la nueva comunidad. Luisa misma hizo el arduo viaje a Angers en compañía de tres hermanas. Después de completar las negociaciones con la ciudad y el hospital, Luisa promovió la colaboración entre los doctores, enfermeras y otros para formar un equipo completo. Bajo la guía de Luisa de Marillac las Hermanas extendieron su servicio para incluir los hospitales, orfelinatos, instituciones para ancianos y enfermos mentales, prisiones, escuelas y el campo de batalla con ayuda a las víctimas de la Guerra de los Treinta Años.

En poco tiempo, Luisa de Marilac fundó nuevas comunidades en treinta ciudades de Francia y Polonia: París, Richelieu, Angers, Sedan, Nanteuil-le-Haudouin, Liancourt, Saint-Denis, Serqueux, Nantes, Fontainebleau, Montreuil-sur-Mer, Charo, Chantilly, Montmirail, Hennebont, Brienne, Étampes, Bernay, Sainte-Marie du Mont, Cahors, Saint-Fargeau, Ussel, Calais, Metz y Narbona. Luisa continuó su trabajo con las Hijas de la Caridad hasta casi los setenta años.

Después de un tiempo de debilidad creciente y poca salud, Luisa de Marillac murió el 15 de marzo de 1660, seis meses antes de la muerte de su gran amigo y guía Vicente de Paúl. Fue canonizada en 1934 por Pío XI y es la santa patrona de los trabajadores sociales y cuidadores, proclamada por el papa Juan XXIII en 1960.

Las reliquias de su cuerpo se encuentran al lado izquierdo del Altar Mayor en la Capilla de la Medalla Milagrosa en la iglesia de Saint-Laurent de París.

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