SAN VICENTE DE PAÚL y BERULLE (II)

Mitxel OlabuénagaEspiritualidad vicencianaLeave a Comment

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VICENTE DE PAÚL EN PARIS. SEPARACIÓN SIN RUPTURA

A finales de 1608 Vicente de Paúl estaba en París. No se puede saber con certeza por qué fue allá y no a su tierra o por qué no volvió a Toulouse. Tampoco está claro cuándo se encontró con Bérulle por primera vez. Yo me inclino a que fue al poco tiempo de llegar, pues cuando fue acusado de robo por el juez de Sore, a los pocos meses de llegar a Paris, ya frecuentaba la com­pañía de Bérulle. Pienso que, buscando la santidad, entró en el Círculo Acarie y fue bien acogido por los espirituales que lo fre­cuentaban, Bérulle y Duval entre otros. En unos momentos en los que Vicente de Paúl necesitaba tener apoyos firmes y segu­ros en lo material y en lo espiritual, Bérulle se convirtió en su director espiritual, amigo y mecenas. Y lo fue durante al menos nueve años. Y hasta parece que vivió algún tiempo en una comu­nidad del Oratorio.

En esta época, hasta el año 1618, Vicente de Paúl aparece como un aprendiz espiritual dócil en medio de maestros presti­giosos o como un novicio sumiso entre espirituales consumados. Cualidades apropiadas para ser discípulo del maestro y director Bérulle. Éste le aprecia y le valora: le da la parroquia de Clichy, le coloca en casa de los Gondi y le allana el camino para ser párroco de Chátillon. Vicente dócil, obedece.

Pero hacia 1618, el aprendiz se convierte en maestro y el novicio en director experimentado. ¿Qué ha sucedido? Que Vicente de Paúl ha pasado una noche mística, ha pasado de la santidad personal a la servicial en Clichy, ha tocado a los enfer­mos pobres en el hospital de la Caridad, ha experimentado la penuria espiritual de los aldeanos en Gannes, ha cargado con la pobreza de los campesinos marginados en Chátillon y asumido la capellanía general de los galeotes. En 1619 se encuentra con san Francisco de Sales y en conversaciones con él se afianza en la caridad y en la compasión hacia los pobres. No se aleja de Bérulle, aunque se separa un poco, pero sin ruptura, pues en 1624 Bérulle le presenta a Saint Cyran, amigo y colaborador desde hacía dos años en los Discursos del estado y de las gran­dezas de Jesús, para que el señor Vicente intervenga ante la señora de Gondi a favor de un sobrino de Saint Cyran preso en España. La señora de Gondi era cuñada del embajador de Fran­cia en Madrid. Es extraño que Bérulle que, a petición de la seño­ra de Gondi, había influido para que San Vicente aceptara ser su director y que había intervenido para que dejara Chátillon y vol­viera a la Casa de los Gondi, no se lo pidiera personalmente. En vida de Bérulle, la amistad entre san Vicente y su compatriota? Saint Cyran fue íntima y sólida hasta llegar a tener «bolsa común».

A pesar de todo, en el año 1628, cuando san Vicente intentaba que la Congregación de la Misión fuera reconocida por la Santa Sede, Bérulle puso todos los obstáculos posibles, sin moderación ni sencillez, para que fuera aprobada, como aparece en una carta que escribió al P. Bertin representante suyo en Roma: «El proyec­to que usted me indica que tienen los que solicitan el asunto de las misiones por caminos diversos y, a mi parecer, torcidos, deben hacerlo sospechoso y obligarnos a salir de la moderación y la sen­cillez, en la que estimo se debe permanecer en la gestión de los asuntos de Dios, si todos los gestionasen con ese espíritu»’. ¿Por qué este rechazo a la aprobación pontificia de la Congregación fundada por un amigo que lo era desde hacía 20 años?

De ninguna manera puede atribuirse a Saint Cyran, amigo y colaborador constante de Bérulle y que intimó de tal manera con los oratorianos que quedaron ensombrecidos con ideas rigoristas de jansenismo. En esta época era amigo sincero tanto de Béru-lle como de san Vicente y en estos años estaba ayudando a afian­zar la Congregación hasta pedir a san Vicente le permitiera vivir unos meses en San Lázaro. Las desavenencias con san Vicente vinieron muerto ya Bérulle.

Tampoco pienso que lo determinara la amistad de san Vicente con Duval que tantos conflictos y enfrentamientos tuvo con Bérulle. Es cierto que Bérulle veía como Vicente de Paúl se acercaba a Duval y seguía sus consejos más que los suyos, pero Vicente nunca se alejó de Bérulle totalmente. El señor Vicente considera­ba a Duval tan sabio como Bérulle, pero más imparcial y más santo que él. Le encantaba más el papel que daba a los humildes en la historia de la salvación que el que les daba Bérulle. A Bérulle siguió consultándole en lo que concernía al trabajo y ocupa­ciones, y a Duval en multitud de asuntos diversos y en todo lo concerniente a su conciencia de vida espiritual. Se puede decir que Bérulle, al final de su vida, era estimado y respetado, mien­tras que Duval se convirtió en un consejero y en un director espi­ritual. Esta situación personal no era suficiente, en un hombre espiritual, como para oponerse a la aprobación de una Congrega­ción. Pero hay que confesar que sí le dejó un poso de frialdad en sus relaciones con Vicente de Paúl.

La causa principal creo verla en la personalidad de Bérulle tal como la he expuesto al principio. Al hombre eminente, que creía que el Oratorio fundado por él era la panacea para lograr buenos sacerdotes y el bastión para la reforma de la Iglesia, no le gustó el cariz que tomaba la Congregación de la Misión. Convencido since­ra y espiritualmente ante Dios de que sus ideas y actuaciones eran las debidas, no podía transigir. La Institución del señor Vicente era secular como el Oratorio, se dedicaba a la reforma del pueblo como sus oratorianos y Bérulle la aceptaba. Lo que le parecía un camino torcido, era que ese mismo verano en que se pedía a Roma la apro­bación Pontificia, Vicente de Paúl y el obispo de Beauvais habían comenzado la reforma del clero por medio de los Ejercicios a Ordenandos. Eso era propio de su Oratorio. Para él la Congregación entorpecía al Oratorio. Uno de los dos sobraba y, no cabía duda, su Oratorio repleto de intelectuales y titulados era necesario y más importante que una congregación formada por sencillos y humildes sacerdotes, como era la Congregación de la Misión.

Benito Martínez. CEME 2008

 

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