P. Santiago Rebolleda: Nació en Mondar(Lérida) el 22 de octubre de 1733 y fue admitido en la Congregación el 3 de junio de 1757, haciendo los votos dos años después. Le destinaron en mayo de 1764 a Guisona. Las Memorias de los difuntos de la casa de Barcelona dicen de él: «Día 13 de enero de 1820, murió en esta casa de Barcelona el Sr. Jaime Rebolleda, sacerdote, natural de Mondar, obispado de Solsona, de 87 años de edad y 63 de vocación. Dos hermanos Misioneros fueron de este nombre; pero muy diferentes en el genio. El otro, que por distinguirlo de su hermano como menor se llamaba Sr. Serra, era muy serio y de un genio muy melancólico: estuvo muchos años enfermo de una pierna, cuyo mal llevó con gran paciencia y murió en Reus con mucho olor de santidad. Mas nuestro Sr. Rebolleda era de un genio muy alegre y jovial, y la diversión de todos los de casa en la recreación con sus chistes e invenciones, al paso que fuera de ella era muy serio y callado, exhortándose él mismo a esto con decirse al salir de la misma recreación: faumet, sursum, torda. Era tan caritativo que si oía disputar a algunos en recreación, con un chiste los divertía, y así cortaba las disputas. Era muy celoso del bien de las almas, y por esto se ejercitó con mucho fruto hasta los últimos años de su vida en las funciones del Instituto, en especial en las santas misiones.
Era tan retirado de tráfagos, que para que no le hiciesen procurador, llevaba en público por el corredor los dineros, como haciendo alarde de manejarlos. Tan humilde, que temiendo le hiciesen superior, comenzó a chancear para que le tuviesen por loco. Tan reverente en la iglesia, que habiéndosele trastornado el juicio y haciendo locuras hasta la puerta de la iglesia, en entrando a ella se ponía serio, se quitaba el solideo, hacía genuflexión hasta tierra y adoraba con gran devoción al Señor, diciendo: Alabado sea, etcétera y continuaba arrodillado orando. Asimismo en este estado de falta de juicio, asistía puntual al rezo, quería decir misa, le que no se le permitía, y antes de acostarse hacía muchos actos de contrición arrodillado, lo cual prueba su virtud y devoción anterior de que tenía tal hábito. En este estado tuvo una retención de orina que poco a poco le acabó, sin volver a su juicio… y murió plácidamente, según se cree, en el buen estado en que el trastorno le había hallado».







