—Oiga, Padre, una ocurrencia, ya que en su primera visita viene llenando Casas, ¿no podría llenarse la mitad de la Casa de Salamanca, que está vacía, con una nueva Apostólica?
Así le saltaron en nuestra Casa de Pamplona al R. P. Domingo García, apenas estrenado su cargo de Visitador.
Lo de «llenar casas» iba a ser una realidad: Limpias en vez de 80 Apostólicos de quinto año se llenaría con 180 colegiales de bachillerato oficial en su tercera reapertura; Murguía acogería en lo sucesivo, además de los que ya tenía, a los de quinto año de todas las Apostólicas y a los Hijos del Valle del Zuya; Hortaleza tendría los cursos de Filosofía y provisionalmente el Noviciado hasta que acomoden la Casa de Cuenca para esto.
La ocurrencia fue acogida por el P. Visitador como oportuna y providencial. Lo primero era presentarla al Consejo Provincial y al Claustro de Profesores del Teologado. En ambas partes la mayoría acogió la idea con simpatía y cariño.
¡Manos a la obra! El 18 de julio de 1962 se personaba en Salamanca el P. Ecónomo Provincial para dar comienzo al plan de acomodación para Apostólica del ala oeste del Seminario y para poner más acogedor el piso de la enfermería, pues traerían de Madrid algunos Padres y Hermanos ancianos que están en la Clínica.
LA OBRA DE ACOMODACIÓN.—Empezó con un poco de retraso la albañilería, la electricidad y la pintura. En el piso segundo, por el sencillo método de tirar tabiques, se convierten 27 cuartos individuales en 15 dormitorios, de los que 8 tienen seis camas cada uno y el resto tres o nueve camas, con una capacidad total de 88 Apostólicos. En el saliente entre el piso primero y el entresuelo, se instalan un altar, unos bancos de diversas procedencias, unas mesas y unas cortinas; y, lo que se pensó para clase grande, quedó convertido en Capilla de los Apostólicos. En el entresuelo se habilitó el despacho del P. Director, una clase, un botiquín, un cuarto para la Dirección Espiritual y dos más para clases de piano, en el semisótano se prepara una cocina con seis hogares eléctricos, fregadero, despensa, etc.; el comedor de los Apostolicos que, con sus 22 mesas cuadradas de formica, ha resultado la pieza más bonita de toda la Apostólica; el salón de estudios instalado debajo de la Capilla; la segunda clase, de parecidas proporciones a las del comedor; la rampa de salida al recreo, y la tercera clase, que ocupa el bajo del torreón noroeste y hace a la vez de salón de juegos cuando llueve.
Esta fue la acomodación que se hizo a marchas forzadas para no retrasar demasiado la admisión de los nuevos aspirantes.
EL RECLUTAMIENTO DE VOCACIONES.—Las Misiones dadas por nuestros Padres en la Diócesis de Salamanca y limítrofes auguraban un reclutamiento de vocaciones abundante. De hecho, excelentes misioneros de esta región forman parte de la Congregación y en diversas Apostólicas hay niños de por aquí. El optimismo en cuanto a candidatos no era por consiguiente infundado—»De 40 a 50 Apostólicos para el año ya está bien»—, era la aspiración generalizada. Para este cálculo se iba proyectando todo.
A fines de julio el P. Flores, como superior interino, por ausencia del P. Calixto Osés, transmitió al Centro de Pastoral del Teologado y éste a la Vocalía recién estrenada de «Fomento de Vocaciones Vicencianas» a cargo del Hermano Fabriciano Prado, el dar los primeros pasos para que en cada una de las Parroquias se enteraran de la apertura de la nueva Apostólica de los PP. Paúles en Salamanca. Una carta dirigida a cada señor párroco con su nombre y dos apellidos bien puestos, detalle no pequeño dada la condición humana, dispuso a nuestro favor a no pocos párrocos de las Diócesis de Salamanca, Ciudad Rodrigo, Zamora, Plasencia, Coria-Cáceres y Avda. Cada carta contenía: un prospecto con la foto aérea de «ido el Seminario de portada—buen reclamo—y con las condiciones, documentación, equipo y pensión necesarios; y una atenta carta circular firmada por el P. Superior. No menos de 900 cartas y varios centenares más de prospectos metidos an el número de agosto de «Futuros Apóstoles» salieron esparcidos por los cuatro puntos cardinales, tras el incansable tableteo de las máquinas de escribir accionadas por los cooperadores de la Vocalía de «Fomento de Vocaciones Vicencianas.
