No sé si lo hasta aquí escrito, referente a la Parroquia se puede llamar labor material; los resultados formales que no se pueden palpar hasta unos años después, hoy se manifiestan:
a) Por la voz común de aquellos que conocían el estado calamitoso, el ambiente hostil, la irrespetuosidad a lo más santo y sagrado, y esto aun después del Movimiento, y la aversión al sacerdote, la cuchufleta ante una cruz parroquial o la imposibilidad de hacer una procesión. Hoy las procesiones de San Juan son tan solemnes y algunas más que las de otras parroquias. Se descubre todo el mundo ante la Cruz parroquial, (rarísima vez algún mozalbete se ha atrevido a hacer un poco de escarnio); el sacerdote, o a lo menos los Padres, tenemos libre acceso a todas las casas de la Parroquia y en casi todas manifies-tan (¿con sinceridad?) sentirse honrados con la visita del «Cura». El esmero en adornar los balcones y fachadas por donde ha de pasar una procesión, algo significará.
b) Por la relativa facilidad con que se dejaban convencer al tratarse de las Confirmaciones, después de 25 años de no haberse verificado, y esto que tuvieron que vencer, casi todos, la dificultad máxima de confesarse, pues no se admitieron los menores de 6 años.
c) Por la cantidad de matrimonios que se llevan puestos en regla y de adultos que se han bautizado.
d) Por el hecho de que muchísimos obreros sean ellos los que se anticipan a saludar al Padre al encontrarlo por la calle.
e) Por la confianza con que tratan al Padre, sobre todo los niños.
f) Por las conversaciones cazadas a los obreros y obreras en las fábricas y talleres, cuando ellos no se aperciben de que se les escucha.
g) Por algunas confesiones añejas que se presentan de vez en cuando.
h) Por el hecho de que muchos que se avergonzaban de presenciar una procesión, hoy vayan a ellas con el cirio en la mano y no teman entrar en la iglesia, por lo menos alguna vez al año.
Ya sabemos que sólo cumplen con el precepto de la misa dominical el 5 ó 6 por toa y que quedan varios sin bautizar, y que hay muchos amancebados, y que los hay que, si pudieran, nos harían picadillo; esto significa que el camino a recorrer es largo, pero no que con la gracia de Dios, no se haya ya recorrido buen trecho. La mies es mucha y el agro quizás menos grato que otros, por el temperamento apático, por la rutina hondamente arraigada, por el adelantamiento de la vida, al corriente con cualquier ciudad de primer orden, por la cantidad y calidad de las diversiones, por el ejemplo más o menos des- edificante de quienes se podían suponer mejores, por la ignorancia supina de todo lo que pertenece al terreno religioso, por el temperamento algo oriental, porque, en fin, sería cándido suponer que aquello que la masonería y el socialismo edificó durante tantos años se haya desvanecido tan bonitamente, y alguna causa más.
Dejaremos el anecdotario para cuando alguien se anime a tomar algún reportaje. Entonces saldrán algunos momentos llenos de simpatía, de vida o de dramatismo, por ejemplo: Un tuberculoso precoz. Madre viuda, trabajando en una fábrica para llevar algo a casa que no basta para nada. Una pequeña desnarigada, hermana del enfermo llega de «hacer la plaza», léase «de la compra» y da a su hermano la comida principal del día: Un trozo de pan, como un tercio de la mano, y seis dátiles la cena no será distinta: seis dátiles y otro cachito de pan.
Otro: En «La Teulera», un rincón del Arrabal del que se han adueñado los gitanos o agitanados, funciona un catecismo dominical que dan unas señoritas voluntarias. Antes venían los peques a nuestra iglesia, pero no era conveniente por la frecuente miseria que arrastran y dejan en cualquier asiento. Durante el día piden limosna de puerta en puerta. Pues bien, uno de los Padres sorprende a una «Soleá» de nueve o diez años en la entrada de una casa, enseñando el Padre nuestro a una» Dolore» y a unos «Manuele». Pregunta:
Qué haces?
—Pué eceñar er Padre Nueztro.
—Bien hecho. Pero… ¿aquí?
—Puez ¿en dónde?… Se lo enceño porque si nó la ceñorita me riñe er domingo.
Ante la cara que pone la desgreñada, el Padre lee que, de la verdad, sólo dice media. La mocosa lo entiende y confiesa: —Ez que ci lo sabemo, en alguna casa, nos dan má. —Entendidos
La Casa
Casi que es imposible deslindar campos, en lo referente a la Casa de Elche y en lo referente a la Parroquia, por lo que se refiere a dar una idea de la labor realizada. Si no para otra cosa, sirva el presente apartado para dejar consignado lo que no va ya dicho, y para que no sea tan monótono y largo el apartado que ahora ha terminado.
Dada posesión de la Parroquia el 16 de enero, en la misa de 12 de Santa María, (año 1944), el Sr. Superior y Párroco, desde el púlpito se ofreció, en todo y por todo a la Parroquia de San Juan y al pueblo de Elche en general.
Al regresar de bendecir la primera piedra de la Cruz de los Caídos, tuvimos los primeros minutos de reposo para cambiar impresiones y hacernos cargo de nuestra casa. Es la casa núm. 11 de la calle de la Abadía, de las más cortas y anchas del Elche antiguo y, precisamente, la casa corta la salida de la calle formando un rincón que se llama «el rincón del Cura». La casa sólo tiene de fachada el ancho de la calle. Por dentro consta de zaguán, despacho, habitación del Superior y Ecónomo, otras dos habitaciones, cocina, despensa, comedor, un pequeño cuarto inhabitable por lo reducido y retrete. Detrás tiene un huerto de palmeras bastante grande, de unos 2.760 metros cuadrados, con 60 granados y 200 palmeras datilíferas, todo arrendado a un labrador de la ciudad.
El día 19 el Sr. Superior y el Asistente van a saludar al Ilmo. Sr. Vicario Capitular de la Diócesis, en Orihuela.
El 27, primera Dominica de Cuaresma, el P. Caven), comienza a comentar el Evangelio dominical ante los micrófonos de Radio Elche, cosa que ha seguido haciendo hasta la fecha.
Ya en el Primer Triduo de Cuarenta Horas los PP. Martínez y Cavero predican sendos sermones. Todos los años, en la propia iglesia, en el Hospital o en algún otro sitio predican los Padres estos sermones. En Santa María, alternando con los señores Sacerdotes de aquella iglesia, predican también en la primera Cuaresma que pasan en Elche los Padres y hacen lo mismo en la propia Parroquia de San Juan. En este primer año van los Padres muchos domingos a decir misa en las Ermitas de las «Partidas» dependientes de Santa María o del Salvador.
Reformas no ha sufrido la casa, (sólo habitable en la planta, que no en el piso superior, muy destartalado y ruinoso), sino una de poca consideración y para mejor utilidad del inmueble, consistente en convertir el comedor en aposento del Procurador y éste en comedor; agrandar el cuarto del Sr. Superior, de sí muy pequeño, y hacer un desagüe a los fregaderos de la cocina, amén de modificar un poco la instalación eléctrica.
En lo que llevamos de estancia en Elche, han pasado por nuestra casa de las palmeras, los siguientes misioneros, salvo error u omisión:
El P. Perelló, J. M. en el agosto de 1944, de paso para Madrid. El P. José Montañola, en una escapada de bien merecido y cortó reposo. El Sr. Visitador Rdo. P. Eugenio Comellas ,(q. e. g. e.) en Visita Canónica. El P. Lladó, entonces de la casa de Palma, para predicar el sermón de nuestro Corpus de 1945, el Triduo de San Juan Bautista, la Novena del Carmen y a reemplazar unos días a alguno de los Padres que salimos de vacaciones. Este mismo año vemos en Elche para unos pocos días al Padre José Pous, de Vall de Uxó, y más tarde al P. Fernando Molluna, de Puerto de Sagunto, y de paso al P. Piquer Miguel, de Barcelona. De esta misma Casa viene el P. Pascual para predicar la novena a la Milagrosa (1945), en la iglesia del Hospital, donde están nuestras buenas Hermanas las Hijas de la Caridad, que se han portado siempre con nosotros como verdaderas hermanas.
Recibirnos también con motivo de la Santa Pastoral Visita, en nuestra humilde casa, al nuevo Señor Obispo de la Diócesis de Orihuela, Dr. Goldaraz.
Ya en 1946, tenemos de nuevo entre nosotros al Rdo. Padre Visitador de paso para Madrid. Para predicar el Novenario de San Pascual Bailón en la Iglesia de San José del Hospital viene de Teruel el P. Samuel Carballo, de la Provincia de Madrid. El Triduo de San Juan y el Corpus de este año corre a cargo del P. Juan Coll, Superior de la Casa de Palma de Mallorca. Antes, el P. Lladó habla vuelto a visitarnos para predicar en nuestra iglesia el Triduo final de mayo a la In-maculada. De la Casa de Palma viene a predicar el Novenario de la Virgen del Carmen el P. Andrés Garcías. Estuvo también en casa el Rdo, P. Sáenz, de Madrid, en visita a las Hermanas. Para predicar el Triduo a la Virgen de la Medalla Milagrosa tuvimos de nuevo al Padre Lladó. La Novena de la Inmaculada la predica, en nuestra iglesia, el Rdo. P. Joaquín Tomás Lozano, Superior de la Casa de Teruel. Fué radiada la novena y los sermones por la Emisora E. A. J. 53• Radio Elche. Durante esta Novena nos sorprende agradablemente una rápida visita de los PP. Angel Salvadó, José Martorell y Fernando Molluna, del Puerto de Sagunto. Finalmente, nos visita, en viaje de delicadeza el nuevo Sr. Visitador Rdo. P. Jaime Roca, comenzando con esta gratísima impresión el nuevo año de 1947, que Dios nos depare bueno, si es de su beneplácito.
Fuera de las obligadas vacaciones y alguna salida necesaria a Orihuela, capital de la Diócesis, o a Alicante, capital de la Provincia, sólo el P. Cavero salió a predicar en Vall de Uxó, y a Madrid para asistir con los Hombres de A. C., de cuyo Centro de Elche era Consiliario, a la Consagración del señor Obispo de la Diócesis, en 1944. En 1945 el Sr. Superior va a Barcelona para asistir a las Bodas de Plata de Visitador del Rdo. P. Comellas, y en 1946 el mismo P. Superior asiste al Primer Congreso Eucarístico de la Diócesis, en la Ciudad de Caudete (Albacete).
Apenas llegados a Elche los niños ya nos miraban con alguna confianza. En la pequeña entrada o zaguán de la casa abadía llegamos a reunir entre niños y niñas unos 230, y eso que sólo tiene 24 metros cuadrados y se les hacía dejar en medio un pasillo de unos 80 centímetros, para separar los sexos. Se les enseñaba un poco de Doctrina, se, les explicaba un cuento que seguía indefinidamente todos los días y se les preguntaba. La puerta de la calle abierta de par en par daba lugar a los mayores que querían escuchar, que no eran pocos.
Este acto tuvo que suspenderse ya en marzo por no caber más gente y por el calor asfixiante.
Por las Fiestas de San Juan, o se reparte entre los necesitados la vaca que se ha corrido en la plaza del Arrabal. o harina, fideos, patatas, etc., y esto mismo se repite por las Navidades y alguna otra vez si se puede. El jaleo que se arma entonces es de los de época menos mal que la experiencia ya nos ha enseñado a organizarlo sin tanto alboroto.
Esto es, escrito al azar, sin orden y sin pretensiones lo que me ha parecido que puede dar una idea, quizás no muy fiel de lo que es Elche, la Parroquia de San Juan, confiada a los Padres, y como se va acepillando el tronco que tenemos que des-bastar, y labrando la tierra que el Señor de la misma nos ha mandado trabajar. El ciará sus riegos de gracia y le ordenará echar frutos, cuando y como le parezca.
Elche, enero de 1947.
Manuel Cavero.






