Natural de Reus, donde nació el 24 de noviembre de 1785. Luchó denodadamente contra los franceses en la guerra de la Independencia. Siendo ya sacerdote y doctor en teología, ingresó en la Congregación el 29 de noviembre de 1816 y dos años más tarde, encontrándose ya destinado en la comunidad de Sot de Chera (Valencia), hizo allí los votos (30 de noviembre). Trasladado luego a Barcelona, trabajó en algunas misiones, y con el fin de gestionar más pronto la venta de la primitiva casa para Hospital militar, vino a Madrid, y una vez logrado el intento, dirigió la construcción de la nueva casa de Barcelona, ahora cárcel de mujeres. Asistió como diputado a la asamblea provincial, tenida en Valencia en la primavera de 1829. Cuando sobrevinieron los tristes acaecimientos de 1835, era procurador de la comunidad de Barcelona, cargo que desempeñó con mucha actividad y acierto. Dirigió con pasmosa serenidad la defensa de la casa contra las turbas revolucionarias, dando mientras tanto lugar a que viniera la fuerza pública y pudiera retirarse la comunidad a Monjuich. El 16 de agosto de 1835, elevó una exposición al Ayuntamiento de Barcelona, pidiendo los objetos pertenecientes a la comunidad; pero no parece que le hicieran mucho caso. Más tarde, emigró a Italia y, encontrándose de profesor en la casa de Sarzana, propuso junto con el P. Costa, al P. General el modo de restablecer la Congregación en España. Salió poco después para los Estados Unidos y fue algún tiempo profesor en el seminario de Asunción, establecido en 1838 por el P. Armengol. Pasó luego a Méjico y desempeñó el cargo de superior de la casa de Puebla, desde fines de diciembre de 1846, hasta su muerte, acaecida el 14 de julio de 1850. «Fue muy apreciado por su caridad, humildad y afabilidad», afirma el P. Vigo en la curiosa e interesante Memoria histórica, sobre las obras de los Misioneros e Hijas de la Caridad en Méjico. (Anales, t. XIX, pág. 231).
P. Juan Bautista Figuerola







