¿Qué debemos entender por asesoría, hoy?

Francisco Javier Fernández ChentoAsociación Internacional de Caridades, Formación VicencianaLeave a Comment

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Autor: Álvaro Quevedo Patarroyo, C.M. · Año publicación original: 1988 · Fuente: AIC Colombia.
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¿Qué debemos entender por asesoría, hoy aquí?

La acción de «Asesorar» un grupo vicentino (es nuestro caso) es sin duda una acción de Iglesia y es una proyección de la propia fe y del propio carisma. Me atrevo a decir que según sea nuestra ECLESIOLOGIA, así será también la asesoría. Si en el asesor (y también en grupo) predomina una eclesiología «clerical», también será «clerical», la asesoría. Por el contrario, si predomina una eclesiología de «Pueblo de Dios» la asesoría será en la línea del servicio. Expliquemos un poco estas dos posibilidades.

Antes del Vaticano II predomina una concepción de una «Iglesia clerical», donde el laico contaba muy poco o casi nada. El clérigo lo era todo y era el que se responsabilizaba de todo. El laico era pasivo y un cero a la izquierda. Era lo que se llamó en el mismo Concilio la «Iglesia piramidal», donde sólo contaban los sacerdotes y las religiosas, y lógicamente los obispos y el Papa.

Como fruto de esa «eclesiología clerical y piramidal» en los grupos el llamado hoy asesor, era mas bien «director» y ejercía funciones que quitaban a los laicos su responsabilidad.

Paulo Freire, al hablar de la educación nos dice que ésta puede ser «domesticadora o liberadora». La asesoría está muy ligada al proceso educativo y con las debidas salvedades, podemos decir también que puede haber una «asesoría domesticadora y una asesoría liberadora», según sea la eclesiología que nos inspire.

Como la educación, la asesoría puede ser «domesticadora» cuando pone el énfasis en transmitir conocimientos, pues el asesor «es el que sabe» y el grupo de laicos son «los que saben» («y hay que enseñar al que no sabe…») Se convierte en una asesoría verticalista, piramidal, autoritaria, que se disfraza de paternalismo y maternalismo, pero que en realidad termina «domesticando» a la persona, es decir, «despersonalizando». En este modelo es el asesor siempre el que habla, es «la Palabra de Dios» que no se puede discutir, es él quien da normas y hace o aprueba proyectos, es el sujeto del proceso. En cambio los laicos serán siempre los que escuchan, los que no saben, los que obedecen, el que sigue lo prescrito, es el objeto del proceso. En esta asesoría que hemos llamado «domesticadora» se da muy poca importancia al dialogo y a la participación, pues hay una sola verdad, la del asesor. No se da ninguna importancia a la experiencia del grupo. Se trata de ocultar el conflicto y no se hacen evaluaciones claras. La libertad, la conciencia, molestan y hacen perder el tiempo. Se procura que la persona no piense, y menos discuta, hay que hacer lo posible para persuadirla, condicionarla y que acepte lo que se le presente desde arriba.

Resultados. Una asesoría así, fruto de una mentalidad clerical tiene funestos resultados, como son por ejemplo: se fomenta la pasividad, no se desarrolla la conciencia crítica, no se aprende a razonar, se cae en el autoritarismo, se incrementa el individualismo, se priva al grupo del mutuo enriquecimiento que da el compartir. Se prefieren las «recetas» a la búsqueda de soluciones adecuadas para el momento. En el plano político y de compromisos concretos se defiende el «status quo» y el «reformismo».