La reacción vino pronto. ‘Visitas personales, llamadas telefónicas y, sobre todo, cartas y más cartas ofrecían uno, dos y hasta cuatro niños, o solicitaban aclaraciones a puntos que interesaban antes del ofrecimiento. Todas venían entusiastas. Un párroco salmantino escribe: «Tenía sumo interés en tener un feligrés paúl, pues francamente les estimo mucho y en las dos tandas de misiones que han pasado por mis Parroquias hemos trabado muy buenas amistades…» Otro de Zamora: «Su estimada carta vocacional ha llegado a mis manos como regalo del cielo, ya que mediante ella me brinda la feliz oportunidad…» «Cuando estábamos pensando a qué Orden dirigirle llegó tan oportuna su carta que la he tomado como providencial…»
Al mes de comenzar la propaganda, finales de agosto, eran ya 40 los apuntados. Número muy consolador. Antes de comprometernos en firme con cada una, era conveniente conocerles personalmente y explorar su aptitud y su actitud. Para ello se les envió a cada uno una nueva circular señalando los exámenes del 10 al 15 de septiembre en Salamanca, días oportunísimos por coincidir con la Feria de Muestras de la ciudad, ocasión de ver y comprar que no se pierden los de los pueblos. Para los de Zamora y Extremadura, el 18. Un Padre de la Comunidad fue a Zamora, y otro a Plasencia, y allí examinaron a los de aquellas regiones. La gran mayoría salió airosa de la prueba que, a pesar de ser benigna, por ser la primera a que se sometían, a algunos les quitó el sueño, el apetito y hasta el gusto de dar un paseo por la Feria hasta que no hubo concluido. Tan sólo se desechó a seis.
El 18 de septiembre llegaba a Salamanca para hacerse cargo de la Dirección de la Apostólica el P. José López Huidobro, quien venía de entregar al Noviciado la cuarta tanda de Apostólicos que habían cursado en Limpias el quinto año de Humanidades. Para esa fecha, la lista que le entregó la Vocalía, de Fomento de Vocaciones era de 58 examinados y admitidos,
El desiderátum estaba rebasado y seguían llegando cartas de solicitud. No teníamos más remedio que admitirlos si traían las condiciones mínimas, una vez lanzado el ofrecimiento sin límites. El 12 de octubre se fechó la circular que citaba a cada aspirante para el día 19 de octubre por la tarde. Estaba encima la fecha y todavía la acomodación material estaba incompleta, cosa no infrecuente en todos los comienzos.
LA LLEGADA.—La víspera se nos presentó uno alegando circunstancias especiales. El 19, nuestro amplio hall, recibidores y claustros, eran insuficientes para atender a los niños, familiares y equipaje. Todos los colaboradores de la Apostólica eran pocos para conducir al niño y acompañante a las ochenta y ocho camas preparadas. Las mamás estaban sumamente interesadas en hacer la primera cama y colocarles la ropita en los armarios. Tan sólo uno no se presentó; pero como había siete más esperando fue fácil cubrir bajas. Ni uno más cabía en las mesas del comedor y en el dormitorio.
LA APERTURA.—Se editó un programa para la solemne apertura, que tendría lugar el 21 de octubre, «Domund de 1962», providencial fecha para empezar una obra universalista.
A las once y media de la mañana el M. R. P. Visitador, Domingo García, empezó la bendición de la Apostólica por los dormitorios, alternando las preces del ritual con el murmullo de las voces argentinas de los inquietos recentales; se siguió por el entresuelo, cocina, comedor, clases, para terminar en la capilla. Luego vino el solemne traslado del Santísimo desde la iglesia de la Comunidad. Una vez entronizado el Dueño de la nueva Apostólica, el R. P. Ricardo Rábanos, Superior, celebró una santa misa, dialogada y armonizada por todos en perfecta hermandad.
Por la tarde, a las cuatro, en el salón de actos, con asistencia de nutridas representaciones de las familias de los apostólicos cercanos, de las Casas de Hermanas de la capital y de toda la Comunidad en pleno, se tuvo la primera, reunión familiar para declarar oficialmente abierta la Apostólica. Los recién llegados comenzaron cantando:
«Hoy vengo a ti, mi segundo hogar, —ya soy feliz cerca de ti…
Concha sagrada, recinto de Dios, —guarda la perla de mi vocación…»
El Director de la Apostólica, P. Huidobro, hizo la «ofrenda» por triple partida: de los apostólicos que se presentaban a Dios que les había llamado, de las familias que se desprendían de ellos para formarles en y para la Congregación y de la persona de los formadores y cooperadores para gastarse en apostólicos.
