Era de Barbastro y fue bautizado el 6 de marzo de 1797. Ingresó en la casa de Guisona el 25 de julio de 1816, haciendo los votos dos años después (26 de julio) en Barcelona. Le enviaron en marzo de 1821 a cursar moral en Barbastro, y a su paso por Lérida fue ordenado sacerdote. Continuó en su ciudad natal hasta febrero de 1828, en que fue destinado a la nueva casa de Madrid para profesor de Teología, «en cuyo tiempo habiendo sido reprendido de haber soltado alguna proposición (aunque tal vez no más que por chiste), delante de algún externo, de desprecio de los catalanes, y figurándose se le imputaba ser autor de cierta división que el Superior General reprendía en aquella casa, entre catalanes y aragoneses, se sintió de tal modo, que en algunos días estuvo fuera de sí, sin querer hacer el aula, mirando como contrarios a sus mismos discípulos; de modo que fue necesario que el Superior y Visitador, que era el señor Feu, hombre de mucha prudencia, le diese alguna satisfacción por lo que en público había dicho, y llamándole delante de sus discípulos y haciéndole ver no habían dicho de él, lo que él creía, le reconciliase con ellos. De tal manera se olvidó todo esto, que a principios del año siguiente fue nombrado por la casa de Madrid diputado para la asamblea provincial que se tuvo en la casa de Valencia. [Hubo reparos sobre la legitimidad de su elección, por sospecharse con fundamento haber precedido convenio para que recayese en él]. Estando allí le vino orden para que se quedase por individuo en la casa de Valencia. Entonces, renovando la materia de lo pasado, creyendo que, el nombrarle diputado habla sido trama para sacarle de profesor, y teniendo qué sé yo que siniestra opinión del señor Roca, Vice-Visitador, pensando que era abatido y que se le hacia manifiesta injuria; dejando una carta en que decía, que después de haberlo bien mirado, se había resuelto a marchar, se fue secretamente el día 2 de mayo de 1829, a mediodía. Mas poco después, con lágrimas en los ojos, pidió al mismo señor Roca, hecho ya Visitador, le volviese a admitir. A que contestó dicho señor, que esto tocaba al Superior General. No obstante, todo esto, debe decirse en abono del señor Fantova, que siempre había sido muy aplicado y observante». Cuando se restableció la Congregación, y siendo Visitador el P. Armengol, pidió de nuevo ser admitido; pero, según parece, no accedieron a sus deseos.
P. Eusebio Fantova







