Paul Sou (???-1767)

Mitxel OlabuénagaBiografías de Misioneros PaúlesLeave a Comment

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Author: Desconocido · Translator: Máximo Agustín, C.M.. · Year of first publication: 1903 · Source: Notices, IV.
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A la muerte del Mons. Mullener, vicario apostólico del Su-Tchuen que hemos contado anteriormente (p. 328), acudió para rendir las honras fúnebres al prelado, Sr. Paul Sou, sacerdote chino, uno de sus más fieles discípulos y miembro, como el piadoso obispo, de la familia de san Vicente de Paúl. Numerosos detalles biográficos sobre el Sr. Paul Sou se encuentran en el Diario de André Ly, recientemente publicado (V. Annales, 1907, p. 614) y en el Diario del Sr. de Martillat, de las Misiones extranjeras (año 1732 y ss.). Nos contentaremos con transcribir aquí las informaciones sobre el Sr. Sou, dadas por el Sr. Debras, Superior general de la Congregación de la Misión, en las circulares a toda la Compañía. Hablaba con un afecto visible de este cohermano chino, de quien la entrega era provechosa a sus compatriotas cristianos  y honorable a su familia religiosa. A la muerte del Sr. Mullener (1742), no quedaban ya más que dos sacerdotes de la congregación de la Misión en el Su-Tchuen, el Sr. Étienne Su y el Sr. Paul Sou. Trabajaban en la parte de la  provincia que pertenece a la Propaganda todavía. El Sr. Étienne Su fue enviado al Hou-Kouang, y es allí donde probablemente murió.  En 1742, estalló una persecución en el Fo-kien. Tuvo su contragolpe en el Su-Tchuen, donde vivía el Sr. Paul Sou, y compartió grandes tribulaciones.

El Sr. Debras, Superior general, escribía en su Circular del 1º de  enero de 1750: «No hemos tenido noticias de nuestros Srs. Paul Sou y Étienne Su. Hemos sabido no obstante por vía segura que, en la última persecución, el primero había corrido el mayor riesgo en la provincia del Su-Tchuen que él cultiva, que, denunciado a los mandarines, solo se había salvado huyendo, que perseguido en la provincia de Canton, había sido obligado a retirarse a la del Fokien, donde había tenido la suerte de ver a los cuatro venerables Padres Dominicos, martirizados el mes de octubre en 1748, no lo fueron hasta 1749, que por último había llegado felizmente a Pekin, capital del imperio, donde, hacía poco, siguiendo la carta que señala estas circunstancias, y que es del 4 de enero de 1749, había confesado a uno de los príncipes de la ilustre familia perseguida bajo el reino precedente, el príncipe llamado Té-Pou, hasta ahora Zumtou (cargo por encima del de virrey) en el Hou-Kang, donde nuestro cohermano ya le había conocido y dirigido, y que acaba de ser hecho príncipe de (primer orden). Sentimos todo el interés que debemos mostrar en la conservación de estos dos hijos de san Vicente que quedan en ese vasto imperio, y cuánto debemos pedir  en su favor la protección de Dios, de los apóstoles, de los confesores y de los mártires «.

El año siguiente, en su Circular del 1º de enero de 1751, el Sr. Debras decía: «Hemos recibido carta fechada en Macao, el 25 de de junio de 1748, del Sr. Paul Sou. Nos da el detalle de los males que afligen a la religión, de las persecuciones que los misioneros han pasado, de la muerte que algunos han sufrido, de los peligros que él mismo ha corrido. Añade que, acosado por las calamidades de todas partes, agitado por vivas aflicciones, consumido de tristeza, sumergido en la pena, rodeado de peligros, no encuentra ya consuelo más que en la conformidad con la voluntad de Dios; que nunca la religión cristiana ha tenido que sufrir persecución tan violenta.

