Por los Padres de la Misión (IV)

Mitxel OlabuénagaHistoria de las Hijas de la CaridadLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Carmen Hernandez · Fuente: Anales españoles, 2011.
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Ramón Sanz, Visitador y Director (1862-1866)

Madrid, 20 de enero de 1862. “… Un cambio en vuestra Dirección que acaba de efectuarse… La providencia acaba de colocarme al frente de las dos familias de San Vicente en España”. Le sorprende el nom­bramiento y se muestra convencido de su incapacidad para desempeñar con acierto los asuntos graves y trascendentales. Pide oraciones: “Aquí me tenéis, pues, amadas hermanas mías, pronto a serviros… me queda el consuelo de que me conocéis y de que yo os conozco… Ramón Sanz”.

En la circular de 15 de junio de 1862, dice a las hermanas que ha estado en Andalucía y que creyó un deber acompañar a los padres y hermanas que debían embarcarse para ir a Filipinas. Nombra a todas las hermanas que han embarcado y de dónde proceden. Alaba el espí­ritu de esas hermanas y pide que todas lo tengan. Está contento por las obras que ha visto en Andalucía por el grandísimo número de pobres que socorren. Recomienda hacer los ejercicios espirituales anualmen­te. Termina con las palabras de San Pablo: “Mirad que andéis avisa­damente, no como ignorantes sino como inteligentes… Por tanto no seáis indiscretas, mas entended cuál es la voluntad de Dios”.

El 30 de septiembre de 1862, a su circular añade una carta del P. Gregorio Velasco, C.M., desde Manila. Cuenta el recibimiento y la distribución de las hermanas en las diferentes obras. Otra de sor Tiburcia Ayanz en la que describe la navegación larga y penosa pero gozosa por estar en manos de la Providencia.

El P. Ramón termina recomendando a las hermanas que se santifi­quen con las prácticas piadosas de cada día, las obras ordinarias hechas con espíritu interior y con la unión fraterna.

Escribe con frecuencia en el año 1862, guiando a las hermanas para que observen el espíritu de la Compañía. Comunica todo lo que va sa­biendo de las hermanas de Filipinas, por los diarios del viaje. En 1863 sigue recordando a las hermanas de Filipinas, ensalza su generosidad. Anuncia un nuevo envío: 16 hermanas en total. Pide que se haga una novena, escalonada, repartida por las casas de la Provincia, todo el tiempo que dure la travesía.

El P. Sanz es incansable. Se conservan numerosos manuscritos de conferencias a las hermanas y a otros. También escribió Compendio de la historia de San Vicente de Paúl y de las Hijas de la Caridad, impre­so en la imprenta Omaña de Madrid, en 1844.

Y en 1864 sigue dando noticias de Filipinas. Manda a las casas las cartas que recibe y el diario del viaje escrito por sor Vicenta Valle. Des­cribe el viaje, desde que salieron de Cádiz hasta que llegaron a Manila.

Manda varias circulares en 1865. Al siguiente año comunica la tris­te noticia del fallecimiento de la Visitadora, sor Vicenta Valle.

Con verdadero interés insiste a las hermanas sirvientes que hagan los ejercicios anuales juntas, por tandas. Y al venir a Madrid que no se adelante ni prolongue la estancia después de los ejercicios, sino que vuelvan lo antes posible a sus casas.

Escribe desde Dax el 10 de mayo de 1866. Ha rogado, personal­mente, al Superior General lo que tantas veces había hecho por escri­to: que su avanzada edad (67 años) y las enfermedades le impiden cumplir la misión de Visitador y Director. Insiste en que hace falta un sustituto fuerte y capaz, que cree que el más idóneo es el P. Maller.

 

Mariano J. Maller (1866-1890)

El 26 de mayo de 1866, el P. Maller se presenta como director a las hermanas, recordando al P. Sanz y cómo les había visto llorar al des- pedirse su director. El P. Maller suplicó al Superior General que lo de­jase a su lado, que las hermanas le sigan escribiendo y que asistirá al consejo de la Visitadora todas las semanas.

