San Vicente de Paúl (1581 – 1660), Biografía

Francisco Javier Fernández ChentoVicente de PaúlLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Bernard Koch, C.M. · Fuente: Catholicisme, Vol. XV, columnas 1157-1164.

Vicente de Paúl perteneció a una sociedad muy diferente y mucho más compleja que la nuestra, y su época, aunque problemática, fue muy dinámica. Él tenía contacto con muchas personas del clero y laicos. Para entenderlo, por consiguiente, se recomienda que el lector consulte varios trabajos acerca del siglo XVII. Esto ayudará a entender su personalidad compleja, el contexto humano y cristiano, y las corrientes del mundo en el cual vivió...


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Vicente de Paúl perteneció a una sociedad muy diferente y mucho más compleja que la nuestra, y su época, aunque problemática, fue muy dinámica. Él tenía contacto con muchas personas del clero y laicos. Para entenderlo, por consiguiente, se recomienda que el lector consulte varios trabajos acerca del siglo XVII. Esto ayudará a entender su personalidad compleja, el contexto humano y cristiano, y las corrientes del mundo en el cual vivió.

Vicente nació en Pouy, cerca de Dax, en la primavera de 1581, en el seno de una familia notable. La situación material de su época era precaria, pues la región apenas se estaba recuperando gradualmente de los estragos de las bandas protestantes de Jeanne el d’Albret, la madre de Enrique IV. Dax apenas había podido resistirlas detrás de sus murallas.

Vicente nunca aludió a estos eventos y siempre predicó un diálogo humilde con los protestantes. Su padre provenía de una familia de gente notable del campo, y su madre era la hija del dueño de un pequeño dominio rural; el campo se estaba recuperando lentamente de la destrucción. Un tío paterno, un canónigo, era prior de un hospicio local para viajeros y peregrinos pobres. Sus tíos maternos eran magistrados, y el padre de su madre poseía un dominio noble. Sus padres cultivaban una propiedad modesta, pero Vicente nunca mencionó este aspecto de ser un campesino. ¿Eran pobres? La respuesta debe ser sí, si se los compara con los habitantes de las grandes ciudades, pero ellos eran propietarios de tierras y se movían en medio de varios niveles sociales.

Esta propiedad familiar despertó su espíritu y lo acostumbró a moverse fácilmente entre toda clase de gente. Su familia tenía una fe simple en la providencia divina, y ellos permanecieron creyentes pese a varias calamidades.

Su padre lo envió a estudiar para que fuera capaz de alcanzar un beneficio eclesiástico, como el que tenía su tío. Su protector, un abogado en la corte de Dax, inspiró en él la idea del sacerdocio. Él declaró después que en aquel momento no entendió ni la grandeza ni las responsabilidades de este ministerio.

Después de sus estudios secundarios en Dax, que duraron cuatro años, entró en la universidad. Probablemente comenzó en Zaragoza a finales de 1596 y luego se mudó a Toulouse, a finales de 1597.

Al parecer, apurado por recibir las Órdenes Sagradas, fue ordenado subdiácono y luego diácono en 1598 y 1599 respectivamente, y a los 18 años de edad obtuvo la autorización para ser ordenado sacerdote por cualquier obispo, cuando hubiese en Dax una vacante.

Su nuevo obispo llegó poco después, en enero de 1600, y en abril comenzó a decretar las reformas de Trento en su diócesis. Él lo hizo muy rigurosamente y sin el acuerdo de sus canónigos. En respuesta, los canónigos bloquearon toda la actividad en la catedral. Vicente esperó, pero al final de un año, dado que la situación se mantenía, fue a recibir su sacerdocio a la ordenación general de Périgueux, en septiembre del 1600, en Château-l’Évêque.

Las ordenaciones fueron mantenidas allí [y no en Périgueux] porque los protestantes habían demolido la residencia del obispo y la catedral de Saint-Étienne (no la catedral actual de Saint-Front).

Vicente terminó sus estudios en Toulouse en 1604 y recibió el bachillerato en teología y la licencia para enseñar el Segundo Libro de las Oraciones de Peter Lombard, que trataba sobre la creación, el pecado, la libertad y el perdón. Probablemente enseñó allí hasta mayo o junio de 1605.

A lo largo de su vida mantuvo sus habilidades teológicas y su talento para enseñar. Al momento de los problemas con los jansenitas, delineó un corto pero magistral tratado sobre el perdón.

Después de algunas aventuras que relató en dos cartas autografiadas, en las que pidió a su benefactor que le enviara sus documentos de ordenación y sus diplomas en teología, explicó su silencio de dos años. Capturado por los corsarios de la Costa Bárbara y vendido al servicio de cuatro amos diferentes, un pescador, un alquimista, el sobrino del alquimista, y finalmente un cristiano renegado de Niza que había sido capturado cultivando en las colinas cerca de Túnez, Vicente pudo escapar con él por mar a Aviñón. Allí el renegado abjuró de sus errores en la presencia del nuncio quien entonces se interesó por el conocimiento que Vicente tenía de la alquimia. Llevó a Vicente con él a Roma en el otoño de 1607 con la esperanza de conseguirle un empleo remunerado.

Debido a que sus cartas de ordenación carecían del sello del obispo, Vicente tuvo que solicitarlas por segunda vez, desde Roma, el 28 de febrero de 1608.

El estilo extravagante de su narrativa ha llevado a algunos historiadores a considerar solamente esas cartas y dudar de su veracidad. Entre otros puntos, ellos notan un poco de desigualdad entre lo que Vicente escribía y la situación del gobierno turco del cual dependía África del norte, así como las dificultades de cruzar el mar Mediterráneo.

Especialistas han podido contestar estos puntos, y un reciente estudio muestra que Vicente estaba bien informado sobre la ley de la tierra: G. Veinstein, L’Empire dans sa grandeur, in R. Mentra, Histoire de l’Empire Ottoman, París 1989, p. 190, quién concluye, después de leer Fr. Grandchamp, C.M., que Vicente mostró un conocimiento exacto del gobierno otomano.

Otras narrativas y estudios han mostrado que las huidas por mar, de todo tipo, eran comunes. Ver João Mascarenhas, Esclave à Alger, Récit de captivité, (1621-1626), Éditions Chandeigne, 1993, 1999, and Bartolomé Bennassar and Lucile Bennassar, Les Chrétiens d’Allahl extraordinaire des renégats, XVIe-XVIIe s., Perrin, 1989 (que utilizó centenares de documentos de archivo).

