P. Enrique Rodríguez Paniagua, C.M.

Mitxel OlabuénagaBiografías de Misioneros PaúlesLeave a Comment

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Author: · Year of first publication: 2014 · Source: Anales Madrid.
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Biografias PaúlesEl 28 de abril de 2014 nos dejó Enrique Rodríguez Paniagua (1922- 2014), una de las personalidades señeras de las humanidades salmantinas de la segunda mitad del siglo XX.
Él acostumbraba a presentarse como miembro de la Congregación de la Misión (PP. Paúles), doctor en Ciencias Clásicas y licenciado en Historia del Arte, profesor de Filología Griega, Historia del Arte y Estética en las dos universidades de Salamanca, especialmente en la Pontificia. Ha publicado ensayos, artículos y varios libros, de poesía sobre todo. Sin embargo, para todos los que lo hemos conocido ha sido mucho más que eso.
La personalidad cultísima del padre Paniagua estaba estimulada por una enorme curiosidad intelectual, despierta hasta el reciente 12 de abril, día en que ingresó en el hospital. Su vasto conocimiento de la cultura antigua lo llevó a estudiar las relaciones del mundo griego con el bíblico (como ejemplo El influjo de la figura de Orfeo en la iconografia de David músico); a traducir los escritos de San Basilio a los jóvenes sobre cómo podrían sacar provecho de las letras griegas; o a exponer, en la Pontificia, la influencia griega sobre Cy Twombly, el último genio del expresionismo abstracto norteamericano y coetáneo suyo.
Sabía del mundo antiguo, pero siempre nos enseñó que «normalmente el hombre despierto, de espíritu alerta y de cultura viva, desea comprender lo que se descubre en su época, desea vivir en su tiempo». Y esto es lo que lo impulsó a conocer, como pocos en España, y a tener su propia idea sobre la música nueva: dominaba la I I istoria de la Música, pero de forma exhaustiva la del siglo XX. Su amistad con Cristóbal Halffter o Luis de Pablo es buena prueba de ello.
Y de la música pasó a la pintura —tal vez de la mano de Paul Klee—. Conocía toda la Historia del Arte, pero sabía, como muy pocos, del arte del siglo XX. Lo que le sirvió para trabar una profunda amistad con lo más destacado del panorama artístico español de su tiempo: Camín, Antonio Suárez, Mompó, Sempere, Zóbel, Rueda, Rivera, Antonio Lorenzo y, sobre todos, Gustavo Torner, el más admirado y también querido, al estudio de cuya obra dedicó su afán varios años de su vida.
Los jóvenes artistas salmantinos, conscientes de su saber, le mostraban su obra o lo invitaban a sus exposiciones, porque su buen criterio les orientaba en el mar de dudas en que se movían. También asesoró a la que ha podido ser la galería de arte salmantina más interesante: Varrón.
Sus discípulos y amigos de las dos universidades son numerosos, como también lo son sus queridos alumnos de la Congregación de la Misión, entre los que destacaré, por su atención permanente hacia él, a Efrén Abad y Félix Velasco.
Enrique admiraba la belleza como reflejo de la belleza divina, porque lo alejaba del mundo y lo acercaba a Dios. Este espíritu animaba su creación literaria, su poesía. A modo de ejemplo procede reproducir aquí uno de sus sonetos más adecuados para la ocasión:
SONETO DEL SOSIEGO FINAL
Señor, en tu presencia estoy contento.
No temo tu inspección o mano dura,
porque sé que me hieres con blandura
y me quieres más de lo que siento.
De lo profundo clamo, cuando intento
con angustia emerger de la negrura,
y a lo profundo bajas con ternura
a sacarme, otra vez, del hundimiento.
Después de tanto miedo, al fin confío.
Después de tanto devanar, sosiego.
Después del largo lamentar, sonrío.
Ya no quiero tentar la nada, ciego.
Ya no digo: nacer fue un desvarío.
Y, pues conmigo estás, a Ti me entrego.
Uno de sus autores predilectos fue Rainer María Rilke. El epitafio elegido por el propio Rilke para su tumba tal vez fuera de su agrado y, sabedor como soy de su predilección por las rosas, desde aquí quiero depositarlo sobre la de Enrique a modo de homenaje permanente:
Rose, oh reinen Widerspruch, Lust,
Niemandes Schlaf zu sein unten soviel
Lidern.
Rosa, oh contradicción pura, placer,
ser el sueño de nadie bajo tantos
párpados.
Anales Madrid, 2014

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