Situación:
Parece que esta devoción a la Misericordia divina es una idea nueva y moderna, rechazada aquí o allí.
De hecho, está en la línea directa con una de las numerosas corrientes de la Revelación, en la Biblia, y a lo largo de la Tradición, de los Padres, los teólogos y otros autores espirituales. He aquí pues un preámbulo para situar este tema de la Misericordia divina en el gran río de la historia de la Iglesia.
La Misericordia es una de las palabras más frecuentes en las Sagradas Escrituras, es una de las características esenciales de Dios, «Dios de misericordia v de piedad–, Salmo 86 (85); 15, y otros.
El Concordantiorum Manuale del Jesuita DE RAZE, en latín, contiene dos columnas para Misereor y cuatro y media para Misericordia, mientras que solo hay dos para Caritas y una para Amor.
En alemán no existe la palabra Caridad, se emplea siempre Misericordia, Barmherzigkeit o das Erbarmen.
Yo ignoro si existe una concordancia griega para «eléos», «eleos», «compasión, misericordia– que se repite con mucha frecuencia y oiktirmos, o `iktirmos’, menos numeroso, traducido por «misericordia» y «misericordia», pero esto debe ser en las mismas proporciones. Misericordia se dice eusplanchnos, «las entrañas de bondad».
Estos términos griegos y latinos traducen dos términos hebreos. Rahamim, que significa propiamente Misericordia, y más frecuente “Hésed», que también se tradujo mucho tiempo como Misericordia en francés, que ha sido más adaptado y que ahora es traducido por amor, era para desacreditar «misericordia» lo que es ambiguo, porque en realidad se trata de un sentimiento casi visceral que invita a ayudar, a socorrer, y que sería mucho mejor traducirlo como Agapê, Agaph y Caritas, e igualmente Misericordia; lástima que la palabra Caridad haya desaparecido, su sentido había sido reducido al uso caritativo. En el Antiguo Testamento los textos de la Vulgata y los Sapienciales jamás utilizan la palabra amor, sino caridad para Agapê, «Agaph», y Misericorida para éléos, «eleos». Misericordia venía bien para «Hésed»; amor evoca mucho el sentimiento simple de satisfacción, de apego a lo que es bello, amable; mientras que Misericordia, como la «Hésed» divina y humana, expresa mejor que se continúe amando igualmente al que no es bueno y que nos ha ofendido.
A diferencia del griego, Misericordia, Misericors, es una palabra compuesta por dos palabras que dicen mucho: el verbo «misere-or», tengo piedad, tengo compasión, y «cor», el corazón, la misericordia; esto muestra que la misericordia no es solo un sentimiento sino una emoción, «moción» que «nos toma el vientre», como lo refiere el griego, «entrañas», y nos hace reaccionar.
Aunque en el fondo la misericordia está ligada a la virtud de la fuerza, normalmente son los poderosos que pueden hacer misericordia, no ejercer el poder por ejemplo. Los pobres no pueden hacer misericordia en el sentido que no pueden ejercer el poder… ellos pueden solo sostener y estar dispuestos a perdonar.
La Misericordia va hasta sacrificar, si es necesario, para salvar del peligro a alguien que nos ha ofendido, lo que supone la fuerza del alma, y esta fue la obra por excelencia de Nuestro Señor Jesucristo, anunciado por Isaías, 53,1 «estaba herido a causa de nuestros pecados», fuertemente puesto de relieve por san Pablo, como por el autor de la carta a los «Hebreos» y de otros a lo largo de los siglos.
Sin embargo, en el Antiguo Testamento. y un poco en el Nuevo, en la boca misma de Nuestro Señor. Dios no hace siempre misericordia. Por un lado. Dios hace misericordia a aquellos que se arrepienten, que la piden y la aceptan, a los misericordiosos. (Mt 5, 7). Es la quinta Bienaventuranza. En cambio. no puede imponer misericordia a los endurecidos, esto va hasta la palabra que encierra el juicio final, «vayan malditos al fuego eterno», (Mt. 25. 41, 45-46).
Por otro lado, hay unas frases bastante inquietantes y poco numerosas y que turbaron a la gente en el curso de los siglos. La más destacada está en el episodio que sigue al Becerro de Oro y el perdón que Moisés pide a Dios; el Señor le responde «tú has encontrado gracia ante mí, yo te conozco por tu nombre» y Moisés le pide que le muestre su gloria, (Ex, 33,19). Dios le responde: ««Yo haré pasar ante tu vista toda mi bondad, pues tengo misericordia con quien quiero y seré clemente con quien deseo».
Esta sentencia la retorna san Pablo, en su larga meditación sobre el rechazo de los judíos de creer en Jesús, en el capítulo 9, 1214, de su epístola a los Romanos. El recuerda las promesas de Dios a Abraham, después escoge a Jacob en lugar de Esaú, citando a Malaquías, 1,2-3: «Yo amé a Jacob y odié a Esaú». Continúa: «¿qué diremos nosotros»? ¿Hay injusticia en Dios? ¡No! Dios dijo a Moisés: «Yo tengo misericordia con quien sea, y tendré compasión a quien me apiade». Esto no es asunto de querer ni de correr, sino de que Dios tenga misericordia» (Rom 9, 15-16).
Y Pablo continúa este pasaje a lo largo de dos capítulos 10 y 11. Este fue el texto más importante citado por Lutero y los calvinistas para sustentar la tesis sobre la predestinación, tesis absoluta de Calvino, independiente de la bondad o de la malicia de nuestros actos.
Quienes, a propósito de la gracia, la gracia de la misericordia, desde san Pablo, pasando por Tomás de Aquino, hasta la corriente Jansenista, han citado el texto de Miqueas para concluir que hay elegidos, que reciben la gracia, y otros que no la reciben, han caído en el error de tomar este texto en el plano teológico, que no está en la finalidad de este pasaje, está en el plano histórico, atribuir un origen común a dos pueblos generalmente enemigos, donde uno se dice elegido de Dios, y sobre el plano únicamente terrestre, sin ninguna referencia a la salvación eterna.
Estos textos, tienen pues una finalidad particular y no general. Para nosotros, muestran solamente, lo que vendrá después, que los dones de Dios no dependen de nosotros sino únicamente de su voluntad, por bondad. Retengamos que Dios no niega nunca su misericordia a quien la espera y la pide, pero no está obligado, simplemente, él llama a cada uno a su turno y su propio rol, dónde recibe las misericordias, las gracias, adaptadas. Sí. nosotros podemos tener confianza en nuestro Padre de Misericordia. tanto en el orden material como en el orden de la salvación eterna.
Después de muchos años. en los textos litúrgicos particularmente, y en el lenguaje de diferentes predicadores, han suprimido con frecuencia el término misericordia, dicen siempre amor, pues estos dos términos se implican pero no con la misma aplicación. Ciertamente Dios nos ama a pesar de nuestro pecado, es fundamental, pero el hecho de perdonar y de hacer el bien tiene un nombre «misericordia», corazón abierto a la miseria, al que sufre en su cuerpo o que se arrepiente de su comportamiento y pide perdón. Existe un término similar «compasión», el hecho de sufrir con, el griego tiene solo una palabra para compasión y misericordia: éléos, eleos. De otra parte, esta palabra está muy unida a otra palabra todavía más concreta, «las entrañas», splankna, vísceras, splanchna.
La palabra amor no expresa eso solamente, aunque el amor lleva normalmente la compasión, pero sabemos que un amor decepcionado no perdona siempre y a menudo lleva al divorcio, si no a lo peor; mientras que un amor misericordioso puede perdonar y acomodarse. Hay aún madres de familia que no piden el divorcio aunque el marido las traicione, igualmente para los padres: la misericordia perdona siempre.
Más ampliamente, la misericordia, especialmente la misericordia de Dios, se ejercita primordialmente sobre los que normalmente no ameritan el amor.
Si es por una fealdad física, hablamos de compasión, si es la fealdad moral, las pequeñas faltas a los pecados mortales, hablamos de misericordia.
Tenemos un bello ejemplo en la parábola del hijo pródigo: Le. 15, 20 y 31. El Padre tiene amor por el hijo mayor, pero por el menor arrepentido él está lleno de misericordia, el griego original dice «es tomado hasta las entrañas «, el latín «empujado por la misericordia «, la de Jerusalén » tocado por compasión » y la TOB «lleno de piedad»; la palabra amor no será suficiente. Y nosotros sabemos, por nosotros mismos y por toda las Santas Escrituras, que no merecernos el amor de Dios, somos salvados por su gracia, mostrar gracia a alguien es tenerle misericordia.