En estos trabajos, la facilidad de conversación entre mujeres musulmanas y cristianos esclavos, que los adversarios del cautiverio usan como un argumento de su falta de veracidad, era por el contrario bastante frecuente. Sin negar la complejidad de la pregunta, uno no puede probar que Vicente haya mentido.

En particular, es importante leer las cartas del cautiverio completa y atentamente, y no sólo la sección narrativa. Nadie realmente ha hecho esto, aparte de dos autores que habían estudiado especialmente la competencia jurídica de Vicente: J. B. Boudignon, Saint Vicente de Paúl, modèle des hommes d’action et d’œuvres, 3 editions, París, de 1886 a 1896, y Canónigo Fournier, Saint Vicente canoniste, en su panegírico acerca de San Vicente, el 19 de julio 1929, dónde deplora el hecho de que los biógrafos de Vicente sólo habían señalado su prudencia, su paciencia, etc., y no su competencia técnica (Annales de la Congrégation de la Mission, n° 375, Vol. 94:4 [1929] pp. 763-74, especially 767-72).

Sin embargo, Fr. Pierre Coste, el editor de las cartas de Vicente, en 1920 indicó en la nota 37 que el ” Señor d’Arnaudin ” a quien Vicente también escribió, como dijo al final de la primera carta, y el ” Señor De La Lande ” a quien también envió su segunda carta, eran con toda probabilidad, respectivamente, Pierre D’Arnaudin, notario, y Bertrand De Lalande, el consejero de rey y lugarteniente general de la corte de Dax, pidiéndole que remitiera la carta al abogado del rey.¿Hubiera escrito sus historias extranjeras a este tipo de hombres, especialmente considerando que en Francia habría sido posible verificar sus dichos porque había acuerdos con los Turcos y un consulado en Túnez?

Con un poco de conocimiento de las leyes notariales vigentes, una persona puede examinar las dos cartas y ver que tienen un carácter jurídico y oficial, y que coinciden totalmente con las regulaciones descriptas por Claude de Ferrière, La science parfaite des notaires, París, 1682 y 1733. En el Libro VIII, capitulo VI, vol., II, página 53, está claro que, además de contener demandas de cartas de ordenación y diplomas, cada carta pide también un atermoiement, una palabra que significa ” un plazo de gracia concedido a un deudor para pagar a sus acreedores; esto ocurre por acuerdo amigable entre un deudor y su acreedor “. Esto debe ocurrir en presencia de un notario. Esta es la razón por la cual, encontrándose Vicente fuera de Francia-y siendo Avignon un territorio papal- envió una copia a su notario. Esta carta debía reconocer las deudas y la razón para el retraso en el pago, y por último, como con todos los documentos notariales, la firma debe estar acompañada por un paraphe, un adorno especial propio de cada persona para ser utilizada solamente en documentos oficiales. Estas dos cartas tienen sus paraphes, como tenían todos los documentos notariales de Vicente, y nunca los utilizó para las cartas personales a sus corresponsales ordinarios. Esto no se ha notado previamente, porque los historiadores trabajaban en copias ya editadas, no en los manuscritos, y Coste no lo notó esto en su edición.

En otros términos, aunque estas cartas contienen elegantes relatos, siguen siendo documentos administrativos oficiales y tienen que ser tomados en serio. Aun cuando nos permiten pensar que Vicente adornó su texto de alguna manera, como lo hizo a lo largo de su vida, debe admitirse que la base de esta historia es verdadera, que él fue un verdadero cautivo y escapó, como hicieron tantos otros, aunque no todos tuvieron éxito.

Además, estas dos cartas están llenas de información sobre Vicente. Vemos en ellas su temperamento, su facilidad para relacionarse, su búsqueda de dinero, su cariño por sus amigos y familia, su maestría en la lengua francesa en la cual fue un autentico autor, la expresión de su fe cristiana, y su interés en la investigación en medicina y alquimia.

Después de un año en Roma, regresó al final de 1608 no a Dax sino a París, probablemente para una misión temporaria, pues ya en 1610 había esperado regresar a su madre con un buen beneficio eclesiástico. Vicente estaba tratando con una abadía arruinada, San Leonard de Chaume, cerca de La Rochelle, lo cual sólo lo involucró en pleitos. Sin embargo, también lo dio la oportunidad de hacerse amigo de un buen sacerdote y aprender su conducta pastoral entre los protestantes que no cumplían el Edicto de Nantes en los lugares que tenían concedidos. Por consiguiente, Vicente permaneció en París.

Estos años de intentos y fracasos lo llevaron a reflexionar, y frecuentó la compañía piadosa de Pierre de Bérulle, quien por entonces estaba leyendo a Teresa de Ávila (él ya tenía la primera edición en español), Ignacio de Loyola, Luis de Granada, Francisco de Asís, Lorenzo Scupoli, Francisco de Sales, y otros. Esto no detuvo a Vicente, sin embargo, de seguir buscando un ingreso económico.

Él se alojó en el Oratorio, fundado por Bérulle el l1 de noviembre de 1611. Su espiritualidad se centraba en Jesucristo, hijo encarnado de Dios. En el Oratorio había una conferencia espiritual semanal, especialmente en las fiestas litúrgicas del año; la Eucaristía fue venerada; la Virgen María tenía su lugar, tal como Bérulle insistía, en la misión de la Iglesia, y él mencionó al más pobre entre los pobres. Vicente fue su primer discípulo, junto con François Bourgoing, y hasta su muerte mantuvo en práctica las líneas principales del espíritu de Bérulle. Él pudo nutrirse de varias corrientes espirituales a la vez que se centraba en la humanidad de Jesús, hijo eterno de Dios y el adorador perfecto de su Padre, enviado por él para encarnarse entre nosotros, impregnarnos con sus ” estados ” y su espíritu, y para enviarnos a continuar su misión. En nuestros tiempos modernos esto se llama La Escuela Francesa de Espiritualidad, pero no era una escuela ” rígida “, porque autores de todos los países la nutrían. Bérulle era muy abierto y sus discípulos eran de variado tipo.

En 1612 Vicente tomó posesión del pastorado de Clichy cerca de París, reemplazando a Bourgoing que se había unido al Oratorio. Allí encontró un modesto ingreso económico, así como la dirección de una parroquia, y los derechos señoriales para pagar y otro ingreso a recibir. Esto le permitió trabajar en el edificio de la iglesia, y su pastorado le trajo sobre todo las alegrías de un pastor celoso en medio de buenas personas.

