Pierre-René Rogue (1758-1796)

Mitxel OlabuénagaBiografías de Misioneros PaúlesLeave a Comment

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Author: Desconocido · Translator: Máximo Agustín, C.M.. · Year of first publication: 1903 · Source: Notices, V.
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Pierre-René Rogue nació en Vannes,  11 junio 1758, y fue bautizado el mismo día. Era todavía muy joven cuando la muerte le quitó a su padre. Después de fuertes estudios  en el colegio de su ciudad natal, se cuestionó de qué lado orientar su vida. Este pensamiento le preocupó sobre todo durante el año que pasó en la familia de su madre en Bourges. Dios le habló y él escuchó su voz. Será sacerdote. A los diecisiete años, entra en el seminario de Vannes, que estaba dirigido por los hijos de san Vicente de Paúl y se prepara para el sacerdocio por medio de  la adquisición de las virtudes que hacen a los apóstoles y el estudio de las ciencias sagradas. La duración del seminario era de seis años Cuando terminó su periodo de formación, el Sr. Rogue recibió de manos  de Mons. Amelot, el 21 de septiembre de 1782, en la iglesia parroquial del seminario, el poder de inmolar la hostia santa y de perdonar los pecados.

Había entonces Vannes una obra de retiro para mujeres. Los ejercicios duraban ocho días y se renovaban quince veces al año. Una comunidad seglar, las Hijas de la virgen, estaba encargada de las ejercitantes; se les daban conferencias espirituales. El Sr. Rogue fue nombrado capellán de las Hijas de la virgen y, con este título, debió tomar  una parte activa en los retiros de mujeres.

No obstante, su corazón aspiraba más alto. En el seminario, había visto a los sacerdotes de la Misión trabajando. Su vida le agradaba. Pidió ser admitido en su Congregación y se le recibió con alegría, el 25 de octubre de 1786. Al año siguiente volvía a Vannes con el doblé título de profesor de teología y de vicario de la parroquia del Mené. Por su celo y su afabilidad,  se ganó en poco tiempo la estima y el afecto de sus alumnos y de sus parroquianos. No pedía otra cosa que disfrutar mucho tiempo todavía de la felicidad que experimentaba en medio de ellos.  Pero la Revolución debía separarle pronto.
Fue durante esta época crítica sobre todo cuando el Sr. Rogue demostró lo que había en él de luz, de sabiduría, de firmeza y de entrega. Rechazó el juramento constitucional y tuvo la suerte de  retener a su superior al borde del abismo, en el que iba a caer. El Sr. Le Gal había formado un papel en el que estaba escrito:

«La Asamblea nacional habiendo declarado, por su decreto e instrucción del 21 de enero, que no quería ni podía tocar lo espiritual,
«Juro cumplir mis cargos con exactitud, ser fiel a la nación, a la ley y al rey, mantener con toda mi fuerza la constitución decretada por la Asamblea nacional y aceptada por el rey.
»  Declaramos que haremos el domingo próximo, a la salida de la misa parroquial, el juramento siguiente.
En Vannes,  el 14 de febrero de 1791″.

Apenas el Sr. Rogue ha examinado el acta de su superior, va corriendo  a su habitación, le encuentra pálido, deshecho, atormentado por la inquietud. Le hace ver las consecuencias de su conducta, le suplica que se retracte de lo que ha hecho y, presentándole papel y una pluma, le dice: «Escribid que retiráis vuestra promesa; yo llevaré vuestro papel a su dirección «. La causa estaba ganada. El Sr. Le Gal escribió:

«Señores,
Todas las reflexiones hechas, creo insuficiente el preámbulo del juramento para exceptuar lo espiritual; por eso os declaro que no haré el juramento el domingo próximo. Me retiro pues y volveré para dar mis cuentas, una vez que devuelva la paz a la ciudad.
«Vannes, 14 de julio de 1791 «.
Se comprende el furor de los patriotas. El seminario fue despojado de sus bienes y la parroquia de Notre-Dame-du-Mené suprimida. Las clases continuaron en el seminario hasta el 24 de abril.
Pronto la persecución creció en violencia y los sacerdotes tuvieron que elegir entre la prisión y el exilio. El Sr. Le Gal quería quedarse. «Marchad, le dijo el Sr. Rogue; no conviene que todos se sacrifiquen a la vez; yo me encargo de la parroquia del Mené». Y el Sr. Le Gal partió.

