Capítulo Primero
Sus estudios. Superior de Barbastro. (1771-1825)
Natural de Torelló (Barcelona), diócesis de Vich, nació el 13 de febrero de 1771, ingresando en la Congregación de la Misión el 16 de mayo de 1788. Fue su director en el noviciado el P. Viñas, y algún tiempo, al final, el P. Jacinto Camprodón, ante quien hizo los votos el 17 de mayo de 1790.
Según parece, además de las humanidades, había estudiado ya la filosofía, cuando entró en la Congregación; porque de 1790 se conservan algunas anotaciones, de su puño y letra, sobre los principales puntos de la teología dogmática, con el fin de tenerlos más presentes en la memoria, entresacados del Manual de los Tomistas de Gonet; de donde se deduce que empezó el citado año los cursos de teología. En ello nos confirma otro cuaderno suyo de anotaciones a la teología moral de Antoine, dadas por el profesor de dicha asignatura en nuestra casa de Barcelona, P. Sobíes, al empezar el curso de 1793. De estos y otros apuntes y anotaciones se desprende que el P. Feu fue desde sus primeros años muy aplicado, curioso y metódico.
Hay entre sus apuntes una meditación sobre el amor que los estudiantes deben tener al estudio, que si es original del P. Feu, la escribió sin duda más adelante, quizá para los del seminario de Barbastro, del que fue superior. Hace resaltar en el primer punto la grave obligación que pesa sobre los estudiantes de consagrarse al estudio; porque es obligación de su estado y, si no se cumple, se pierde el tiempo, «cosa tan preciosa y que nunca lo ha de volver a hallar; se hace inútil para lo restante de su vida» y con la ociosidad llena de pecados su alma; «disgusta mucho a sus padres que gastan para mantenerle lo que les cuesta muchos sudores, y tal vez se lo quitan de la comida»; falta a la obediencia a sus maestros, escandaliza a sus condiscípulos y frustra las esperanzas que sobre él tenían la familia, la patria y la Iglesia. Tres cosas mueven al hombre en el cumplimiento de sus obligaciones, dice en el segundo punto: el bien honesto, el bien útil y el bien deleitable, los cuales se hallan con un modo muy relevante en el estudio». Con él se ennoblece el entendimiento, se gana fama, honra y gloria, trae bienes incalculables al individuo y a la sociedad, y, finalmente, «es tan grande la suavidad, tan continuo el gusto, tan seguro el deleite en el ejercicio de las letras, que un filósofo decía: que no entendía que hubiese cosa suave sin el estudio de las letras.» Respecto del modo de estudiar recuerda y comenta las palabras de San Bernardo: Quid ergo dicit modus sciendi? Quid rusi ut scias quo ordine, quo studio, quo fine? Exhorta con palabras encendidas a hermanar la pureza de vida con el estudio, y a consagrarse a él con ardor y prudencia, para conocer la verdad, regirse a sí mismo, edificar al prójimo, ser útil a la Iglesia y procurar la gloria de Dios.
Una vez concluida la carrera y ordenado de sacerdote, no sabemos a qué le dedicaron ni a qué casa fue destinado. En 1798 estaba en la Comunidad de Barcelona según consta por el ex libris que estampó en los Pensamientos de Pascal sobre Religión, traducidos al español y editados en Zaragoza en 1790. Por faltarle a su ejemplar el primer pliego, copió el P. Feu, con mucha limpieza y curiosidad, de otro ejemplar completo, lo que le faltaba al suyo, aunque omitiendo parte del prefacio del traductor D. Andrés Boggiero, «por no ser todo necesario», según advierte en una nota.
El 24 de mayo de 1810, en compañía de los PP. Escarrá y Vilera, llegó el P. Feu a Mallorca, huyendo de los franceses. Allí dio algunas veces ejercicios a los ordenandos; pues es de advertir que entonces, además de los de la diócesis, los practicaban en la casa de la Misión otros de la península, fugitivos de las tropas de Napoleón.
Del libro del personal de la Comunidad (le Barbastro copiamos la siguiente nota, escrita por el propio P. Feu: «A los 20 de mayo de 1813 llegó a esta casa, para Superior de ella, el Sr. Fortunato Feu, sacerdote, enviado del [por el] Sr. Vicario general D. Felipe Sobíes desde la de Mallorca en la cual estaba como forastero e individuo de la casa de Barcelona: Le acompañaron el Sr. Juan Cuéllar y el hermano Jaime Capó, coadjutor».