Él permanecía fiel a su pastorado incluso después de que entrar en la casa de los Gondis al final de 1613 para enseñar a sus niños. Su joven edad le permitía dedicar tiempo al estudio, la meditación, y predicar a los campesinos de los numerosos pueblos de Gondi, a quienes invitó a hacer una confesión general, según la práctica ya en existencia.

Sus raros sermones restantes datan de este periodo, y ya se centraban en la Trinidad, la Encarnación, y la Eucaristía en una actitud de adoración. Ellos también tratan especialmente sobre el catecismo y citaban el ejemplo de los protestantes, así como el de los santos. Encontramos en él un sentido sólido de la Iglesia y del obispo.

Un día en enero de 1617, cerca de Amiens, un anciano que había hecho su confesión general contó a la Señora de Gondi su alegría de haberse librado, antes de la muerte, de los grandes pecados que había ocultado hasta entonces. Aquí vemos a Vicente liberado del sello confesional, ya que la señora contó la historia y le pidió que predicara sobre esto en la iglesia de Folleville el 25 de enero. El efecto fue tal que tuvo que pedir a los jesuitas de Amiens que fuesen a ayudarlo a oír confesiones. Vicente descubrió que una misión podría ser mucho mejor si el trabajo lo hacía un equipo.

Durante este periodo, el Arzobispo De Marquemont de Lyons quiso hacer de Châtillon-les-Dombes (actualmente Châtillon-sur-Chalaronne) un centro para las misiones, ya que la región había sufrido por la conquista de esta parte del Savoy en 1599 bajo Henry IV. Este pequeño pueblo había sido devuelto a los franceses parcialmente en ruinas, pero había vendado sus heridas, y la parroquia era vital, animada por los sermones del mismo Padre Bourgoing, ahora un Oratorian, en 1616. El arzobispo le pidió a Bérulle que fundara allí una comunidad Oratorian. Debido a que ya se había fundado una en Lyon en enero de 1617, parecía que el arzobispo se sentiría satisfecho si Bérulle le pedía a Vicente ir a Châtillon. Indudablemente feliz de escapar de sus obligaciones con los Gondis, Vicente estuvo inmediatamente de acuerdo y tomó posesión de su parroquia el primero de agosto de 1617. Los seis sacerdotes allí, miembros de una ” sociedad, ” una clase de división de los canónigos, eran fuertes, y Vicente pudo trabajar con un equipo.

Un domingo, antes de la misa, alguien le pidió que invitara a parroquianos benévolos a ayudar a una familia pobre enferma. Las mujeres respondieron más allá de toda expectativa. La única cosa para hacer era sugerirles que organizaran su actividad para darle continuidad. Después de una regulación temporaria, tres meses de reflexión en conjunto las llevaron a una verdadera regla de vida espiritual y caritativa. Juntó la unión con Dios con amar al vecino, en un servicio espiritual y corporal, ” con caridad, humildad y simplicidad “.

Nutridas por lecturas espirituales, estas Señoras de la Caridad fueron capaces de evangelizar al enfermo y acompañar al moribundo mientras ayudaban a sus cuerpos enfermos, todo esto mientras manejaban cuidadosamente sus propios fondos. Esta asociación aún existe, pero con un nuevo nombre en Francia, ” Equipos San Vicente “. Ellos están unidos en la Asociación Internacional de Caridad.

Los Gondis tuvieron éxito en lograr que Vicente regresara para la Navidad de 1617. En Châtillon, su ayudante se hizo cargo de la Caridad y fue nombrado pastor. La señora de Gondi liberó entonces a Vicente de sus obligaciones docentes, y, con otros sacerdotes voluntarios, dio misiones en los pueblos que pertenecen a la familia, en la Île-de-France, Champagne y Picardy dónde se establecieron las Confraternidades de Caridad de la cual la Señora de Gondi era pieza clave. Él encontró a muchas otras personas, incluso la viuda Louise de Marillac, quien poco a poco se involucró con las Caridades.

En 1622, Francis de Sales lo había nombrado superior de las Monjas de la Visitación en París, reemplazando en esa tarea a Charles de la Saussaye, a quien Francis nombró en 1619, en el momento de la fundación de este monasterio, y quién murió en diciembre de 1621. Vicente continuó siendo su superior hasta su muerte. En ese periodo, fundó otros tres monasterios de la Visitación y les dio regularmente conferencias espirituales. También hizo lo que pudo para conseguir dinero para ellos, tal como lo hizo para otras comunidades.

En cuanto a las misiones, sus colaboradores comenzaron a cansarse, pues no todos tenían las mismas opciones o quizás la misma resistencia. Impresionado por Mateo 25:40, lo que has hecho al menor de mis hermanos, me lo has hecho a mí, Vicente creyó que Jesús realmente estaba en los pobres. Él honró a Jesús tanto en los pobres como en los actos de devoción, algo que no rechazó, pero tampoco divulgó.

Tres compañeros parecían determinados. La señora de Gondi lo convenció de unirse a ellos ” para la salvación de las almas pobres, honrar el misterio de la Encarnación, la vida y la muerte de Jesucristo, por el amor de su más santa madre “. Se recaudaron fondos el 17 de abril de 1625, pero el 23 de junio, la Señora de Gondi murió, desgastada en su servicio a los pobres.

Los tres primeros cofrades se unieron a Vicente el 4 de septiembre de 1626.

Esta Congregación de la Misión pretendía predicar el evangelio a los pobres siguiendo a Jesús, quien proclamó esta su misión en Lucas 4:18. Creció rápidamente y extendió más allá de las tierras de los Gondis.

Vicente y sus misioneros dieron especial énfasis a la Trinidad, la creación, el fin del hombre, que es el cielo, pero ellos no podían omitir enseñar la Encarnación y la vida de Jesús, los sacramentos, los pecados y el juicio final. Aunque él había escrito, en el borrador de un sermón “rescatar las almas del pecado y atraerlas hacia el bien “, rápidamente lo corrigió para leer: “para atraer las almas al cielo “. Éste era su típico énfasis, porque él bien sabía que todos son pecadores. A un hermano moribundo, quizás agobiado por sus pecados, declaró: ” El trono de la misericordia [de Dios] es la grandeza de los pecados a ser perdonados”. Nosotros estamos aquí lejos de una deidad atemorizante. Los misioneros predicaban sobre moral en la mañana temprano, llamando esto “el sermón”, y sobre doctrina en la tarde, algo que llamaban ” el gran catecismo “.

Varios obispos, y luego Adrien Bourdoise y Bérulle, habían abierto seminarios para formar mejor a los sacerdotes, sin éxito evidente. Vicente vio la necesidad de que los buenos pastores mantengan el resultado de sus misiones, comprendiendo que muchos candidatos no gustarían verse encerrados para estudiar por periodos muy largos. A sugerencia del obispo de Beauvais en 1628, él inició retiros de dos semanas de duración para preparar a los candidatos a la ordenación. Para ello, recibían conferencias sobre doctrina, moral, y ministerio pastoral, en particular la administración de los sacramentos, y tenían ejercicios prácticos.

Esto se percibió tan fructífero que estos ejercicios para los candidatos a la ordenación comenzaron a requerirse casi en todas partes. En un corto periodo podían solamente refrescarse los rudimentos de la fe e inculcarlos con un sentido de adoración. Los misioneros los invitaron a dejarse impregnar con los actos, las virtudes y los sentimientos de Jesús, con amor por la Eucaristía, y con cuidado por una vida apostólica valiosa. En su expresión, esto era ” reverencia hacia Su Padre y caridad hacia la humanidad “.

Muchos participantes pidieron continuar su formación de la misma manera activa, y empezando en 1633, se iniciaron las Conferencias de los martes. En éstas, los sacerdotes compartían lo que ellos habían logrado en la materia adoptada la semana anterior. Él les pidió que leyeran un pasaje del Evangelio todos los días, adorando las verdades en él, entrando en los sentimientos de estas verdades y determinándose a practicarlas. Uno de ellos, Jean-Jacques Olier, creó esta fórmula: ” Jesús en nuestro espíritu, en nuestro corazón y en nuestras manos “. Su espíritu era ” honrar la vida de nuestro Señor Jesucristo, su sacerdocio eterno, su sagrada familia, y su amor por los pobres “.

A su turno, estos jóvenes sacerdotes predicaron las misiones. Uno de éstos era Bossuet, quien comenzó su largo servicio como un predicador durante una misión que le fue dada en Metz.

Entretanto, el ex -leprosario de Saint-Lazare, al norte de París, un señorío feudal con “alta, media y baja jurisdicción”, había sido entregado a los misioneros, no sin algunos obstáculos, y de este lugar proviene el popular nombre de la comunidad de los Lazaristas. Aquí está el padre Vicente, ahora un señor feudal, con derechos a recolectar, teniendo que manejar la Feria de San Lorenzo bajo su jurisdicción, y administrando justicia con personal laico (un alguacil, un juez y un sargento en armas.) Nadie podía imaginar esto. Él hizo todo lo que pudo en honor de los pobres.

Las Caridades crecieron rápidamente. En París, las Señoras de la Caridad no se mostraron igual en la tarea y usaban a sus sirvientes para que las ayudaran, algo que claramente no era su vocación.

A comienzo de 1630, mientras él estaba ayudando a la Señora de Villeneuve en la fundación de las Hijas de la Providencia, establecida para ayudar a las mujeres jóvenes en peligro, algunas buenas muchachas del pueblo se hicieron presentes para servir a los pobres bajo la dirección de las Señoras. La más conocida de ellas fue Marguerite Naseau, quien murió a raíz del contacto con una mujer afectada por una peste en la primavera de 1633.

Louise de Marillac estaba de acuerdo en ocuparse de este trabajo, y ella los congregó finalmente el 29 de noviembre de 1633, fundando con Vicente, las Hijas de Caridad.

Tendrían el mismo espíritu que las Señoras: “honrar a Nuestro Señor Jesucristo y su santa madre en su servicio espiritual y corpóreo por los pobres enfermos, ” instruyéndolos en las cosas necesarias para la salvación, con caridad, humildad y simplicidad.

Apenas comenzaron a trabajar en las parroquias de París cuando ya eran requeridas casi en todas partes. Comenzando en 1632, las tropas de Luis XIII y Richelieu con el apoyo de los suecos protestantes, habían invadido Lorraine. Su duque había dado la bienvenida a Gaston d’Orléans, el hermano de Luis XIII y enemigo jurado de Richelieu, y le había dado su hermana en matrimonio a Gaston.

Los refugiados pronto invadían París, y necesitaban ayuda. Vicente así lo hizo con el Barón de Renty y la Compañía del Sagrado Sacramento, cuyos miembros enviaron ayuda a la zona alrededor de Nancy. Mas tarde envió a las Hijas a los ejércitos para cuidar a los heridos en Champán y Picardy.

En 1634, apoyó la hermana agustiniana Geneviève Bouquet a reformar el hospital de las Hermanas de Hôtel-Dieu en París, y a la Señora Goussault a fundar las Señoras de Caridad en ese mismo hospital. Sus dones se extendieron a Lorraine y luego a otras provincias enteras. Ellos siempre colaboraron con la Compañía del Sacramento Bendito y Charles Maignart de Bernières, una de cuyas hijas era una monja en Port-Royal y se ocupaba de llevar sus cuentas.

En 1635 Vicente envió misionarios a Toul, y desde 1639 hasta aproximadamente 1645, cada convoy mensual salía con ayuda para los habitantes de Lorraine. Estos misioneros acompañaban las columnas de refugiados que llegaban a las ciudades, especialmente a París. En París, otro trabajo fue el de los niños abandonados, los Expósitos. Sus Hijas se convirtieron en sus madres a partir de 1638, generosamente apoyadas por las Señoras.

A partir de 1641, trabajó en los seminarios mayores de Annecy, Cahors, etc. Las casas para las misiones rurales se volvieron numerosas, al igual que las casas de las Hermanas.

Para ayudar a este mundo a ganarse la vida, dirigió granjas, y el rey le concedió impuestos en los dominios reales, peajes, etc., Él también invirtió en varias compañías de carruajes, parte de lo cual se concedía a una y otra comunidad religiosa. Quizá también se concedían precios reducidos a los misioneros, a las Hijas y a las Señoras para llevar a cabo sus numerosos viajes.

Él reunió todo esto en la vida espiritual: un gerente fiscal era la imagen de la actualización de la Providencia. Así como las personas divinas de la Trinidad observaban el mundo en sus relaciones entre ellos, así los sirvientes de los pobres debían unir en su trabajo contemplación y diálogo interior con Dios. Debían manifestar la caridad de Dios y la providencia para los pobres.

