CAPITULO III
El P. Nualart y la introducción del Instituto de las. Hijas de la Caridad en España.—El P. Nualart y los Hermanos de! Hospital de la Santa. Cruz. de Barcelona.—Últimos días y muerte del P. Nualart (1792-1793).
Hacía ya más de setenta años que se había establecido la Congregación de la Misión en España. De las Hijas de la Caridad, fundadas también por S. Vicente de Paúl, apenas se tenían aquí; más noticias que las contenidas en las dos vidas del Sano, hasta entonces publicadas en español. a saber: la del agustino Fr. Juan del Santísimo Sacramento, impresa en Nápoles en 1701, y la del trinitario Fr. Eusebio del Santísimo Sacramento, que se imprimió en Roma al año siguiente de la beatificación del insigne apóstol de la caridad.
El P. Nualart, conocedor y en muchos casos testigo ocular del bien que en Francia y en otras naciones hacían las Hijas de la Caridad y excitado también por algunas personas externas, trató de introducir en España tan benemérito Instituto. Expuso sus deseos, encontrándose en París, al Superior y a la Superiora General de las Hijas de la Caridad. El P. Jacquier vino en ello, con tal que se encontraran en España jóvenes que quisieran ingresar en el Instituto, pasando a instruirse y formarse en París, y luego que estuvieran capacitadas, pudieran echar en la península los fundamentos de la Congregación de las Hijas de la Caridad.
De regreso a su -patria, el P. Nualart, valiéndose de algunos misioneros y eclesiásticos amigos suyos que dieron a conocer su intento, encontró seis jóvenes que deseaban consagrarse a Dios en la compañía de las Hijas de la Caridad, estando dispuestas a ir a Francia y permanecer allí todo el tiempo necesario para su completa formación. Cuatro de ellas eran catalanas y dos aragonesas. Cerciorado el P. Nualart de la decidida vocación de estas jóvenes y bien instruidas por él acerca de la congregación en que iban a ingresar, salieron de Barcelona el 18 de marzo de 1782, y siguiendo probablemente el camino de la marina por Mataró, Calella y Torciera, donde serían muy bien recibidas y tratadas por las familias de Antonia Andreu y del P. Nualart, cruzaron la encantada región ampurdanesa, pasando por Gerona y Figueras, atravesaron los Pirineos por La Junquera y, dejando atrás Perpiñán, llegaron a Narbona después de cinco días de viaje. Allí, siguiendo las indicaciones del P. Nualart, permanecieron cinco meses, repartidas en dos casas de las Hijas de la Caridad, para imponerse prácticamente en los ejercicios y ocupaciones de éstas.
Una vez hecha la prueba y confirmándose– más y más en sus santos propósitos, partieron a mediados de agosto del mismo año para París, siendo recibidas en el noviciado de las Hijas de la Caridad el día 25 de dicho mes. Así que concluyeron el noviciado y vistieron el santo hábito, «fueron destinadas a distintos establecimientos de beneficencia, en los que permanecieron desempeñando los pesados deberes de su vocación hasta el año 1790, en el que hallándose ya suficientemente instruidas, se creyó llegado .el tiempo de que regresasen a España».
No contento con esto el P. Nualart, publicó en el verano de 1782 un folleto de 14 páginas en 4.° menor titulado Breve noticia del Instituto de las Hijas de la Caridad. Después de contar el origen de las Hijas de la Caridad, señala las condiciones que han de tener las jóvenes que desean entrar en esta Congregación. «Deben ser de familias honradas —dice— y de linaje que no tenga mancha o borrón alguno: que antes de entrar, sean ya virtuosas y ejemplares, de experimentadas costumbres y que hayan traído [llevado] una vida irreprensible: que tengan salud y robustez, sin ningún achaque corporal: que sean de una buena estatura, y que tengan la vista aguda y perspicaz: que sean igualmente dotadas de una inteligencia suficiente y capaz, para ser formadas aptas e idóneas para los diferentes empleos que después han de ejercitar: que sepan bien leer y un poco de escribir; pero que se espere de ellas que con el tiempo se puedan perfeccionar en esto: que su edad sea de diez y ocho hasta veintiocho años, a lo –menos que no exceda de los treinta; y por último, que tengan amor al trabajo y afición a las cosas de espíritu».
Los fines del Instituto de las Hijas de la Caridad, son dos: el primero, procurar la santificación propia, y el segundo ejercer todas las obras de misericordia con los pobres, mayormente enfermos, dejando por esto, si es necesario, hasta los mismos ejercicios de piedad. Indica los medios que tienen de santificación y su vida de comunidad, y luego prosigue: «Para el desempeño del segundo objeto, se aplican ya desde los primeros años de su ingreso a aprender un poco de Medicina y algo de Botánica; a componer medicinas con sus propias manos, teniendo en sus casas unas muy bellas y abundantes boticas; pero sin que jamás vendan a nadie ni una sola medicina, sino que únicamente sirven para los pobres enfermos que no pueden comprarlas. Aprenden asimismo a sangrar y curar en las cosas más obvias y manuales; cuidan de los hospitales: visitan a los pobres enfermos de las casas particulares, les sirven, asisten, socorren y consuelan, les animan a sufrir con paciencia y con resignación los males que padecen, teniendo para, esto una muy especial habilidad y singular don de Dios y, por último, les disponen para recibir los últimos sacramentos, hasta asistirles ellas mismas si es necesario, en el postrer trance, ayudándoles a bien morir con tanta ternura y devoción, que hasta eclesiástico, versados en esto, confiesan no hacerlo tan bien, como ellas lo hacen».
Habla después en particular, de los servicios que prestan en los hospitales, asistiendo, a todos «con tanto amor y caridad como si fuesen sus mismos hijos o hermanos», es decir, como a miembros de Cristo; y por esto «no experimentan pena ni fastidio en servirles, en tratarles con respeto y en ser muy diligentes para consolarles y sufrirles sin ningún lamento ni especie de queja, antes con mucho cariño, afabilidad y singular dulzura pasan noche y día asistiéndoles alrededor de sus camas: ellas sacan la inmundicia, les componen las camas (las que procuran sean siempre bien aseadas y pulidas, les curan con mucha paciencia las llagas, les sangran, y, por último, emulando la caridad del santo Tobías, ellas, a imitación suya, dejan gustosas hasta la comida para amortajarles y darles sepultura con sus propias manos después de muertos».
Además visitan de continuo a los enfermos pobres de las parroquias, sirviéndoles, socorriéndoles, según su posibilidad, consolándoles, instruyéndoles, aún en lo espiritual, y ejercitando con ellos toda suerte de obras de misericordia; mas para .evitar peligros, procuran en estas ocasiones ir siempre de dos en dos, o a lo menos acompañadas de alguna otra mujer que sea caritativa y honrada».
«Y habiéndose todavía manifestado más. los designios que Dios tenía sobre ellas, su santo fundador las destinó también con el progreso del tiempo para que cuidasen asimismo de los hospicios de los pobres…; para que se encargasen de la- recepción, conservación y educación de los expósitos y espurios, habiendo con esto dado a innumerables la vida corporal y espiritual: para que hiciesen escuela a las pobres muchachas, enseñándolas a leer, hacer labores de mano, y en especial instruyéndolas bien en los principios de nuestra Santa Religión, en los rudimentos de la doctrina cristiana, en las disposiciones para recibir útilmente los santos sacramentos, y radicarlas en la modestia y santo .temor de Dios con que deben siempre vivir; asimismo para que cuidasen de las casas de retiro, donde las damas, señoras y demás de este sexo se recogen para hacer los ejercicios espirituales, cosa tan útil e importante; y, por último, aun en tiempo de guerra envió el Santo algunas de estas Hijas hasta la Lorena y Picardía para el servicio y asistencia de los pobres soldados enfermos y heridos».