Un apostólico, en nombre de todos sus compañeros, saludó a todos los miembros del nuevo hogar, exteriorizó sus sentimientos elementales y dio las gracias al P. Visitador por la admisión.
El Hermano Félix Villafranca, en nombre del Teologado, se congratuló de recibir en el «Domund de 1962» a estos benjamines del apostolado vicenciano, les auguró una feliz estancia y les prometió la ayuda y estímulo de los Hermanos Mayores en la nueva vida familiar que comenzaban.
El punto final lo puso el R. P. Visitador, quien expuso cómo se llegó a la idea de esta Apostólica de Salamanca, la importancia que tiene para la selección de candidatos al estado de perfección, la magnífica labor de cuantos trabajan en estos ministerios y su deseo de admitir a cuantas vocaciones con garantías se nos ofrezcan, pues el Señor, que nos las ofrece, se encargaría de proporcionarnos los medios si correspondemos nosotros con generosidad. «Declaro abierta la Apostólica en esta Casa» fueron sus últimas palabras.
La presidencia bajó del proscenio, donde se encontraba, y comenzó el rodaje de la película:
Al día siguiente, capilla, clases, refectorio, pasillos, claustro empiezan a sentir las bulliciosas voces de ochenta y ocho apostólicos, a la vez que sus ojos iban de asombro en asombro, siguiendo los distintos actos que se tienen en las Apostólicas.
II
EL CURSO 1962-1963
No se encuentran palabras para definir brevemente este curso. Fue «especial» en todo.
«Especial» fue el número y procedencia de los profesores. Como si fueran tres cursos distintos, las tres secciones, de treinta discípulos cada una, eran atendidas por catorce profesores. Nadie se asombre, el hecho debe explicarse para que sea justamente comprendido. Todos los profesores tenían otra misión importante que cumplir, fuera de la que tenían en la Apostólica. Así, el P. Molina era a la vez profesor de los Hermanos teólogos. Seis profesores, los PP. Zazpe, Marquina, Alvarez, Orcajo, Ciordia y Sanjuán tenían toda la mañana ocupada en la Universidad Eclesiástica, y harto hacían por la tarde con ofrecerse a dar una clase diaria a los apostólicos y preparar sus clases para el día siguiente en la Universidad, para poder obtener la licenciatura en Lenguas Clásicas o en Pedagogía los dos últimos Padres. Otro profesor, el P. Felipe Galán, estaba haciendo el curso de Pastoral en la Universidad, por las tardes, y solamente se podía contar con él por I. mañanas para la Apostólica. Cuatro eran todavía estudiantes de cuarto año de Teología, Hermanos Prado, Trascasa, Vacas y Librada; y tenían que sacar tiempo para cumplir con lo suyo y dar una clase diaria en la Apostólica; los cuatro se ordenaron de sacerdotes en abril. El Hermano Lezáun tenía que venir, con no pequeño sacrificio, desde la enfermería y ocupar a dos secciones durante la mañana. Por fin, el P. Director, como principal responsable, tuvo que atender a cuanto en las demás Apostólicas atienden el Superior, el Prefecto de Disciplina y el Secretario, pues era el único que estaba con la exclusiva misión de atender todo el día a los apostólicos.
«Especial» en el comienzo del curso con treinta días de retraso; en la distribución del tiempo, por tener que hacer muchas componendas para acomodar el horario de clases a los cinco grupos diferentes, a los que pertenecían los variados profesores, y al horario de misas y comidas del estudiantado.
«Especial» en el régimen de los aspirantes; ¡cuánto costó hacerles entrar en las prácticas de un Seminario Menor a estos ochenta y ocho niños, hijos de nuestra época y ambiente tan movidos, con la contra además de no tener «ángeles» o hermanos mayores que les inicien en las normas y les ofrezcan estímulo en su comportamiento! ¡No fue el nuestro una excepción en las dificultades que todos los comienzos de una obra suelen tener!