El padre Vicente se volvió una persona muy conocida. En vano intentó atraer a Richelieu hacia la paz. Después de la muerte de Luis XIII, Anne de Austria, regente de Francia, lo convocaría al Consejo de Conciencia, un tipo de ministerio de asuntos eclesiásticos, que se ocupaba de nominaciones para las diócesis, abadías, el profesorado de teología en la Sorbonne, etc. Más de una vez tendría que resistirse a Mazarin, no siempre con éxito. Muchas personas notables lo apreciaron, aconsejaron y ayudaron financieramente.

Entonces apareció el peligro del Jansenismo. Vicente ya lo había notado en su amigo San Cyrano, y entonces se enredó en el forcejeo con otros teólogos y obispos, llevando luego a la condenación papal de las Cinco Proposiciones. Su amigo Nicolás Cornet derivó éstas de varias tesis de estudiantes de la Sorbonne, y estas también parecían encontrarse en el libro Agustinos, de Cornelius Jansen, teólogo de Louvain.

Pero luchando contra esta enseñanza según la cual Jesucristo no murió para todos sino sólo para los predestinados, Vicente aún se negaba a atacar personas. Cuando tuvo que someterse a interrogatorios, como el 31 marzo y 1 y 2 de abril de 1639, en el momento del entierro de San Cyrano, respondía habitualmente con evasivas.

No obstante, a través de las Hijas de Caridad, a través de él y a través de las Señoras de Caridad, los dones pasaron de Marie de Gonzague, quien se convirtió en reina de Polonia, a la Madre Angélique Arnauld, abadesa de Port-Royal des Champs para cuidar de los pobres en los pueblos circundantes. Más aun, él nunca se enredó con su colega Maignart de Bernières en la ayuda dada a Champagne, Picardy y la Île-de-Francia. Lo mismo ocurrió con sacerdotes y obispos que favorecieron el Jansenismo. Él continuó invitándolos a someterse al juicio de Roma. Jansenius había escrito en dos lugares en su libro que él se sometería a Roma, pero murió antes de la publicación del libro y Roma dio su propio juicio. Sus discípulos, sin embargo, no lo siguieron en este punto.

En estos mismos años, Vicente fundó misiones rurales en Córcega, Italia, Escocia, Irlanda y Polonia. Finalmente también logró en dos etapas su gran sueño de una misión lejana. El primer paso estaba en el mundo del Islam, apoyando a esclavos cristianos capturados en Túnez y Argelia en 1645. El segundo era su orgullo y alegría, Madagascar, en 1648. Desgraciadamente, experimentó la muerte de varios misioneros durante el viaje a Madagascar. Esto pasó al mismo tiempo que una peste diezmaba a sus cofrades en Génova, y mientras la persecución de Cromwell estaba castigando a sus hombres en Escocia e Irlanda. Su fe había sufrido un gran golpe, pero él buscó apoyo en los comienzos de la Iglesia, que Dios construyó pese a la aparente destrucción de los mártires.

En 1649, estaban los Fronde y sus ayudantes malignos, desde Champagne en el este hasta las puertas de París, e incluso en el sur hasta Aquitania. Vicente fue a San-Germain para sugerir que Mazarin se resignara a afianzar la paz, pero fue en vano. Luego de una prudente huida, una huida a caballo casi al estilo Far West en el pleno invierno con su secretario el Hermano Ducournau, él ayudó en las negociaciones para la reconciliación, pero nunca volvería a sumarse al Consejo de Conciencia.

Durante su participación en varias misiones, a pesar de los problemas en sus piernas, Vicente continuó formando a sus discípulos. A pesar del saqueo de las bibliotecas y archivos de Saint-Lazare por los revolucionarios el 13 de julio de 1789, todavía tenemos dos volúmenes de aproximadamente 400 paginas con sus conferencias a los misioneros y dos volúmenes de 700 páginas con conferencias a las Hermanas, además de ocho volúmenes de cartas.

Él nunca escribió libros, pero quiso dejar un resumen de su manera de vivir siguiendo a Cristo el adorador del Padre y evangelizador de pobres.

Después de trabajar durante diez años con sus cofrades, finalmente distribuyo el pequeño volumen de las Reglas Comunes en 1658. Es una síntesis muy bien construida con cuatro líneas principales: la Trinidad, la fuente de donde todo viene y hacia donde todo volverá; la Encarnación, pues Jesús es el centro y el ” prototipo de todos los estados y condiciones humanas “, la Eucaristía; y la Virgen Maria. La práctica descansa en cuatro virtudes básicas: la búsqueda de la gloria de Dios y para la voluntad de Dios; la entrega a la Providencia; y la caridad de Jesucristo que nos motiva; y en cinco virtudes que facilitaron el contacto misionero: humildad, simplicidad, mansedumbre, el olvido de uno mismo (qué él llamó mortificación) y el celo. ” Si el amor es un fuego, el celo es su llama “. Todo es animado en la oración.

Su estudio y experiencia, con sus cofrades y hermanas provenían de este pequeño texto (aunque algunos puntos anticuados los han llevado a ser actualmente descuidados), y en sus comentarios de las reglas.

Sus conferencias son densas y presentan una enseñanza profunda, engalanadas con un vibrante y a veces chispeante estilo. Uno puede percibir en ellos una experiencia mística que modestamente él siempre intentó esconder. Después de preguntarles a las hermanas: ¿ustedes saben, Hijas mías, si Dios quiere hacer Santas Teresas de ustedes?” Habló entonces sobre la contemplación imbuida y el amor puro. Aprecia que hablaba de su propia experiencia, pero aquí nos estamos inmiscuyendo en su vida privada.

Durante sus últimos meses de vida estuvo confinado en su cuarto debido a las heridas en sus piernas, pero continuó dirigiendo sus familias, gracias a sus fieles hermanos secretarios. Uno de sus cofrades guardó un cuidadoso registro de sus últimas semanas.

A partir del 18 de septiembre de 1660, tuvo periodos largos de adormecimiento. Sus cofrades lo llevaron a misa el domingo 26 de septiembre, y luego de varias alarmas durante la noche, el día 27, hacia las 4:30 de la mañana, “murió en su silla, completamente vestido, cerca del fuego”.