El 13 de julio dice a las hermanas que sabe el interés con que espe­ran que se llene el hueco que dejó sor Vicenta Valle. Es el P. General quien la nombrará. Conviene dar a la Visitadora un nuevo Consejo y es menester nombrar Oficialas. Anuncia el nombramiento de la La Asis­tenta, la Ecónoma y Despensera. La 1.a Asistenta es sor Carmen More­no. Ésta escribe a las casas de la Provincia: “Habiendo tenido el gusto de saber por nuestra M. H. Madre que N. M. H. Padre permite a las her­manas de Provincias dar el título de Madre a sus Visitadoras respectivas, nos apresuramos a poner en conocimiento de V.V. que, desde hoy, ten­dremos el consuelo de dar este nombre a la que tan dignamente ocupa este lugar en medio de nosotras. Soy de VV … Sor Carmen Moreno”.

El P. Maller escribe una larguísima circular el 15 de agosto de 1871. Con el propósito de visitar la vasta Provincia tiene que retrasar el ha­cerlo por tener que ausentarse por sucesos especiales, durante poco menos de dos años. Da una serie de avisos con sincero deseo de ayu­dar en la observancia de las Reglas. “Generalmente reina el espíritu de la vocación y la mayoría trabaja con celo en el servicio de los pobres. Sé que no sois ángeles, sois hijas de Eva”.

El fin de sus visitas a las comunidades es conocer las necesidades espirituales de cada una y de la comunidad. El espíritu de piedad es lo más eficaz para desempeñar las obligaciones. Cita a San Vicente para decir que sin oración no se puede ser buenas Hijas de la Caridad. Ha­bla de la modestia, del recogimiento, del silencio, de la laboriosidad, de la humildad, de la obediencia, de la paciencia, de la compasión y de las demás virtudes. Insiste sobre la importancia de la oración, la repeti­ción, los ejercicios espirituales. Advierte sobre los votos, que son para mejor servir a los pobres. Va enumerando voto por voto y explicando lo que cada uno exige. Advierte de que no abusen de los balnearios y que sean sinceras para no inventarse necesidades que no existen. Pide que no se perturben por los trastornos de la sociedad; la Providencia los permite. Guardar las Reglas, combatir el espíritu de discordia.

El Superior General, P. Boré, quiere restablecer la uniformidad en el modo de vestir de las Hijas de la Caridad de España, reponiendo la corneta (en otro estudio ampliamos este tema). Se oponen hermanas y padres de la C.M. de España, no todos, y recurren a la Santa Sede, que da su veredicto.

Envía a las Casas una copia del decreto de la Sagrada Congrega­ción de Negocios Eclesiásticos, en 1877. La Sagrada Congregación au­toriza a las hermanas a llevar el hábito como se usa en España. El Vi­sitador será el órgano intermediario de toda la Provincia ante el Supe­rior General, al que cada año dará cuenta exacta de la Provincia, tanto de la parte moral como de la económica. Las hermanas sirvientes y to­das las demás respetarán a la Visitadora y al Director.

Se recomienda al Superior General que elija Visitadora que no esté mezclada en las disensiones. El actual Consejo debe presentar la re­nuncia en manos del Superior General.

En cuanto a las traslaciones de Provincia, las hermanas españolas no serán rigurosamente obligadas a dejar la propia Provincia. El Supe­rior General podrá, por motivos particulares, reclamar al director que hagan por adherirse a los deseos del Superior General.

Que habiendo en España un considerable número de hermanas francesas, a fin de conservar la concordia y alejar disturbios y rivali­dad, está prohibido el traslado de españolas de su Provincia a las Pro­vincias francesas y viceversa, a menos que lo pida la hermana y lo con­sienta la Visitadora y lo apruebe el Superior General.

Por la misma razón queda prohibido a las hermanas francesas el te­ner Noviciado propio en España, pudiendo ir las que lo necesiten a las casas y Noviciado de Francia; podrán ir las jóvenes españolas que quieran pertenecer a la Provincia francesa.

Se recomienda a la Superiora General que emplee con las herma­nas españolas toda indulgencia que exige el estado de perturbación que existe desde hace mucho tiempo en las relaciones de las hermanas con su autoridad. A las hermanas españolas se les prescribe la absoluta su­misión a su legítimo Superior y a menos, con el tiempo, que la Provin­cia española vuelva a tener una dependencia verdadera y ejemplar de su Superior General.

Esta providencia se notificará al Nuncio para que insinúe a la Visi­tadora (sor Juliana Mestres) su dimisión. Y que haga por calmar a las oficialas y a los obispos para que acojan con agrado las decisiones de la Santa Sede, que no podrá nunca consentir que la Provincia españo­la se sustraiga a la autoridad del General. No hay que abrir camino a las demandas de parte de otras Provincias, lo que conduciría a la des­trucción de un Instituto tan benemérito a la Iglesia como a la sociedad, y que ha derivado su fuerza y valimiento de la unidad de dirección y dependencia de una sola cabeza.