Añádase que hasta el comienzo del segundo trimestre no tuvimos para las clases y salón de estudios los pupitres completos. Por esto no se les podía tener reunidos a todos juntos en los tiempos libres de clase. Estaban separados cada cual en su clase, que tampoco estaban juntas ni en el mismo piso, sentados en simples sillas o en los sillones de clase sobrantes a los Hermanos teólogos. Pero gracias a la excelente carpintería mecánica que tenemos instalada en nuestra
ca, desde el 13 de enero de 1963, ya tuvieron en el salón de estudios ochenta y ocho flamantes pupitres unipersonales, y entre las tres clases otros cuarenta y cuatro pupitres bipersonales, todo construídos en madera de haya con tapa de formica y bordes de aluminio, que dan una impresión muy buena.
Estas y otras dificultades, como, por ejemplo, el tener que jugar durante los recreos ordinarios en campos impropios hasta que el 31 de marzo inauguramos nuestro «Estadio de la Victoria», con campo de fútbol y baloncesto reglamentarios, terminados por los mismos apostólicos; la insuficiencia del servicio de duchas para la limpieza rápida y eficaz de tantos niños; la falta de una marquesina en los campos de juego para resguardarse de la lluvia y del sol y de unas fuentes y lavapiés para eliminar rápidamente los sudores tras ejercicio de los deportes; la falta de local para biblioteca del apostólico, academia misional y otras actividades artísticas o culturales; el polvo de la carbonilla de las calefacciones desde noviembre a marzo, que todo lo manchaba y tanto dificultaba la respiración; éstas y otras dificultades no impidieron a los formadores y profesores que la labor docente y formativa integral se intensificara al máximo.
Al comenzar febrero los Padres profesores notaron que era imposible el rendimiento apetecido en un número determinado de alumnos. No estaban en condiciones de aprobar en junio el primer curso. El caso tenía explicación: no se les pudo someter al ingresar a todos y cada uno a un programa concreto e igual, exigidos por los mismos examinadores con criterio uniforme; además, por ser la primera vez, se fue más indulgente con la edad y preparación que traían. Por eso dieciocho alumnos fueron entresacados de las tres secciones y puestos en un grupo homogéneo para cursar ingreso. Los restantes se acoplaron en dos secciones, la A y la B, de treinta y dos y treinta y un discípulos cada una, hasta el final del curso. Con esta decisión todos salieron ganando: las dos secciones se quedaron sin la rémora de los demasiado niños o deficientemente preparados, y a éstos se les pudo suplir o fomentar cuanto necesitaban para ponerse a un nivel normal y empezar de nuevo el primer curso en septiembre con más garantías de éxito.
Casi sin darnos cuenta junio caminaba a su fin, y con él el curso académico.
Atrás quedaron los recuerdos gratos, como los seis días concedidos de convivencia navideña con sus familiares, el Día del Rector y su complemento de «tienta de churros» en Valverde, los tres días de ejercicios espirituales, la erección de la academia misional y bendición de la bandera de Cruzados, la erección de los Hijos de María, las primeras ordenaciones sacerdotales que presenciaron sus ojos y espíritu, a mediados de abril, y el emotivo besamanos, especial para los cuatro profesores; el Día del Director, con el desarrollo de una olimpiada y con el estreno de la rondalla de doce instrumentos; eI día de campo a Béjar-Candelario, y los «fuegos de campamento» en algunas noches serenas…
El resultado de los exámenes finales, reducido a números, dio: 10 por 100 de sobresalientes, 35 por 100 de notables, 40 por 100 de aprobados y 10 por 100 de suspensos.
Las bajas se pueden clasificar así: a otra Apostólica, una; a Hermano coadjutor, una; por mala conducta, una; por enfermedad, tres; por propio voluntad, cinco; por incapacidad para los estudios durante el curso, cinco; por no dar esperanzas de desarrollo intelectual para el futuro, al acabar el curso, once; no volvieron de vacaciones por propia voluntad, tres. La selección se imponía al final, ya que no se pudo hacer al principio en la debida forma. Por eso se tuvo paciencia hasta el final para tener agotadas todas las posibilidades. Otro factor apremiaba: los locales para el nuevo curso. No da esta casa para Apostólica, como los salones no se pueden estirar, teníamos que limitarnos a un cupo de ciento veinte apostólicos como máximo para el segundo año. Así podremos aumentar escalonadamente el cupo hasta no rebasar en cuarto año la cifra de ciento cincuenta, que es cuantos cabrán en las dependencias habilitadas para salón de estudios, comedor y capilla.
