Natural de Pozán de Vero, cerca de Barbastro, vio la luz el 1 de marzo de 1799. fue admitido en la casa de Guisona el día de Santiago de 1816 y dos años más tarde hizo los votos (26 de julio), en Barcelona, habiendo recibido ya para entonces las órdenes menores. En marzo de 1821 fue destinado a Barbastro y, al pasar por Lérida, fue ordenado de diácono, no pudiendo recibir entonces el presbiterado, a causa de no tener la edad. Pasó a Badajoz en mayo de 1829, siendo nombrado director de los ordenados. Vino destinado a la casa de Madrid en agosto de 1831. Cuando sobrevino la persecución de las Congregaciones religiosas, se refugió en Italia, dejando fama de orador, sobre todo en Nápoles. Todavía conservamos varios volúmenes manuscritos de las pláticas que dirigió allí a los eclesiásticos. Vuelto a España, fue secretario del P. Roca y su brazo derecho en la organización y dirección de las Hijas de la Caridad en nuestra patria, dejándonos notas curiosas para su historia en el Compendio de la Historia de San Vicente de Paúl y de las Hijas de la Caridad, que publicó en 1844. A fines de este año, fue como subdirector, en compañía del P. Armengol, con las primeras Hermanas que fueron a Méjico. Por esta causa no pudo desempeñar cerca de Isabel II el honoroso cargo para que había sido designado, de ser su profesor de italiano. En Méjico desplegó las alas de su ardiente celo en el púlpito y en la prensa. Fue Visitador de los Misioneros y Director de las Hijas de la Caridad en aquella República desde 1853 hasta 1862, en que, después de haber pasado visita como comisario extraordinario en España, se quedó aquí con los mismos cargos y con el de superior de la casa de Madrid. Las revueltas, sobre todo internas, de aquel tiempo le dieron mucho que sufrir; pero por fin, en mayo de 1866, se realizó su sueño dorado: que viniera a ocupar su puesto el P. Maller. Al año siguiente fue con el cargo de superior a restablecer la casa de Barcelona, pidiendo por medio de una circular recursos para levantar una nueva; pero la revolución le obligó a regresar pronto a Madrid, acabando aquí sus días el 17 de mayo de 1869.
P. Ramón Sanz







