Nuestra forma ordinaria de vivir

Francisco Javier Fernández ChentoEspiritualidad vicencianaLeave a Comment

CREDITS
Author: Flores-Orcajo · Year of first publication: 1983 · Source: CEME.
Estimated Reading Time:

«Los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en ­común; vendían posesiones y bienes y lo repartían entre todos según la necesidad de cada uno». (Hch 2,44).

«La vida comunitaria es un rasgo propio de la Congregación y su forma ordinaria de vivir ya desde su fundación y por voluntad clara de San Vicente. Por tanto, sus miembros deben vivir en una casa o en una comunidad legítimamente constituida, a tenor del derecho propio». (C 21,1).

comunidadEsta reflexión sobre la vida comunitaria completa algunos aspectos de la meditación 14, titulada «Vida fraterna en común». Basta repasar los documentos fun­dacionales de la Congregación más conocidos para con­vencerse de que la vida en común era la forma ordina­ria de vivir que llevaban los primeros misioneros. San Vicente urgía este estilo de vida, incluso, en las misio­nes, siempre que el trabajo apostólico no lo impidiera.

1. «Vivir en común».

Citamos solamente algunas cláusulas referentes a la vida en común, tomadas de ciertos documentos relativos a la Congregación de la Misión. En el Contrato de fun­dación, del 17 de abril de 1625, se dice taxativamente:

«Dichos eclesiásticos vivirán en común bajo la obe­diencia del señor De Paúl de la manera indicada y de su sucesor, cuando éste muera, con el nombre de Com­pañía, Congregación o Cofradía de padres o sacerdotes de la Misión». (X 240).

Asimismo, en el Acta de Asociación de los primeros Misioneros, del 4 de septiembre de 1626, se consigna este hecho:

«Escogemos, agregamos y asociamos a dicha obra, para vivir juntos en forma de Congregación, Compañía o Cofradía (a tales sacerdotes probados en virtud y ca­pacidad) y para trabajar por la salvación del pueblo po­bre del campo, según dicha fundación… y con la pro­mesa de observar dicha fundación y el reglamento par­ticular que sobre la misma hemos escrito». (X 243).

También en la Bula de erección de la Congregación de la Misión, del 12 de enero de 1632, se fija la vida en común en estos términos:

«El Padre Vicente, a quien le había inspirado Dios, autor de todos los bienes, esta misma idea (de instituir una piadosa Congregación de varones rectos e idóneos), emprendió con unos pocos esta obra tan útil a la cris­tiandad, dando principio a una Congregación. Luego, con la ayuda de Dios, encontró muchos varones eclesiás­ticos, piadosos y de buen corazón, deseosos de abrazar su género de vida, que se retiraron a una casa debida­mente acondicionada para morar en ella en la ciudad de París… Allí siguieron viviendo y viven actualmente en común bajo el gobierno y dirección del Padre Vicente, superior de la Congregación, que ha prescrito los capítu­los y reglas para su debida observancia». (X 306-307).

2. «Es algo que se fue haciendo ello solo, poco a poco».

Dos años antes de morir el Fundador de la Congre­gación, intentando explicar cómo se introdujeron en la Compañía algunas prácticas comunitarias, dijo:

«Es algo que se fue haciendo ello solo, poco a poco, una cosa tras otra. Fue aumentando el número de los que se juntaban con nosotros; todos se esforzaban por ser virtuosos; y al mismo tiempo que iba creciendo el número de misioneros, se iban también introduciendo las buenas prácticas, a fin de poder vivir todos juntos y llevar cierta uniformidad en nuestras tareas». (XI 328).

3. «El apoyo mutuo en una comunidad de vida».

En cualquier comunidad humana nadie se libra de afrontar ciertas dificultades que lleva consigo la con­vivencia y la vida en común. Por eso, Pablo VI exhorta a la práctica de la caridad a todos los miembros que forman una comunidad viva, orientada a un mismo apos­tolado:

«Si algunos religiosos dan la impresión de haberse quedado como apagados por su vida comunitaria, la que por el contrario hubiera debido hacerles abrirse, ¿no ocurrirá esto, porque falta en ella esa cordialidad com­prensiva que alimenta la esperanza? Es indudable que el espíritu de grupo, las relaciones de amistad, la cola­boración fraterna en un mismo apostolado, como tam­bién el apoyo mutuo en una comunidad de vida, elegi­da para servir mejor a Cristo, son otros tantos coeficien­tes preciosos en este camino cotidiano». (ET 39).

  • ¿Aprecio y defiendo la vida fraterna en común, tal como se estila en la Congregación, según vo­luntad de San Vicente?
  • ¿Doy ejemplo a mis hermanos asistiendo a los actos programados por la misma comunidad?
  • ¿Apoyo con todas las fuerzas a mis compañeros de comunidad que se sienten cansados por el cotidiano vivir en común?

Oración:

«Acepta complacido, Señor, la ofrenda que hacemos de nuestras vidas los Misioneros, para seguir e imitar a tu Hijo Jesucristo evangelizador de los pobres en la Congregación de la Misión; concédenos entender todos los bienes espi­rituales que se encierran en la vida en común para procla­mar con valentía la Buena Nueva. Por Jesucristo nuestro Señor».

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *