En ANALES de febrero último apareció una breve reseña sobre la celebración de las Bodas de Plata de la Parroquia y Comunidad de los PP. Paúles en Melilla. Accedo gustoso a la sugerencia del P. José M. Román de publicar en ANALES una nota más extensa que recoja lo más interesante de estos veinticinco años.
Melilla, ciudad española, abierta al Mediterráneo, respaldada por el Gurugú, tiene su núcleo de ciudad moderna, y una serie de barrios en montículos y laderas, todos rodeados por fortines y cuarteles. Noventa mil españoles—ya son menos, después de la Independencia del Protectorado marroquí—, diez mil musulmanes—unos cuantos, ricos, y la mayoría bastante miserables—; varios centenares de indios, y, aproximadamente, dos mil hebreos.
PRIMER TIEMPO. ADAGIO
Es una larga etapa que va de 1938 a 1954, y que puede concretarse en un nombre: P. Rafael Marcos.
A primeros de diciembre de 1938 llegaba a Melilla el P. Marcos, y días después se le unían los PP. Godofredo Pérez y Pedro Martínez Echávarri, para tomar posesión de la nueva Parroquia de San Agustín el día de la Inmaculada.
Fue el señor Obispo de Málaga, don Balbino Santos y Oliveras, per indicación de don Sebastián Carrasco, párroco de Melilla y gran amigo del P. Rafael Marcos, quien ofreció al M. R. P. Adolfo Tobar, Visitador, esta parcela de la Diócesis debido a la escasez de sacerdotes; comprometiéndole al mismo tiempo a servir dos capellanías: las Madres Adoratrices y las Esclavas de la Divina Infantita.
(Hago constar que muchos datos de los que reflejan los primeros años de vida de esta Comunidad se deben a la buena memoria del venerable P. Godofredo Pérez, único superviviente de los tres primeros misioneros que llegaron a Melilla, y que aún forma parte de la actual Comunidad.)
La primitiva morada fue un piso de alquiler cerca de la iglesia. A los dos años compraron una hermosa finca de dos pisos, más cerquita aún del templo parroquial, a sólo cinco metros. Como algunas dependencias estaban ocupadas por inquilinos hubo que buscarles viviendas para que la Comunidad pudiera gozar de independencia y tranquilidad.
El templo, dedicado a San Agustín, era—y es–un barracón militar del Grupo de Intendencia, comprado por la Mitra al Ejército. í Buenos trabajos y sudores costó al P. Marcos !
La feligresía abarcaba principalmente cuatro barrios, los mismos que la forman en la actualidad: el Barrio Real—de hermoso trazado; sin duda alguna, el mejor de Melilla—, el Hipódromo, el Barrio Industrial y la barriada Primo de Rivera, con una población total de unas 16.000 almas.
Para darse una idea de la situación religiosa de esta demarcación, baste saber que hasta aquel entonces solo existía en Melilla una Parroquia, la del Sagrado Corazón de Jesús, para una población de más de 80.000 almas, atendidas tan sólo por un párroco y dos coadjutores, si bien contaban con la ayuda circunstancial de algunos capellanes del Ejército.
¿Qué campo de trabajo encontraron, pues, nuestros Padres? Un campo duro, por necesidad, sin cultivo, sin riegos… Gentes de aluvión en una gran mayoría, obreros, humildes pescadores —siempre en la dura brega del mar—, faltos de formación religiosa y de cultura. Y, para colmo, la nota negra de unas calles, verdadero «barrio chino» de la ciudad. Así convenía a los hijos de San Vicente: una heredad de pobreza de bienes y de miseria moral.
Para lanzarse a la conquista de las almas e ir ganando el ambiente se imponía descubrir a los mejores—que nunca faltan—, para organizarlos en torno al equipo sacerdotal. Y como primer fruto de esta labor nacieron las conferencias de San Vicente de Paúl, tanto de caballeros como de señoras.
Era preciso llegar a las almas remediando antes muchas necesidades. No he tenido el gozo de conocer al P. Rafael Marcos; pero sé que su corazón era verdaderamente el de un padre que se compadece, sacrifica y trabaja por sus hijos. Pedía, llamaba a las puertas del rico «oportune et importune», y repartía a manos llenas. ¡Son tantos los que lo recuerdan al cabo de los años!
A las conferencias siguió la Asociación del Carmen, devoción muy arraigada en las gentes sencillas del mar. Había que aprovechar el fervor popular para encauzarlo debidamente. Como neta típica—cuenta el P. Pérez— en el primer año de ministerio parroquial se celebró la fiesta de Nuestra Señora del Carmen con una procesión fuera de serie. Pasearon la imagen nada menos que hasta el puerto—sobre una distancia de tres kilómetros—, subieron la Virgen a una barca y los pescadores hicieron la escolta de honor en un breve paseo por el mar, mezclando sus cánticos con el ruido de motores y sirenas. Corazonada del Padre Marcos, quien por medio de María creaba un clima de simpatía y atractivo para su labor pastoral.
Se fundó también la Asociación de la Medalla Milagrosa, que cuenta con épocas florecientes y otras no tanto.
Asimismo, la adoración nocturna. Desde hace dos años, por razón de local mejor adaptado para el descanso, todos los turnos se tienen en la iglesia de Santa María de la Victoria, patrona de Melilla.
Y poco después de la Acción Católica, destacando en especial lit actuación de las juventudes, si bien no siempre con el mismo empuje.
Casi al mismo tiempo nació la Cofradía del Santísimo Cristo del Perdón y de la Fe, y Nuestra Señora de los Dolores. Celebra los cultos la semana de Pasión y hace el desfile procesional, con cuatro «pasos» en la noche de Jueves Santo.
Hasta el año 1951—a raíz de la Misión general—no se fundó Ia Asociación de Damas y Luisas de la Caridad. Una fundación más de las muchas que el P. Albiol ha ido erigiendo por la geografía española. Pero arraigó de tal manera, que siempre se distinguió por su actividad, buen espíritu y constancia. Alma y vida de la Asociación han sido siempre las Hijas de la Caridad del Hospital Militar, que, semana tras semana, han salido en compañía de Damas y Luisas a visitar a los pobres. Para allegar fondos, además de las cuotas mensuales, organizaron desde el primer año de su existencia, la tómbola de caridad.
Como muestra de cómo han sabido remontar, poco a poco, el vuelo, vayan estas cifras: beneficio limpio de la primera tómbola, 4.232 pesetas; recaudación en la última—septiembre del 63—, 87.853,20 pesetas. ¿No merecen un aplauso? !Adelante!
Una de las funciones que más gustaba al P. Rafael Marcos fue la obra de las misiones, casi hasta la exageración; pues hacía misionar la feligresía cada dos o tres años, llamando para ello a celosos misioneros de la península. La Comunidad en pleno colaboró de manera eficaz y generosa en la gran Misión general del 51, en la que pagó tributo a la muerte el P. Bienvenido Pampliega.
En esta larga época de 1938 a 1954 asumió el P. Marcos los oficios de Superior y párroco, a excepción de un breve período—julio del 46 a octubre del 48—en que rigió la Comunidad el P. Godofredo Pérez, continuando el P. Marcos al frente de la Parroquia.
Colaboraron con él, a lo largo de su mandato, además de los Padres Godofredo y Martínez Echávarri, un gran equipo de misioneros. Unos pasaron veloces; otros gastaron muchos años en la vida parroquial. He aquí sus nombres: P. Dionisio Santamaría, siete meses; P. David Salgado, nueve meses; P. Manuel Navarro, cuatro meses; P. Manuel Vila, doce años; P. Eladio Urquiza, tres años; P. Anselmo Virumbrales, nueve años, y P. Eleuterio Díez, dos años, continuando éste último su labor hasta la fecha actual.
Como último compás de este primer tiempo, transcribo unas líneas del P. Sabino Pérez, sucesor del P. Marcos: –Realmente, San Agustín—nuestra Parroquia—deberá siempre lo principal a aquel benemérito misionero que se llamó P. Rafael Marcos, todo corazón y todo simpatía. Verdadero apóstol en todos los aspectos del apostolado. Yo quise seguir sus pasos.»
SEGUNDO TIEMPO. ANDANTE
Esta segunda época que va de 1954 a 1963, se resume también en otro nombre: P. Sabino Pérez. En el mes de octubre de 1954 sucedió como Superior y como párroco al P. Rafael Marcos, que era destinado a Canarias.
El sembrar y recoger en estos nueve años seguirá a un ritmo creciente, aunque el P. Sabino, modestamente, crea que su paso por Melilla fue eso: «un pasar sin casi- hundir la reja del arado, para abrir profundamente el surco; porque algo se hizo, pero quedaba tanto por hacer…» Así pensaba San Vicente al volver de las Misiones con el alma partida porque muchas almas quedaban abandonadas. Seguiré citando de cuando en cuando palabras textuales del P. Sabino, que amablemente ha respondido por carta a unas cuantas preguntas mías.
«Me encontré la Parroquia muy bien, floreciente en algunos aspectos. Malo estaba el edificio—antiguo barracón de Intendencia—. Se llovía por todas partes y daba miedo entrar allí». Nada debe extrañar esta situación o desarreglo, porque se habían dado muchos pasos para hacer una iglesia nueva o, al menos, agrandar el barracón. Toda esta historia tiene su «miga», y el P. Sabino responde así: «Fracasaron los intentos de lograr más terreno. Acaso llevados los trámites por otros caminos hubiera sido fácil vencer la resistencia de las autoridades militares. Para mayor desdicha, el día en que fueron a Melilla el señor Puigdollers y el Canónigo señor Carrillo, estaba ausente el P. Marcos y se dieron de buenas a primeras con el coronel de Intendencia, que llevó muy a mal el que fueran a examinar los terrenos colindantes—propiedad del Ejército—sin decírselo a él. Esto motivó que ambos señores se fueran viendo terrenos en que poder- edificar el nuevo templo, llamándoles la atención un gran plantel de eucaliptos situado en medio del Barrio Real. Allí vieron la nueva iglesia en proyecto y no hubo ya manera de sacar adelante otra cosa que no fuera aquélla. A principios de mi estancia en Melilla vi de seguida que aquel sitio no era viable, pero no hicieron caso. Los proyectos fueron adelante y se inició la construcción de un templo grandioso, de líneas neoclásicas y con tres naves sostenidas en enormes columnas». Con fina ironía añade el P. Sabino: «Como si no hubieran corrido en Málaga los nuevos aires en la arquitectura». Y sigue: «En dos temporadas salieron a flor los cimientos, que debieron agotar todo el capital presupuestado. Ciertamente que iba la obra por lo rico en hierro y cemento. En la segunda etapa se levantaron algunos muros del presbiterio. Mientras tanto, como ni la Comunidad ni los mismos feligreses veían con buenos ojos el sitio elegido, se aspiraba a un arreglo del barracón-iglesia, que ya no se podía demorar; tan lamentable estado presentaba. Pedimos autorización id Prelado, y nos dieron una consignación muy módica, unas 22.000 pesetas. En vista de que con eso no nos podíamos arreglar, sugerí al señor Obispo la idea de pedir a «Minas del Rif» una ayuda. Encantado me escribió poniendo el visto bueno a la petición hecha para el Consejo de Madrid. Vino la concesión; pero a la hora de cobrar las 100.000 pesetas concedidas, por estar consignadas a nombre del Prelado, hubo una desviación del fin y fueron a parar a la iglesia nueva». El cronista manifiesta que en los cinco años que lleva en Melilla no ha visto poner un ladrillo más, sino más bien cómo se fueron llevando poco a poco la tapia entera ‘que circundaba las obras.
¿Cuál fue le reacción del párroco? «Reclamé algunas veces, pero me impusieron silencio en la Curia diocesana. Se arregló la iglesia vieja y con tiempo y algunas colectas se fueron pagando las 150.000 pesetas que costó la obra. Por el momento quedó bien, con la renovación total del tejado, nuevo presbiterio con bovedilla de cañón, amplia sacristía, decoración interior completa con unos adornos de escayola para dar cierto sentido de edificio religioso».
A lo largo de estos años fue logrando también el P. Sabino Pérez la renovación total del vestuario litúrgico, antes pobre y demasiado sencillo. Casi podemos decir que está a tono con los nuevos aires, pero sin exageración. Igualmente la casa experimentó algunas mejoras, tanto en el exterior como en el interior, especialmente con la adquisición de aparatos electrodomésticos. Merece especial mención su amor por los buenos libros. Gracias a él la biblioteca se ha ido enriqueciendo con volúmenes de calidad, siempre al día, tanto en cosas profanas como en ciencias eclesiásticas, sobre todo en Teología y Pastoral.
En lo relativo a la acción pastoral parroquial ya estaba señalada la trayectoria. Lo importante era mantener vivo el fuego en las Asociaciones y dar un impulso mayor a la vida espiritual de los fieles, sobre todo por la recepción más frecuente de los Sacramentos. A este fin se organizaron los cultos procurando darles mayor orden y regularidad. Con la concesión pontificia de misas vespertinas, pronto se introdujo la misa de la tarde, primero para los Primeros Viernes y después ya a diario. Esto supuso que las comuniones aumentaran en un cuarenta por ciento. Se procuró no mezclar jamás los cultos, fijando la atención de los fieles en cada acto sin interferencias de otros, por más buenos que fueran.
Respecto de las Misiones parroquiales, el P. Sabino se expresa así: «Se tuvieron en esta etapa menos Misiones que en las anteriores para evitar el cansancio de los fieles. Sí que había ejercicios espirituales para cada clase de personas: niños, jóvenes, mujeres y caballeros. A «Minas del Rif» se dieron cada año conferencias cuaresmales por uno o dos Padres. Algún año con intervención de apóstoles seglares. Las Cofradías, Asociaciones y demás entidades tenían sus triduos y novenas».
Quiero destacar la constante atención prestada por el P. Sabino Pérez a las obras de caridad. Mucho le debe la Asociación de Damas y Luisas, siempre creciente en número y en eficacia. Ya ha quedado en otro lugar reflejada en síntesis la actividad de esta Asociación.
En las Conferencias de San Vicente de Paúl, como Director general de las mismas en Melilla, hizo gala de un tacto exquisito aconsejando con prudencia y fortaleza para mantenerlas firmes en momentos difíciles ante el empuje de la «nueva ola». Fenómeno similar se ha dado en otros lugares de España.
Aún queda por señalar, aunque sea brevemente, la labor meritoria de la Asociación de Santa Lucía, que atiende a los ciegos que no reciben socorro de la Organización Nacional.
Pero lo que de veras entusiasmó y llenó de gozo al P. Sabino fue el comedor parroquial. Desplegaba todas sus energías en la Campaña de Navidad, para que el comedor—instalado en un salón parroquial—pudiera estar abierto durante los meses de invierno. Unas setenta personas, entre niños y ancianos, acudían cada día a saborear una comida caliente y bien condimentada. Casi todos pertenecían a familias de pescadores, que pasan verdadera necesidad cuando los hombres no pueden hacerse a la mar por la inclemencia del tiempo.
En el invierno del 62 al 63 se invirtieron cerca de las pesetas 80.000, lo cual es buen índice del cariño con que se lleva la obra. Gracias a Dios, continúa. Quiero reflejar también en esta crónica la existencia de una escuela nocturna de corte, confección y bordado, atendida por maestras tituladas. Al frente de rúa está el P. Eleuterio Díez, que como por milagro allega los fondos necesarios sirviéndose de la lotería de Navidad. La clase, trimestral, abierta durante los nueve meses de curso normal, recibe de setenta a ochenta niñas y jóvenes de clase humilde; algunas de las cuales llegan a preparar hasta su equipo de boda.
Hace dos años no más, y por invitación y consejo del P. Salario Pérez, el P. Guembe fundó la Legión de María. Obra hermosa y sacrificada que, trabajando en silencio y con espíritu (le entrega constante, da copiosos frutos.
En el último año de su gobierno se organiza la Cáritas parroquial, que coordina todos los movimientos caritativos y a la que pertenecen todas las otras obras de caridad.
El equipo de colaboradores se mantuvo durante los nueve años con muy pocas variaciones, lo cual supone de ordinario una mayor eficacia en la labor pastoral. Al comenzar su mandato contaba con la colaboración de los Padres Godofredo Pérez, Anselmo Virumbrales y Eleuterio Díez. A los dos años—en 1956— el P. José Félix Moleres vino a ocupar el puesto del P. Virumbrales, y tres años después—en 1959—el P. Moleres fue relevado por el P. Generoso Guembe. Como final del segundo tiempo vaya la última cita, envuelta en modestia vicenciana: «Es muy difícil calibrar debidamente si hemos avanzado o no en estos nueve arios. Acaso el clima que hoy reina en estas barriadas del Real, Industrial, Hipódromo y Primo de Rivera sea más favorable a la Parroquia».
Así es, P. Sabino. El clima es ideal, y las mieses van granando. Lo que unos han ido sembrando con sacrificio otros lo recogerán’ con gozo y alegría.
TERCER TIEMPO. ALLEGRO
Cuando sólo faltaban dos meses para conmemorar las Bodas de Plata de la Comunidad y de la Parroquia se inicia una nueva etapa con otro nombre: PP. Saturnino Redondo Díez.
En octubre último, cumplidos los tres trienios y destinado ya a regir la Comunidad de Ávila, el P. Sabino Pérez se despedía de sus fieles al tiempo que les presentaba al nuevo pastor, Padre Redondo. Permítanme que les diga que, por algunos rasgos que le dan parecido a Pablo VI, el pueblo corrió la especie, no exenta de gracia y simpatía, de que les habían mandado un «doble» del. Papa. Pocos meses han transcurrido desde su llegada, pero se le puede aplicar lo que a algunos Santos: «En poco tiempo hizo muchas cosas».
– Por su juventud—en cuerpo y espíritu—, por su delicadeza en el trato de gentes, por su entrega generosa, se ha ganado el aprecio y simpatía general. Buen trampolín para lanzarse a nuevas empresas.
La Carta de Navidad, dirigida a todas y cada una de las familias, fue la ocasión de ofrecerse a los que vienen y a los que están lejos.
Como fruto hermoso de las Bodas de Plata—celebradas con sentido de familia parroquial—ha quedado instalada una línea telefónica que une directamente nuestra iglesia con Radio Melilla. Todos los días—y en directo—se radia el santo rosario, y los domingos y días festivos, la misa de doce; para que los enfermos e impedidos se sientan más unidos con nosotros en la oración comunitaria. (En breve se darán unas charlas que les preparen mejor para el cumplimiento pascual.)
Las juventudes han recibido un fuerte impulso y se han creado los Aspirantados de niños y niñas.
Con los elementos más destacados de cada Asociación se ha creado el Estado Mayor de la Parroquia, cuya influencia se dejará sentir para bien de la Comunidad Parroquial.
El P. Redondo, con gusto artístico, amante de la sobriedad y la elegancia, ha emprendido la restauración interior del templo con valentía y prudencia. Esta idea ya bullía en la mente del P. Sabino, para dar una mayor amplitud al recinto sagrado. Ya es realidad, con el aplauso general de propios y extraños.
Ahora queda el Altar, con mayúscula, donde está el Sacramento. Han desaparecido once altares, de no mucho valor, donde casi nunca se celebraba y que más bien robaban mucho espacio. En su lugar queda un breve florón de imágenes sobre peanas. Pronto vendrá la decoración. La gente se muestra espléndida y hasta nos llegan donativos espontáneos de fuera de la Parroquia y de entidades oficiales.
Se respira un intenso aire de renovación litúrgica que al pueblo le ha entusiasmado. Queremos dar a las almas lo mejor, y bien servido.
Así es como hemos cumplido y «rebasado» estos –veinticinco años de vida parroquial en Melilla.
CODA
De propio intento he dejado para este final algunas actividades que de modo ordinario ha venido ejerciendo esta Comunidad.
Varias Comunidades religiosas de la ciudad han sido y son atendidas en el ministerio de las confesiones por nuestros Padres, Con algunas alternativas han participado algunos de los Misioneros en Misiones de tipo general.
Nos están confiadas la Asesoría religiosa de Sindicatos e igualmente la de la Sección Femenina. Todos los años se dan tandas de ejercicios y otras predicaciones en Colegios y Parroquias, dentro y fuera de la ciudad —en país de moros-. Por si alguien se hizo la preguntita, le diré que no es fácil la conversión de los musulmanes. Nos respetan, nos admiran; pero no dan un paso más. Es tal su fanatismo, fique por la sola sospecha de que alguno quisiera hacerse cristiano le harían la vida imposible y hasta le arrojarían de casa. Se han dado algunos casos de jóvenes marroquíes que se han presentado pidiendo el bautismo. Pero pronto aparecía el engaño: no era convicción interior, sino más bien un error: creer que la partida de bautismo sería el pasaporte para venirse a trabajar a España.
Permítaseme añadir la gratitud de la Comunidad hacia algunos de los Padres que en diversas épocas prestaron servicio militar en esta plaza, y que generosamente colaboraron en la acción parroquial. Antes fue el P. Vila y varios Padres de la Provincia de Barcelona. Estos dos últimos años ha sido el P. Antonio Martín Cucharero quien nos ha hecho gozar con su presencia, ayuda y simpatía.
Laus Deo
Generoso GUEMBE, C. M.
Melilla, 18 de abril de 1964.






