San Vicente, un hombre de humildad (I)

Mitxel OlabuénagaEspiritualidad vicencianaLeave a Comment

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Las biografías de san Vicente de Paúl se refieren con frecuen­cia a su humildad, pero sin llegar a sistematizar su experien­cia. En los planes de formación, así como en las publicaciones sobre nuestra espiritualidad, al describir las actitudes fundamentales del comportamiento vicenciano, suele presentarse, sobre todo, el pensamiento de san Vicente de Paúl sobre la humildad y cómo actualizarlo para nuestro tiempo. En esta XXXV Semana de Estudios Vicencianos se nos ha pedido más concretamente profundizar sobre la experiencia personal de san Vicente de Paúl, hombre humilde.

Por ello, nuestro estudio se centrará, ante todo, en:

  • Describir cómo Vicente de Paúl ha vivido concretamen­te la humildad (II. «La humildad, una de las virtudes cristianas que más se manifestó durante la vida del señor Vicente de Paúl
  • Y alcanzar a explicar qué le ha movido a vivir así, cuáles son las motivaciones que dan sentido a esta forma de proceder ( «¿Por qué el señor Vicente estaba tan encariñado de la virtud de la humildad?»).
  • Previamente, daremos razón de los testimonios sobre los que se fundamenta nuestro acercamiento al hombre humilde, Vicente de Paúl ( El testimonio de quienes le han admirado).

 

  1. EL TESTIMONIO DE QUIENES LE HAN ADMIRADO

Para conocer cómo san Vicente de Paúl ha vivido la humiIdad, nos serviremos de los testimonios de quienes le han conocido y de su propio testimonio, recogido en la correspondencia o en las conferencias y encuentros con las Hijas de la Caridad y con los Misioneros.

Buena parte de estos testimonios fueron integrados por L. ABELLY en su biografía, pero no todos. Por ello, nos vamos a referir brevemente a cada una de las fuentes que nos ayudarán a describir cómo ha vivido Vicente de Paúl la humildad.

 

1 .  LA HUMILDAD EN LA ORACIÓN FÚNEBRE EN MEMORIA DEL SEÑOR VICENTE DE PAÚL

Uno de los primeros testimonios documentados sobre su humildad, lo encontramos en la oración fúnebre en memoria del señor Vicente de Paúl, pronunciada el 23 de noviembre de 1660 por Monseñor Enrique Maupas du Tour.

Monseñor Enrique Maupas du Tour, obispo de Puy (1641­1661) y de Evreux (1661-1680), miembro de las Conferencias de los martes, orador de prestigio, había predicado la oración fúne­bre de santa Juana Francisca Frémiot de Chantal y publicó una biografía sobre san Francisco de Sales. Aprobó también la publicación de la Vida del señor Vicente, escrita por L. Abelly. No cabe duda de que admiraba a san Vicente, por lo que se extiende en encendidos elogios sobre su humildad y caridad: a estas dos cualidades de San Vicente dedica todo su discurso.

Describe a san Vicente como «ejemplar acabado de perfecta humildad». Y, al presentarlo como «el mismo que casi ha cambiado el rostro de la Iglesia» a través de sus obras al servicio de la renovación del clero, Seminarios, Misiones, Conferencias, destaca: «Él ha sido el instrumento de los más grandes designios para gloria de Dios, progreso de la Religión y bien del Estado. Con todo, verle escondido bajo las alas de la humildad, oculto entre las oscuras noches de los más profundos abismos, aplasta­do a la vista de su nada, ardiendo en deseos de ser tratado como el objeto del desprecio postrero, con ser tantas las coronas de gloria que debían haberse colocado sobre la cabeza de este hombre: esta humildad consumada, señores, es la que merece la alabanza de los hombres y la estima de los ángeles».

La admiración que Monseñor Enrique Maupas du Tour, en un lenguaje barroco, muy cargado de imágenes, tan propio de la época, muestra al describir la humildad de san Vicente, le lleva a concluir: el señor Vicente de Paúl es el único ciego cuando todos describen sus virtudes heroicas y «cuanto más elevéis su gloria hasta el cielo, tanto más se rebaja él al polvo de su nada y no ve más que la tierra»‘.

  1. LA HUMILDAD EN LOS CUADERNOS DEL HERMANO LUIS ROBINEAU

El Hermano Luis Robineau, que ocupaba la habitación con tigua a la del señor Vicente, había ingresado en la congregación de la Misión en 1642 a los 21 años de edad y pronunciado los votos en 1650. Realizó al lado de san Vicente las funciones de secretario (secretario adjunto) durante 13 años. Puso por escrito, en varios cuadernos, las notas que quedaron a disposición del primer biógrafo, L. Abelly, y que aún se conservan.

En el primer cuaderno de estos Apuntes (redactados entre el 27 de noviembre de 1660 y el 10 de septiembre de 1664) recoge el Hermano Luis Robineau las «Acciones y palabras de humil­dad dichas y practicadas por el difunto señor Vicente de Paúl, nuestro muy honorable Padre y Fundador». No todas estas acciones y palabras han sido transmitidas por la biografía de Luis Abelly, por lo que tomaremos en consideración las observa­ciones de este testigo de excepción, el Hermano que ha estado al lado de san Vicente desde antes incluso de emitir sus votos.

El testimonio del Hermano Robineau sobre la humildad del señor Vicente servirá de título a las dos partes centrales de este trabajo: «El difunto señor Vicente, nuestro muy Honorable Padre, dejó ver de un modo muy particular durante su vida cuánto amaba y cuán encariñado estaba de la virtud de la humil­dad, una de las virtudes cristianas que más se manifestó en él durante su vida». Se trata, como vemos, de un testimonio que rebosa reconocimiento, admiración, veneración.

