SAN VICENTE APÓSTOL DE LA MISERICORDIA DIVINA (IV)

Mitxel OlabuénagaFormación VicencianaLeave a Comment

CREDITS
Author: .
Estimated Reading Time:
  1. EL SERVICIO CORPORAL

Para san Vicente de Paúl, la misericordia hacia los pobres y los enfermos no es una simple benevolencia, es un deber. Él lo escribe y lo dice varias veces. Recordemos lo que le escribe a Fennin Get, Superior de Marsella, al servicio de los galeotes, el 8 de marzo de 1658: «Le doy gracias a Dios por la caridad que la ciu­dad de Marsella demuestra tener con los pobres en la necesidad en que se encuentran y por la ayuda que usted les ha prestado a los for­zados oportunamente en medio de estos fríos y en estos momentos de escasez. ¡Que Dios nos conceda la gracia de enternecer nuestros corazones en favor de los miserables y de creer que, al socorrerles, estamos haciendo justicia y no misericordia! Son hermanos nuestros esas personas a las que Dios nos manda que ayudemos».

En la misma línea, ¿qué actitud deben adoptar las personas que tienen autoridad sobre las que la ejercen mal o que son de relación difícil? En marzo de 1638, él escribía a Luisa de Marillac quien afrontaba el caso de una Hermana dura, irritable. dudando entre dejarla en Comunidad, que es lo que pide la misericordia. o despacharla, según lo pide la justicia: «Juana, la hija de la Caridad de esta parroquia de San Lorenzo, ha cometido muchas faltas. por las que el señor párroco, las oficialas y el señor de Vincy han creído hoy que había que cambiarla. Le suplico. señorita, que nos envíe otra que tenga el espíritu más manso y acomodable… Creo. sin embargo, que habrá que recogerla en el Hótel-Dieu o en otro sitio. a fin que la justicia vaya acompañada de misericordia».

Estas obras de misericordia encuentran muchos obstáculos. particularmente en las regiones pobres y azotadas por el mal tiempo o por las epidemias, durante los períodos de guerra o de revoluciones. Juana de Chantal, quien fundó la Comunidad de la Visitación en Annecy, pidió al señor Vicente una Comunidad de misioneros para continuar la obra de Francisco de Sales. El 26 de julio de 1640 Vicente escribe largamente a Bernard Codoing. superior de los Padres de la misión de Annecy. Entre los medios para cubrir las necesidades de los misioneros que se encuentran en misión en las montañas de las regiones alrededor de Annecy con la población muy pobre, pedía dinero para las fundaciones de misas. Es su único recurso: «En cuanto a las misas para celebrar en esos sitios, ¡ay, padre!, ¡cuánto me gustaría poderlo hacer!: pero la verdad es que no se me ocurre ningún medio para eso: pues, además de que no he visto a nadie con disposición para ello, la miseria de nuestro siglo ha enfriado las limosnas y los estipen­dios de misas. Le ruego que indique al señor obispo que conside­raré como una misericordia de Dios la ocasión de poder servirle en esto y en todas las demás cosas… Bien, padre, ya va siendo tiempo de que acabe con la humilde súplica que le hago de que cuide de su salud y la de sus compañeros y que se acuerde de mis miserias delante de Dios, para que me conceda su misericordia».

Vean aquí dos aplicaciones de la misericordia de Dios: el auxi­lio de los pobres y la misericordia por «las miserias» del mismo Vicente, sobre las que él insiste sin cesar en sus cartas.

Socorrer es una buena cosa. pero tengamos cuidado en la mane­ra de hacerlo. Vicente lo muestra muy concretamente en su confe­rencia del 6 de agosto de 1656 a los misioneros. sobre el espíritu de la misericordia. Hay una fórmula que anticipa lo que el siglo XX llama la empatía: «Cuando vayamos a ver a los pobres. hemos de entrar en sus sentimientos para sufrir con ellos y ponernos en las disposiciones de aquel gran apóstol que decía: Omnibus onmia factus sum, me he hecho todo para todos: de forma que no recaiga sobre nosotros la queja que antaño hizo nuestro Señor por boca de un profeta; Sustinui qui simul mecum contristaretur: et non .fuit , esperé a ver si alguien se compadecía de mis sufrimientos. y no hubo nadie (Sal, 69, 21)».

«Para ello es preciso que sepamos enternecer nuestros corazo­nes y hacerlos capaces de sentir los sufrimientos y las miserias del prójimo, pidiendo a Dios que nos dé el verdadero espíritu de mise­ricordia, que es el espíritu propio de Dios: pues, como dice la igle­sia, es propio de Dios conceder su misericordia y dar este espíritu (Oración de las Letanías de los santos). Pidámosle, pues, a Dios, hermanos míos, que nos dé este espíritu de compasión y de miseri­cordia, que nos llene de él, que nos lo conserve, de forma que quie­nes vean a un misionero puedan decir: «He aquí un hombre lleno de misericordia».

«Pensemos un poco en la necesidad que tenemos de misericor­dia. nosotros que debemos ejercitarla con los demás y llevar esa misericordia a toda clase de lugares, sufriéndolo todo por misericordia… Así pues, tengamos misericordia, hermanos míos, y ejercitemos con todos nuestra compasión, de forma que nunca encontremos un pobre sin consolarlo, si podemos, ni a un hombre ignorante sin enseñarle en pocas palabras las cosas que necesita creer y hacer para su salvación».

Para Vicente, el servicio diario a los pobres y a los enfermes. con el espíritu de Jesús maestro, alimentando, sanando, hasta cruz, es a la vez un acto de misericordia y una vida de sacrificio si tratamos de conjugar el tiempo de oración y de participación en el sacrificio de la Misa con el tiempo del servicio de Jesús presente también en la persona de los pobres. Por consiguiente, dejar la ora­ción o la misa, o no ir a ella, cuando un pobre llama o cuando hay una cantidad de enfermos qué servir y sanar es un verdadero encuentro con Dios, que tiene el valor de la oración o de la partici­pación en la Misa. El 16 de enero de 1658, él escribía a Sor Nicolasa Haran, sobrecargada de enfermos en el Hospital de Nantes: «Tiene usted razón en no tener escrúpulos de perder la misa por asistir a los pobres, ya que Dios quiere más la misericordia que el sacrificio»’ [Oseas 6,6; Mateo 9,14; 12,7]. Esto nos conduce al servicio espiri­tual.

Bernard Koch, C.M.

CEME 2015

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *