Partícipes del Espíritu de Cristo

Francisco Javier Fernández ChentoEspiritualidad vicencianaLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Flores-Orcajo · Fuente: CEME.
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«Pedimos a Dios que os dé pleno conocimiento de su designio, con todo el saber e inteligencia que procura el Espíritu. Así viviréis como el Señor se merece, agradándole en todo: dando fruto  creciente en toda actividad, gracias al conocimiento de Dios; fortalecidos en todo aspecto por el poder que irradia de él, con una entereza y paciencia a toda prueba y dando gracias con alegría al Padre, que os ha hecho participar en la herencia de los consagrados, en la luz». (Col 1,9-12).

«El espíritu de la Congregación es una participación del espíritu de Cristo, como lo propone San Vicente: ‘Me ha enviado a evangelizar a los pobres. (Lc. 4,18). Por eso, ‘Jesucristo es la regla de la Misión’ y ha de ser considerado como centro de su vida y actividad (XI 429)». (C 5).

OXYGEN Volume 8Todo cristiano, por su incorporación a Cristo, participa del espíritu de Cristo, como la vid se alimenta de la cepa (Jn 15,5). Por eso San Vicente afirma que el espíritu de Cristo está extendido entre los cristianos que viven según las reglas de Cristo. Los misioneros no pueden ser menos: desean vivir y actuar conforme vivió y actuó Cristo. (XI 410-411).

1. «El Espíritu de la C.M. es una participación del Espíritu de Cristo».

¿En qué consiste el espíritu de Cristo? Así respondió San Vicente:

«Cuando se dice: El espíritu de nuestro Señor está en tal persona o en tales obras ¿cómo se entiende? ¿Es que se ha derramado sobre ellas el mimo Espíritu Santo? Sí, el Espíritu Santo, en cuanto su persona, se derrama sobre los justos y habita personalmente en ellos. Cuando se dice que el Espíritu Santo actúa en una persona, quiere decirse que este Espíritu, al habitar en ella, le da las mismas inclinaciones y disposiciones que tenía nuestro Jesucristo en la. tierra, y estas le hacen actuar, no digo con la misma perfección, pero sí según la medida de los dones de ese Espíritu». (XI 411).

2. La «presencia» de Cristo en las Constituciones.

San Vicente nos aseguró que las Reglas Comunes se basaban en el espíritu de Cristo, en sus obras y en su vida (Prol. p. 173). ¿Podemos afirmar lo mismo de las Constituciones? ¿Son una guía segura para ayudarnos a participar del espíritu de Cristo?

La idea central de todo el entramado normativo es el «seguimiento de Cristo evangelizador de los pobres»:

  • El quehacer principal es revestirse del espíritu de Cristo. (C 1, 1.°).
  • Los miembros de la Compañía buscan llenarse de los sentimientos y afectos de Cristo. (C 4).
  • La caridad de Cristo es la fuente del apostolado de la Congregación de la Misión. (C 11).
  • La vida fraterna en común se inspira en la de Jesús con sus apóstoles. (C 24, 2.°).
  • La castidad, pobreza y obediencia que se profesan en la Congregación de la Misión son ante todo para configurarse más a Jesucristo. (C 28).
  • El misionero debe ver a Cristo orante como modelo al hacer la oración. (C 40).
  • La formación del Misionero tiene como finalidad el que la caridad de Cristo le empuje para alcanzar el fin de la Congregación de la Misión. (C 78).
  • Los que gobiernan deben inspirarse en Cristo, Buen Pastor. (C 97).

3.- Señor, si estuvieras en mi lugar, ¿qué harías?

Cristo es el modelo siempre sugerente, nunca agotable. San Vicente nos lo presenta sin limitación alguna. A Cristo hay que acudir siempre para saber qué hacer y cómo hacerlo. Sólo Cristo tiene palabras de viva eterna (Jn 6,69).

«Antes de obrar preguntarnos: ¿Es esto conforme con las máximas del Hijo de Dios? Si así es, hacedlo, it si no es así no lo hagáis… O bien: Señor, si estuvieras en mi lugar, ¿qué harías en esta ocasión?, ¿cómo instruirías a este pueblo?, ¿cómo consolarías a este enfermo de espíritu o de cuerpo? (XI 239-240).

De alguna manera, a todos se nos puede aplicar lo que San Vicente aconsejó a uno de los Superiores de la Compañía:

«Y como ocupará Vd. el lugar de Jesucristo, tiene que ser también como El luz que ilumine y caliente. Jesucristo, dice San Pablo, es esplendor del Padre y San Juan dice que es la luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo». (XI 240).

  • El interés por vivir y actuar como Jesucristo ¿se manifiesta en el ámbito comunitario o es algo que se reduce a la esfera de lo privado?
  • La participación del espíritu de Cristo, el vigor de esta participación ¿es perceptible tanto en el vivir como en el actuar mío personal?

Oración:

«Oh Salvador, Señor Dios mío, que has sellado con este espíritu a esta pequeña Compañía, llénanos de ese espíritu, espíritu tan necesario para que responda a su vocación. Tú eres su autor. Me atrevo, Señor, a decir que sólo tú serás el culpable de que no lo tengamos, ya que todos nosotros ardemos en el deseo de poseerlo. Dispón nuestros corazones a recibir ese espíritu. Tú eres, Señor, el que has suscitado esta Compañía». (XI 592-593).

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