De Barbastro, donde fue bautizado el 10 de marzo de 1802. Ingresó en la Congregación el 29 de septiembre de 1818. A causa de las revueltas de la época, hizo primero los votos condicionalmente y luego de modo absoluto. Huyó con los demás a Barbastro en 1822. De allí regresó a Barcelona, siendo ya Subdiácono, en julio de 1824. Encontrándose en Reus, tomando baños, fue destinado a Barbastro en agosto de 1826. Vino a Madrid en febrero de 1828 y figura como Procurador de la casa, al instalarse la nueva Comunidad. Pasó, a los pocos meses, a Valencia y de allí volvió en abril del año siguiente a Barbastro. Al empezar los estudios, «comenzó también a padecer del estómago, mal común a todos sus hermanos, que por él murieron en la flor de su edad. Este mal fue creciendo sin que le curasen ni las aguas de Panticosa, ni las de la Espluga de Francolí, ni las de Puertollano, aunque algunas veces le aliviaban por algún tiempo». Por no poder aplicarse a los ministerios del Instituto, se apoderó el tedio de su espíritu y «con pretexto de mantener a su madre, que era viuda y a quien, según creo, se le habían muerto ya los otros hijos; no obstante que el Ilmo. D. Jaime Fort, Obispo de Barbastro, le daba para la manutención de dicha señora, su madre, una cuartera de trigo mensual, y la Congregación, creo, tres reales de vellón diarios, se fue de la casa de Barbastro con licencia del señor Superior General para estar algún tiempo en el siglo, en 16 de febrero de 1831. Pero habiéndose posteriormente sabido que a principios de abril del mismo año había logrado dispensa de los votos del Nuncio de Su Santidad, fue enteramente dimitido por el señor Superior General».







