Eleuterio Díez

Mitxel OlabuénagaBiografías de Misioneros PaúlesLeave a Comment

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Author: Aurelio Ircio, C.M. · Year of first publication: 1972 · Source: Anales españoles.
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Víctima de cruel y rápida enfermedad, dejó de existir a los cincuenta y ocho años de edad y treinta de vida religiosa, el Reverendo Padre Eleuterio Díez Pérez, sacerdote de la Misión de San Vicente de Paúl.

El súbito fallecimiento del Padre Díez, ha sido muy sentido en nues­tra ciudad, donde el finado llevaba veinte años perteneciendo a la Comu­nidad de PP. Paúles, que tienen a su cargo la parroquia de San Agustín, siendo igualmente capellán de la Divina Infantita, primero y en la actua­lidad de las Religiosas Adoratrices.

Nacido en el seno de una cristiana familia española y castellana, a instancia y solicitud suya, otro hermano, tres primos y seis sobrinos, siguieron el llamamiento divino, e ingresaron en la misma Orden, la mayoría, y otros pertenecen al clero secular. Los que son paúles llevados de sus afanes apostólicos se marchan a tierras de misión, contando con seis sobrinas, Hijas de la Caridad, es decir, una familia benemérita que ha dado a la Iglesia y a la Orden, más miembros, en sus dos ramas masculina y femenina.

El profundo pesar que el fallecimiento del Padre Díez ha producido en nuestra ciudad, se puso de manifiesto en el incesante desfile de per­sonas que pertenecientes a todas las clases sociales, pasaron durante el día de ayer por la parroquia de San Agustín, donde estaba expuesto el cadáver, como igualmente en la misa de corpore insepulto celebrada a las cinco de la tarde, en la que el templo resultaba insuficiente para dar cabida a tantas personas que deseaban asistir a dicho piadoso acto, ya que tuvieron que seguir la misa desde la plaza.

Fueron muchísimas las personas que acompañaron los restos mortales del Padre Díez al cementerio de la Purísima Concepción, donde antes de procederse al enterramiento leyó el oficio de Difuntos el R. P. Fer­nando Díez Marina, sobrino del extinto.

Descanse en paz el Reverendo Padre Eleuterio Díez Pérez y reciban los familiares, el superior de los PP. Paúles y comunidad, como igual­mente las religiosas orle lo tuvieron por capellán, la expresión de nuestra más íntima condolencia.

El Reverendo Padre Teófilo Ordóñez, en nombre de los familiares del Padre Díez, en el suyo propio y en el de la Comunidad de Padres Paúles, ante la imposibilidad de hacerlo personalmente, agradece a cuantas personas le han testimoniado su pésame, como a cuantos han asistido a la misa de «corpore insepulto» y entierro celebrado en el día de ayer.

* * *

A esta nota necrológica, publicada por un periódico de la localidad, añadimos algunos detalles que nos ha comunicado el P. Jesús Gómez, Ecónomo provincial, que intervino muy de cerca en los sucesos.

Había este Padre anunciado su llegada a Melilla por barco y el P. Díez se ofreció al Superior para ir a recogerle con el coche de la Comunidad. Llegaron sin novedad hasta aparcar frente a la puerta de la casa y el P. Gómez se bajó del coche y se dirigió a la puerta, extrañándole que el otro no le siguiera. Se volvió hacia él y le vio parado y sin hacer nada. Preguntando si le pasaba algo, pudo oirle que se sentía mareado. Al fin se arrancó a atravesar la calle, pero el P. Gómez, viendo que se caía, se adelantó a sostenerle y llevarle hasta la casa. Llamado el médico, diag­nosticó un derrame cerebral y dispuso se le llevara inmediatamente al hospital. Allí se le aplicaron, sin éxito, los remedios del caso, se le administraron los Santos Sacramentos, al parecer todavía con conoci­miento, y a las dos horas, aproximadamente, entregó su alma a Dios.

