Resumen histórico de la Congregación de la Misión en España

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Author: Mauricio Horcajada · Year of first publication: 1903 · Source: Anales españoles.
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cruz_svResumen histórico de la Congregación de la Misión en España. Su introducción y propagación. Sus pruebas, paz y prosperidad. Su división en dos provincias.
Es la Congregación de la Misión, según la expresión del Papa Urbano VIII, un Instituto aceptísimo a Dios, utilisimo a los hombres y absolutamente necesario. Así hablaba el Vicario de Jesucristo cuando todavía la Congregación estaba en sus principios, y la historia de nuestra amada Congregación, en el espacio de casi tres siglos que lleva de existencia, confirma plenamente las hermosas palabras de tan sabio y virtuoso Pontífice.
Siendo la Congregación de la Misión un Instituto tan grato a Dios y de tanta utilidad para el hombre, no podía menos de introducirse y extenderse en la católica Nación española, que siempre se halla dispuesta a dar favorable acogida a todas las obras que se enderezan a la mayor gloria de Dios y bien del pueblo cristiano. Así sucedió en efecto. Tenía el Señor designios de bondad y misericordia sobre nuestra Nación, y no quiso privarla de los grandes bienes que obraría en ella la Congregación de la Misión.
I.—SU INTRODUCCIÓN Y PROPAGACIÓN.
Don Francisco Sanjusto y Pagés, Arcediano de la Santa Iglesia Catedral de Barcelona, fue el instrumento de que se sirvió la divina Providencia para sembrar en nuestra tierra el pequeño grano de mostaza que, andando los tiempos, se convertiría en frondoso árbol, que extendería sus ramas, no sólo por la Península ibérica, sino también por muy distantes y dilatadas regiones.
Conoció dicho Sr. Arcediano a los Hijos de San Vicente en Roma. Enterado del modo de vivir de los Misioneros y de los ministerios a que se dedicaban, creyó que podrían hacer mucho bien en España, y no dejó piedra por mover hasta conseguir la fundación de la Congregación en nuestra Patria. Acudió prontamente al Rey, exponiéndole las ventajas que resultarían de tal fundación; acogió benignamente S. M. el Rey la petición, y concedió la licencia necesaria. Obtenida esta autorización, hizo el Sr. Sanjusto las diligencias que se requerían para obtener la venida de los Misioneros, y al fin, vencidas las graves dificultades que se oponían a tan santa empresa, se abrió en 1704, con aprobación del Sr. Watel, a la sazón Superior General, la primera Casa de la Congregación en Barcelona.
Fue, pues, Barcelona la cuna de la Congregación de la Misión en España. Pertenecían a la Provincia romana los Misioneros fundadores de esta Casa, y fueron hombres llenos de espíritu de San Vicente de Paúl, esparciendo por doquier el espíritu de Jesucristo. El Señor los bendijo; se multiplicaron rápidamente, y de la casa de Barcelona salieron mucho. virtuosos Misioneros que dieron origen a varias otras casas de la Congregación, a saber: Palma de Mallorca, Guisona, Barbastro y Reus. De modo que hacia el último tercio del siglo XVIII se contaban ya cinco casas de la Congregación en España. Al empezar el siglo XIX se les agregó, en 1804, de Badajoz, y en 1819 la de Valencia.
Dependió la casa de Barcelona, hasta el año 1836, de la Provincia de Roma, en cuyo año se celebró la décima Asamblea general, y en ella los diputados de la Provincia romana propusieron al Superior General, Sr. Couty, la conveniencia de agregar la predicha casa de. Barcelona, y las demás que se fundasen en España, a la Provincia de Lombardía, pues era difícil atender al gobierno de las susodichas casas, atendida su larga distancia de Roma y la poca facilidad de hacer los viajes que en aquellos tiempos había. Fue aceptada la proposición, quedando desde entonces sujetas las casas de España a la Provincia de Lombardía, hasta que se creyó llegado el momento oportuno de formar con ellas una Provincia distinta, a semejanza de las otras de que ya se componía la Congregación de la Misión.
Acaeció tal acontecimiento hacia el año 1774, en que el Superior General, Sr, Jacquier, atendiendo a graves consideraciones y comprendiendo que las casas de España tenían personal suficiente y medios de subsistir y de gobernarse con independencia de las otras Provincias, erigió, conformándose con el espíritu de nuestras Constituciones, la Provincia de España de la Congregación de la Misión. Desde esta época las casas de la Congregación fundadas en nuestra Nación han sido dirigidas y gobernadas por un Visitador español, exceptuando los tiempos de la guerra de la Independencia, en los cuales estuvieron dichas casas sujetas a la jurisdicción de un Vicario particular.
Catorce han sido hasta el presente los Visitadores de la Provincia de España, que se sucedieron como a continuación se expresa: Sres. Vicente Ferrer, Fernando Nualart. Rafael Pí, Felipe Subies, Francisco Camprodón, Fortunato Feu, Juan Roca, Buenaventura Codina, Ignacio Santa susana, Buenaventura Armengol, Juan Masnou, Ramrm Sanz, Mariano Maller y Eladio Arnáiz, que desde 1892 dirige la Provincia de España. Pocas son. por desgracia, las noticias que se nos han transmitido de la mayor parte de ellos; pero, no obstante esto, podemos asegurar que, con rarísimas excepciones (si es que puede hacerse alguna), fueron hombres instruidos, virtuosos, amantes de la Congregación y de la observancia de nuestras santas Reglas, como lo prueba la constante tradición entre nosotros, y muchos documentos de nuestros Superiores Generales que hablan de la regularidad observada en nuestra Provincia, que sin duda alguna era promovida por nuestros dignos Visitadores.
II.—SUS PRUEBAS, PAZ Y PROSPERIDAD,
La Provincia de España, que como acabo de decir fue distinguía por su exactitud en la observancia, debía ser expuesta a la prueba y persecución, para que así se tornase más grata a Dios y tuviese algún parecido con la Iglesia Católica, a quien su divino Fundador pronosticó persecuciones, tentaciones, luchas y guerras, asegurándole que las puertas del Infierno no prevalecerían contra ella.
Fundóse en 1828, bajo los auspicios de Fernando VII, la Casa de Madrid, y seis años después, el 1834, las turbas salvajes, agitadas y dirigidas por los masones y liberales exaltados, vertieron en Madrid la sangre inocente de muchos Religiosos. Viéronse obligados nuestros Hermanos que habitaban en la calle del Barquillo, a dispersarse para no exponerse a tan inicuos desmanes. Repitiéronse en los escándalos del año anterior; a 6 de julio fueron asesinatos Religiosos de Zaragoza; a 22, los de Reus; a 25, los Murcia, etc.; prendiendo fuego a muchos conventos y convirtiendo en cenizas obras apreciabilísimas de la religión y del arte.
El 14 de Septiembre de este mismo año subió al poder D. Juan Alvarez Mendizábal, y en 11 de Octubre suprimió, pocas excepciones, todas las Órdenes y Congregaciones religiosas. Esta disposición fue aprobada y confirmada por las Cortes, abiertas a 16 de Noviembre, las cuales en Decretos del 5 y 9 de Marzo de 1836 suprimieron definitivamente los conventos de frailes, redujeron el número, de las monjas, señalaron una cortísima pensión (de tres y cinco reales) a los exclaustrados y fijaron condiciones el pago y redención de los censos.
Comprendida nuestra amada Congregación en tan inicuas disposiciones, y no ofreciendo seguridad a los Misioneros la permanencia en España, viéronse en la precisión de emigrar. Casi todos nuestros jóvenes fueron trasladados a Francia; algunos fueron a Italia. Del mismo modo muchos de los Sacerdotes, tanto de la Casa de Madrid como de las otras casas, hubieron de abandonar su cara Patria. Recibiéronlos benévolamente y tratáronlos con mucha caridad nuestros hermanos de Congregación, principalmente los de Francia, los cuales quedaron también muy edificados de los ejemplos de virtud y observancia regular que en todas partes dieron los jóvenes y los Misioneros españoles.
A los quince años de la supresión de la Congregación en España, en 1851, celebróse el Concordato con la Santa Sede, y en su artículo 29 fue reconocida de nuevo la Congregación de la Misión, para que pudiese tener casas de misiones que al propio tiempo sirviesen de lugares de retiro para los eclesiásticos, para hacer ejercicios espirituales y para otros usos piadosos. Quedan además admitidos los Misioneros para la direccion de las Hijas de la Caridad, como claramente se colige del artículo 30 del mismo Concordato Aprovecháronse con mucha diligencia los Misioneros ch esta concesión, abrieron de nuevo en 1852 la Casa de Madrid, y el año 1854 se restableció el Seminario interno, cuya dirección fue confiada al Sr. Borja, Misionero de mucha virtud, amante de su santa vocación y de la exacta observancia de las Reglas
Gozó de paz la Provincia española desde el año 185; hasta el 1868. Durante estos años se restablecieron varias de las antiguas casas de la Congregación, y se fundaron otras dos; la de Ávila en 1863 y la de Teruel en 1867. Cuando todo parecía caminar prósperamente para nuestra amada Compañía, estalló en Septiembre de 1868 la Revolución que derribó el trono ya vacilante de Isabel II, y el Señor expuso nuevamente a prueba a nuestra estimada Provincia de España. Empezó inmediatamente la persecución contra la Iglesia y las Órdenes religiosas, que fueron nuevamente suprimidas a 22 de Octubre, mediante un decreto dado por el Gobierno provisional presidido por cl General Serrano. A causa de esta disposición y del mal estado de nuestra Patria, los Misioneros españoles emigraron por segunda vez y pasaron allende los Pirineos, siendo recibidos con igual amor y fraternidad que la primera ve por nuestros Hermanos franceses, que cumplieron y se portaron como excelentes Hijos de San Vicente de Paúl, Apóstol de la caridad.
Poco tiempo duró esta vez la prueba que afligió a la Provincia de España. Habiéndose proclamado el 30 de Diciembre de 1874 la restauración de la Monarquía en la persona de Alfonso XII, el Sr. Maller, que continuaba en su cargo de Visitador, se aprovechó de aquellas favorables circunstancias para restablecer de nuevo la Congregación en España, e inmediatamente abrió en 1875 la Casa de Madrid, situada en el barrio de Chamberí y conocida con el nombre de Casa de los Cipreses
A contar de esta época la Congregación en España ha disfrutado de tranquilidad y ha llegado al mayor grado de prosperidad que ha tenido desde su introducción en nuestra Patria. La Providencia deparó a la Provincia española hombres de mérito y valer que, ayudados por ella, la han conducido al estado de bienestar y grandeza en que al presente se encuentra. Figura en primera línea entre esos hombres providenciales nuestro inolvidable Visitador Sr. Maller, dotado de juicio recto, de prudencia consumada y de perfecta y acrisolada virtud. Trabajó con ahinco durante ventiséis años en la conservación y engrandecimiento de la Provincia española; y Dios le concedió, no sólo que mantuviese en pie las antiguas Casas de la Congregación, sino que también fundase otras nuevas, que fueron Teruel, Milagros, Andújar, Murguía, Arcos, trasladada a Tardajos, Sigüenza y Alfranca, cerca de Zaragoza. Estas dos últimas, por causas que no es del caso referir, han dejado de existir. Honra también mucho al Sr. Maller el haber edificado en Madrid la espaciosa, cómoda, higiénica y hermosa Casa Central de la Provincia de España. Tiene esta Casa todas las conveniencias que se requieren para la educación e instrucción de la juventud estudiosa, y para poder dar Ejercicios a Sacerdotes, Ordenandos y Seglares. Ayudó al señor Maller en estas empresas un Sacerdote de la Congregación, que aún vive, y del cual nada digo por no ofender su modestia y humildad.
Sucedió al Sr. Maller, que pasó a mejor vida el 15 de Enero de 1892, el Sr. Arnáiz (Eladio), que dotado de grande actividad y energía, ha continuado dando mayor impulso a la obra de su predecesor. En los once años que lleva de Visitador el Sr. Arnáiz, se han fundado las casas de Limpias, Alcorisa, Figueras, Las Palmas y La Laguna Canarias), Paredes, Bellpuig, Valdernoro, Villafranca del hierro, Oviedo, Iglesuela del Cid y Orense. El personal ha ido también siempre en aumento, de tal modo que en el curso escolar de 1902 a 1903 el número de estudiantes ha llegado a la cifra de 170, cosa que jamás se había visto en nuestra Provincia de España.
Parecía al Sr. Arnáiz que la gran Casa levantada por su antecesor necesitaba un complemento casi necesario, a saber: una iglesia. Concibió, pues, el proyecto de cons-truirla, para gloria de Dios y bien de las almas; pensólo detenidamente, y al fin se resolvió a realizar esta difícil empresa; puso manos a la obra confiado en la Providencia, que nunca falta a los que en ella ponen su esperanza. Colocóse la primera piedra de la dicha iglesia el 29 de Marzo de 1901, y dentro de poco estará completamente terminada y se dedicará y consagrará al culto divino bajo la advocación de San Vicente de Paúl.
El aumento y prosperidad de la Congregación de la Mitón en España no sólo ha sido provechoso a nuestra Nación, sino que también, como es sabido, ha sido causa y origen de las Provincias de Filipinas, Méjico y Antillas, que son como hijas de la Provincia española, que ha educado e instruído a los Misioneros que las componen, y que se cuida de enviarles los sujetos que necesitan para desempeñar las diversas funciones y ministerios a que se dedican nuestros hermanos en esos países.
Al llegar aquí, después de haber descrito a grandes rasgos la historia de la Congregación de la Misión en España, y habiendo visto la protección especial de Dios sobre nuestra Provincia española, el corazón del buen hijo de San Vicente de Paúl, que tan agradecido fue a los beneficios que Dios le dispensó, no puede menos de encenderse en el amor de Dios, bendecirle y darle infinitas gracias por los dones y favores concedidos a nuestra amada. Provincia de España, porque sabe que toda dádiva preciosa y todo don perfecto de arriba viene, como que desciende del Padre de las luces, en quien no cabe mudanza ni sombra de variación. (Santiago, I, 17.)
III. — Su división en dos Provincias.
Habiendo llegado la Provincia de España al estado de prosperidad que poco ha he referido, contando con veintidós casas y numeroso personal, creían conveniente y casi necesaria muchos Misioneros la división de la predicha Provincia en dos distintas, e independientes la una de la otra, todo con el laudabilísimo fin de dar todavía más impulso y fomento a los ministerios propios de nuestra amada Compañía y a su extensión.
Abundaban principalmente en estos sentimientos los Misioneros pertenecientes a las Casas existentes en el Principado de Cataluña. Esta fue la causa de que en la Asamblea Provincial celebrada en Madrid en Julio de 1902, entre las varias cuestiones en ella tratadas y discutidas, los diputados de las susodichas casas propusieran la conveniencia de formar una nueva Provincia independiente de la antigua Provincia de España y que comprendiese por lo menos Cataluña, Valencia e Islas Baleares. Se discutieron las razones en pro y en contra, y pedidos los votos de los diputados, casi unánimemente se accedió a la petición de los catalanes.
