SAN VICENTE DE PAÚL EN CLICHY (I)

Mitxel OlabuénagaFormación VicencianaLeave a Comment

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Nos situamos: Buenos días a todos. Los organizadores de esta Semana Vicenciana me han pedido que me sitúe ante uste­des con un fin bien delimitado como dice el programa, sobre el tiempo que pasó Vicente de Paúl en una de las parroquias (la pri­mera) que tuvo a su cargo: Clichy. Los que conocéis la vida de Vicente sabéis muy bien que su paso por esta parroquia fue efí­mero, de poco más de un año ¿verdad? Bueno, permitidme antes de intentar dar respuestas, navegar en el tiempo situándome en el año 1611 al que os invito a venir conmigo.

A la sazón Vicente de Paúl tiene 31 años de edad. La vida le ha ido madurando y enseñando, al mismo tiempo que, en térmi­nos religiosos, diríamos que ha emprendido un proceso de pro­funda conversión. Entre otros acontecimientos, la acusación de robo y su encuentro con Bérulle marcan un hito en su vida, a todos los niveles, que otros conferenciantes se ocuparán de mos­trar y desentrañar. Pero ya podemos afirmar que nuestro santo ha tenido un progreso pastoral viviendo cerca de los humildes, de los pobres y un progreso espiritual bajo la amistad con Bérulle y su círculo de buenos sacerdotes. Por otra parte, su situación espi­ritual no atraviesa el mejor momento. Se encuentra en medio de una terrible tentación contra la fe que, en lenguaje tradicional, tendríamos que denominar «noche oscura del espíritu». Siguien­do a José Mª Román lo resumiríamos así: «… la oscuridad envol­vió su alma. Le resultaba imposible hacer actos de fe. Sentía des­moronarse en torno suyo el mundo de creencias y certezas que le había envuelto desde la infancia. Sólo conservaba, en medio de las tinieblas, la convicción de que todo era una prueba de Dios y de que éste acabaría por compadecerse de él. Redobló la ora­ción y la penitencia y puso en práctica los medios que creyó más apropiados».

Así pues, aquí tenemos a nuestro santo, viviendo la noche oscura de la fe junto a un redescubrimiento de la vocación sacer­dotal a la que, aún por caminos nada rectos, ha sido convocado.

Por otra parte, Bérulle que es director espiritual de Vicente, se encuentra por estas fechas aquilatando la fundación de la Con­gregación del Oratorio. Este hecho va a resultar de suma impor­tancia para el tema que estamos tratando en cuestión. ¿Por qué? Porque, uno de los primeros compañeros de Berulle para llevar a cabo esta empresa será Francisco Burgoing, en estos momen­tos Párroco de Clichy-La Garonne, lugar vecino a París, el cual tiene que renunciar a esta cura de almas y todo lo que conlleva para emprender el nuevo camino. Como buen «pastor de almas» busca un nuevo pastor para este rebaño y lo encuentra, por medio de Bérulle, en la persona de Vicente de Paúl.

No aceleren la máquina del tiempo porque continuamos en el año 1611 ¡eso sí! en el mes de octubre. El día 13 Francisco Burgoing firma el acta de renuncia a todo lo que significa y con­lleva ser párroco de Clichy. La Santa Sede aceptará la renuncia el 12 de noviembre del mismo año. Con todo, hasta el 2 de mayo de 1612, no tenemos constancia formal de que Vicente de Paúl haya sido cura de tal parroquia. El acta de toma de posesión está, en su original en latín, y publicado ya traducido en las obras completas tomo X de nuestra edición española. Su lectura resul­ta muy interesante:

El miércoles, día dos de mayo de 1612, por la tarde, el infrascrito Tomás Gallot, clérigo de París, licenciado en ambos derechos por la autoridad pontificia y notario jurado de la venerable curia episcopal de París en los registros del obispado y de la prefectura de París, residente en París en el barrio de Nuestra Señora, siguiendo el edic­to real y en virtud de la signatura apostólica de provisión de la parroquia de los santos Salvador y Medardo de Clichy en Garenna, de la diócesis de París, concedida por nuestro santísimo Padre Pablo V, en favor del venerable y distinguido maestro Vicente de Paúl, presbítero de la diócesis de Aix, bachiller en sagrada teología, tras la resignación del señor maestro Francisco Bourgoing, último rec­tor pacífico de dicha iglesia parroquial de Clichy y del procurador legítimamente constituido para este fin por dicho señor Bourgoing, firmada «Fiat ut petitur. C» con fecha en Roma, en la basílica de san Pedro, 12 de noviembre, año séptimo de su pontificado, y expe­dida en forma gratuita por el mismo santo Padre Pablo V, di pose­sión real y actual de dicha parroquia de san Salvador y san Medar-do de Clichy en Garenna al mencionado maestro Vicente de

tras su comparecencia y solicitud personal, mediante la libre entra­da y salida de la iglesia parroquial, asunción y aspersión de agua bendita, oración de rodillas ante la venerable imagen de la cruz del altar mayor de dicha iglesia, tacto y ósculo del mismo altar y del libro misal colocado sobre él, tacto del sagrario en que se conser­va el venerado cuerpo de Cristo y de la fuente bautismal, asenta­miento en la sede destinada al párroco en el coro de dicha iglesia, sonido de campanas y demás ceremonias que se acostumbran hacer en dichos casos, así como la libre entrada y salida de la casa parro­quial de dicho lugar. Igualmente publiqué en voz alta e inteligible y notifiqué a todos, según el edicto real, sin que nadie replicara ni contradijera, esta toma de posesión del mencionado señor de Paúl y la resignación del señor Bourgoing.

De todo lo anterior tomé acta como notario y se la entregué al señor de Paúl, a petición suya, para que pueda servirse de ella en cual­quier lugar y tiempo que lo precisare, según derecho. Todo esto se hizo en dicha iglesia y casa parroquial de Clichy en Garenna, en presencia de los testigos maestro Gil Beaufils, presbítero de la dió­cesis de Carnot, vicario de la misma, del señor Juan Moreau, canci­ller de dicha iglesia y procurador fiscal de dicho lugar de Clichy, Juan de Mur, Juan Soret, Juan Vaillant, Lorenzo Bega, feligreses de dicha iglesia y otros habitantes de dicha iglesia invitados y llama­dos a este efecto.

Es decir, después de 12 años de cura, Vicente de Paúl, asumía por vez primera la responsabilidad real de la «cura de almas». Esta responsabilidad no duraría, como estamos acostumbrados a decir, poco más de un año sino que la conservaría durante más de 14 años aunque menos de 2 años duró su permanencia real en esta Parroquia como ocupación y preocupación principal. Al ser llamado como preceptor de la familia Gondi, dejaría al cuidado directo de la «cura pastoral» de su parroquia a un Vicario pues se lo permitían los usos y costumbres de esta época. Pero, al mismo tiempo, continuaría siendo y ejerciendo en diversos momentos o acontecimientos, como lo que realmente era: párroco de Clichy. Por citar algún ejemplo ilustrativo:

El 22 de septiembre de 1623 estableció en Clichy la Cofradía de la Caridad.

El 9 de octubre del mismo año bautizó a Claudio Gilabert que, andando el tiempo, será sacerdote (Libro de Bautis­mos, Alcaldía de Clichy).

O el 9 de octubre de 1624 recibe la Visita Pastoral, con todo el ceremonial acostumbrado y rodeado de Gregorio le Coust, su vicario, y de Pedro Pasquier, capellán de la capilla de Monceaux, a Juan Francisco de Gondi, a la sazón arzobispo de París (Coste, p. 48).

Y, por si fuese poco, tenemos el testimonio de Nicolás Jean Massonl, doctor en Teología de la Facultad de París, que en el proceso informativo para la Beatificación de san Vicente de Paúl testifica en los siguientes términos: «… No he visto nunca al vene­rable siervo de Dios pero sé que su memoria es de singular ve­neración en el lugar de Clichy, del que veo que ha sido párroco a lo largo de doce o trece años de 1612 a 1624 ó 1625, y lo sé por los registros de dicha parroquia».

Vicente de Paúl no abandonará su curato en Clichy hasta 1626 y lo hará así porque no podía atenderlo como él quería por sus deberes en París. Así pues, dimitirá a favor de Juan Souillard por la cantidad de 400 libras, pagaderas en cuatro años, a razón de la módica cantidad de cien libras por año. Se deshace así la creencia, tan difundida, de su corta permanencia y labor como párroco de Clichy pues conservaría este cargo y su carga duran­te todo este tiempo unido a otros beneficios: preceptor de los Gondi, abad de san Leonardo de Chaulmes; cura decanal de Gamaches (sacerdote de la diócesis de Acqs); 1615: canónigo tesorero del Capítulo de Écouis aunque parece que no irá nunca; al mismo tiempo predica en las parroquias del territorio de los Gondi; 1617 es nombrado cura de Chátillon los Dombes…

Realmente ¿qué extensión y cuidado pastoral tenía el cura­to de Clichy? Debemos a los estudios del gran vicencianista actual P. Bernard Koch, C.M., el poder contar con estudios críti­cos de los principales momentos de la vida y actuación del Sr. Vicente de Paúl. Y también de poder «desmontar» algunos erro­res de percepción en la biografías de nuestro santo y fundador, referente a estos acontecimientos.

Clichy, en extensión, no era una pequeña aldea. En 1612 tenía un territorio real mucho más amplio que en la actualidad. Sus límites impresionan. Hoy en día diríamos que: «… por el norte llegaba hasta la orilla del Sena; por el este, colindaba con las parroquias de Saint-Duen y de Saint-Pierre de Mont-Martre; por el sur, con la de Villiers; englobaba los nueve décimos del territorio que forma hov el distrito XVII, casi la mitad del VIII, y una escasa porción del distrito IX. Por el lado de París, se representarían aproximada­mente sus límites por un trazado que, partiendo de la puerta des Ternes, siguiese por la avenida de este nombre, la calle del Arra­bal Saint-Honoré, la calle de Boétie, la calle de la Pépiniére, la calle Saint-Lazare, la calle Blanche, la calle Mercadet, la avenida de Saint-Ouen y el boulevard Bessiére. Del párroco de Clichy de­pendía el sacerdote que atendía la capilla de Monceaux. Mermado en 1699 por la creación de una parroquia en el Roule, en 1790 por la extensión de París, en 1830 y en 1867 por la erección de Batig-noles-Monceaux y de Levallois-Perret en municipios, Clichy quedó finalmente encerrado en los límites actuales’.

En cuanto a población a su cargo todos los estudios coinciden en afirmar que serían unas 600 almas las que llenaban esta gran exten­sión. En su amplia mayoría campesinos con pocos recursos pero pro­fundamente religiosos y con una «gran sencillez de costumbres»6.

La actividad de Vicente de Paúl. La pasión sacerdotal que comienza a experimentar a favor de su parroquia y sus parro­quianos, le lleva a emprender una gran labor pastoral en dos grandes facetas: la llevada a cabo con los bienes parroquiales y la actividad evangelizadora como tal.

En el primer apartado nos consta que llevó a cabo una reconstrucción de la Iglesia aunque con toda probabilidad no se encontraba en ruina como algunos de sus primeros biógrafos afirman. Los biógrafos de san Vicente, con el fin de ensalzar su figura, no dudan en interpretar con alguna ligereza ciertos datos reales. Así Abelly, y hablamos del año 1664 inmediatamente des­pués de morir Vicente de Paúl, nos dice que la parroquia «era pobre tanto en su edificio como en sus adornos»; Collet, y nos situamos en 1748, ya intensifica el adjetivo y nos dice que «caía en ruina: había muy pocos adornos». Abelly sigue diciendo que «intentó hacerla reedificar toda entera» y Collet ya dice «la hizo reedificar toda entera». No vamos a llevar a cabo un análi­sis literal e histórico de este hecho ni en cómo consiguió el dine­ro necesario para ello pero, lo que sí es cierto es que Vicente de Paúl afrontó esta obra y consiguió llevarla a cabo. Los trabajos fueron duros y duraderos, terminaron la Semana Santa de 1630. De su tiempo es todavía la pila bautismal que lleva la fecha de 1612. Fue una lástima perder las vidrieras de gran riqueza pero el 11 de julio de 1823 rompieron por una descarga terrible de granizo. La actual cátedra o púlpito se cree que es el mismo que utilizó san Vicente y se enseña, actualmente, en una pequeña capilla un crucifijo delante del que se habría arrodillado a menu­do nuestro santo.