«Sintiendo luego por la impresión de un celo verdaderamente apostólico, no haberse visto digno del martirio, se consuela diciendo que no ha ahorrado nada para dar a los gloriosos confesores de Jesucristo los consuelos y los auxilios que podían depender de él, que los ha visitado en las cárceles, y que él ha asistido a su martirio, sintiendo una santa envidia por su suerte. Une a su carta un relato de la combustión del cuerpo del venerable mártir Sanz, obispo de Mauricastre. Nuestro querido cohermano, testigo de esta combustión, ha hecho el relato jurídico de ella en calidad de notario apostólico; y habiendo tenido la suerte de recoger con sus propias manos las cenizas de este generoso confesor de Jesucristo, y los huesos escapados de las llamas, ha hecho diferentes porciones que ha sellado con su sello y que ha enviado a diferentes lugares del mundo cristiano, reliquias infinitamente preciosas y de las que nosotros conservamos religiosamente la parte que ha llegado hasta nosotros». «Nuestro querido cohermano, el Sr. Paul Sou, escribía el Sr. Debras, el 1º de enero de 1752, nos ha escrito, renovando sus dolores por la muerte de Mons. Mullener, exponiéndonos las incertidumbres de su vida, siempre obligado a pasar de una provincia a otra para librarse de la persecución. Hemos sabido por otro medio que la persecución disminuye y que los misioneros comenzaban a extenderse por las provincias».

El 1º de enero de 1755, el Sr. Debras daba otra vez noticias del único Misionero  que quedaba en China. El Sr. Paul Sou, dice, a pesar de su edad avanzada, la debilidad de su temperamento y sus enfermedades habituales, trabaja con un celo heroico en el cultivo de la viña que él mismo ha plantado, que riega con sus sudores desde hace tantos años y a la que da aumento todos los días en medio de los peligros y sin temor a las persecuciones «.

El Sr. Paul Sou en el Su-Tchuen no tardó en ser obligado a dejar esta provincia, como nos lo dice la Circular del Sr. Debras, del 1º de enero de 1756. » El Sr. Paul Sou, dice, nos ha dado una pequeña señal de vida, y se ha retirado pensionista a los Dominicos de Macao, cansado bajo el peso de los años y agotado por sus trabajos. Allá, para servir útilmente a la Iglesia y a la religión, hasta la muerte, se dedica a instruir a los jóvenes chinos cristianos, a fin de hacer buenos catequistas. Nos hemos enterado que la persecución se ha vuelto a encender en este vasto imperio, y que se hacen pesquisas exactas para descubrir a los Misioneros, que han capturado a varios y que al soltarlos, los han amenazado con cortarles la cabeza, si los volvían a pillar; que se mostraban tan severos con los Chinos cristianos que recibían a los misioneros, que estos no saben ya a dónde retirarse».

Retirado a Canton, luego a Macao, el Sr. Paul Sou mantenía correspondencia con sus cohermanos de la Isla Bourbon. Los archivos de la casa de Turín nos han conservado dos cartas suyas. Las dos van dirigidas  al Sr. Monet, uno de los tres misioneros que habían estado en Canton en 1732, y que se hallaba entonces en la parroquia San Pablo en la Isla de Bourbon.

» SEÑOR Y QUERIDO COHERMANO,

La gracia de Nuestro Señor esté siempre con vos.

El último año he recibido vuestra querida carta y siento que no hayáis recibido aún mi respuesta; pienso que para estas fechas os haya llegado; se habrá retrasado sin duda  por las dificultades de una larga navegación.

«Por lo demás, me siento confundido al leer vuestra buena carta; parece que creéis que yo he sufrido algo por la gloria de Dios, mientras que yo no soy nada, que no hay nada bueno en mí y que siempre he necesitado de un nuevo auxilio de Dios sin el cual  me es imposible hacer nada. Miserable de mí, qué he sufrido por el nombre de Jesús que por mí ha sufrido, ha derramado toda su sangre y se ha entregado por completo para mi salvación. Releo con consuelo vuestra carta que expresa tan tiernos sentimientos con respecto a Mons. Sanz, que ha mostrado tanta generosidad para haceros entrar en China a pesar de las opiniones opuestas de los demás. Experimento un gran consuelo y me digno a mí mismo: ¿quién sabe si después de su muerte podremos obtener lo que no hemos podido durante su vida?