El Nuncio se dirige a las hermanas españolas para decir que la San­ta Sede vigila la marcha y el buen espíritu de los Institutos Religiosos. Vio con pena que se habían relajado los lazos de dependencia, de unión y caridad fraterna que debe existir entre las hermanas españolas, la Casa Madre y su Superior General, a causa de las muchas perturbacio­nes políticas que trastornaron esta nación. La Santa Sede escuchó las peticiones elevadas por esta Provincia y las reclamaciones de vuestros jefes Superiores tomando también en consideración las recomendacio­nes hechas por algunos Prelados a favor vuestro. Puntualiza:

1.° Que el Padre Santo, en vista de circunstancias particulares, concedió que las hermanas españolas sigan usando el traje que al presente visten, mientras la Santa Sede no disponga otra cosa. 2.° Que no serán obligadas a abandonar su Provincia.

3.° No pasarán las españolas a Provincias francesas y viceversa, sin aprobación del Superior General.

4.° Es permitido que el Visitador, Director y Visitadora sean ex­clusivamente de la nación española.

5.º Los fondos de la Provincia española no podrán ser distraídos a favor de Provincias extranjeras.

Sin embargo, el Padre Santo ordena que se regularice la Provincia es­pañola con relación a la Casa Madre y al Superior General de la Misión. “También me encarga:

1.° Que conforme a la Bula Postquam, de fecha de 23 de junio de 1818, la Provincia o Provincias españolas quedan sujetas enteramente a la jurisdicción y obediencia del Superior General de la Misión.

2.° Corresponderán al Superior General los nombramientos de Vi­sitador, Director y Visitadora y su consejo, así como las revo­caciones de los mismos.

3.° Visitador y Visitadora serán intermediarios de la Provincia con el Superior General, a quien darán cuenta exacta de conformi­dad con las Constituciones y Reglas.

4.° Todas las hermanas comunicarán con el Director y Visitadora y si lo desean podrán acudir directamente al Superior y Madre General.

5.° Que el Superior General está facultado para dividir la actual Provincia española.

6.° Que ninguna excepción o privilegio se concede al Director o a la Visitadora fuera de lo expresado. Desea el Padre Santo que exista la mayor igualdad posible entre las hijas del mismo pa­dre San Vicente de Paúl.

Al estado de agitación y ansiedad debe ahora suceder la reconcilia­ción y la paz más perfecta. Si por benevolencia del Santo Padre les per­mite diferenciarse en el hábito, no debe, de manera alguna, diferen­ciarse en el espíritu y en las obras propias de su asociación.

Dios, la Iglesia y la Sociedad tienen los ojos puestos sobre vosotras. En la unión está la fuerza y en la obediencia y espíritu de sacrificio, la vida, el mérito y la gloria de vuestro instituto.

Divididas del centro y conducidas por un espíritu de partido, poco o nada podéis hacer; acaso dentro de poco tiempo no seríais hijas de San Vicente, ni Hijas de la Caridad. Unidas en un solo corazón y en un solo espíritu de verdad, de caridad y obediencia a Vuestro Centro y a Vuestro Superior General seréis siempre santo y grande instrumento de grandes y santas obras.

Mi paternal bendición. Madrid 31 de diciembre de 1877.

Santiago Arzobispo de Ancira, Nuncio Apostólico”.

Dejo a la consideración de los/as lectores/as, las consecuencias que trajo el cambio de modo de vestir, originado por sor Lucía Rebentos, y otras circunstancias añadidas. Deberíamos tener presentes las lecciones de la Historia para no aferrarnos a ideas, a veces equivocadas y no dar tanta importancia a asuntos superficiales, dejando de lado lo esencial.

Madrid, 30 de mayo de 1878.

Sor Fermina Arguiñáriz comunica su nombramiento de Visitadora por el Superior General, P. Boré. Desea verla, pero cuando sor Fermi­na se dirige a París le comunican que el P. Boré acababa de fallecer.

La Visitadora, en una carta datada en Madrid, 8 de febrero de 1879, incluye una circular del Superior General, P. Fiat: “… Desde mucho tiempo Ntro. Señor me ha dado un amor muy grande por las hermanas de la Provincia de España…” Recomienda:

1.° Que lo antes posible dé V. conocimiento de San Vicente y de su espíritu, por la lectura de sus conferencias y de sus cartas que han de estar en todas las casas.

2.° Que trabaje V. en establecer relaciones de familia entre las her­manas de Velo y las de Corneta; padre de unas y otras, deseo mucho ver reinar entre ellas la más estrecha unión.

3.0 Disipar las preocupaciones, asegurándoles que no tenemos otra pretensión que la prosperidad de vuestra Provincia y la Gloria de Dios. No quiero hacer de vosotras hermanas francesas sino verdaderas hijas de San Vicente.

4.° Introduzca V en sus casas los libros de la Comunidad y las prácticas de la Casa Madre.

En 1885 escribe a las hermanas la nueva Visitadora, sor Casimira Astiz.

El P. Maller sigue instruyendo e informando a las hermanas en años sucesivos. En 1890, manda unas recomendaciones en su carta circular:

Advertencias a los Confesores que antes estaban en castellano y ahora han sido puestos en latín.

En las Reglas y Avisos a las hermanas sirvientes se recomienda encarecidamente que se cuide con esmero y caridad de las her­manas ancianas, achacosas o enfermas.

Dios bendice a la Provincia con numerosas vocaciones. No hay que buscar vocaciones por medios humanos.

Lo mismo que a las Postulantes, hay que examinar y probar a las hermanas jóvenes que no han pronunciado los votos.

5. Llama la atención, hasta de los seglares, el modo de celebrar vuestro santo. Hay muchas idas y venidas y sorprende el gasto de la comida y, desedifica a las hermanas jóvenes, la bulla, es­trépito y ligerezas. No debéis permitir regalos costosos y, a ve­ces, caprichosos.

Estos avisos también se extienden al modo de celebrar la cincuen­tena de vocación, como a la emisión de los primeros votos86.

El mismo año, 1890, el Superior General, P. Antonio Fiat, nombra Visitador y Director al P. Eladio Arnáiz (1890-1902). El P. Arnáiz, como los anteriores directores, efectúa las visitas a las casas, se ocupa de los ejercicios de hermanas sirvientes y demás hermanas en España y en el extranjero.

El 26 de marzo de 1896, sor Cristina Jovellar, Visitadora, comuni­ca a las hermanas la situación apuradísima que se atraviesa en Cuba por causa de la guerra. “Hay que hacer algún sacrificio en beneficio de las hermanas que exponen sus vidas en defensa de la patria. Hay mu­chos enfermos y heridos que reclaman el servicio de numerosas her­manas. Son pocas para atender a los nuevos hospitales. En España se ofrecen hermanas para ir a Cuba, y es seguro que el número excederá a las que se necesitan”.

Se adelantarán dos tomas de hábito para llenar los huecos. Se tie­nen que enviar a Madrid, sin demora, a las postulantes.

En Madrid, el 26 de marzo de 1896, el P. Arnáiz se halla de vuelta de su viaje a las Antillas. En noviembre, se ha dado cuenta de que se ha interpretado mal un punto de una carta que envió traducida, del P. Fiat, por lo que vuelve a mandar dicho punto. Se debe observar el le­vantarse a las cuatro de la mañana. Las hermanas sirvientes deben dar ejemplo. No se permite más que un descanso semanal que debe durar hasta las cinco. Si alguna hermana está fatigada podrá descansar acos­tándose antes o levantándose más tarde, varios días si fuese necesario. Nunca se debe proponer para el gobierno de una Casa a ninguna her­mana que no pueda habitualmente levantarse a las cuatro.

En su circular de 1899 despeja dudas sobre las misas de Noche­buena, y que los seglares pueden oír misa y comulgar en sus oratorios.

El 26 de abril de 1900, escribe a las hermanas sobre los privilegios que los Soberanos Pontífices han concedido a la Compañía. Hace no­tar que en esos escritos del Papa, el Instituto se califica de secular o lai­cal, como realmente lo es: Vuestra congregación no es corporación monacal ni estrictamente religiosa.

Y, terminando el S. XIX, dejamos la continuación para quien y como Dios quiera. Todavía quedan, en el S. XX, asuntos relacionados con la forma de vestir y de división de la Provincia, que traerían, de nuevo, la intervención directa de la Santa Sede. No creo que haya que silenciar esos hechos que son lecciones magistrales de la Historia para que no tropecemos repetidamente en la misma o parecida piedra.

Por estar en período de traslado el archivo provincial de Madrid Santa Luisa, no me ha sido dado el investigar sobre los directores de dicha Provincia.

 

 

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