Antes de terminar la relación relativa a la Casa de Hardt, hay que llenar algunos vacíos. En 1870 se comenzó un Asilo de niños, que fue prohibido en 1875 a las hermanas por efecto de las leyes de Mayo. En 1871 el celo del Sr. Richen triunfó de la resistencia del buen Cura, que había hecho venir a las hermanas y las amaba siempre mucha; hizo erigir la Asociación de Hijas de María; hasta entonces no había habido más que una escuela dominical, abierta a todos. La Asociación prosperaba extraordinariamente, aunque le faltaba una dirección continuada; porque ni el antiguo Cura ni su sucesor quisieron ocuparse de ella, y así la Asociación no recibía más que la visita irregular del Director de las hermanas. Muy luego pasó de doscientas el número de Hijas de María, y a ser la Asociación motivo de edificación a la parroquia, al propio tiempo que semillero de excelentes madres de familia y de piadosas esposas de Jesucristo, entre las cuales se cuentan quince Hijas de la Caridad.
En 1876, efecto de las leyes de Mayo, se quitó la hermana de la segunda clase, porque no estaba colocada definitivamente, y se la reemplazó por una maestra laica, que trabajaba juntamente con la hermana de la primera clase, hasta que ésta fue pensionada, como se dijo ya.
Después de haber dicho que desde el 30 de Enero 1885 tuvo Nuestro Señor lugar permanente en la Capillita no hemos hecho más que registrar las nuevas obras y declarar que, gracias a las nuevas construcciones, llegó el Establecimiento al estado de prosperidad actual.
A favor de la disminución progresiva de la persecución se abrió de nuevo una escuela, y se pudo, sin ser molestados, reunir algunas niñas internas. El mismo Gobierno provincial de Düsseldorf confió a las hermanas una parte de las niñas idiotas de que estaba encargado; pocas en un principio, llegaron después a 80.
Recientemente la Hoja Dominical o Semana Religiosa de Colonia publicó la siguiente relación, debida a un piadoso Sacerdote y distinguido escritor:
«En una ligera excursión pasé por la Casa de Hardt en el mismo día en que se bendecía un nuevo pabellón y la capilla.
Ibamos—dice—á Hardt, junto a Gladbach, para ver a un antiguo amigo, y cabalmente se celebraba allí una fiesta. La nueva capilla doméstica de las Hermanas de San Vicente de Paúl había sido bendecida por la mañana, y se había ofrecido en ella, por primera vez, el Santo Sacrificio) de la Misa. La alegría de la Casa era grande, aunque la fiesta terminó para nosotros con una impresión dolorosa.
Las hermanas albergan y cuidan en la casa a 6o ó 70 niñas idiotas. Habíamos visto ya muchas miserias y muchos enfermos en las casas privadas y en los hospitales; mas ver a tantas niñas y adolescentes, para las cuales ó no brilla la luz de la razón, ó solamente brilla con lánguido desmayo, era sumergir el alma en una tristeza indecible, tristeza tanto mayor, cuanto conocíamos que gran número de estas pobres criaturas tenían por padres a hombres borrachos. En este momento hubiera deseado poder conducir por media hora a todos los borrachos a través de este patio y de estas salas. Hubiera sido para ellos la predicación más eficaz que imaginarse puede; predicación muda, sí, mas que a la vista de cada una de estas niñas hubiera repetido esta severa advertencia: ¡Ah, padres de familia que no queréis renunciar a la borrachera, tened piedad de vuestras hijas! Unas estaban acurrucadas como tontas en un ángulo; otras acostadas en sus lechos: seres pálidos y miserables, cuya turbada vista manifestaba de un modo desgarrador el idiotismo de su espíritu; otras estaban agrupadas 1 en torno de un alegre acordeón, y cantaban con voz na canciones patrióticas y vulgares.