Acordó, en vista de esto, la Asamblea Provincial proponer la cuestión para su resolución definitiva al Muy Reverendo Superior General, y formuló la petición en estos términos: ¿Conviene proponer al Muy Reverendo Superior General la erección de una nueva Provincia independiente la Provincia de España? Y, en caso afirmativo, el territorio que se ha de designar a la nueva Provincia ¿será solamente el Principado de Cataluña, Valencia e Islas Baleares, excluyendo el reino de Aragón? Nuestro Muy Reverendo 14uperior General, Sr. Fiat, teniendo presentes las Constituciones acerca de la potestad del Superior General, y los Decretos de las Asambleas números 383 y 384, siguiendo los ejemplos de sus predecesores y habiendo consultado A rus Venerables Asistentes, accedió a la petición de los españoles, dividiendo la Provincia de España, erigiendo una nueva totalmente independiente da la primera, cuyo territorio comprenda las regiones de Cataluña, Valencia e Islas Baleares.
En virtud de esta disposición del Superior General, la Congregación de la Misión en España queda dividida en dos Provincias distintas e independientes: la Provincia de España y la Provincia de Cataluña.
La Provincia de España cuenta al presente con diez y ocho asas, que son: Madrid, Alcorisa, Andújar, Ávila, Badajoz, a Iglesuela del Cid, La Laguna, Las Palmas, Limpias, Milagros , Murguía, Orense, Oviedo, Paredes, Tardajos, Teruel, Valdemoro y Villafranca del Bierzo. Podrá esta Provincia fundar otras casas fuera del territorio designado a la otra, y continuará enviando el personal necesario a las Provincias de Filipinas, Méjico y Antillas.
La Provincia de Cataluña se compone ahora de cuatro Casas, a saber: Barcelona, Palma de Mallorca, Figueras y Bellpuig. Se extenderá esta Provincia y fundará sus casas en las Provincias de Barcelona, Tarragona, Gerona, Lérida, Valencia, Castellón de la Plana, Alicante e Islas Baleares. El adjunto mapa dará idea de las Casas de la Congregación en 1903 y del lugar que ocupan en nuestra Patria.
Pocas son, en verdad, al presente las Casas de la Provincia catalana; mas no abrigo duda de que ha de prosperar porque—dicho sea sin lisonja—nuestros Hermanos de Cataluña son inteligentes, activos y emprendedores, y no se acobardan ni desmayan ante los obstáculos y dificultades.
Fue designado como Visitador de esta Provincia el Señor Orriols; pero a causa de la enfermedad con que el Señor viene probando a este apreciable hijo de San Vicente de Paúl, el Superior General ha desistido de su intento y ha nombrado primer Visitador de la Provincia de Cataluña al Sr. Jaume (Juan), Superior de la Casa de Barcelona, que, confiado en Dios, ha empezado a ejercer desde el último Febrero el difícil cargo que le ha impuesto la obediencia. Es preciso terminar ya este resumen histórico de la Congregación en España, que se ha hecho más extenso de lo que yo al principio intentaba. Queda, pues, la Congregación de la Misión dividida en dos Provincias españolas; mas esta división es división material, exigida por las circunstancias de los tiempos y lugares; nunca jamás habrá división de ánimos entre los buenos hijos de San Vicente, castellanos y catalanes. Soldados somos del ejército de Cristo, formamos un mismo batallón, juntos pelearemos en las más reñidas batallas que hemos de librar contra el mundo, demonio y carne; nos prestaremos mutuo auxilio, y de este modo seremos formidables a nuestros enemigos; viviremos siempre unidos con el suavísimo lazo de la caridad fraterna, hasta que, concluida la lucha y obtenida la victoria, vayamos a formar parte de aquella otra Congregación que, vencedora y triunfante, reina y reinará durante una eternidad, toda al mismo tiempo, perfecta, invariable e interminable.
M. H. N.

 

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