De acuerdo con las costumbres de la época, se extrajeron y pusieron a parte su hígado, intestinos y corazón, y su cuerpo fue enterrado en un espacio debajo el coro de la capilla, al día siguiente, el 28. Henri de Maupas du Tour dio su oración fúnebre el 23 noviembre en Saint-Germain-l’Auxerrois, París.

Después de varios años, sus cofrades mantuvieron entrevistas con sobrevivientes de varias regiones, las que continuaron mientras preparaban el proceso de su beatificación, que oficialmente comenzó en 1705. La beatificación tuvo lugar el 21 de agosto de 1729. El 25 de septiembre, su ataúd fue abierto y comenzó la distribución de reliquias, ya que la costumbre marcaba que algunas debían ir para el Papa y otras varias autoridades.

Finalmente, dos milagros sobre un total de seis fueron reconocidos, y su canonización se celebró el 16 de junio de 1737, junto con la de Francis Regis, Juliana Falconieri y Catherine de Génova (Catherine Fieschi).

Durante la Revolución, la casa de las madres (Saint-Lazare) que alimentó unos 800 pobres cada día, fue saqueada el 13 de julio de 1789. Entonces sus huesos fueron escondidos y la Congregación fue suprimida en Francia en 1792. Debido a que Saint-Lazare se había convertido en prisión de mujeres, Luis XVIII, en 1817, devolvió a los Lazaristas (Vicenteianos), el Hôtel de Lorges, en la rue de Sèvres 95 dónde los restos de San Vicente permanecen en una urna encargada por el arzobispo de París, gracias a un pedido nacional, y donde fueron depositados en 1830.

Además de las Señoras de Caridad, ahora los Equipos San Vicente, las Hermanas de la Unión Cristiana, la Congregación de la Misión (Lazaristas), todos fundados por él, otras instituciones reclaman su espíritu: la Sociedad San Vicente de Paúl, los religiosos de San Vicente de Paúl y muchas congregaciones de mujeres. En París en el siglo XIX, hubo incluso un albergue masónico de San Vicente de Paúl, patrón de los filántropos. En 1885, después de muchos pedidos, Leon XIII nombró a Vicente patrón de los trabajos de caridad.

Biografías: Bibliografía

Hay muchas biografías cortas y medianas sobre Vicente disponibles en varios idiomas, algunas traducidas de los idiomas europeos principales, es útil leer o releerlas de tiempo en tiempo, o al menos leer partes de ellas. A menudo algo nuevo nos impactará, o veremos algo bajo una nueva luz. Los cofrades de cada grupo sabrán cuales son consideradas las mejores en su propio idioma. “El Mundo de Monsieur Vincent ” por Mary Purcell, una irlandesa, se publicó en 1963 y se reimprimió en 1989. Muchas personas piensan que es el mejor libro en inglés sobre Vicente. Se ha traducido al indonesio. La biografía de Jean Calvet, publicada en francés en 1948, se tradujo al inglés en 1952. La corta biografía de Luigi Mezzadri se publicó en 1989 y se ha traducido al francés, inglés y español.

Las tres biografías mayores son aquéllas de Louis Abelly, Pierre Coste y José María Roman.

Abelly

El libro de Abelly se publicó en 1664, cuatro años después de la muerte de Vicente. Tiene varios defectos. Al citar las cartas de Vicente o sus conferencias a menudo cambió párrafos, frases o palabras, porque consideraba que el estilo de Vicente no tenía calidad literaria. Él además tenía una idea preconcebida de como debía ser un santo sacerdote, e intentó encajar a Vicente en este esquema. Da la impresión que Vicente era un santo desde su niñez, y omite cualquier cosa que consideró impropia para su imagen preconcebida.

Por otra parte, hay dos aspectos positivos e importantes en el libro de Abelly. Primero, estaba escribiendo acerca de un hombre al que había conocido personalmente. Debido a esto logramos vislumbrar al verdadero Vicente. Segundo, Abelly consiguió rescatar memorias e impresiones de otras personas que también conocieron a Vicente personalmente, especialmente el Hermano Bertrand Ducournau, uno de los secretarios de Vicente.

En 1985 André Dodin CM publicó un libro sobre la biografía de Abelly: ” La Legende et l’Histoire: De Monsieur Depaul a San Vicente de Paúl “: [Leyenda e Historia: del padre de Paúl a San Vicente de Paúl]. En el Otoño de 1993 en un número de Colloque, el periódico de la provincia irlandesa, habrá un artículo de Andrew Spelman CM. Sobre el libro de Dodin .

Coste

La biografía en tres volúmenes de Coste fue publicada en 1932. Contiene un relato muy detallado de las actividades de Vicente, pero a pesar de eso no da una idea clara de la clase de hombre que era. Mi opinión sobre la biografía de Coste es que un cofrade debe leerlo alguna vez en su vida, y luego de eso releer partes de vez en cuando, cuando fuera necesario para encontrar los hechos. Alguien dijo que la biografía de Coste era mas el trabajo de un archivero en lugar del de un historiador o biógrafo.

Se tradujo al español e italiano, y uno o dos de los volúmenes se tradujeron al alemán.

Roman:

Se publicó en 1981, la primera gran biografía desde Coste. Es más corta que la de Abelly o Coste, pero tiene en cuenta el progreso que se ha hecho en los estudios Vicentinos en el medio siglo que transcurrió desde Coste.

Se ha traducido al italiano y al polaco, y una traducción inglesa será publicada más adelante en este año.

Ya dije que es importante leer y releer biografías de Vicente; es más importante, sin embargo, leer y releer lo que él escribió.

Lo que Vicente escribió

Las escrituras supervivientes de Vicente fueron publicadas por Coste en doce volúmenes, ocho de cartas y cuatro de conferencias. Nada de este material fue pensado por Vicente para ser impreso o publicado. El único trabajo que pensó imprimir y hacer circular en forma limitada fueron las Reglas Comunes de la Congregación de la Misión.

Quiero decir algo sobre estas escrituras bajo cuatro títulos: Las Reglas Comunes, las cartas, las conferencias a la comunidad de Saint Lazare, y las conferencias a las Hijas de Caridad.

Las Reglas Comunes

Vicente escribió las Reglas Comunes en latín. Pienso que se han traducido a la mayoría, si no a todos, los idiomas de las diferentes Provincias de la Congregación. Es importante que una traducción buena y atractiva esté disponible si los cofrades deben conocer o sentirse atraídos por Las Reglas Comunes. En la Provincia irlandesa durante muchos años tuvimos una traducción que se había vuelto anticuada, en un lenguaje arcaico y poco atractivo que desanimó a los cofrades a leer las Reglas Comunes.

