Nació el 21 de abril de 1776 en La Bisbal del Panadés (Tarragona) y fue admitido en la Congregación el 17 de diciembre de 1796, haciendo dos años después los votos, el 18 de dicho mes. Falleció en Madrid, adonde había venido para asuntos de la Congregación y de las Hermanas, el 20 de octubre de 1817. «Aunque este señor—refieren las Memorias—por ser de muy poca salud, pudo aplicarse poco a las funciones del Instituto; no dejó por esto de ser muy útil a la Congregación. Porque primero fue empleado en enseñar, cuyo cargo desempeñó a satisfacción, a pesar de su natural melancólico y estilo algo oscuro que procuró esclarecer. Lo segundo en la asamblea que el año 1816 [1815] se hizo en Guisona, fue nombrado, por su gran prudencia, segundo Asistente del Vicario general de España, a quien también por su buena pluma servía de secretario. Vino el mismo año a Barcelona [16 de septiembre de 1816], desde donde luego fue destinado a Valencia para preparar la fundación que de Misioneros meditaba el señor Arzobispo en aquel reino; y de allí fue enviado a Madrid para correr estos asuntos y los de las Hermanas de la Caridad, y es muy regular hubiera sido empleado en el gobierno de la nueva casa de Valencia y aun en otros mayores, a no haber muerto tan joven. Porque, en efecto, era tal su prudencia, que tanto el señor Arzobispo como los palaciegos, y cuantos le conocían, le estimaban mucho y sintieron partiese a Madrid, y mucho más su muerte, creyendo no llegarían a tener allí otro señor de tonta prudencia como él. Era sumamente observante, no pudiendo sufrir se alterase la más mínima cosa, no sólo por disminución, mas ni aun por añadidura, y cuando iba a pasear con los novicios, llevándole consigo el Director del noviciado para procurar su salud, siempre les exhortaba a aprovecharse mucho del noviciado; pero por el camino común, sin ninguna singularidad; y era festivo y divertido así con ellos como con todos los demás de casa, y muy afable con los externos. Con estas buenas disposiciones y el buen ejemplo que daba, enfermó en Madrid, y dando muy buen olor de Cristo en su enfermedad, de que quedaron muy edificados todos los externos que le asistían y visitaban, y habiendo recibido con gran devoción los santos sacramentos, murió tranquilamente en el Señor. A su cuerpo se hicieron en la Corte muy honrosas exequias y fue sepultado en el cementerio de S. José de Madrid».
P. Juan Sendra







