Toda visita requiere de una preparación, tanto material como espiritual. Cuando el Señor Vicente o uno de los Padres Lazaristas regresan de predicar en una misión, con frecuencia mencionan las Cofradías de la Caridad, el lugar en donde están, los hábitos de los pobladores de la aldea y mencionan también al Cura que ayuda en el funcionamiento de la Cofradía, etc. A Luisa le gusta mucho recibir del P. Vicente o de algún miembro de la Cofradía, este tipo de información que, por supuesto, le ayuda en la preparación de su visita.
La vida de Santa Luisa nos habla
Luisa está consciente de ser enviada para una misión que la sobrepasa ; antes de todos sus viajes ella participa en la sagrada Eucaristía, el recibir al Señor en este sacramento la fortalece y confía su visita al Señor de la Caridad.
Luisa escribe sobre la Eucaristía : «El Hijo de Dios no se ha contentado con tomar un cuerpo humano y habitar en medio de los hombres, sino que queriendo una unión inseparable de la naturaleza divina con la naturaleza humana, ha hecho después de la Encarnación el invento admirable del Santísimo Sacramento del Altar, en el que habita continuamente la plenitud de la Divinidad en la segunda persona de la Santísima Trinidad».
Ella escribe en diciembre de 1629 lo que experimentó antes de su partida a Asniéres : «A pesar de mis enfermedades, para hacer el viaje yo me he sentido fortalecida por la obediencia que me hacía llegar allá, y en la Santa Comunión de aquel día yo sentí la necesidad de hacer un acto de fe, vivir la misión como una prueba de fe».
Un poco después, el 5 de febrero de 1630, durante la Eucaristía Luisa de Marillac es llevada a profundizar aún más en el sentido de la misión : «En la santa Comunión, me parece que Nuestro Señor me pedía recibirlo como esposo de mi alma y que esto significaba un tipo de nupcias».
Ese día era la fecha del aniversario de su boda con Antonio Le Grass, el esposo que su familia le escogió. Luisa recibe a Dios «el esposo de su alma» y la comunión con el cuerpo de Cristo viene a sellar esta unión que la invita a dejar todo para seguir a su esposo. Ella continuó con su resumen :
«Y yo me he sentido más fuertemente unida a Dios, considerando que fue algo extraordinario, pensando así mismo dejar todo para seguir a mi Esposo, y verlo, a partir de ese momento, como tal, soportando todas las dificultades y recibiéndolas como comunión de bienes».
Luisa se siente llamada a vivir con el Señor «una comunión de bienes», así como Él, ella soportará las dificultades de la vida. Seducida por esta luz, ella puede releer el Evangelio de Mateo : «Lo que hicisteis a uno de los más pequeños, es a mí a quien lo hicisteis». Esta gracia del «casamiento místico», Luisa la recibe en un acto de pobreza, dispuesta a aceptar la dependencia de Dios en su «Acción Misionera que ella va a empezar».
Esta comprensión del sentido de la Misión recibida será profundizada por Luisa a lo largo de los años y la compartirá con todas aquellas con quienes va a trabajar. Ella explicará a las Hijas de la Caridad, que toda misión recibida de Dios es para su gloria y el bien de los pobres.
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«Ellas no se olvidarán de mirar primeramente a Dios y su gloria, pues el interés por las personas con quienes van a tratar debe ser para servir mejor, siguiendo la disposición de Su Espíritu y, sobre todo, tomar parte de una manera especial en todas aquellas obras en las que Dios nos ha hecho el honor de emplearnos, sea por simple complacencia, satisfacción o con vistas a las cosas vanas a las que nosotras con frecuencia debemos renunciar».
Para Luisa de Marillac, toda Misión junto a los miembros sufrientes de Cristo no es «una cuestión personal». Esta Misión es para vivirla junto con la Iglesia. Pedir consejo, verificar lo que dicen y lo que hacen es para Luisa de Marillac una necesidad.
Trabajo en Grupos
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- Oración Final






