A los HH. Estudiantes de Espluga de Francolí.
Amados HH. Estudiantes: A modo de crónica parroquial les mando estos apuntes a fin de que sirvan para la historia de nuestra pequeña, pero amada, Provincia de Barcelona.
La Diócesis de Lérida ha sido una de las Diócesis que mayor número de víctimas del marxismo ha contado entre sus sacerdotes. Al estallar el Glorioso Movimiento Nacional tenía la Diócesis 414 sacerdotes. Entre sacerdotes fusilados (270) y muertos de muerte natural (10), suman 280; lo cual supone una pérdida de más del 68 por 100 del personal, quedando 134 sacerdotes (incluyendo a no pocos ancianos, achacosos e inutilizados) para atender a 257 Parroquias, 61 filiales o Vicarías, Curia, Seminario, Catedral y demás servicios diocesanos. A esta pléyade de mártires pueden añadirse 46 religiosos de diferentes órdenes y 3 religiosas que enaltecieron el nombre de Cristo derramando su sangre por la fe, en esta misma Diócesis.
El Seminario diocesano cuenta en la actualidad con unos 40 seminaristas de primer y segundo año de latín, y con unos 8 de estudios superiores. ¿Cuándo podrían verse atendidas las Parroquias?
Ante tamaña desgracia y la insistente súplica del Excmo. y Rdmo. Sr. Obispo A. A., hizo la Provincia un esfuerzo de flaqueza y aceptó el cuidado espiritual de la barriada de La Bordeta y la Parroquia de Albatárrech, de las que fui encargado por mis Superiores, y de las que tomé posesión el 7 de julio de 1940.
La Bordeta.
Es La Bordeta un arrabal de Lérida que cuenta con unos 1.500 habitantes. Es un barrio cosmopolita y tiene mucha gente advenediza. Andando por la calle se oye hasta francés, del achacoso, del que han aprendido en los campos de concentración o acampados en las orillas de algún pueblo o ciudad francesa los ex-refugiados que, por temor más o menos fundado, huyeron a Francia, y se han visto obligados a volver. Abundan los murcianos y hay un pico considerable proveniente de los cuatro puntos cardinales de España.
El pueblo, o barrio, cuenta con un grupo de casas antiguas, que forma un núcleo pegado a la iglesia. Pero, además, de trecho en trecho y en todas direcciones, vense torres y chalets con sus huertecitos y jardines. Es que La Bordeta reúne condiciones higiénicas de las que carece la ciudad, especialmente en verano, y la gente pudiente ha ido comprando sus lotes de terreno y edificando modernos y vistosos chalets, que dan a la barriada un cierto aire aristocrático.
La Bordeta dista de Lérida (a pie) unos veinte minutos. Hubo en un tiempo, servicio ordinario de autobuses que acortaban la distancia y daban a la barriada aspecto de más pida. Pero la escasez actual de combustible nos obliga a gastar en zapatos lo que gastaríamos en gasolina, y a sudar la gota gorda en lugar de remozarnos con el airecillo que el correr del autobús nos proporcionaría.
Y el aspecto moral de mis feligreses corre parejas con el aspecto físico y vital de la barriada. Los hay de toda clase, color y gusto, y así tenía que ser forzosamente. Desde el payés ignorante y abandonado, hasta el profesor de Academia o el doctor en Medicina, cultos y caballeros a carta cabal. De donde puede deducirse que hay trabajo y descanso, tedio y solaz, desengaños y satisfacciones, como en todas partes.
Cuenta La Bordeta con una iglesia moderna, bastante capaz y en buen estado, si bien desprovista de casi todo lo necesario. Propiedad de la iglesia no hay más que las imágenes, que son cuatro: Sagrado Corazón, San Agustín, San Jaime y un Santo Cristo, los bancos, la campana y unos pocos objetos litúrgicos, como misal y atril, unos candeleros de metal, hechos de pedazos y a pedazos, y poca cosa más. Un ornamento blanco, único que poseemos, no es nuestro, y lo propio debe decirse de los manteles, purificadores, lavabos, vinajeras, etc., que son prestados.
Los rojos aprovecharon el templo para en él fabricar municiones, y como les resultara pequeño, abrieron tres grandes puertas en sendas capillas del lado del Evangelio que comunican con un espacioso salón que de algo nos servirá con el tiempo. Como el terreno que ocupa dicho salón no era de la iglesia, se indicó a la dueña, señora Pilar Santasmasas, la conveniencia de cederlo, accediendo gustosa a la petición.
No lejos del templo y en el centro de una preciosa huerta, se levanta una hermosa torre o chalet, propiedad de las Hermanas Carmelitas Teresas de San José, que cuidan de la enseñanza de la niñez y ejercen no poca influencia sobre la juventud femenina, a la que procuran instrucción y esparcimiento, sin olvidar su formación espiritual, para la que cuentan con el apoyo del Padre que semanalmente preside el Círculo de Estudios, al que unimos el ensayo de cantos, casos de Apologética, etc. Dichas Hermanas son también las que cuidan de la limpieza de la ropa de iglesia y de barrer el templo, lo que cumplen a maravilla y por lo que les estoy sumamente agradecido.
En una torrecita de la carretera vieja de Artesa tengo de momento mi posada, fija mi vista en un barracón colindante con la iglesia, que, aunque mísero, reúne la ventaja de estar junto a la iglesia y tener una huertecita con agua abundante además de otras muchas ventajas de orden moral que sería largo enumerar.
Vivo pobremente, pues si se exceptúa la cama y cuatro sillas, regalo del P. Padrós, todo cuanto uso es prestado; y digo esto para que, de momento, nadie sueñe en venir a pasar una temporada conmigo, pues me pondría en graves apuros.
Para la comida, me atiende una buena señora, esposa del hortelano de las Hermanas, la cual me sirve a domicilio, tratándome muy bien y relativamente económico.
Decía antes que, entre mis feligreses, los hay de todo; pero con esto no hice honor a los católicos, que son los que más me interesan. Y a nadie espante esta expresión. Para comenzar el fuego no se comienza con grandes leños, sino con virutas o ramitas muy delgadas y finas; y en nuestro caso, los buenos católicos que deberán prender fuego a los tibios y a los paganizados, que abundan más de lo que muchos se figuran, son las virutas que trato de asegurarme para el mejor éxito de la empresa que se me confió. Prendidos bien éstos, hasta los leños verdes podrán arder. En La Bordeta, como en casi todas las Parroquias, hay un grupito de almas buenas, el «pusillus grex» de Nuestro Señor, que acuden a Misa todos los domingos y fiestas, que reciben los Santos Sacramentos y ayudan a la iglesia en sus necesidades. Estas tres características, al parecer tan sencillas, son el mejor barómetro de la fe. ¿Que entre ellos puede haber un Judas? ¿Quién lo duda? Pero si acuden uno y otro domingo Misa y oyen la palabra de Dios, que se les anuncia sin falta, acabarán por creer, según aquello del Apóstol: «lides ex auditu».
Ahora bien; teniendo en consideración que sólo se dice una Misa a las nueve y media y que buena parte de familias, viviendo extraviadas y lejos de la iglesia no pueden dejar abandonados sus hogares y sus animalitos, el grupo de asistentes a la Misa es consolador y va en aumento de día en día. Los que comulgan todos los domingos no son muchos, pero ¡también aumentan constantemente, siendo hoy unas cincuenta las personas que lo verifican, entre ellas varios caballeros; y las limosnas han llegado a triplicarse desde que llegué. Cuento, pues, con un «pusillus grex» digno de todo encomio y que irá en aumento con la gracia de Dios.
Las funciones de la tarde en los días festivos vense bastante concurridas. Procuro que sean cortas y amenas, haciendo que los asistentes canten y recen, tomando parte activa en dichas funciones, lo que cumplen perfectamente y con gran satisfacción. Terminada la función, así como después de la Misa de los domingos, invito al pueblo a ensayar unos cánticos por espacio de pocos minutos, lo que hacen con gusto. Quiero ver si consigo que todos juntos formen el coro según los deseos de la Iglesia, y en Dios confío que lo lograré.
Los primeros viernes de mes, no sólo hay un buen grupo de almas que honran al Sagrado Corazón en la Comunión reparadora, sino que por la tarde, a las 6, se hace el viacrucis dialogado, con numeroso público asistente.
Cuenta La Bordeta con una Escuela nacional de niños, otra de niñas y además con el Colegio del Carmen, que dirigen las Religiosas de que antes hablé, en el que se educan también niños y niñas. No hay que decir el trabajo que me espera tan pronto finalicen las vacaciones y empiece el curso escolar. Dada la importancia y necesidad de este trabajo, a él pienso dedicarme con todo ahínco, organizando las clases en tal forma que, sin matarme, logre el mayor fruto posible; ya que la experiencia enseña que el Catecismo Parroquial de los domingos no rinde el fruto que fuera de desear, por falta de asistencia de los niños al mismo.
Y aunque mi primer trabajo vaya dirigido a encaminar las almas hacia Dios, no por esto dejo de cuidar y preocuparme de cuanto concierne al ornato del templo y a la adquisición de las cosas más necesarias para el mejor desempeño de las funciones religiosas. He escrito en un cartelón los objetos que con más urgencia necesita la iglesia y son ya varias las personas que, han respondido al llamamiento. En un par de semanas he conseguido: una cruz procesional, tela para corporales y purificadores, un hisopo, una imagen de San Antonio y la firme promesa de un altar mayor; el comulgatorio, dos reclinatorios, un juego completo de ornamentos sagrados con los cinco colores litúrgicos, una lámpara para el Santísimo y aceite para todo el año, una custodia, un incensario y, además, me han sido entregados diversos donativos en metálico que suman varios centenares de pesetas, que servirán, en primer término, para el arreglo de un precioso armonium estropeado por los rojos y que nos ha sido prestado indefinidamente por el Superior de la Casa de Bellpuig. Seguidamente se pondrán reclinatorios a los bancos de la .iglesia y puertas cristaleras a los tres portales que en la pared lateral abrieron los rojos para que comunicaran con un salón que construyeron los mismos, según llevo dicho en otro lugar.
Hasta aquí lo concerniente a La Bordeta.
Voy ahora a explicarles algo acerca de la otra Parroquia a mí confiada.
Albatárrech.
Pueblo eminentemente agrícola, de unas 800 almas, está situado en la vega regada por fel Segre, distante de Lérida unos siete kilómetros y a unos cinco de La Bordeta, distancia que recorro muchas veces a pie por estar la carretera en muy malas condiciones, lo que hace casi imposible el uso de la bicicleta, so pena de romper una cada par de viajes, o romperme, sino, la crisma, cosa fácil si se tiene en cuenta mi habilidad en hacerlo (no sería la primera vez), y los cien kilos de mi humanidad pecadora,
Por regla general, la gente no puede llamarse mala, sino ignorante. Los quehaceres del campo y el .cuidado de los animales les absorbe de tal modo la atención, que aseguran no quedarles lugar para otra cosa. No obstante, vecinos de la capital, no sólo van a ella todos los días, bien de madrugada, para la venta de sus muchas verduras y variadas frutas, sino que a ella acuden para sus diversiones, a veces «non sanctas». Es, en una palabra, uno de tantos pueblos ricos que se creen tan dichosos con sus bienes terrenos, que para nada o en muy peque ña escala necesitan de Dios, o por lo menos así .obran.
Albatárrech, como La Bordeta y otros muchos pueblos de la orilla izquierda del río Segre, fue frente rojo por espacio de nueve meses, en cuyo tiempo los obuses nacionales dañaron considerablemente las casas del pueblo, no escapando .a su acción destructora la iglesia, en cuyo campanario construyeron los rojos un nido de ametralladoras, que aún se conserva con algunos desperfectos ocasionados por un obús que le dio de lleno. La rectoría está también casi deshecha. Cuatro o cinco obuses dieron en la iglesia con el consiguiente daño en tejados y paredes. Luchando estamos para reparar tamaños desperfectos, contando, por ahora, con la buena voluntad de los hijos del pueblo, que en suscripción semivoluntaria han dado cinco mil y pico de pesetas. Van arreglándose los tejados, se ha construido un altar mayor, la pila bautismal y las pilas para el agua bendita. Se han comprado dos preciosas imágenes de un metro setenta de altura, con lo cual el culto empieza a ejercitarse sin mayores estorbos. Como en La Bordeta, en Albatárrech carecemos de ornamentos, campanas, ropa de iglesia, etc.. pero confío en Dios que todo irá viniendo.