A causa de los trastornos de la guerra de la Independencia, dispersión de los individuos de la Comunidad y muerte del último Superior, P. Lacambra, encontró et P. Feu muy embrolladas las cosas del Seminario de Barbastro y tuvo que trabajar lo indecible para salvar los cuantiosos intereses de la casa y ponerlo todo en orden. Algo de esto se trasluce de la siguiente carta escrita al presbítero de Graus, D. José Arnés, uno de los ejecutores testamentarios del P. Lacambra, y fechada en Barbastro a 11 de marzo de 1814: da a dicho albañil, y piense si de los bienes del Sr. Lacambra podría satisfacerse; pues no dudo que esta sería la intención de dicho señor; y sírvase escribirme lo que sobre esto tengo de responder al dicho albañil, pues es justo que sea satisfecho; pero injustísimo que yo lo verifique de los bienes de la Congregación, de que únicamente puedo disponer a favor de ella».
Pero no estaba la dificultad principal en pagar cuentas atrasadas, sino en cobrarlas de los arrendatarios de los bienes del Seminario. Sin embargo, el P. Feu con método, tenacidad y constancia logró ponerlo todo en buen orden, aumentando con su excelente administración los bienes de la Comunidad.
Entre las adquisiciones fue una de las principales la compra de la fábrica dé jabón de los hermanos Francisco y Florencio Romero, situada entre el Hospital y el Seminario, al que perjudicaban grandemente las lejías y escorias de la fábrica, no sólo con el mal olor que despedían, sino también inutilizando con sus filtraciones las aguas de la noria del Seminario, tanto que no las podían utilizar siquiera para regar la huerta. Cerraron el contrato el 15 de «diciembre de 1815, abonando la Comunidad por la citada fábrica 608 duros que les prestó, y condonó, poco después, el rector de Coscojuela D. Mariano Lera. Al anotar estas cosas el P. Feu, hace a los Superiores que le sucedan la siguiente advertencia: «Aunque vean que el tal edificio es de poca utilidad para la casa, no sean fáciles en venderle, o no lo vendan, sino con la condición expresa de que no se pueda en él fabricar jabón, para no exponerse a los grandes inconvenientes arriba explicados».
Más adelante fue asimismo el P. Feu nombrado ejecutor testamentario de los cuantiosos bienes del P. Lacambra.
Puso también en orden los bienes de las Hijas de la Caridad de aquella población, como se echa de ver por un Cuaderno de las casas y Huertas de las Hijas de la Caridad de la ciudad de Barbastro. Año de 1816, de su puño y letra, que se guarda en el Archivo del Real Noviciado de las Hermanas. Comisionado por el Ilmo. Sr. Obispo, bendijo el P. Feu, el 28 de diciembre de 1815, la capilla del Colegio de las Hijas de la Caridad, de Barbastro.
Asistió a la Asamblea tenida por los Misioneros españoles durante el verano de 1815, según consta de la carta que el 18 de septiembre del citado año escribió desde Barbastro al Sr. Arnés:
«Aunque haya tardado tanto en contestar a su apreciada de primeros de agosto, no crea usted que haya olvidado el asunto.
«Estaba yo en Guisona desde últimos de julio y ocupadísimo en los asuntos del Capítulo Nacional que allí celebramos, cuando recibí su carta. Al mismo tiempo se trató de que yo debería ir a Pamplona en concluyendo el Capítulo, y desde luego formé idea de hacer por mí mismo personalmente el encargo que deseaba usted; pero por la variación de sujetos de esta casa, y las circunstancias ocurrentes de ordenandos y Ejercicios del Clero, se ha juzgado conveniente destinar otro sujeto para dicho viaje…».
Vese por estas y otras notas que hemos podido encontrar cómo el P. Feu reanudó la obra de las misiones y ejercicios, interrumpida por la guerra de la Independencia, continuando, además, en el Seminario las cátedras de teología moral y pastoral, para la preparación próxima de los aspirantes al sacerdocio.