Por lo demás, nos despedimos de la casa de las Hijas San Vicente con mucho consuelo y gran reconocimiento hacia Dios. Adquirimos en ella la profunda convicción de que en esta bendita casa había producido la vida religiosa una nueva flor de caridad cristiana. Las buenas hermanas despliegan en ella, en esta vida de sacrificio y de vocación difícil, una caridad tan tierna, una solicitud tan maternal con estas pobres niñas, que es verdaderamente conmovedora. Y con todo, resplandecía tal alegría y paz bajo las figuras de las hermanas, que no pude menos de decir a la hermana asistenta de la Casa Central, antigua conocida que había venido a la fiesta: «Creo, hermana mía, que si cambiaseis a las hermanas de aquí, las causaríais gran pena.—Tenéis razón—me respondió;—sería para ellas el mayor sacrificio.
Sucesivamente se hicieron otras adquisiciones y construcciones, hasta que la casa de Hardt alcanzó la hermosa forma que constituye el ornamento de los alrededores y el orgullo de sus habitantes.
Catorce hermanas se distribuyen las obras siguientes: visitas a domicilio, orfanatorio, escuela casera, escuela de costura, asilo de niñas, hospital de idiotas y enfermos internos.
Dos magníficas estatuas, colocadas en la fachada principal, dicen a los transeuntes que la casa está bajo la protección de San José y de San Vicente de Paúl.»
Fundación de la casa de Xhoffraix.—En 1869, el 48 de Agosto, se comenzó una nueva casa en Xhoffraix, pequeña localidad distante una legua de Malmedy, en la Walonia alemana, sobre la cumbre de la Haute Fenche. Es el lugar más pobre del Eifel montañoso, país vecino de Ardennes entre Eupen y Malmedy). Una de las más distinguidas y, ricas familias de Malmedy, el Sr. Godofredo Villers y su esposa, no menos célebres por su piedad que por su caridad para con los pobres, fundaron esta casa, y pusieron a posición de las Hijas de la Caridad un capital de 50.000 francos para sostenimiento de las hermanas que debían encargarse de los pobres y de los enfermos del barrio. He aquí cómo lo refiere Sor Agustina Nogels, que fue la Superiora de las primeras hermanas que se enviaron:
«La casa de Xhoffraix se abrió el 18 de Agosto de 1869 con tres hermanas. Encontramos una casita muy propia y bella; el mobiliario no se componía sino de lo estrictamente necesario. Mas si la casa e instalación eran pobres, la recepción no pudo ser más cordial. El venerable Cura, señor Heinern, como en día de fiesta, salió a nuestro encuentro con todos sus parroquianos. Se habían plantado árboles ante la casa; ésta estaba adornada de coronas y banderas de diversos colores, y el camino se hallaba alfombrado de flores. En la iglesia y en la escuela, a las que fuimos conducidas, se pronunciaron discursos, de los que no comprendimos palabra, por no saber ni francés ni walón, mas estábamos conmovidas al ver la alegre emoción de estas valerosas gentes.
Se nos confió la escuela de niñas; como no teníamos hermana con título, se nos agregó en los dos primeros años una señora que lo tenía, hasta que la hermana terminó sus estudios y alcanzó el título. En cuanto a la visita de los enfermos, el mismo Sr. Cura quiso dar principio. Careciendo las hermanas de lo indispensable, este buen Sacerdote hacía cocer en su casa las ciruelas-pasas y las llevaba a la hermana en una cacerola de porcelana para que las distribuyera en sus visitas a los enfermos. Él mismo llevaba en el bolsillo una botellita llena de una mezcla de vino y agua azucarada, pan blanco, y marchaba por los montes y valles seguido de la hermana. En estas correrías tuvimos ocasión de conocer y admirar la pobreza y aun virtud de estas valerosas gentes, que llevan su suerte sin quejarse; aficionáronse a las hermanas, y les entregaron completamente su confianza.
Aunque en lo sucesivo se agrandó la casa hasta poder albergar a algunas niñas internas, abrir un asilo para los niños y un obrador para las jóvenes, no tomaron, sin embargo, estas obras gran incremento, por ser poco considerable población y por la mucha pobreza del país. Hay que confesar, no obstante, que desde la llegada del nuevo Cura, Sr. Beckmann, miembro de una de las primeras familias de Malmedy, se hicieron notables progresos; el celo y generosidad de tan excelente Sacerdote permitieron presagiar para esta fundación, establecida en fundamentos muy antes, un porvenir más importante.
