SAN VICENTE DE PAUL Y LOS GONDI (V)

Mitxel OlabuénagaSin categoríaLeave a Comment

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EPÍLOGO

La familia de Gondi debe ser estudiada en el marco de la Reforma Católica, si queremos comprender su verdadera impor­tancia. Los de Gondi hicieron su fortuna a la sombra del poder real, primero con las reinas Catalina y María de Médicis, y luego con Luis XIII hasta la dolorosa e inesperada muerte del primer Cardenal de Retz. Por otro lado, los de Gondi fueron siempre fieles a la Iglesia, con sus personas y sus haciendas.

Estas dos fidelidades, al Rey y a la Iglesia fueron las constantes de la familia hasta el momento de su desintegración.

Los eclesiásticos de la familia de Gondi, en tanto que obispos y arzobispos de París, tuvieron en sus manos las decisiones más importantes de la reforma católica de su tiempo en ese lugar pri­vilegiado que era la capital del Reino. Así por ejemplo vemos como el primer cardenal de Retz insiste en el buen comporta­miento de los sacerdotes de París y en su deber de residencia’ y en otros detalles sobre la liturgia, mandando imprimir breviarios, misales y otros libros litúrgicos. Pero sobre todo, ellos permitie­ron e impulsaron la implantación de las Capuchinas, de los Dominicos, en 1612 las Ursulinas (cuya introducción en Francia tuvo un significado especial), en 1618 los benedictinos reformados, los agustinos descalzos en 1620, la Visitandinas de san Francisco de Sales en 1619, las Benedictinas de Val de Gráce a petición de la Reina Ana de Austria… Agregaremos solamente el papel totalmente decisivo, económico y jurídico, que la familia de Gondi tuvo en la fundación del Oratorio y en la de la Congre­gación de la Misión.

Sin embargo, los autores están de acuerdo en afirmar que la pertenencia al partido devoto de la capital estaba sostenida mucho más por los miembros laicos de la familia de Gondi que por los propios eclesiásticos. La fundación de los Oratorianos es claro que reposa sobre la devoción y el dinero de Claudia Mar­garita de Gondi, marquesa de Maignelay, lo mismo que la Con­gregación de la Misión debe su existencia a la piedad y al dine­ro de Felipe Manuel de Gondi y Margarita de Silly. Juan Carlos Niclas avanza la suposición de que tal vez la fiel amistad de las dos cuñadas de Gondi, la marquesa de Maignelay y Francisca Margarita de Silly, con Pedro de Bérulle, hizo posible el hecho de que éste último enviara san Vicente de Paúl a la casa del General de las Galeras47. Los proyectos fundacionales de la Con­gregación se hicieron posibles porque la familia de Gondi quería mantener la fe de los habitantes de sus tierras y ayudar a los for­zados de las galeras a descubrir la misericordia de Dios que per­donaba sus delitos. No podremos comprender estos hechos sin un esfuerzo por entender en esta familia se daba una real alianza entre la religión, el poder y la riqueza. En medio de los fastos y las glorias mundanas, los de Gondi profesaban una piedad since­ra que los llevaba a ver a Dios como lo más estimable.

En esta familia entró san Vicente a finales de 1613, y, con diversas modalidades, se mantuvo hasta que le sobrevino la muerte, el 27 de septiembre de 1660. Los Misioneros, las Hijas de la Caridad y el círculo de íntimos le hicieron un funeral en San Lázaro. Pero el 23 de noviembre del mismo año, los ecle­siásticos de las Conferencias organizaron un solemne funeral en la Iglesia real de San Germán de Auxerre, al que asistieron tam­bién la Duquesa de Aiguillon y las Damas de la Cofradía del Hótel-Dieu: el sermón fúnebre corrió a cargo de Henri Cauchon de Maupas du Tour, obispo de Puy en Velay, un de Gondi, como no podía ser menos.

Juan Julián Díaz Catalán

CEME, 2008

 

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