Promotores de laicos evangelizadores

Francisco Javier Fernández ChentoEspiritualidad vicencianaLeave a Comment

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Author: Flores-Orcajo · Year of first publication: 1981 · Source: CEME.
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«No te pido sólo por éstos, te pido también por los que van a creer en mí mediante su mensaje: que sean todos ­uno, como tú, Padre, estás conmigo y yo contigo»

«Aplíquense a la promoción y preparación conveniente de los laicos, incluso para los ministerios pastorales necesarios en la comunidad cristiana». (C 15). (Jn 17,20-21).

jovenes_alegresLa ingente labor apostólica de San Vicente de Paúl fue realizada, en parte, gracias a la colaboración de los laicos. Los seglares fueron, efectivamente, palanca extra­ordinaria que apoyó las estupendas realizaciones carita­tivas del Santo. De ahí que dedicara San Vicente tiempo y empeño en atender y preparar seglares para la prác­tica de la justicia y caridad. El Papa Juan Pablo II, impresionado por el movimiento caritativo laical, de inspiración vicenciana, ha escrito: «La vocación de este genial iniciador de la acción caritativa y social ilumina todavía hoy la senda de sus hijos e hijas, de los seglares que viven de su espíritu, de los jóvenes que buscan la clave de una vida útil y radicalmente gastada por el don de sí mismos». (Juan Pablo II, carta al Superior Gene­ral C.M., 12-5-1981).

1. «Todos los cristianos seglares participan de la misión de la Iglesia».

Las cofradías de mujeres, hombres y mixtas, con sus respectivos reglamentos, trazados por San Vicente, de­muestran el interés del Santo por promover y preparar laicos para aquella sociedad tan necesitada; revelan igual­mente su confianza en las inmensas posibilidades espiri­tuales y apostólicas de los seglares de aquel tiempo. Vi­cente de Paúl fue un adelantado de las consignas que hoy pregona la Iglesia:

«Todos los cristianos seglares participan de la mi­sión de la Iglesia. En virtud del bautismo y de la con­firmación, están llamados a difundir el Reino de Dios en la vida familiar, profesional, cívica, etc. A todos llama el Señor a dar testimonio de fe, con palabras y v obras, en medio de la sociedad, y a construir la ciudad terrena, según los designios de Dios. Esta acción del cristiano en el mundo, inspirada en la fe y en la cari­dad, es parte integrante de la misión de la Iglesia». (LG 17,33).

2. «El campo propio de su actividad evangelizadora».

Nuestra íinea de acción con los seglares no puede ser otra que la propuesta por la Iglesia. La orientación hacia los pobres, que demos a los seglares, será lo es­pecífico vicenciano:

«Los seglares, cuya vocación específica los coloca en el corazón del mundo y a la guía de las más variadas tareas temporales, deben ejercer por lo mismo una for­ma singular de evangelización. Su tarea primera e inme­diata no es la institución y el desarrollo de la comunidad eclesial —esa es la función específica de los Pastores—, sino en poner en práctica todas las posibilidades cris­tianas y evangélicas escondidas, pero a su vez ya pre­sentes y activas en las cosas del mundo. El campo pro­pio de su actividad evangelizadora, en el mundo vasto r complejo de la política, de lo social, de la economía, y también de la cultura, de las ciencias y de las artes, de la vida internacional, de los medios de comunicación de masas, así como otras realidades abiertas a la evan­gelización como el amor, la familia, la educación de los niños y jóvenes, el trabajo profesional, el sufrimiento». (EN 70).

3. «Al servicio de la edificación del Reino de Dios».

El anuncio del Reino de Dios como realidad abso­luta, ante el cual todo lo demás es accesorio, pide cada vez con más urgencia el compromiso de los laicos, sin los cuales no llegaría a conocerse en algunos rincones de la tierra:

«Cuantos más seglares haya impregnados del Evange­lio, responsables de estas realidades y claramente com­prometidos en ellas, competentes para promoverlas y conscientes de que es necesario desplegar su plena capa­cidad cristianas, tantas veces oculta y asfixiada, tanto más estas realidades —sin perder o sacrificar de su coe­ficiente humano, al contrario, manifestando una dimen­sión transcendente frecuentemente desconocida— esta­rán al servicio de la edificación del Reino de Dios y, por consiguiente, de la salvación en Cristo Jesús». (EN 70).

  • ¿Me intereso por la preparación de los laicos en todos los campos que les son propios?
  • ¿Estimulo a los seglares con mi ejemplo, ani­mándolos, además, con la palabra para que no decaigan en el trabajo apostólico?
  • ¿Procuro desplegar toda la capacidad cristiana apostólica que se oculta en los seglares?

Oración:

«Señor, tú que dijiste `la mies es mucha, pero los obre­ros pocos’, suscita en tu Iglesia laicos comprometidos en las tareas evangélicas que completen el ministerio de los Pastores, así, todos unidos, implantaremos tu Reino en la tierra, Reino de justicia, de paz y de amor. Por Jesucristo nuestro Señor».

 

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