ASESORÍA LIBERADORA. Gracias al Vaticano II, y para nosotros gracias a MEDELLIN y PUEBLA, hoy tratamos de vivir y proyectar una ECLESIOLOGIA DE PUEBLO DE DIOS, donde todos somos iguales aunque tengamos tareas diferentes, Iglesia servidora una Iglesia donde se toma en serio las palabras de Jesús.: «TODOS USTEDES SON HERMANOS» (Mt.23,8). Donde se privilegia al laico, al seglar, se le considera como un cristiano adulto y responsable, donde renuncia a privilegios y donde impulsados por la fuerza del amor, la única actitud evangélica es la del servicio; en esta ECLESIOLOGIA ECLESIAL, se da asesoría «entre hermanos» que llamaremos, siguiendo la ideología de Freire, LIBERADORA. Como Jesucristo y como la Iglesia, la asesoría liberadora, privilegio a la PERSONA y la quiere hacer sujeto de su propio destino. Podemos decir que esta dimensión liberadora ha sido enriquecida con valiosos aportes de otros continentes. Los rasgos principales de esta asesoría liberadora, la encontramos en la «Pedagogía del oprimido» que toma al pobre no como objeto sino como sujeto de evangelización. «Los pobres nos evangelizan», pero debemos tener actitudes humildes para dejarnos evangelizar por ellos que en decir de S. Vicente son «nuestros amos y señores»

CARACTERISTICAS de esta asesoría liberadora. Freire hablando de la educación dice: «La educación es praxis, reflexión y acción del hombre sobre el mundo para transformarlo». No se trata solamente de saber, de informar sino que se busca formar a las personas para hacerlas agentes de cambio para que se transformen su realidad. El mismo Freire, de esta afirmación saca los postulados siguientes:

  • No más educador del educando.
  • No más educando del educador.
  • Sino un educador- educando CON un educando-educador

Lo cual significa:

  • Que nadie educa a nadie.
  • Que tampoco nadie se educa solo
  • Sino que los hombres se educan entre sí mediatizados por el mundo.

En un proceso permanente el sujeto va descubriendo, elaborando, reinventando, haciendo suyo el conocimiento. Es proceso de ACCION – REFLEXION – ACCION que él hace desde su realidad, desde su experiencia, desde su practica social, junto con los demás. El asesor y el grupo, están ahí pero no ya como el que enseña y el que aprende, sino para acompañar al otro, para estimular el proceso de análisis y de reflexión, para facilitarlo. Para aprender juntos, para construir juntos. El cambio fundamental aquí se realiza en las personas que pasan de ser individuos acríticos a ser personas criticas, se pasa del hombre condicionado, pasivo, conformista, fatalista…. Al hombre con voluntad de asumir su propio destino, dejando las tendencias individualistas y egoístas y abriéndose a los valores de la solidaridad y de la comunidad.

En este tipo de asesoría, no se rehúyen los problemas, sino que se enfrenta a la realidad tal cual es y se trabaja sobre ella, para desmitificarla y hacerla parte de la vida y el proceso liberador. Se asumen los conflictos, las crisis, como parte de la vida pues se sabe que sin crisis no hay crecimiento.

Lo que importa aquí, más que enseñar cosas y transmitir contenidos, es que el sujeto APRENDA A APRENDER; que se haga capaz de razonar por sí mismo, que salga de la conciencia ingenua y que logre desarrollar su capacidad de deducir, de analizar, de relacionar, de elaborar síntesis, etc.

Etimológicamente la palabra asesorar viene del latín y quiere decir, «sentarse al lado de.» El asesor es un compañero, un amigo que se sienta al lado de sus hermanos y amigos cumplirla solidariamente. El asesor «está a lado de» no va adelante, ni atrás, acompaña dando instrumentos para pensar, para Inter-relacionar un hecho con otro, para elaborar síntesis, conclusiones y consecuencias.

La asesoría que hemos llamado liberadora, se basa en la PARTICIPACION ACTIVA DEL SUJETO y forma para la PARTICIPACION, Solamente participando, involucrándose en la problemática y buscando juntos las soluciones, se llega a la liberación personal y grupal.

NADIE EDUCA A NADIE, por eso es tan importante la participación del grupo, la participación comunitaria, donde se comparte la experiencia, donde se valoran y enriquecen mutuamente. «el grupo es la célula básica» (Freire). En esta asesoría liberadora el eje no es el asesor, sino el grupo.