Una nueva vida comenzaba para el Sr. Rogue. Perseguido, acosado como un malhechor público, pasaba de escondite en escondite para no caer en las manos de los que le buscaban. Por la noche, salía de su asilo para ejercer su ministerio consolador. Nada le asustaba puesto que se trataba de salvar un alma. Iba a donde la llamaban. Un día, como la mujer de un gendarme  estaba moribunda, entró por la gendarmería.

En 1795, el tifus transformaba la ciudad de Vannes en un vasto hospital y el Sr. Rogue con un desempeño heroico llevaba los socorros religiosos a los moribundos. En esas condiciones, le resultaba difícil escapar  a los ojos de los revolucionarios. El 24 de diciembre de 1795, entre las 9 y las 10 de la noche, pasaba frente a la prefectura, llevando consigo el viático que llevaba a un enfermo, cuando dos miserables le arrestan y le conducen al departamento, donde celebraba las sesiones el directorio del distrito. «Os confiamos a este carca a vuestra custodia «, exclaman al entrar. Este descaro ofende a los miembros del distrito. «Nosotros no somos gendarmes, responden. Si buscáis gendarmes, ya podéis ir a buscarlos donde sea». Por desgracia, les van a hacer caso. En la asamblea se sientan antiguos condiscípulos del Sr. Rogue. Tienen compasión de él y le invitan a fugarse. «No, les dice, yo os comprometería; dejadme tan solo cumplir con un deber religioso, llevo conmigo a vuestro Dios y al mío; permitidme consumir la santa hostia». Se retiró a un rincón del apartamento, mientras los asistentes, según la tradición, se arrodillaban o se inclinaban.

Pero ya llegan los gendarmes. Le colocan los grilletes al valiente confesor se la fe y le conducen a prisión, en una torre fría y húmeda, donde estuvo hasta el día de su muerte. De ella salió el 2 de marzo de 1796, para ser conducido ante el tribunal revolucionario, que se reunía en la antigua capilla  de la casa de retiros, donde el Sr. Rogue había hecho oración, predicado y administrado los sacramentos.

El interrogatorio fue corto. El Sr. Rogue reconoció que era sacerdote, que había ejercido las funciones religiosas. Su madre estaba allí. Se imagina qué golpe fue para ella cuando oyó al presidente pronunciar estas palabras : «El tribunal condena a dicho Pierre-René Rogue, sacerdote refractario a las leyes, a la pena de muerte, ordena…, que el presente juicio se ejecutará dentro de las veinticuatro horas  en la plaza pública de esta comuna».

Antes de abandonar la sala, el sacerdote que iba a morir pudo abrazar a su madre y despedirse de ella. Su breve entrevista fue interrumpida por las injurias de un miserable.

De vuelta al escondrijo, el Sr. Rogue escribió una última carta a su madre, otra a sus amigos y se preparó con la oración para la muerte. Con él, se hallaba un sacerdote que debía sufrir la misma pena y no manifestaba el mismo valor. Le habló del cielo, de la gloria de los mártires y logró infundir en su alma un poco de valor y de resignación. Se dieron mutuamente la absolución.  Al día siguiente, a las tres de la tarde, el Sr. Rogue subía al cadalso y entregaba su cabeza al verdugo.  Su cuerpo fue inhumado en el gran cementerio. Más tarde, su madre mandó poner una cruz en su tumba. En 1856, se levantó en el lugar donde reposaba su despojo venerado una tumba de granito, coronada de una cruz de mármol blanco.

Numerosos ex-votos atestiguan que los fieles tienen confianza en su intercesión y le atribuyen incluso varias curaciones. En los dos rincones, estatuillas aladas, colocadas en consolas, llevan los emblemas de la fe, de la esperanza, de la caridad y de la religión. En una cara, se lee: «Aquí descansa el cuerpo del Sr. Pierre-René Rogue, Sacerdote de la Misión, profesor en el seminario mayor, nacido en Vannes, el 11 de junio de 1758, muerto el 3 de marzo de 1796 mártir de la fe «; y en la otra: Desde su juventud, inclinó su corazón hacia el Señor; en un tiempo de pecados reafirmó a sus hermanos en la piedad. Se negó a violar la santa ley de Dios y fue inmolado».

SOURCES. Manuscrit du chanoine Guesdon, imprimé sous ce titre : Notice sur M. Pierre-René Rogue (Vannes, 1910). – Léon Brétaudeau, Un martyr de la Révolution à Vannes, Pierre-René Rogue.

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