«En cuanto a mí, mis fuerzas y mis ocupaciones no me permiten deciros todo en detalle. Excusadme pues y acordaos de mí en vuestras oraciones y santos sacrificios. Vuestro devoto, etc.

«Sacerdote de la Misión.

Canton, el 8 de junio de 1754″.

Al año siguiente, escribía otra vez al mismo Sr. Monet, fecha del 11 de enero de 1755.

«Vuestra carta, llena de celo y de caridad, anunciándome que habíais recibido las reliquias de huesos del venerable mártir Sanz, me ha llenado de consuelo y ha encendido mi corazón con el fuego que dios mismo ha traído a la tierra. Vuestra benevolencia, de la que soy indigno, es para mí  un consuelo sensible, que miro como venido, no de un hombre, sino de aquel que hace descender la salvación sobre Jacob. Yo no miro vuestras palabras como un saludo cumplidor, ni como una fórmula de costumbre, sino que las veo como salidas de vuestro corazón y procedentes de esa ardiente caridad que yo sé  arde en vos. Aparte de esto, por ahora, Dios parece querer probarnos una vez más con tantas dificultades, que apenas si los misioneros apostólicos pueden todavía ejercer su celo en China, por los medios que empleen. Cinco misioneros europeos de la Compañía de Jesús han sido hechos prisioneros, un sacerdote francés del seminario de las Misiones extranjeras de París, llamado el Sr. Urbain Lefèvre, ha sido enviado a Macao, los demás están todavía en la cárcel. El P. Urbain, Franciscano,  ha sido deliberado de su prisión después de pasar en ella ocho años, y regresa  este año a Europa. Debe pasar por Pondichéry. Lleva con él a cuatro jóvenes Chinos que yo he educado aquí en Macao, donde llevo año y medio. Él los llevará a Nápoles, al Colegio chino. Os escribiré de nuevo entonces.

Me encomiendo a vuestras oraciones y santos sacrificios.

Soy en Nuestro Señor, vuestro muy humilde servidor.

Paul Sou, sacerdote de la Congregación de la Misión.

Macao, 11 de enero de 1755″.

Así empleó el Sr. Paul Sou su ancianidad en educar a algunos jóvenes para hacer de ellos sacerdotes chinos, tan necesarios en el momento en que los europeos no podían penetrar en las provincias. Daba también de vez en cuando sus noticias en París, como lo sabemos por la circular del Sr. Jacquier, del 1º de enero de 1766.

«Nos queda todavía en China, dice, un tesoro que creíamos perdido; es el Sr. Paul Sou a quien el cardenal de Tournon había tomado como secretario, persona de gran mérito y muy versado en todas las ciencias chinas. Aunque inclinado bajo el peso de una edad muy avanzada y más aún bajo el de las persecuciones que ha tenido que sufrir, está bastante bien en Macao donde vive ahora, y enseña el chino a los Misioneros que llegan de Europa. Roguemos a Dios por su conservación.

Dios concedió aún al menos un año de vida a este buen Misionero ya que, en la circular del año siguiente del 1º de enero de 1767, el Sr. Jacquier dice: El Sr. Paul Sou nos ha escrito hace poco desde Macao, a una edad muy avanzada, y acompañado de grandes debilidades en las que se complace a fin de conformarse más perfectamente a Jesucristo. Él nos ha enviado un compendio de la vida de Mons. Mullener». Probablemente, este compendio, que había desaparecido, es el que se ha publicado este año (1907) en el Diario de André Ly. En cuanto al Sr. Paul Sou, es la última vez que se le menciona. Murió probablemente por ese tiempo, en Macao, en el convento de los Dominicos donde había muerto también el Sr. Appiani.

 

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