Pero, permítanme por fidelidad al tema y a lo que pretende esta Semana, detenerme mucho más en un segundo apartado: la labor pastoral-evangelizadora-espiritual de Vicente de Paúl, cura de almas donde madura y se desborda la «pasión sacerdotal» de nuestro personaje. En Clichy, Vicente de Paúl descubre lo que muchos siglos más tarde un Papa escribiría con estas palabras «evangelizar constituye la dicha y la vocación propia de la Igle­sia» (Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, núm. 14). Es decir, se da cuenta de la llamada específica que Dios mismo le estaba reali­zando o, lo que es lo mismo, toma conciencia de la misión que se le ha confiado al nombrarle párroco de Clichy.

Él es párroco de Clichy pero comienza a darse cuenta que ser «párroco» es algo más que un título; más que un ascenso para lograr sus pretensiones particulares; más que una instancia de referencia para ir alcanzando nuevas metas… se da cuenta que se le ha encomendado más que un lugar físico; es más, que su tarea se fundamenta en aquello que sustenta el espacio geográfico, es decir, los fieles que dan credibilidad a la estructura parroquial.

Resulta estremecedor para este que os habla intuir que la pers­pectiva de san Vicente abarca y expande una percepción que aún hoy en día, después del Vaticano II y cuando muchos ya piden un Vaticano III, no se ha asumido en su integridad. ¿De qué estoy hablando? Del talante evangelizador de la pastoral emprendida por san Vicente de Paúl en su parroquia de Clichy. A mí, perso­nalmente, me ha sorprendido pero lo que nuestro santo ha reali­zado, y no podemos olvidar que estamos situados en 1612 y siguientes, podemos confundirlo con lo que se nos ha venido diciendo después del Vaticano II sobre la tarea pastoral de nues­tras parroquias actuales.

Vicente de Paúl promueve una pastoral directamente evangeli­zadora animando proyectos nuevos que superan planteamientos de carácter puramente sacramentalista; crea movimientos que hoy lla­maríamos apostólicos, desarrolla una actividad de conocimiento y presencia en medio del pueblo que hoy denominaríamos «pastoral de ambiente»; trabaja con aquellas personas que se encuentran a su lado y los lanza a que ellos mismos den testimonio de su fe y lo transmitan a otras personas lo que hoy concretamos en la llamada «presencia evangelizadora en medio de la sociedad».

Soy plenamente consciente que estaréis pensando si esto real­mente se lo podemos aplicar al pensamiento y al buen hacer de Vicente de Paúl, párroco de Clichy. La respuesta es sencilla: con estos términos que estoy utilizando, no. Pero, de la misma forma tendríamos que afirmar que desde su formación, perspectiva y actividad realizada en Clichy, Vicente de Paúl, con verdadera pasión sacerdotal-evangelizadora, abrió unos senderos que resul­ta muy difícil obviar en nuestra labor pastoral actual. Vamos a intentar ir desmenuzando todas estas afirmaciones pero os voy a pedir que no cambiéis de tiempo y que sigáis bien situados en el tiempo concreto en el que se desenvuelve la acción, es decir, en 1612 y esto porque la labor es tan «de nuestros días» que pode­mos caer en la tentación de pensar que nos estamos equivocan­do de personaje, de tiempo e incluso de discurso.

Jose Manuel Villar.

CEME, 2008

 

 

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