SAN VICENTE APÓSTOL DE LA MISERICORDIA DIVINA (III)

Mitxel OlabuénagaFormación VicencianaLeave a Comment

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  1. MISERICORDIA DE NOSOTROS CON LOS DEMÁS

Las obras de Misericordia son la obra más grande del señor Vicente y de sus discípulos. Estas descansan sobre tres virtudes inseparables: caridad, misericordia, justicia. La una no va sin la otra.

Dios que es misericordia ha creado al hombre a su imagen y semejanza, se deduce que a la imagen de Dios nosotros debemos ser «hombres de misericordia», como el Eclesiástico o Siracides (44,10), presentó los Patriarcas desde Hénoc hasta los profetas. La Biblia de Jerusalén y la de Osty traducen «hombres de bien», sin decir por qué entonces la Vulgata como la versión de los Setenta tie­nen claramente «misericordia» lo cual es mucho más explícito que «hombres de bien». Este tema ha sido retomado por san Pablo a los Colosenses, 3,12: «revístanse de entrañas de misericordia» en vez de «sentimientos de compasión» según la Biblia de Jerusalén y Osty. Nuestra época que exhibe el cuerpo bajo todos los ángulos se volvió indecisa en el vocabulario al menos litúrgico y bíblico. Mientras que la palabra «entrañas» corre a lo largo de la Biblia (Splankhna, splaczkna, vísceras), remplazamos éstos términos realistas por palabras neu­tras: «sentimientos de compasión» o «por el amor del corazón de Dios», en lugar de «por las entrañas de misericordia de nuestro Dios» en el cántico de Zacarías. «Sentimientos» es por cierto válido, pero no tiene la intensidad de los términos bíblicos.

De manera concreta el señor Vicente nos recuerda esto el 2 de noviembre de 1656 en una de sus conferencias: «En una palabra, esas hijas de la Caridad, ejercitan la misericordia, que es esa hermosa virtud de la que se ha dicho: «Lo propio de Dios es la misericordia». También la ejercitamos nosotros y hemos de ejercitarla durante toda nuestra vida: misericordia corporal, misericordia espiritual, miseri­cordia en el campo, en las misiones, socorriendo las necesidades de nuestro prójimo; misericordia, cuando estamos en casa, con los ejercitantes y con los pobres, enseñándoles lo que necesitan para su sal­vación; y en tantas otras ocasiones como Dios nos presenta».

Evidentemente, Dios muestra su misericordia a través de sus intermediarios, por la acción y la oración de los cristianos; pero tam­bién puede mostrarla por la acción, más o menos consciente, de los no cristianos, es el beneficiario quien toma conciencia. En la carta que nos queda sobre su evasión de Túnez con el renegado, Vicente nos enseña por qué Dios le ha concedido esta misericordia: «Me compró un renegado de Niza, en Saboya, malo por naturaleza, que me condujo a su temat así se llama la finca que uno tiene como apar­cero del Gran Señor, ya que el pueblo no tiene nada; todo es del sul­tán… Una de las tres mujeres que tenía (como greco-cristiana, pero cismática) estaba dotada de buen entendimiento y me quería mucho. pero al final, aún más, otra, turca de nacimiento, que sirvió de instru­mento a la inmensa misericordia de Dios para retirar a su marido de la apostasía y devolverle al seno de la Iglesia, y contribuyó a liber­tarme de la esclavitud».

Vemos la palabra que evoca la causa instrumental, con un doble efecto, abjuración de la apostasía y liberación de Vicente y de una manera poco ordinaria, puesto que el instrumento fue una mujer no cristiana, musulmana. Por cierto. el encanto de los cantos de Vicente fue instrumento en el encadenamiento de los dos hechos.

Las obras de misericordia son de dos suertes. según el objetivo de diferentes Cofradías o Asociaciones: ayuda material y ayuda espiritual.

Bernard Koch, C.M.

CEME 2015

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