Las Reglas Comunes tienen un gran defecto. Vicente combinó dos cosas en un libro, guías para la espiritualidad y guías para la administración. En las guías para la administración hay algunas cosas que pertenecen al siglo XVII y hay algunas cosas que pertenecen a Francia. Algo que es completamente siglo XVII o completamente francés nosotros, que no somos ni del siglo XVII ni franceses, podemos ignorar. Mucho del material acerca de la administración de casas comunales cae en una u otra de estas categorías.

La mayoría del material de las Reglas Comunes acerca de la espiritualidad es todavía válido para nosotros en el siglo XX, porque trata de los elementos esenciales e inmutables de la relación de una persona con Dios: la oración, la lectura de las escrituras, otras lecturas espirituales, la relación con otras personas, virtudes y autodisciplina.

Debido a que las Reglas Comunes fueron escritas por Vicente para nosotros como su comunidad, es importante que las leamos regularmente. En el ultimo capitulo nos recomiendan leerlas cada tres meses. Es probablemente mejor leer una parte de ellas un determinado ida cada semana; la lectura regular es esencial si queremos conocerlas bien, y para ser capaces de distinguir lo que aun es valido para nosotros hoy de aquello pasado de moda. Como ya dije, esto requiere primero que nada distinguir entre aquellas guías administrativas de aquellas guías espirituales.

Las Cartas de Vicente

Como las Reglas Comunes las cartas son las propias palabras de Vicente, tanto las que escribió personalmente como las que dictó a sus secretarios. De todas maneras, las reglas comunes fueron escritas para ser leídas por la Congregación entera, mientras que las cartas fueron escritas para personas individuales. Además, las Reglas comunes fueron escritas en latín en un estilo bastante formal, mientras que las cartas fueron escritas en el idioma francés ordinario de cada día. Esto quiere decir que las cartas son el medio por el cual hoy nos ponemos en el más estrecho contacto con el verdadero Vicente. Por esta razón los invito a aquellos de ustedes que tengan un conocimiento lo suficientemente bueno del francés a que lean las cartas en francés en vez de traducciones.

Han sobrevivido mas de tres mil cartas de Vicente. Se ha estimado que escribió aproximadamente 30.000, lo cual probablemente sea una sobrestimación.

El primer punto que quiero destacar afectará quizá a sólo un pequeño número de ustedes, aquellos que pueden leer las cartas en francés o que tengan una completa traducción de todas las cartas en su propio idioma; creo que hay un juego completo en español y otro casi completo en italiano.

Ustedes son aun muy jóvenes, menos de 12 años de ordenados. Yo los conminaría a decidirse a leer todas las cartas, en orden cronológico; esto quiere decir comenzar con el volumen I y continuar leyendo sistemáticamente a través de todos los volúmenes. La única manera de hacerlo es asignarse a sí mismo una cierta cantidad de paginas para ser leídas cada día. Además, tomen notas mientras leen. Les puedo asegurar que el trabajo bien vale la pena. Pasaron mas de veinte años desde mi ordenación cuando yo hice esto, ahora los insto a hacerlo a una edad más temprana y así obtener un beneficio mayor de la lectura.

Para aquellos que no saben francés y para quienes no existe disponible una traducción completa, tendrán que hacer uso de cualquier selección de cartas que encuentren en su propio idioma. Mi consejo es leer todo lo que encuentren disponible, y tomar notas mientras leen.

Las cartas de Vicente, como ya lo dije, estaban dirigidas a personas individuales sobre problemas particulares relevantes para esas personas. Esto significa que puede no aplicarse siempre a nosotros o a otros lo que él escribió en una carta. Son interesantes para nosotros porque muestran como Vicente trataba a la agente y sus circunstancias. Esto quiere decir que deberíamos, si es posible, conocer algo sobre la persona a la cual la carta iba dirigida, acerca de la casa en la cual vivía, y acerca de la situación en cuestión. La fecha de la carta mostrará en qué periodo de la vida de Vicente fue escrita, y esto puede resultar interesante porque lo que él dijo en la primer parte de su vida podría ser diferente de lo que dijo mas tarde. Finalmente, la mayoría de las cartas no tratan de la espiritualidad. Cuando una carta no trata de la espiritualidad tenemos que recordar, una vez más, que fue escrita para una persona particular en una situación particular y puede no ser para aplicación general.

Las Conferencias a la Comunidad en el St. Lazare

En los Volúmenes XI y XII de Coste hay 224 artículos; la mayoría de ellos son llamadas conferencias o extractos de conferencias, pero algunas son repeticiones de oraciones. André Dodin CM publicó una edición de un solo volumen revisado de este material en 1960, con algunos agregados.

Al contrario de las Reglas Comunes y las cartas, estos artículos, tal como los conocemos ahora, no fueron escritos por Vicente. Fueron reconstruidos, con variado grado de precisión, de notas hechas por algunas personas que estaban presentes cuando Vicente daba sus charlas.

En la Introducción al Volumen XI Pierre Coste explica cómo este material ha sobrevivido. No hay ninguna necesidad de explicar esto aquí, pero Coste muestra que hay 31 conferencias que son reconstrucciones más auténticas que las otras. Éstas son de los últimos años de la vida de Vicente y fueron hechas sistemáticamente por el Hermano Bertrand Ducournau, uno de los secretarios de Vicente. Él tenía una doble calificación para hacer bien este trabajo: había sido un secretario profesional antes de unirse a la Congregación, y era de la misma parte de Francia que Vicente y, por consiguiente, estaba bien interiorizado con el estilo y vocabulario de Vicente

He preparado una página que contiene las fechas de estas conferencias con el número de cada una en ambas ediciones, la de Coste y la de Dodin. Sugiero que lean estas 31 conferencias antes que ninguna otra, y que las relean más a menudo. Como dije, estas son las que reproducen más auténticamente lo que Vicente dijo.

Si ustedes no leen francés o si no tienen disponible una traducción completa, deberán hacer el mejor uso posible de cualquier selección hecha en vuestro propio idioma. Chequeen si alguna de las 31 conferencias que mencioné están en alguna selección que ustedes tengan; lo sabrán por las fechas si el número de la página de Coste o Dodin no figura.

Las Conferencias a las Hijas de Caridad

Cuando daba conferencias a las Hijas, Vicente a menudo le daría a Louise las notas que había preparado para la conferencia, y ella a menudo se las devolvería para su revisión o reconstrucción de la conferencia. El nunca hizo esto con las conferencias a las cofrades.

