Nació en Tarragona el 23 de febrero de 1757; fue admitido en el noviciado el 8 de septiembre de 1779 e hizo dos años después los votos, el 9 del citado mes. Entregó su alma al Criador a 7 de septiembre de 1822. «Fue muy edificante—afirman las Memorias—así por su observancia, como por su mucha aplicación al trabajo en su oficio de carpintero, que ejercitaba con primor… Era, sobre todo, amantísimo de las costumbres antiguas de la Congregación y no podía sufrir se hiciese cosa, por pequeña que fuese, contra ella, y en los últimos años de su vida alegaba, si veía hacer cosa diferente, que por espacio de cuarenta años lo había visto practicar de tal modo.» Hacía ya algunos años que con edificación desempeñaba el oficio de portero; porque su edad ya no le permitía trabajar mucho de carpintero. Era robusto; pero padeció algunos accidentes y un amago de apoplejía que le dejaron muy débil, «hasta que en este tiempo fatal de anarquía, habiendo la noche del cinco al seis de los corrientes [septiembre de 1822], trastornado toda la casa una tropa de revolucionarios que, habiendo roto las puertas, vinieron a prender al Visitador señor Francisco Camprodón, que hacía las veces de superior, para desterrarlo y trasportado a Mallorca, nuestro Hno. Rusiñol estando el día seis, anterior al de su muerte, ayudando a componer las puertas estropeadas, le repitió la apoplejía y cayó, perdiendo el habla. Llevado a un aposento en brazos y, recibida la absolución y extremaunción, al cabo de algunas horas murió tranquilamente en el Señor, en cuya gracia es de creer le encontró el accidente.»
Ramón Rusiñol