Esta es, a grandes rasgos, la labor externa, y en conjunto, a que nos hemos entregado todos y cada uno. La labor individual e interna no puede reseñarse de igual modo.
No poca satisfacción humana nos proporcionaron las familias de los niños al volver de vacaciones y comunicarnos el cambiazo que habían dado en mejor durante los cortos meses que les tuvimos. Asimismo guardamos cartas muy encomiásticas de nuestra labor escritas por los señores párrocos. ¡Laus Deo!
III
CURSILLO DE SELECCION
Con el fin de evitar los inconvenientes advertidos en la pasada experiencia al reclutar aspirantes a nuestra pequeña Compañía, se pensó con tiempo en el método más científico, más equitativo y más práctico para seleccionar a cuantos niños se nos ofrecieran.
A últimos de abril se comenzó el reclutamiento para el nuevo curso 1963-1964. Escribimos primero a los seis que se quedaron esperando el curso pasado; luego, a los demás. A todos enviamos un prospecto con las condiciones, un programa que había de servir de base al examen de conocimientos adquiridos y un impreso con la «solicitud de ingreso», que debían devolver cuanto antes cumplimentada. Los apostólicos enviaron una carta de reclamo a cuantos compañeros del pueblo conocían con indicios de vocación. Nosotros enviamos propaganda a los señores párrocos que tenían alguno en preparación y a cuantos la solicitaban.
Así, a finales de mayo, eran treinta y seis las solicitudes recibidas, y al acabar el curso eran ya cincuenta y ocho. Con la llegada de los apostólicos a los pueblos respectivos, al verles tan contentos, tan formalitos y hasta tan gordos, el montón de solicitudes recibidas en firme fué creciendo día a día hasta llegar al cupo fijado: setenta y tres nuevos. Todas las peticiones que vinieran en adelante serían orientadas a las demás Apostólicas informando a los peticionarios de los lugares a donde podían dirigirse y dejando a ellos la elección.
En suma, sin tener que menearnos de casa se nos presentaron cuantos deseábamos y algunos más.
Avisada con quince días de anticipación la fecha de ingreso, la noche del 22 de julio, la parte oeste de la casa empezó de nuevo a devolvernos el eco de las sesenta y ocho nuevas voces; faltaron cinco a última hora.
Se les puso un horario con todos los actos propios de una Apostólica para iniciarles en su vida futura, pero de modo que se les hiciera llevadera. Por la mañana tenían un ejercicio de una hora y urbanidad; por la tarde, dos ejercicios de una hora y un poco de tiempo libre. El balón en nuestro campo de fútbol, la pelota en un improvisado frontón y los baños en el estanque eran solaces que les encantaban en los frecuentes recreos. Para clausurar la estancia, un pequeño día de campo.
El fin para que venían era conocerles en todos los aspectos y no por una primera impresión, sino por un estudio atento de cada uno en una observación y experimentación cuidada y paternal durante doce días.
A las familias pudimos conocerlas un poco al entregarnos sus niños; después, aplicaríamos otros procedimientos. Los actos en la capilla nos daban el nivel de piedad que traían y nos cercioraron de la rápida asimilación de la doctrina espiritual que se les inculcaba. El comedor y el juego eran dos estadios magníficos para que con toda naturalidad brotaran las cualidades buenas y otras perfectibles de que cada uno era portador. Las clases-ejercicio nos sirvieron para conocer la base con que venían. Durante algunas de éstas aplicamos diversos tests a cada una de las dos secciones en que dividimos a los 68 examinandos.
Una vez al día para cada sección se buscaba la hora más propicia y se les tenía todo el tiempo que requería el test.
Para medir la personalidad les aplicamos el test S. L.-1957 del doctor García Yagüe; con él pretendimos investigar los posibles conflictos familiares, escolares, de amistad, etc.; al test se añadieron otras preguntas «con pega» para cerciorarnos más de su situación.
Para investigar su estado intelectual, los ejercicios fueron de dos formas: para comprobar la preparación que traían en escritura, lectura, ortografía y conocimientos generales recibidos en la escuela tenían una clase diaria, y las otras, para medir lo que de conocimientos nuevos eran capaces de aprender en un tiempo dado. Se aplicaron los tests de Otis elemental; de aptitudes generales del doctor García Yagüe y el de Rayen.