  1. LA HUMILDAD EN LA PRIMERA BIOGRAFÍA DE SAN VICENTE DE PAÚL

Luis Abelly (1604-1691) había participado desde sus prime­ros años de sacerdocio en los trabajos apostólicos de san Vicente. Obispo de Rodez (1662-1666), llegó a escribir una treintena de libros de devoción, historia y teología. Vivió en San Lázaro los últimos veinticinco años de su vida y allí quiso ser enterrado».

El P. Almerás, sucesor de san Vicente de Paúl, había solicita­do a sus misioneros que le enviaran memorias sobre las obras, casas y personas con quienes san Vicente había tenido relación durante su vida. Estas memorias fueron entregadas a L. Abelly para que pudiera escribir su biografía. Los Hermanos Luis Robineau y Bertrand Ducourneau participaron decisivamente en esta tarea de recopilación.

En 1664, Luis Abelly publica su «Vida del venerable siervo de Dios, Vicente de Paúl…». La biografía escrita por Luis Abelly presenta a Vicente de Paúl como modelo a imitar, con las amplificaciones propias del género hagiográfico. Escribe alguien que admira a Vicente de Paúl y le está agradecido; y con la inten­ción de que sus virtudes sigan inspirando a las personas que for­man parte de las instituciones fundadas por él. No nos extraña­rá, pues, que introduzca la presentación de la humildad del Siervo de Dios con estas palabras: «Para explicar más en con­creto cómo había sido la humildad de este gran Siervo de Dios, aunque eso sea muy difícil, puesto que siempre se preocupó de mantener oculta esta virtud no solamente a los demás, sino tam­bién a sí mismo, con todo, nos esforzaremos en trazar aquí un ligero esbozo, cuyos trazos tomaremos, sea de lo que hemos visto y conocido de él, u oído de su propia boca, sea de lo que nos hemos enterado por los testimonios irreprochables de personas muy piadosas».

No nos sorprenderá tampoco que anuncie descubrimientos que ni siquiera conocen quienes han vivido junto al señor Vicen­te, porque era tan grande su humildad y (podemos añadir) es tan grande la admirada devoción con que escribe su autor estas con­sideraciones: «Había cogido tal hábito de ocultarse a sí mismo y a todo lo que hacía de bueno, que los de su Compañía sólo sabían una parte de tantas obras santas como emprendía, y de tantos actos de caridad que practicaba espiritual y corporal­mente con toda clase de personas. No hay duda de que varios de los suyos quedarán sorprendidos al leer un gran número de ellas en esta Obra, de las que no tenían conocimiento alguno».

  1. QUIENES LE HAN ADMIRADO: ¿TESTIGOS PARCIALES?

Al presentar los primeros testimonios de que disponemos para conocer la actitud humilde de Vicente de Paúl, he repetido la observación de que proceden de personas que le han admi­rado. Más aún, pareciera que pretenden mostrarnos a un Vicen­te de Paúl ya canonizado. ¿Se tratará, entonces, de testimonios interesados, poco rigurosos históricamente, magnificados?

«Estos testigos son, muy evidentemente, parciales —ha escrito P. Chaunu—. Si hicieran lo contrario, faltarían cruelmente al deber de estado. Si amar es ser parcial, seámoslo con ellos, con toda evidencia, parciales. Ellos sólo han visto la Luz. La luz es verdadera, más verdadera que la sombra. San Vicente de Paúl ha pasado su vida acusándose, condenándose… Esta humildad va lejos, a menudo, para nuestro gusto, incluso demasiado lejos… Esos flashes iluminan más allá de la misma persona de Vicente de Paúl, a quienes le miran y a la sociedad en la que ellos nos informan y sus valores… Prueban que el señor Vicente había entrado en el camino de la precanonización, la que se recorre estando uno vivo».

Parciales, en el sentido explicado, sí. Pero la humildad de san Vicente no es una leyenda, forma parte contrastable de su his­toria, de su caminar humano. Y, si algún rasgo ha sido sobredimensionado por los testigos que lo consideraban digno de imita­ción, estamos seguros de que, en todo caso, «la leyenda ha germinado en la historia».

Desde esta perspectiva, podremos recoger también los nume­rosos testimonios de su práctica de la humildad que aparecen en las Conferencias a las Hijas de la Caridad y a los Misioneros de la Congregación. Recogidas las primeras por Luisa de Marillac y otras Hermanas, con la aprobación del señor Vicente; redactadas, las segundas, por un equipo en torno al Hermano Ducourneau, con anotaciones de los misioneros, sin conocimiento del fundador. Sus páginas recogen testimonios, no siempre reseñados en la biografía de Luis Abelly, que nos permiten completar el cuadro de la experiencia de Vicente de Paúl, hombre humilde.

Pero, además, conservamos casi cuatro mil cartas escritas por san Vicente de Paúl; ellas nos ofrecen, como veremos, abundantes elementos para atestiguar que la humildad es una actitud constante en su vida. Se trata de un testimonio directo, objetivo, verificable históricamente.

La coincidencia de testimonios no nos defraudará. El señor Vicente fue ciertamente un hombre humilde. Más allá de las formas y de los subrayados que inspira la veneración y los estilos culturales del momento, los testimonios no hacen sino desea car lo que todos saben y reconocen: el señor Vicente se ha propuesto la práctica de la humildad como una de las más significa­tivas actitudes cristianas y en ella se ejercita continuamente.

CEME

Corpus Juan Delgado

 

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