El asesor está ahí para estimular, para facilitar el proceso de búsqueda para escuchar, para hacer preguntas, para ayudar al grupo a que se exprese, para aportarle datos e informaciones necesarias para que el grupo avance en su proceso. Es, pudiéramos decir, un facilitador. En esta asesoría se exaltan los valores comunitarios, la solidaridad, la colaboración, la creatividad, la iniciativa. Está siempre abierta al dialogo, a la participación, a la reflexión a la corresponsabilidad. Favorece la toma de conciencia de su propia dignidad, de su valor como persona y tiene como objetivo bien claro la transformación de la realidad, por eso lleva al compromiso social y recuerda continuamente los objetivos que en la lengua latinoamericana y eclesial, son la OPCION POR LOS POBRES.

Nadie se educa solo, por eso es tan importante poner el énfasis en el diálogo en el intercambio, en la participación del grupo, en que todos se sientan y actúen como sujetos responsables, donde el aporte de todos es importante, donde el Espíritu habla por los pequeños y sencillos, donde no hay palabra que valga menos ni palabra definitiva, donde se busquen entre todos la verdad, renunciando quizás a su verdad. En esta interacción grupal la palabra del asesor orientadora es importante y tiene su lugar insustituible, en la línea que lo hemos dicho.

El servicio de la asesoría hay que entenderlo como un COMPROMISO DE VIDA, como una expresión de la fe que se comparte, para ayudar a los hermanos a clarificar, para orientarlos, para animarlos en la consecución de sus objetivos, para encauzar sus inquietudes, para advertir sus fallas para poner al servicio de los demás las experiencias.

Funciones del asesor

En el pasado (y espero que sea realmente algo pasado) si no por el nombramiento, si en la realidad, el asesor pudo convertirse en el «presidente, el director de la asociación», incurriendo así en lo que dijimos de la asesoría manipuladora… Pero quizá lo más común puede ser que el asesor haga solamente acto de presencia en las reuniones, diciendo quizás «alguna palabrita» edificante y celebrando la Eucaristía en determinadas ocasiones.

«Partiendo de la idea de que la presencia del sacerdote, aun siendo muy útil, no es absolutamente indispensable a nuestras asociaciones, más bien hay que preguntarse a partir de qué momento una asociación tiene derecho a acudir a él, y como hay que hacer para que la acción del sacerdote sea verdaderamente eficaz. Y el sacerdote tiene derecho, si no el deber, de preguntarse a partir de qué momento se justifica su presencia en una asociación» (P.Gielen)

Dentro de una visión «clerical de la iglesia» era normal plantear el problema de las obras en función del sacerdote y hacerlas girar alrededor de él de manera que desaparecían cuando él desaparecía… Pero dentro de una «eclesiología del Pueblo de Dios», de una Iglesia toda ella ministerial, donde no solamente los sacerdotes son responsables sino también los laicos, el planteamiento es diverso. Ya no podemos seguir pensando que toda asociación necesita de un sacerdote asesor. Pensar así falseó el papel del sacerdote en las asociaciones. ¿Cuándo se justifica el que una asociación tenga un sacerdote como asesor? El P. Gielen responde: «Un asesor se justifica únicamente a partir del momento en que la asociación como tal, es decir, si todos sus miembros, al menos los que en ella determinan sus objetivos y estilo, están decididos a vivir una experiencia de Iglesia, o sea a trabajar inspirándose en el Evangelio con miras a hacer a Cristo presente». Por esta respuesta nos damos cuenta que la función del asesor debe ser primordialmente, el acompañar a la asociación a que viva su dimensión de iglesia, a que se inspire en los valores del evangelio y que a través de su acción caritativa haga presente a Cristo. Si esto no fuera posible, si la asociación no estuviera interesada en vivir según el evangelio, en inspirarse en Jesucristo, si presentara una imagen mediocre, incluso falseada de la caridad de Jesucristo, seria necesario que el sacerdote hiciera todo lo que estuviera de su parte para hacerles comprender lo esencial de su misión Y si se tropezara con la indiferencia, la incomprensión e incluso la oposición, podría ser que fuera mejor que se retirara de la asociación, mas bien que garantizar con su presencia una falsificación de la caridad. Habría que decir también algunas asociaciones sacarían mas ventaja de no tener asesor, mejor que tener el que tienen, porque sólo el asesor de palabra, o quizás no vive el espíritu que se supone debe infundir a la asociación.

