P. Antonio Segura, Quinto Visitador

Mitxel OlabuénagaBiografías de Misioneros PaúlesLeave a Comment

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Author: Benito Paradela, C.M. · Year of first publication: 1928 · Source: Los Visitadores de la CM.
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El 19 de junio de 1765, vistió la sotana de Misionero en la casa de Barcelona el estu­diante Antonio Segura, nacido en Agramunt (Lérida) el 28 de setiembre de 1739. Hizo los votos el 20 de junio de 1767. En otoño de 1771 salió a misiones. La primera en que tomó parte fue la dada en Figueras (25 de octubre a 5 de diciembre) en compañía de los PP. Rull, Selles, Tatxer y Febrer. Era ya la tercera vez que los Hijos de San Vicente de Paúl misionaban la famosa villa ampurda­nesa que tenía entonces unas 4.000 almas de comunión. Pasó de ese número los que co­mulgaron solo el día de la comunión general, celebrándose por la tarde una gran procesión y predicando en la plaza. La misión resultó muy fervorosa y uno de sus efectos fue el que se decidiera la ampliación de la iglesia parroquial. Trabajó a continuación el P. Se­gura en las misiones de Perelada, Navata, La Bisbal y Palamós, predicando las doctrinas. Desempeñando el mismo ministerio asistió en los años siguientes a buen número de mi­siones dadas en los obispados de Vich, Gero­na y Barcelona. Ayudó también en casa en la grandiosa obra de los ejercicios espirituales.

El 2 de abril de 1775 partió de Barcelona para Barbastro en compañía del P. Maestro, llegando a su destino el día 6 de dicho mes. Le dedicarían probablemente a las misiones. En septiembre de 1777 fue llamado de nuevo a Barcelona; donde continuó trabajando en la obra de las misiones y ejercicios. A princi­pios de 1778 dio con el P. Gomis ejercicios al clero en Villafranca del Panadés.

En agosto de 1779 fue destinado a Guisona, y en noviembre de 1785 a Palma de Mallorca, donde sólo estuvo dos años escasos, ocupán­dose en las misiones y en los ejercicios a or­denados y a toda clase de personas. Volvió a Guisona en setiembre de 1787, y más adelan­te fue nombrado superior de aquella comu­nidad. Allí vivió muchos años consagrado a levantar con sus compañeros las cargas de la casa: el culto en su iglesia, las misiones y los ejercicios; pero, a causa del extravío de los libros y documentación, nos es imposible dar cuenta exacta de los trabajos del P. Segura en Guisona.

Siendo superior de la casa de Guisona, fue nombrado, probablemente en la primavera de 1814, Vicario general de la Congregación en España. El Vicario general P. Sicar­di, que estaba en Roma y del que dependían entonces las casas de la Península Ibérica y otras que estaban fuera de Francia, confir­mó, a 18 de diciembre de 1814, al P. Segura en el oficio para el que ya había sido desig­nado o aprobado por el Nuncio de Su Santi­dad en estos reinos, concediéndole asimismo la facultad de dirigir las comunidades esta­blecidas o que en adelante se establecieren de las Hijas de la Caridad en España, a fin de que todo se haga con orden en negocio de tanta importancia.

De varios documentos que obran en nues­tro archivo consta que los Misioneros españo­les celebraron en agosto de 1815 una asam­blea o capitulo en Guisona, para tratar, se­gún parece, del modo de conservar flore­cientes la observancia y el espíritu de la Congregación, como también sus ministe­rios en provecho de los prójimos. Parece que el Vicario tenía su residencia, con sus dos asistentes, en Guisona, donde por entonces se encontraba asimismo el noviciado. A me­diados de septiembre de 1816, habiendo que­dado libre la primitiva casa de Barcelona, convertida desde la invasión francesa en hos­pital militar, se trasladaron de nuevo a ella.

No consta que el P. Segura pasara visita en las casas, debido sin duda a los trastornos de la época. Hacia 1815 se estableció una pequeña comunidad de Misioneros en el Se­minario de Jarea en Sesa, fundado por los discípulos del Dr. Francisco Ferrer y Paúl, el mismo que había fundado el de Nuestra Se­ñora de la Bella en Castejón; pero duró muy poco la nueva fundación.

Refiriéndose a España dice el Vicario ge­neral P. Sicardi en su circular de 1.° de ene­ro de 1816: las obras de nuestro Instituto gozan allí de crédito así entre eclesiásticos como en el pueblo: son muy buscados los Misioneros y ejercen con éxito los ministe­rios, señal evidente de que entre ellos se mantiene el espíritu de la Congregación. También afirma que en el nuevo estableci­miento de Badajoz se trabaja con mucho pro­vecho del clero y del pueblo.

Respecto de la dirección de las Hijas de la Caridad que por aquellos años se establecie­ron en el Hospital de Pamplona (1815), en Madrid en el Hospital de Mujeres Incurables (1816), y Hospital y Escuelas de Mallor­ca (1816), aunque ésta última fundación se deshizo muy pronto, mostró el P. Segura lac­io y prudencia en las difíciles circunstancias porque entonces atravesaban las Hermanas, nombrando, a 16 de noviembre de 1816, superiora honoraria de ellas a la piadosa rei­na María Isabel de Braganza, se logró establecer la paz y unión entre las Hijas de la Caridad españolas.

Con autorización sin duda y quizá por ini­ciativa del P. Segura se imprimieron por primera vez en español, el año de 1815, en Barbastro las Reglas comunes de las Hijas de la Caridad Siervas de los pobres Enfermos.

El mismo impresor, Isidro España, imprimió dos años más tarde, en 1817, las Reglas par­ticulares de los oficios de las Hijas de la Ca­ridad.

Probablemente, a principios de 1817, cesó en la dirección de las dos familias de San Vicente de Paúl en España el P. Segura, que se retiró a su querida casa de Guisona, don­de acabó santamente sus días el 6 de enero de 1830, a la edad de más de noventa años.

 

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