Vistos los trabajos, nos dieron los siguientes resultados: 15 examinandos no llegaron a la media; 32 niños dieron un percentil entre 50 y 75, superior a la normal; 16 dieron un percentil entre 75 y 90, muy buena; cinco dieron entre 90 100, que les califica de excelentes.
Como indiqué, no sólo ésta experimentación científica, sino además una observación cuidadosa de cada niño en todos los aspectos, por todos los medios, y no sólo de una persona, sino de varias, nos confirmó en un juicio acertado de los aspirantes.
Se dio el caso de que leídos los datos a un educador que había tenido al niño en cuestión desde párvulo, se quedó maravillado cómo en doce días se llegó a conocer a su discípulo tan perfectamente como él lo conocía a través de años.
Reunido el Consejo quedaron eliminados: dos, por anormales (uno de carácter y otro oligofrénico); uno, por enfermo; seis, por insuficiencia intelectual; dos, por trasladarse con sus padres a Francia; tres, por su poca edad y desarrollo se les dejó para admitirlos el curso próximo.
Terminada la experiencia volvieron todos contentos a sus casas y allí recibieron a los pocos días una carta con el resultado, que les tenía en vilo. Tendrían los aprobados cincuenta y seis días para preparar el equipo y prepararse cada uno mejor en todos los aspectos, pues en esa misma carta se les decía lo que debían intensificar cada uno.
CURSO 1963-1964
El 28 de septiembre comenzaba el segundo curso académico de esta Apostólica. La acomodación en los diversos locales de los 115 niños que respondieron: «Heme aquí» a la carta de llamada, fue menos larga y difícil que el año pasado.
Los bancos de la capilla, aunque ya llevaban muchos lustros en otra Apostólica, quedaron perfectamente acomodados para la nuestra en tres filas. El salón de estudios, con la añadidura de 40 pupitres unipersonales nuevos, se trasladó al torreón noroeste, que tiene trece ventanas y calefacción en invierno. En el comedor, al no poder ensancharlo, tuvimos que colocar ocho mesas en el ancho pasillo, entre cocina y despensa; un servicio de altavoces obviará los inconvenientes para la lectura y audiciones musicales o radiofónicas durante las comidas. Los dormitorios se arreglaron con tirar cuatro tabiques del tercer piso y colocar 33 camas. Las clases vacías del piso alto servirán para las dos secciones del segundo curso. Lo que fue salita en el primer piso hará de clase de una sección de primer curso, y lo que fue salón de estudios el año pasado, quedará convertido en salón de juegos. Nos acomodarán dos cuartos en el entresuelo para tener enfermería independiente en los casos que mande el médico aislar a un niño; otros cuatro dedicaremos a peluquería, biblioteca-academia, rondalla y despacho del Padre Prefecto.
APERTURA DEL CURSO
Ante el respetable claustro de doce profesores en el proscenio del salón de actos tuvo lugar a las 6,30 horas del 29 de septiembre, la apertura del curso 1963-1964. Nos contemplaban 115 apostólicos pertenecientes 47 a segundo curso y 68 a primero.
Aunque este año son cinco secciones—como cinco cursos—, el número de profesores ha disminuido en dos, porque este año son tres en vez de uno los dedicados exclusivamente a la Apostólica: PP. Huidobro, Sanjuán y Felipe. Tenemos como nuevo al P. Dallo, con el cargo de Director espiritual,
Fueron destinados los PP. Ciordia, a Teruel; Vacas, a Baracaldo; Librada, a Potters Bar. Novedad para este curso es que el P. Sanjuán va a estrenar su licenciatura en Pedagogía con el cargo de Prefecto de Disciplina de los apostólicos; así podrá comprobar estudios y experiencias.
Como último acto en la apertura del curso tuvimos una solemne distribución de diplomas a cuantos se hicieron acreedores a ellos durante el curso pasado. Concedimos nueve de conducta y cinco de rendimiento en los estudios. Este año concederemos también el diploma de aplicación, con lo que quedarán perfectamente limitadas las categorías a premiar, de modo que todo aquel que trabaje recibirá el reconocimiento de su esfuerzo en cuantos campos lo merezca.
iQue el Señor quiera bendecir las ilusiones y los trabajos que estos doce formadores se imponen para dar a la Santa Iglesia excelentes aspirantes a Padres Paúles!
Santa Marta-Salamanca, 1 de diciembre de 1963.
José López Huidobro