Creemos que la función del asesor no hay que plantearla en primer lugar en el cumplimiento de algunas funciones rituales, tales como:

  • Asegurar «la palabrita espiritual» en las reuniones.
  • Asegurar la celebración eucarística en ciertas circunstancias
  • Presidir ciertas ceremonias como recepción de socias

«LA MISION del asesor consiste esencialmente en ayudar a la asociación a situarse en una línea auténticamente evangélica frente a los problemas de nuestro tiempo» (P.Gielen). Por esto siendo nuestras asociaciones eminentemente caritativas y queriendo hacer eficaz el amor, el asesor debe recordar sin cesar que la caridad no es un pasatiempo ni un tranquilizante y que sólo es auténtica en la medida en que se esfuerza por llegar hasta el fin en su dinamismo.

En otras palabras el asesor debe velar y colaborar para que la asociación cumpla cabalmente con sus objetivos.

Por esto debe tener muy claro el carisma del Fundador y presentarlo con la audacia que la realidad lo exige. Evangelio, San Vicente y enseñanza social de la Iglesia, desde y para A.L. deben ser el trípode de su servicio formativo y apostólico. Estarán a la base de la formación de los socios y serán elemento para mantener motivado al grupo.

Otra de las recomendaciones de San Vicente en los reglamentos, es la de fomentar la fraternidad entre las socias y entre las asociaciones. Debe ser un elemento que ayude al crecimiento de la personas y de los grupos (facilitar los procesos grupales); analizar las situaciones del grupo para reducir tensiones, facilitar la adaptación de las personas, estimular a los miembros, reconocer y tratar de corregir los posibles errores… oxigenar al grupo.

El asesor debe cuestionar al grupo, acompañarlo en la planeación y en las evaluaciones.

Clara Delva, el 13 de enero de 1983 en un mensaje de la AIC a la reunión de Visitadores de la C.M., reunidos en Bogotá, presenta el siguiente «ruego»:

Los miembros de nuestra Asociación les ruegan a Uds. En todas partes:

  • Estar atentos a nuestros esfuerzos.
  • Sostenerlos y alentarnos.
  • Reconocer nuestra capacitación como mujeres laicas responsables.
  • Aceptar el valor de nuestro agrupamiento en nivel nacional e internacional, nuestra identidad propia, nuestra autonomía frente a otras organizaciones caritativas y de ayuda mutua.
  • Colaborar con nosotras en todos los niveles posibles, cooperando en pie de igualdad clérigos y laicos juntos y responsables.

A todo esto nos comprometemos también nosotras.

Esto que la entonces Presidenta Internacional A.I.C. pide para todas los padres vicentinos, urge de una manera especial a los asesores, de dichas asociaciones. El asesor debe de dar ejemplo de su aprecio por los laicos como Sn. Vicente CREER EN ELLOS Y ELLAS, especialmente en la MUJER y en los jóvenes.

Cualidad del asesor

De preferencia debe ser un sacerdote de la Congregación de la Misión.

San Vicente quería que la asociación estuviera muy unida a su párroco y que él fuera su asesor espiritual.

Hoy día son magnificas ASESORAS las Hijas de la Caridad y a ellas como en su tiempo Santa Luisa, se debe en gran parte la vida y el crecimiento de las asociaciones. Lo que hemos dicho en estas reflexiones valen también para ellas y también para los LAICOS capacitados que estén prestando un servicio de asesoría a los grupos laicales vicentinos.

Entre otras cualidades podemos señalar las siguientes:

CREYENTE: que esté convencido de su fe y quiera comunicarla a los otros. Esto es de la esencia de la asesoría, pues se trata de vivir la fe en la dimensión de la caridad que engendra justicia.