Casas de Hoeningen, de Frauenthal y de Norff. — En el año 1869 se abrieron dos nuevas casas. En Hoeningen, localidad no distante de Neuss, se ofreció a las Hermanas la escuela municipal; mas en 1871 tuvieron que abandonar esta obra, por dificultades al parecer insuperables.
La segunda fundación fue la de Frauenthal, en la que se les confió a las hermanas un hospital ú hospicio, que se mantuvo y aun llegó a alcanzar gran desarrollo. Siete her-manas hay en él, y actualmente acaba de agregarse a esta fundación una escuela doméstica y de costura.
Al año siguiente se aceptó en Norff, junto a Neuss, la escuela municipal de niñas y la visita de enfermos a domicilio; floreció esta obra hasta 1877, en que hubo que abandonar la Escuela por las leyes de Mayo, que prohibían la enseñanza a las Congregaciones.
Tavel. — En este mismo año de 1870, la Casa de Tavel, Junto a Frisburgo, en Suiza, encomendada por algunos años a las hermanas de Francia, fue confiada a la Provincia de Colonia, porque hablándose en el país la lengua alemana, se necesitaban hermanas de esta nacionalidad para el buen éxito de las obras. Las fundadoras, señoras de Surbeck, tenían presente ante todo las clases de niñas, a las que se añadió muy pronto la clase de niños y un orfanatorio con obrador. Por fin la Municipalidad construyó en el terreno contiguo un hospital, también confiado a las hermanas; la obra llegó a un estado muy floreciente, y bajo la protección del nuevo Cura prometía un porvenir más halagüeño todavía. Allí acudieron, entre otras, jóvenes de familias distinguidas que habitaban en los cantones protestantes, y juntamente con la instrucción encontraban en el pensionado de Tavel el arraigo en la fe y en las virtudes católicas.
Casas de Deuzt y de Saint, Gereon de Colonia. —En 1871 se aceptó una casa de huérfanos en Deuzt, que fue suprimida en 1877 por las leyes de Mayo.
Lo mismo sucedió en el asilo de Saint Gereon en Colonia. Dicha obra era continuación de la Casa de San Andrés, de la que ya se ha hecho mérito, situada enfrente de la Casa de los Misioneros de Stolkgasse y dirigida por Sor Richen. Trasladada primero a la calle Klingelpütz por la demolición de las casas y después a Saint Gereon, hubo que dejarla a los laicos por las funestas leyes de Mayo.
Tristes consecuencias de las leyes de Mayo. —Las inicuas leyes pusieron pronto fin a todas las obras de educación. En 1876 y 1877 se suprimieron las de Norff y Deutz, y en Colonia las de San Severino, Saint Gereon y de Santa Ursula; sólo esta última, con la de Hardt, como ya se ha dicho, pudo subsistir transformada en hospital.
Efecto de estas supresiones fue el que muchas Hermanas tuvieran que pasar al extranjero; la mayor parte se dirigieron a Austria, y toda la naciente Provincia se vió atacada en el mismo principio de su vida y de su prosperidad por las leyes de Mayo.
En 1873 fueron expulsados los Misioneros, y el Sr. Kelz, que había sucedido al Sr. Marcus en la dirección de la Provincia, no pudo, sino muy difícilmente y disfrazado de viajero, dirigirse a la Casa Central de Nippes para presidir el Consejo, confesar a las hermanas y dar una conferencia. El Seminario de las Hermanas fue disminuyendo poco a poco hasta 1875, y a contar de esta fecha se envió a las postulantas a Gratz, en Austria. La propiedad misma de la a Central estaba en peligro, y gracias a la cooperación hábil y rendida del Sr. Villers, de Malmedy, fundador de casa de Xhoffraix y gran amigo de los hijos de San Vicente, se pudo salvar este bien inmueble.