Cuando leemos las conferencias a las Hijas siempre debemos tener presente que fueron dadas a una audiencia muy particular, la mayoría de la cual era poco educada e incluso iletrada. Vicente adaptó sus ideas sobre espiritualidad a esta audiencia, y no podemos tomar lo que les decía como una guía general. Por ejemplo, en una conferencia estaba tratando de animarlas a rezar bien. Él dijo:

Estoy persuadido que aprender es inútil, y que un teólogo, no importa cuan instruido pueda ser, para hacer sus oraciones no recibirá ninguna ayuda de su aprendizaje (IX, 200).

Esto, por supuesto, simplemente no es verdad; él lo dijo simplemente para aumentarles la moral y darles un sentido de autoestima. Jamás dijo algo así a los cofrades cuando habló de oraciones, y creo que realmente no pretendía decir lo que había dicho.

Leyendo libros y artículos sobre Vicente

Así como biografías de Vicente también existen libros que tratan de cierta parte de su vida o cierto aspecto de su trabajo. La mayor cantidad de estos libros esta, como es comprensible, en francés, pero hay también varios en español e italiano y algunos en ingles. Algunos son traducciones de otros idiomas. Cada uno de ustedes, nuevamente, tendrá que buscar lo que haya disponible en vuestro propio idioma, o en algún otro idioma que ustedes puedan leer.

Así como libros sobre Vicente hay también artículos sobre él en diferentes revistas y periódicos. Ustedes recibirán probablemente más beneficio de los artículos que de los libros enteros.

Vicenciana es la revista de toda la Congregación. Aparece seis veces al año y contiene artículos en diferentes idiomas. Normalmente también publica las charlas dadas en estos Meses Vicentinos.

Pienso que la mayoría de las Provincias tienen alguna clase de publicación propia, que publica tanto artículos originales como traducciones de otros idiomas. Los franceses tienen el Bulletin des Lazaristes de France y los Cahiers Vincentiens, los italianos tienen el Annali y los españoles los Anales. La Provincia irlandesa tiene Colloque y las Provincias de los Estados Unidos tienen Vincentian Heritage. Las provincias latinoamericanas tienen el boletín CLAPVI, y un grupo de algunas Provincias de Europa central y del norte tiene el boletín MEGVIS.

Hay también algunas revistas que han cesado en su publicación, como Les Annales de la CM y Misión et Charite. Ambos contienen muchos artículos importantes que bien vale la pena leer..

Ya mencioné que Vicentiana publica las charlas dadas en estos Meses Vicentinos. CEME en España ha publicado, en forma de libro, las charlas dadas en algunas (¿o todas?) Las Semanas de Salamanca, y la italiana Annali ha publicado las charlas dadas en reuniones similares en Italia.

No quiero recomendar libros individuales o artículos que muchos de ustedes podrían no ser capaces de conseguir o leer. Quiero sugerir cómo obtener el máximo beneficio de lo que ustedes tengan disponible.

Si ven un artículo sobre Vicente en cualquier reseña o revista en un idioma que pueden leer, denle una rápida ojeada ver si personalmente los atrae. Recuerden, no cada artículo sobre Vicente atraerá a cada cofrade. Si piensan que les interesará, léanlo completo, pero rápidamente. Entonces, si creen que vale la pena, léanlo de nuevo mas cuidadosamente y tomen notas mientras lean; además anoten el año y el número del ejemplar, así pueden volver a encontrar el articulo mas tarde.

Conclusión

El propósito de esta charla es ayudar al cofrade común que no es un especialista a profundizar su conocimiento y entendimiento de Vicente. Los cofrades necesitan leer, en forma regular, Las Reglas Comunes, algunas de sus cartas y algunas de sus conferencias, biografías y otros libros sobre él, parcial o totalmente, y finalmente artículos que serán, normalmente, de mas ayuda que los libros completos.

Si ya tienen algún conocimiento del francés, traten de perfeccionarlo lo suficiente como para leer las cartas y conferencia en francés; en las traducciones, estas pierden mucho de su atmósfera. Si no saben francés, pero les ofrecen la posibilidad de aprenderlo, aprovéchenla. Casi todo lo que se ha escrito sobre Vicente y sobre la Congregación está en francés, y solo una pequeña parte de este material ha sido traducido.

Tanto si leen en francés o en algún otro idioma, siempre tomen notas mientras leen. Habrá cartas, conferencias, libros y artículos o partes de ellos, que los atraerán más que otros; vuelvan a aquellos que más les atraen, reléanlos.

Si su Provincia tiene un boletín les pido que consideren escribir algo sobre Vicente, basado en vuestras lecturas. Creo que casi todo cofrade es capaz de escribir algo. Muchos cofrades piensan que toda escritura debe ser dejada en manos de expertos o especialistas, pero no estoy de acuerdo. Creo que la mayoría de los cofrades es capaz de escribir algo. Además, si son capaces de leer un segundo idioma, les pido que consideren traducir algo de aquel idioma al vuestro propio, por el beneficio de los cofrades en su Provincia

Epilogo

Algunos de ustedes, o quizás todos ustedes, habrán notado que no me remito a Saint Vincent, excepto en las citas tomadas de las Constituciones y de la carta de Fr. Richardson. El título “santo” se refiere al actual estatus de Vicente y es equivocado utilizarlo en conexión con eventos durante su vida. Por ejemplo, es incorrecto decir “St Vincent predicó en Folleville el 25 de enero de 1617”. El no era un santo aquel día, y si hubiera muerto al día siguiente, nunca hubiera sido canonizado. Debemos tratar de conocer al hombre tal como fue en los diferentes periodos de su vida. Debemos tratar de conocerlo como hombre, como un pastor trabajando en Clichy, Chatillon y en la casa de los Gondi. Debemos tratar de conocerlo como a un cofrade, y como al superior de una congregación en expansión. Sus cartas son el principal medio para lograr esto. Pero debemos, a toda costa, evitar el peligro de pensar en él como “un santo” en todo momento, y en cada uno de los eventos de su vida.

Estas son las 31 conferencias de Vicente ” más auténticas ” a las que me referí en mi charla. Las cifras se refieren al número, no a la página, en las ediciones de Coste y de Dodin. Las fechas se dan para beneficio de aquellos que sólo tienen disponible una selección de las conferencias.

 

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