ANIMADO, es decir que sepa estimular al grupo, que crea en la fuerza del amor. Lo esencial de una buena animación no es la exposición de una doctrina, sino la comunicación de un espíritu, de una chispa, la comunicación de una toma de conciencia, el compartir la vida.

El asesor debe dar un mensaje de alegría, esperanza como el que recibió María en la anunciación. Es necesario decirle a los laicos vicentinos que trabajan con el pobre y en la promoción del hermano desvalido , que ese trabajo hay que hacerlo con alegría, con esperanza, y también con el espíritu de la Pascua repetir las palabras de Jesús Resucitado a las mujeres al ser enviadas como mensajeras de la Resurrección: ¡No tengan miedo! Por que el Espíritu de Jesús está en la Iglesia, está en los pobres, está en los hermanos que se reúnen para compartir su vida con sus hermanos menos favorecidos. ALEGRIA Y CONFIANZA son dos características de los discípulos del Señor y también hoy son indispensables para nosotros.

VICENTINO, es decir que ame y viva el carisma de Vicente de la OPCION POR LOS POBRES, que lo comparta con los grupos. Debe conocer el espíritu de San Vicente y difundirlo, Aunque no sea de la Congregación de la misión o de las Hijas de la Caridad, el que sea asesor de los laicos vicentinos, debe tener muy claro el carisma de Vicente «servir a Jesús en la persona de los pobres» y de hacerlo en la línea que la Iglesia lo pide hoy de promoción y de justicia. Ese carisma está actualizado en sus líneas esenciales para AIC: en el Documento Base. Contra las Pobrezas Actuar Juntos. Por eso, el asesor debe conocer bien este documento y saberlo transmitir para que sea asimilado y se convierta verdaderamente en un instrumento de trabajo vicentino en el hoy y aquí de America Latina. El Documento de base presenta el amor con que debe trabajar la voluntaria como un «amor sencillo, un amor humilde, un amor cordial, un amor que se arriesga, un amor creativo…»

Con CAPACIDAD DE DISCERNIMIENTO, que sepa leer los signos de los tiempos y ayude a interpretarlos a la luz de Jesucristo y su Evangelio. Que sepa unir en una sola la Palabra de Dios, la que está ya escrita en la Biblia y la que se va pronunciando a través de la tradición viva de la Iglesia, Dios nos habla de muchas maneras.

Con BUENAS REALACIONES HUMANAS, Tanto en el trato con las voluntarias, como en el trato con los pobres. Que haya siempre fraternidad, que sea fruto de la amistad cristiana y de la unión que nace de compartir los mismos ideales de servicio y amor en la Familia de San Vicente.

Que sepa ACOMPAÑAR, caminar con el grupo, que esté atento a los esfuerzos de todos, para estimularlos, sostenerlos, alentarlos.

En reuniones de asesores con los laicos vicentinos se escuchan reiteradamente peticiones como estas: Los laicos vicentinos queremos asesores que tengan actitudes de servicio, de amistad, de fraternidad, de acompañamiento, de sinceridad, de justicia, que nos comuniquen entusiasmo, que nos estimulen, que nos hagan crecer en corresponsabilidad, en compromiso, en vida cristiana y vicentina, que nos den seguridad en nuestro caminar con Jesús en el servicio del hermano oprimido y abandonado.

He compartido con ustedes lo que yo he aprendido de otros asesores y muchos laicos vicentinos con la esperanza que sigamos juntos haciendo la obra que empezó Vicente de Paúl allá en 1617 y que sigue siendo actual y necesaria en la Iglesia.

Dios habla por medio de todos los hombres de buena voluntad y sin duda es Dios quien nos habla a través de estas palabras de Alberto Camus:

«NO CAMINES DELANTE DE MI POR QUE QUIZAS NO PUEDO SEGUIRTE…
NO CAMINES DETRÁS DE MI, POR QUE QUIZAS NO PUEDO GUIARTE…
CAMINA JUNTO A MI Y AVANCEMOS COMO HERMANOS»

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