Tengo costumbre de ir a Albatárrech el sábado por la tarde. Llego, y con un pedazo de campanita, que no oye quien quiere, hago una señal y se reúnen los niños y niñas del pueblo. Las niñas vienen ya armadas con su escoba, pues ya saben que les espera barrer el santo y pobre templo. Terminado este trabajo arreglamos el altar con flores que ellas mismas traen, colocamos los cirios, etc., y_ para descansar nos sentamos todos y hacemos un rato largo de doctrina y urbanidad cristiana, o sea, práctica de la Religión en los diversos actos de la vida; v. g.: ¿Qué harías tú si encontraras por la calle un sacerdote? ¿Y tú si encontraras el maestro, un pobre, un enfermo?, etc. ¿Qué harías tú al levantarte por la mañana? ¿Idem por la noche? ¿Qué debes hacer si tus padres te mandan algo? ¿Y qué, si te regañan?, etc. ¿Qué hacen los cristianos al sentarse a la mesa para comer, cenar, etc.? ¿Y después? ¿Cómo se entra y se sale de la iglesia? ¿Qué debe hacer el cristiano al encontrarse con el Viático? ¿En qué forma debe presentarse uno a confesar y comulgar?, etc., etc. Todo esto hecho prácticamente les encanta y se nos pasa el rato volando. Después cantamos y terminamos confesando a cuantos desean recibir la Comunión el domingo por la mañanita, que son, por lo regular de 15 a 20.
Por la mañana del domingo la Misa se celebra temprano; se predica la homilía y si al fin de ella sobra tiempo, tenemos un rato de ensayo; y a una hora oportuna, según se haga el viaje a pie, en bicicleta o en autobús, se emprende el viaje de regreso a La Bordeta, a fin de llegar allí a las 9, hora del primer repique.
La asistencia a Misa, especialmente durante el verano, en que el trabajo es más pesado y urgente, escasea bastante; y la limosna que en ella se colecta es casi ridícula. Sin embargo, a fuerza de llamadas van respondiendo, y con el auxilio de Dios lograré que asistan y den todos su pequeño óbolo. Del mismo modo confío ir corrigiendo el vicio de trabajar en días festivos, que está muy extendido entre estos feligreses, o al menos, que no dejen de ir a Misa, aunque después vayan a trabajar, si es de urgente necesidad.
Como ya he indicado, la casa rectoral está deshecha, y los sábados por la noche me veo precisado a cenar y dormir en una casa particular, lo que no deja de ser un inconveniente. Todo sea por Dios y El, que todo lo puede, cuide de solucionar este pequeño conflicto.
La Parroquia de Albatárrech posee una huerta de su propiedad de unos 900 metros cuadrados, con agua abundante, árboles frutales y sitio suficiente para la siembra de hortalizas. Como estoy sólo y no permanezco en el pueblo, lo he dado en arriendo por una módica cantidad ya que a nadie interesa poseerlo por ser todos pequeños propietarios y tener suficiente con lo suyo propio.
También aquí me he visto precisado a ejercer una carrera para la que no estaba preparado: el notariado. En Cataluña pueden los párrocos otorgar testamentos abiertos, o sea, en presencia del testador y dos testigos. Ahí me tienen, pues, acudiendo a las llamadas que se me hacen, con mi cartera y mi estilográfica, escribiendo estos engorrosos documentos que quedan guardados en el Archivo Parroquial.
Y con esto doy fin a esta larga crónica, no sin antes suplicarles una oración al Señor para que me ilumine y me dé su santa gracia para el fiel cumplimiento de mi sagrado deber.
MATEO COLL, C. M.
La Bordeta, (Lérida), agosto de 1940.