«Y han desempeñado siempre con tanta satisfacción y edificación cuanto se les ha encargado y confiado, que son indecibles los buenos efectos y abundantes frutos que de todo esto se han conseguido; son innumerables los pecados y desórdenes que por este medio se han evitado, y no es fácil decir las muchas damas y señoras que se han, no sólo reformado en sus trajes y vanidad mas aun dádose enteramente a la devoción y a la piedad: con lo que se ha visto sensiblemente ser estás Hijas de la Caridad con especial modo asistidas de la divina Providencia y protegidas de su poderosa y celestial mano. Y por esto son ya por todas partes la admiración, no sólo de los ‘católicos, más aún de los mismos herejes e incrédulos: hasta Valter se hace lenguas para alabarlas y elogiarlas. admirándose que este Instituto, siendo en su principio como el pequeño grano de mostaza, en breve haya crecido y extendido tanto sus ramas, que se haya formado un árbol muy grande y maravillosamente extendido; pues entre Francia, Polonia y los Países Bajos se cuentan seis mil de estas Hijas, y más de trescientas casas suyas»…
Enumera sus obras, particularmente en París y Versalles, y concluye diciendo: «Se da ahora una breve noticia de todo esto al público, por juzgarse sería muy de la gloria de Dios y de grande utilidad para nuestra España que se fuesen introduciendo estas Hijas, no sólo en las ciudades, pero aun en las más principales villas, ya que nuestro Católico y tan piadoso Monarca, con su celoso Ministerio y Supremo Consejo, ahora más que nunca discurre y trabaja Tara el común alivio y enseñanza de toda suerte de pobres. Dios nuestro Señor se digne mover los corazones de todos los que pueden contribuir a tan santa obra. Amén.»
Tal es la noticia e idea exacta que de la verdadera Hija de la Caridad dio el P. Nualart a sus compatriotas, para encenderlos en deseos de introducirlas en España. Pocos meses antes de su muerte le concedió el Señor verlas establecidas en el hospital general de Barcelona.
Por los años de 1783 frecuentaba las salas del hospital de Santa Cruz, de Barcelona, un hombre de mucha fe y de gran corazón, llamado Jaime Sayrols, vecino de la misma ciudad, que se dedicaba a la venta de ropas. Viendo las deficiencias de servicio en el hospital, concibió el proyecto de reunir unos cuantos amigos para encargarse de la asistencia a los pobres enfermos. Al año siguiente pudo presentarse con otros nueve compañeros ofreciendo, en calidad de Hermanos, sus servicios a la administración del establecimiento. Antes de admitirlos, determinaron los administradores «que el día 19 de Marzo de 1784 entraran en la casa de la Misión para hacer los ejercicios espirituales por cinco días y fueron vestidos en dicho seminario el día referido 19 de marzo de 1784 en presencia del Sr. Nualart, superior de dicha casa, de la Misión, y después de cinco días, que fue el 24, fueron acompañados, después de una plática que hizo dicho Sr. Nualart superior, en procesión en compañía de dos señores del Seminario y de los administradores del hospital, instalándoles en el benéfico establecimiento, y quedando bajo la dependencia de la administración. Tal fue el origen de los Hermanos de la Caridad del Hospital de la Santa Cruz de Barcelona que más adelante se establecieron también en Mataró, Gerona y Olot. Los que ingresaran de nuevo, después de ser probados, para su admisión definitiva, tenían que practicar cinco días de ejercicios espirituales en la casa de la Misión.
Los administradores dieron a los Hermanos las constituciones por las que se habían de regir. En ellas se ve la mano del P. Nualart, imponiendo a los Hermanos muchas, de las prácticas piadosas de la Congregación de la Misión. Veánse, por ejemplo, algunos de los artículos:
12. «Dormirá cada uno de los Hermanos en su aposento, se levantarán a las cuatro de la mañana y a las cuatro y media se reunirán en la capilla para hacer la oración mental y otros ejercicios que practican los Padres de la Misión, concluidos estos irán a oír misa, comerán a las once y media y tanto en el tiempo de comer como de cenar en el refectorio, uno de los Hermanos elegido por el Padre [así llaman al que hace de superior] leerá en alta voz un libro espiritual o de las vidas de los Santos. La cena será a las siete y media de la noche y antes de cenar rezarán el santísimo Rosario; después de cenar tendrán tres cuartos de hora de recreo y a las nueve harán el examen y uno de los Hermanos leerá el punto de meditación para el día siguiente y se retirarán…
14. Cuando alguno de los Hermanos tenga que salir de casa, deberá pedir licencia al Padre, o al que ocupe su lugar, irán siempre acompañados y ninguno de ellos dormirá fuera de casa sin licencia del Sr. Administrador y al volver deberá presentarse al Padre o al que ocupe su lugar…
20. Ocuparán los Hermanos los aposentos por opción y sólo tendrán en él una imagen de Cristo Crucificado y otra de María Santísima, una mesa, libros espirituales, dos sillas y la cama y no podrán los Hermanos estar dos dentro de un aposento, y cuando alguno de ellos tenga que hablar a otro lo practicará de pie y de puertas afuera del aposento».
Con razón, pues, consideran aun hoy día los Hermanos de la Caridad del Hospital de la Santa Cruz, de Barcelona, al P. Nualart como a su principal fundador. A él indudablemente y a la casa de la Misión deben su espíritu sencillo, piadoso y abnegado.
En otoño de 1788 fue enviado segunda vez el P. Nualart de superior a la casa de Palma de Mallorca, donde vivió todavía poco más de dos años, continuando muy prósperas y florecientes las obras de aquella comunidad.
He aquí cómo nos cuenta su última enfermedad y muerte el libro de difuntos de la antigua y venerada casa-misión de Mallorca: «20 de noviembre de 1790, a las ocho y media de la mañana murió el Sr. Fernando Nualart, superior que era de esta casa. Su enfermedad fue un vómito de sangre que le sobrevino el 19 de dicho mes y año hacia las cuatro de la tarde; aquel mismo día había comido con la Comunidad en el refectorio y por la mañana había salido a confesar una enferma. A media noche le repitieron con mucha abundancia los vómitos… Vino el médico a las dos de la noche, dio algunas esperanzas; mientras tanto el Sr. Nualart se reconciliaba. A las cuatro le volvió el vómito de sangre, y ya no tenía fuerzas para arrojarla y torciendo el cuello se quedó sin sentido. Le dieron la absolución, pues le sobrevino el accidente al terminar la confesión y decir las palabras a Vrnd. la penitencia, etc. Fueron a buscar el Viático y la Extremaunción y mientras tanto volvió en sí y pudo recibir todos los sacramentes con todo el conocimiento. sobre todo el de la penitencia para el que se había preparado mucho antes de sobrevenirle el último ataque que fue a las cuatro, Después de comulgar y recibir la Extremaunción, serían las cuatro y cuarto., cuando perdió ya casi del todo el conocimiento, bien que de vez en cuando decía él solo alguna jaculatoria. Vino ya enfermo de Barcelona y jamás recobró la salud. Fue enterrado el 21, habiendo cantado con mucha solemnidad un oficio el día anterior la Comunidad de Santa Eulalia. Cantó la Misa el Dr. Company, asistiendo dicha Comunidad siempre gratis».
Así acabó sus días el segundo Visitador de la Congregación de la Misión en España.
Hombre inteligente y activo, .debe ser considerado al propio tiempo como uno de los más beneméritos de la religión y de la patria, por haber dado a conocer y deberse a él principalmente la introducción de las Hijas de la Caridad en España que sólo Dios sabe el bien que han hecho y hacen en nuestra nación.
Ellas y los Hermanos del Hospital de la Santa Cruz, de Barcelona, son la mejor corona de aquél verdadero hilo de San Vicente, celoso, bueno y caritativo que proporcionó esmerada asistencia a los enfermos e instrucción a la niñez pobre.