* * *

Al tratar de enterrarle, hubo algo digno de notarse, aunque ya no hace referencia a él. Puede ser que muchos de los lectores de ANALES recuerden que el año 1951 dieron los Padres una gran misión en Melilla, al fin de la cual murió uno de los Misioneros que en ella había inter­venido, el P. Bienvenido Pampliega, cuyo sepelio constituyó una impre­sionante manifestación de duelo de toda la ciudad. Sus misionados conti­núan aún conservando su recuerdo, pues siempre se ve su tumba cubierta de flores frescas y no hay que decir que también de plegarias, por las que muchos se reconocen deudores de gracias conseguidas.

Pues bien, al tratar de enterrar al P. Díez, se pensó aprovechar el mismo nicho en el que se enterró al P. Bienvenido, suponiéndose que, después de más de veinte años, sólo quedarían los huesos ya bien limpios. Mas al abrir el nicho, lo primero que se vio fue que la caja estaba completamente conservada y lo mismo después la casulla y el alba y los demás vestidos con los que había sido enterrado. Descubierta una pierna, se la encontró, a presión de mismo P. Gómez, sólida y resistente. Le­vantándolo por los pies, se mostró el cuerpo flexible y al bajarlos se quedó el cuerpo en posición natural. La cara también aparecía normal, con los ojos naturalmente cerrados, sólo el labio superior un poco ele­vado por un lado.

Al conocerse el hecho, naturalmente que ha aumentado la veneración en que le tenían todos los que le conocieron.

A ultima hora nos ha llegado una relación del Superior de la Comu­nidad, P. Teófiloo Ordóñez, de la que sólo tomamos unas notas que com­pletan la anterior.

De la impresión y resonancia de la muerte del P. Díez pueden darnos una idea las siguientes líneas del periódico local «El Telegrama de Melilla»:

«El señor Obispo de Málaga, al conocer la noticia, mandó inmediata­mente un telegrama que decía: «UNOME SENTIMIENTOS DOLOR COMUNIDAD Y FELIGRESES FALLECIMIENTO PADRE ELEUTERIO OFRECIENDO ORACIONES SUFRAGIOS ETERNO DESCANSO QUE­RIDO RELIGIOSO. CONCEDO GUSTOSAMENTE ACOSTUMBRADAS INDULGENCIA. OBISPO MALAGA.» El Comandante General Acciden­tal de la Plaza envió unas líneas de su puño y letra al P. Superior, en los siguientes términos: «Enterado del fallecimiento del P. Díez, le ruego acepte en mi nombre y transmita a los PP. de la Comunidad mi más sentido pésame. Cecilio Gómez García,-General Segundo Jefe.» Fi­nalmente, el Excmo. Ayuntamiento de Melilla, en sesión de la Comisión permanente Municipal del día 3 de abril, según aparece, junto con la esquela del difunto, en el mismo periódico, acordó: «Hacer constar en acta el sentimiento de la Corporación por el fallecimiento del Reverendo Padre Eleuterio Díez, y que se trasladará el acuerdo a la familia del finado y a la Comunidad de PP. Paúles.»

Y el P. Ordóñez, después de aplicarle como epitafio unas palabras del poeta Tagore: «Apaga, si quieres, tu lámpara. Yo conoceré tu oscuri­dad y la amaré», y como aún más propias, las del Evangelio: «Los humil­des serán ensalzados», termina poniendo su ficha biográfica:

Nació el 20 de febrero de 1915, en Rebanal de las Llantas (Palencia). Ingresó en el Noviciado de la C. M. el 17 de septiembre de 1932.

Se ordenó sacerdote el 29 de junio de 1941.

Desde el año 1941 hasta el 1949 estuvo destinado en la Apostólica de Tardaj os.

Desde el 1949 hasta el 1952, el la Parroquia de Gijón.

Y desde 1952 hasta su muerte, en la Parroquia de Melilla.

¡Descanse en paz!

 

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