Conservemos pues este término que corre a lo largo de la Biblia y de los textos de la liturgia en su lenguaje original, y que es evocador, preciso. ¿Podremos decir que esta palabra no es muy comprendida en el mundo de hoy más que la caridad, sino que evoca la palabra amor, hoy, en el pueblo?
Hay que decir enseguida que la Misericordia es propia de Dios, como el Amor y la Caridad, y que la Misericordia fundamentalmente fue ejercida por el Hijo de Dios encarnado en Jesús hasta la Cruz. Sólo Dios puede hacer verdaderamente misericordia, a los desgraciados y a los pecadores. Los que hacen obras de misericordia a los desgraciados y pecadores, los que suplican a Dios para que tenga misericordia de los pecadores, no son los actores, ellos no son más que sus instrumentos, pero lo son realmente. San Pablo lo repite ampliamente, como en la segunda carta a los Corintios, 1,3, «Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de misericordia y Dios de todo consuelo». Seguidamente, los filósofos y los teólogos, especialmente santo Tomás de Aquino, han estudiado ampliamente el rol de los instrumentos intermediarios, pero el rol esencial, la causa principal, que podría por cierto hacer todo, aquí es Dios. Su poder creativo quiere actuar por medio de causas instrumentales, excepto los casos de milagros. Lo mismo, los hombres pueden actuar directamente por sus manos o a través de herramientas, instrumentos, o por otros hombres colaboradores. Simplemente decimos comúnmente que Dios, que todo lo puede hacer, no quiere hacerlo sin nosotros.
Encontramos el núcleo de nuestra introducción en este extracto de una larga meditación de san Bernardo de Claraval, 1090/1091-1153, sobre las heridas de Jesús, garantía de su misericordia. En su sermón n° 61 sobre el Cantar de los Cantares: ¿Cómo la Iglesia encuentra las riquezas de la misericordia divina en los llagas de Jesucristo? «Pero yo tomo de las entrañas del Señor lo que me falta, pues sus entrañas rebosan misericordia. Agujerearon sus manos y pies y atravesaron su costado con una lanza; y, a través de estas hendiduras, puedo libar miel silvestre y aceite de rocas de pedernal, es decir, puedo gustar y ver qué bueno es el señor… Un hierro atravesó su alma, hasta cerca del corazón, de modo que ya no es incapaz de compadecerse de mis debilidades. Las heridas que su cuerpo recibió nos dejan ver los secretos de su corazón; nos dejan ver el gran misterio de piedad, nos dejan ver la entrañable misericordia de nuestro Dios, por la que nos ha visitado el sol que de lo alto. ¿,Qué dificultad hay en admitir que tus llagas nes n ver tus entrañas?».
La misericordia del Señor es pues la materia de mis méritos. N’ estos serán abundantes, si la misericordia es abundante. Yo me siento culpable de muchos pecados, es cierto, pero donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia (Rom 5, 20). Si las misericordias del Señor son para mí eternas, yo cantaré eternamente las misericordias del Señor. (Salmo 102, 27 y Salmo 138,1).
San Vicente de Paul
San Vicente de Paul recurre muy a menudo a la Misericordia de Dios, para confiarse a sí mismo o para confiarles a sus corresponsales, o para admirar las gracias que ellos han recibido de la Misericordia divina. El escribe casi siempre: «por la misericordia divina», «por la misericordia de Dios». Todo el bien que se hace y todas las conversiones y el progreso en la vida cristiana son «por la misericordia divina». Lo mismo ocurre entre sus corresponsales, como en muchos otros en aquella época. También contemplaba a Jesús crucificado, hasta en los detalles de sus sufrimientos y recomendaba meditarlos.
Presentamos en primer lugar la misericordia de Dios por nosotros, y de nosotros para otros, o de otros hacia nosotros, lo que es más frecuente en él. Enseguida lo que implica la súplica de la misericordia de Dios por los pecadores y ciertamente también por nosotros, pecadores.
Bernard Koch, C.M.
CEME 2015







