¿Cuáles son los rasgos más característicos por los cuales la Iglesia le ha elevado a los altares? O, dicho de otra forma: ¿Qué tiene la eterna juventud de Ozanam —en él se puede decir, sin duda, pues murió a los 40 años— que aún en el siglo veintiuno sigue atrayendo a jóvenes y a adultos a «abrazar el mundo en una red de caridad»?
1- Ozanam comunicador. Los primeros pasos en el orden de la comunicación los dio Ozanam en el periódico del colegio, La Abeja francesa, que salía mensualmente. Nadie puede negar la capacidad comunicativa de Ozanam, pues destacó en la oratoria (recuérdese: era legista), en su cátedra como profesor y también dan fe de su talante comunicativo sus cartas (5 volúmenes) y el resto de sus libros.
Los medios de comunicación del siglo XIX fueron determinantes para favorecer el pensamiento católico. Los intelectuales católicos -entre los que se cuenta Ozanam- se habían trazado unos objetivos para llegar a la sociedad con sus ideas. Ellos utilizaron los medios de comunicación impresos, a saber: «Conservateur», «Drapeau blanc», «l’Ami de la religion et de la foi»; «Anales de philosophie chretienne» (1830), «Correspondant», «Université catholique» (1836), «Revue de deux mondes» (1844), «L’Avenir», «Journal des personnes pieuses», para regenerar la opinión católica y propiciar así la reconciliación entre el catolicismo y el progreso liberal.
La abolición de la monarquía es crucial, sobre todo por lo que significa para los católicos, esto es, por las connotaciones socialistas de la república y los problemas, cada vez más crecientes, de los trabajadores. En este escenario Federico Ozanam y el Padre Lacordaire, apoyados por el obispo de París, Mons. Affre, fundan el periódico «L’Ère nouvelle». Estos dos líderes, punta de lanza del catolicismo del momento, impulsaron las diversas reformas sociales, audaces para los tiempos que corrían. El Padre Lacordaire le dice a su joven amigo: «Escribamos, no para la gloria, no para la inmortalidad, sino para Jesucristo. Crucifiquémonos en nuestra pluma». ¿No son también hoy un desafío el uso de las nuevas tecnologías de la comunicación social? ¿Se puede negar que tales tecnologías sean una virtual «red de caridad»?
2- Ozanam líder. Desde los primeros momentos de las Conferencias, Federico no cesaba animar a sus amigos por medio de su correspondencia para que se convirtieran también ellos en agentes de cambio social y cristiano. Tenía mano fina para comprometer a terceros en la caridad con los pobres. Imprimió carácter en la juventud católica del momento, se presentó ante el Obispo de París, Mons. Affre para pedirle que fundara las Conferencias de Notre Dame, a las que después asistiría Víctor Hugo, el autor de Los Miserables. Ozanam fue responsable de la publicación de la Propaganda de la Fe, que le permitirá conocer las misiones ad gentes.
3- Ozanam pedagogo. Recojo cuatro testimonios sobre la vocación de profesor de Federico. Ana María Recamier dice de él: «Tomó su carrera de profesor como un apostolado. Desde la enseñanza realizó una apologética». Gabriela María Laporte escribe: «Ozanam habló de Dios habitualmente en su cátedra de la Sorbona y en sus cursos particulares. Esclareció la mente de los incrédulos desde la enseñanza». María Sabina Housay dice: que Ozanam «entregó su vida al trabajo universitario y dio lo mejor de sí a los alumnos». Celeste Juana Laporte pone de relieve que «se tomaba su profesorado como un apostolado. Por las mañanas de 8-10, cuando no tenía clases, estaba presto para acoger a los alumnos». Otro ejemplo, ¿no sorprende que, para preparar las clases de Literatura Extranjera en la Sorbona, Ozanam fuera a investigar a Alemania e Inglaterra, cuando otro tal vez las habría preparado mediocremente?
4- Ozanam facilitador. Esta característica de Federico es interesante. Cuando mejor se nota su saber estar en el trabajo de equipo. ¿Qué es una Conferencia de San Vicente de Paúl sino trabajar en equipo, facilitar las cosas? ¿Qué supuso para Federico trabajar en el periódico la «L’Ère Nouvelle» sino un saber estar y colaborar? En fin, sus ideas no se imponen, se proponen en equipo. Lo vemos siempre en colaboración con otros colegas, nunca por encima de ellos, sino de igual a igual. Gustaba contar con los otros y se lo hacía saber. Más aún, les daba protagonismo en detrimento del suyo (humildad). Él no tenía la última palabra, consultaba, hablaba, escribía, confrontaba sus ideas y sus pensamientos.
5- Ozanam investigador. Hay obras de Federico que son joyas de la investigación histórica. A él se debe que uno de los más grandes poetas italianos (Dante Alighieri) fuese rescatado en Francia e Italia. Empleó su vida a fondo en la investigación histórica del cristianismo, abriendo sendas luminosas para la generación de su tiempo y, acaso, para las generaciones futuras.
6- Ozanam fiel. Es edificante descubrir cómo la vida de Federico fue un modelo de fidelidad a la familia, o sea, a su esposa Amelia y a su hija María, pero también a sus padres Juan Antonio y María. Fue fiel a la gran familia de los hijos de Dios, la Iglesia. Visitó un par de veces al Papa y sus escritos rezuman un cariño especial al sucesor de Pedro. Fue fiel, en suma, al Evangelio, a su fe. Su adhesión a Jesús, al Evangelio, a los sacramentos y a la oración personal, le valieron para que Juan Pablo II lo considerara del grupo de los mejores hijos de la Iglesia.
7- Ozanam idealista. Fue un romántico, apasionado. Su época era un tiempo de añoranza del pasado. Él quería volver a las raíces del cristianismo, al testimonio de los santos y de los mártires, hombres y mujeres que llevaron la luz del Evangelio a los pueblos europeos. Él mira cuán lejos fueron los cristianos en el arte, las letras, la arquitectura, las ciencias y la enseñanza de la Iglesia. Cree que eso es aún posible, que es posible la realización del Reino de Dios.
8- Ozanam samaritano. Sus padres le mostraron, con el ejemplo, la caridad. París le abrió el camino perfecto para la santidad: los pobres. Sor Rosalía Rendu fomentó en él el ardor de la caridad. Solo un santo puede hablar de esta manera: «Nosotros vemos a Dios solamente con los ojos de la fe, y nuestra fe, ¡es tan débil! Pero a los pobres, a los pobres los vemos con una mirada humana, los tenemos delante nuestro, podemos tocar su llagas con nuestras manos y ver las heridas de la corona de espinas en su cabeza. Siendo así, no podemos hacer otra cosa que postrarnos a sus pies y exclamar con el apóstol: «Señor mío y Dios mío». Vosotros sois nuestros amos y nosotros vuestros siervos; vosotros sois la imagen sagrada de este Dios que no vemos y que, no pudiendo amarlo de otra manera, lo amaremos en vuestra persona». Hemos de estar atentos, como Samaritanos, a los «ladrones del pensamiento», a aquellos que pretenden robarle a la humanidad «el tesoro de la fe y del amor». Somos Samaritanos débiles, de poca fe, pero «hemos de abordar este gran enfermo» que está arrojado al borde del camino para curar sus heridas, para consolarlo, llevarle la paz y mostrarle así el amor de Dios.






