Philippe-Marie Lavagna (???-1748)

Mitxel OlabuénagaBiografías de Misioneros PaúlesLeave a Comment

CREDITS
Author: Desconocido · Translator: Máximo Agustín, C.M.. · Year of first publication: 1903 · Source: Notices, IV.
Estimated Reading Time:

   La casa de San Remo no había dejado aún de llorar la pérdida del Sr. Barthélemy Gambini, su superior, cuando tuvo que derramar lágrimas otra vez sobre la del Sr. Philippe-Marie Lavagna, quien le había sucedido también en el cargo, como en su vigilancia y en su regularidad. Este último pasó a la eternidad el 9 de febrero de 1748, a la edad de cuarenta y siete años, teniendo unos veintinueve años de vocación. Había nacido en la ciudad de Savone, de padres muy piadosos y muy considerados. Podríamos constatar las diversas virtudes comunes a un buen misionero  que ha practicado; nosotros preferimos hacer notar  un punto especial, que es la sólida y filial devoción de este querido difunto para con san Vicente, a quien había escogido como su modelo desde el instante de entrar en la Congregación. Le llevaba » en su corazón, en su lengua y en sus manos «, es decir en su comportamiento  como se le veía  los devotos afectos  que expresaba con estas palabras inflamadas y la imitación de sus acciones. Le gustaba citar a este » Padre muy querido «, como le llamaba, en todas sus conferencias, sus repeticiones de oración, en sus sermones, en sus comunicaciones  y en sus conversaciones. Mandó quemar sus cuadernos la víspera de su muerte. Se ha recuperado sin embargo un librito manuscrito que había compuesto y en el que se hallaban ordenadas para cada día del mes, tres máximas escogidas entre las palabras más hermosas y más útiles de san Vicente.

Tenía siempre delante, sobre la mesa la vida de su bienaventurado padre, traducida del francés al italiano, y en ella hacía continuamente su lectura espiritual con tanto gusto y aplicación, que se la sabía entera de memoria; y en todas las circunstancias  en que él tenía que ver no solo con los sacerdotes y con los hermanos sino también  con los criados, encontraba siempre alguna palabra de san Vicente que colocar a propósito. Y como no era del número de los que dicen, y no hacen, tan atento estaba en instruir a los demás, otro tanto era exacto en practicar él mismo lo que decía, procurando transformar su espíritu en el de su modelo muy querido, mediante un ejercicio continuo de las virtudes  que son la forma esencial o el alma de nuestra Congregación.

Amaba la sencillez de la paloma a lo que unía sin embargo la prudencia de la serpiente, como lo hace ver el rasgo siguiente. Le aconsejaron un día que se refugiara en Córcega para librarse del furor de » los revoltosos » que estaban entonces en el poder. Se embarcó, pero fue detenido en el mar por un barco inglés, en el que se hallaban varios eclesiásticos que pertenecían al partido de los revolucionados. Estos le preguntaron con altivez y amenazas si era la persona. Se contentó con responder, alzando los hombros: «Dios sabe la verdad». Esta respuesta le hizo esquivar la réplica, y el comandante le dejó irse en libertad, prosiguió su ruta por Livorno.

Era humilde y dulce. Su natural era vivo, pero la gracia le dominaba. Durante quince meses que ha gobernado la casa de San Remo, nunca se le vio manifestar impaciencia, aunque las ocasiones no le hubieran faltado. En todo el tiempo de su larga y dolorosa enfermedad, no abrió nunca la boca para quejarse. Decía de los hermanos que le asistían que estaba altamente satisfecho de sus servicios.

En los dolores de la agonía y sin miedo a la muerte, entregó piadosamente su alma a Dios.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *