E
ste año nos trajo otros dos enemigos, además de la persecución: los bombardeos y el hambre, que sembraron un vivo malestar en toda la ciudad e hicieron la vida imposible en algunas zonas, especialmente en la Barceloneta y en muchísimas calles, o mejor dicho, en muchas barriadas próximas al puerto y al mar.
El primer bombardeo tuvo lugar el día 13 de Febrero, a las 10 1/2 de la noche. Nos venía del «Canarias» por encima de Montjuich, yendo a caer los obuses cerca de la fábrica Elizalde situada entre las calles de Rosellón e Industria, junto al Paseo de San Juan. El susto que tuvimos es más para suponerse que para explicarse. Sólo diré que el estruendo fue tan fuerte que yo estaba convencido de que la primera bomba a obús había caído en el patio de nuestra casa. ¡Pobres de nosotros, si así hubiese sido!
El día 19 de Noviembre se había efectuado un simulacro de las medidas preparadas para el caso de bombardeo, y se había dado la orden de que todos reforzáramos los cristales con tiras de papel que ya se vendía preparado, empresa en que muchos lucieron sus habilidades, por las combinaciones, simetría y figuras que ‘hicieron con las tiras de papel en los cristales, especialmente en los grandes escaparates de las casas comerciales.
Pero, no sabíamos los horrores del bombardeo.
El día 16 de Marzo hubo el primero desde el aire, sobre la Barceloneta y Pueblo Seco. El 18 de Abril en el extremo del Paralelo, y así se iban repitiendo.
En los primeros bombardeos hubo quien salió a la calle empuñando un fusil y aun una pistola, desafiando a los aviones, pensando, sin duda, el majadero que tal hazaña pretendía realizar, que derribar un avión era tan fácil como tumbar a un cura. Al principio se anunciaba el bombardeo con muchas advertencias, las más solícitas y cariñosas, desde la Generalidad. Para los que no las hayan oído, ahí va la fórmula paternal: Antes del bombardeo: «Barcelonins, ,atenció, atenció:
barcelonins, hi ha perill de bombardeig. Acudiu als vostres refugis. Barcelonins, tingueu serenitat i calma. Seguiu les ilustres instrucciones. La Generalitat vetlla per vosaltres». Después del bombardeo. «Barcelonins, barcelonins: Ha passat el perill. Podeu sortir deis refugis, torneu a les vostres llars; torneu a les vostres ocupacions. Tingueu confianga; la Generalitad vetlla per vosaltres.»
Llamó tanto la atención tan cariñosa, paternal y reiterarla amonestación, que se enmendó la expresión y el significado de las últimas palabras, y muchos ya decían así: «La Generalitat menja per vosaltres».
Pero los bombardeos llegaron a tal intensidad, que se suprimió la preliminar advertencia, que vino a ser inútil e imposible; inútil porque se dio el caso muchísimas veces de caer las bombas antes de que se hubiese notado la presencia de los aviones.
¡Cuántas veces se oyó el ruido de la bomba, y después el de sirena, que se había adoptado para avisar! Además, la tal amonestación llegó a ser imposible, porque se apagaban todas las luces de la ciudad, y no habiendo electricidad no había radio ni más aviso que la oscuridad más negra y espantosa, mientras tanto empezaban a tronar los antiaéreos, se elevan hasta las nubes los reflectores convergiendo en el cielo como hojas de palmeras gigantes, se disparaban cohetes luminosos encarnados que señalaban la posición de la muerte volando por los aires, allí se dirigían los disparos de cañón en medio del infernal ruido se oía el silbido de la bomba que bajaba con la velocidad que iba aumentando por razón de la altura de unos 4000 metros, y enseguida la explosión bien característica y al momento casas hundidas hasta los cimientos, y víctimas innumerables entre la oscuridad. ¡Qué escenas más horripilantes! ¡Qué espanto al pensar y temer que la bomba podía caer sobre mi casa! ¡Qué pena al ver que innumerables víctimas acababan su existencia de una manera tan violenta! ¿Cuándo se acabará esto, Dios mío? ¿Cómo es posible que los hombres no vean lo inútil de tantas víctimas?
¿Para qué sirven los antiaéreos? ¿A qué conduce resistir, resistir y resistir? ¡Oh ceguera humana! ¡oh orgullo maldito: ¡oh farsa malvada! ¿Cuándo llegará la hora de tu confusión?
¡Los bombardeos! No se puede dar una idea ni de las víctimas que causaron, ni de los destrozos que ocasionaron ni del pánico que sembraron, ni de las escenas que se desarrollaron, ni del dolor, ni de las angustias, ni de las zozobras que produjeron.
¿Y el hambre? ¿Y la escasez? ¿Y los precios? ¿Y las dificultades para proveerse de lo más necesario? ¿Y las colas inacabables ante panaderías y otras tiendas? De esto nos podrían decir algo las pobres madres. ¿Cuántos sacrificios de las pobres madres para llevar un poco de alimento a la familia! ¡Qué griterío, qué empellones, qué riñas, qué insultos, cuántos atropellos en las plazas y en las puertas de establecimientos! Muchos casos se dieron de mujeres pisoteadas, de vestidos rasgados, y de guardias insultados, apostrofados, desarmados y vapulados por las irritadas y enloquecidas mujeres. Y tan crítica situación se ha sostenido más de .dos años con un ritmo siempre creciente que al final ya era trágico. Por todas partes se veían caras macilentas y cuerpos lánguidos, y se notaba un frenesí por poder conseguir un poco de sustento, y ya no eran sólo las mujeres las que se preocupaban de recoger alimentos sino también los hombres. No se podía pasar por las calles sin ver a todo el mundo sudando y jadeante cargado con sacos y paquetes de hortalizas considerándose feliz el que podía adquirir una pequeña cantidad de tal alimento, y sólo Dios sabe con qué ingenio y trabajo se había adquirido, y mientras tanto los ojos de los demás se iban ávidos tras aquel sencillo sustento. La situación iba agravándose, y ya no pudo conseguirse ni lo más indispensable, ya no se abrían los mercados porque no había nada, se instalaron comedores populares, en que se servía un plato de lentejas con un trocito de pan, que llegó a suprimirse, y las colas que se formaron no tenían fin. El último año se explotó la avellana y la algarroba, vendiéndose por la calle 30 avellanas por una peseta y 3 algarrobas por el mismo precio, y las colas e insultos que esto causaba es imposible describirlos.
En muchos hospitales ya no había leche, ni alcohol, ni agua. Por las calles se veían perros echados, que no tenían fuerzas para sostenerse, que sólo conservaban la piel y los huesos, llenos de sarna, costras y cargados de moscas que les chupaban la poca sangre que les quedaba. Las calles, hechas tina inmundicia, con montones de hedionda basura, la Plaza de Cataluña, la de Urquinaona, la de la Universidad, las más céntricas e importantes, convertidas en un muladar, con un hedor que se percibía al pasar por ellas, que ahogaba la respiración. Como en dichas plazas hay refugios, y además por ser plazas, tienen sus bancos, siempre había gente, que yo no sé cómo podían respirar, y para sus necesidades servía la misma plaza, y uno al pasar podía ver los montones y charcos de excrementos humanos, con grave peligro de resbalar y quedar convertido en una figura de Dencás, que se cubrió de… gloria al escapar por una cloaca.
Contribuyó mucho a este estado de inmunda miseria la estancia de tanto refugiado pobre y descuidado que se aglomeró en Barcelona. ¡Ah si pudieran hablar los árboles y las plantas de los jardines públicos, y las habitaciones y los muebles de las casas por donde han pasado y donde sentaron sus reales! ¡Cuántas quejas, y gemidos y tal vez maldiciones exhalarían! ¡Cuánto destrozo, cuánto parásito han dejado como huella, que costará mucho trabajo, mucho dinero, mucho tiempo y sobre todo mucha paciencia, y mucho más caridad para ser borrada! ¡Oh las delicias del comunismo! ¡Oh consecuencias fatales de las absurdas utopías de que todo es de lucios y nada de nadie! Que vengan los que tal dicen a limpiar las casas que han ensuciado y apestado los que las han habitado sabiendo que no eran suyas. Que paguen los muebles rotos, quemados, que limpien las paredes ennegrecidas con toda clase de asquerosidades, que renueven los pavimentos rotos, que maten y exterminen los bichos que han dejado, y que experimenten las deliciosas consecuencias de sus propagandas absurdas y destructoras del orden y de la tranquilidad.
—Esta es «Nuestra Obra»—podrán exclamar, si vuelven la vista atrás.
¿Y mis ocupaciones? ¿Y mis relaciones con las patrullas y los milicianos durante este ario? Por fin compré una Moral y una Teología y entre esto y otros libras que adquirí, ya tuve en qué ocuparme. Además, empecé a dar clases, unasveces en la casa donde vivía, otras yendo a domicilio, con lo que ganaba alguna cosa.
El día seis de Enero y el día seis de Abril tuvimos una breve visita de la Policía, sin importancia; yo era un maestro que estaba a pensión, y se acabó la cuestión.
El 19 de Junio, el Sr. Jesús Masagué y su hermano Sr. Carlos, con los Sres. Padrós, Riera y el Hno. Cortés emprenden el viaje a Francia per montes et calles. Fue duro, pero llegaron, por fin.
El día 23 de Septiembre celebré la primera misa durante la revolución. Desde el día de Santiago, en que comulgué, y no lo había hecho más hasta el 26 de Mayo, en que pude oír la santa misa y cumplir el, precepto pascual, no había tenido ocasión de recibir a Jesús Hostia. ¿Qué emoción experimenté al verme celebrar la santa misa con tanta pobreza! ¡Qué bondad la de Jesús al consentir en ser tratado tan sencillamente! Sólo hay una explicación. ¡Deus charitas est! Desde entonces he celebrado, he tenido aplicaciones, he satisfecho la piedad de muchas personas y he recibido auxilios espirituales y temporales. También he celebrado algunos matrimonios, algunos bautizos y he administrado la sagrada comunión por las casas, muchas veces con la santa misa.
Un episodio muy importante por sus consecuencias tuvo lugar en Barcelona, que mis lectores ya recordarán. Fue la lucha a muerte de todos los elementos indeseables, que se desencadenó los tres primeros días de Mayo, que ensangrentó las calles, de Barcelona, llenó los hospitales de muertos y heridos y limpió la ciudad de muchos enemigos del orden, que ya no lucharían contra el Ejército Nacional. Fueron tres días de lucha la más encarnizada, pon toda clase de armas, hasta bombas y tanques. Mucho se reclamaban tales armas para el frente en mítines y en la prensa, pero de hecho se conservaban ocultas, y aquellos días fueron sacadas a relucir y relucieron trágica y eficazmente. Los que se consideraban algo influyentes y con algún prestigio o autoridad pidieron en sendas alocuciones por la radio, que se impusiera el juicio, que cesara aquella loca matanza, que se suspendiera el fuego, porque de lo contrario, aquella lucha facilitaba el triunfo no de tal o cual partido, sino de Franco.
A raíz de aquel acontecimiento se trasladó de Valencia a Barcelona el nuevo gobierno presidido por Negrín, el gobierno que se hizo célebre por su resistencia. Se disolvieron las terribles patrullas de control, y la ciudad respiró una notable temporada; iya no subirían por los pisos los bandidos a hacer de las suyas.
Indalecio Prieto empezó a organizar el ejército popular, porque hasta entonces sólo iban al frente los voluntarios, formando columnas y batallones que tomaban los nombres más pomposos, apoyados por brigadas internacionales. Esta organización dio lugar a preparaciones premilitares, y a este fin empezaron a verse grupos de jóvenes haciendo ejercicios de instrucción por las calles. Y también creó una situación violenta a los jóvenes que no querían ir a la guerra porque no querían luchar contra los. Cruzados de la Religión y de la Patria, y muchos de ellos se buscaron un lugar para ocultarse. Esto se notó, y se emprendió una campaña violenta contra dichos jóvenes, a los que se llamaba emboscados, y a los que se declaró guerra sin cuartel, en mítines, por medio de la prensa, y con cartelones, papeluchos y garabatos escritos por las paredes y fachadas de las casas. He ahí algunos modelos: «Todos al frente» «Ciudadano, delata al emboscado». «Guerra a muerte al emboscado como a tu mayor enemigo». «Aplastemos al fascismo y desenmascaremos al emboscado». «Por la victoria, todos al frente»…
Otra vez corrieron peligro muchas buenas familias, porque sus hijos preferían ser asesinados en una casa o metidos en la cárcel antes que ir a hacer fuego contra sus hermanos, los soldados de Franco. Por eso muchos padres buscaban una casa para ocultar a sus hijos. La situación de muchas familias fue mucho más crítica que cuando ocultaban a religiosos, porque si entonces eran perseguidos por bandidos, ahora lo eran por la autoridad del gobierno, que consideraba traidor al joven y a la familia que lo amparaba.
De aquí arranca el S. I. M. (Servicio informativo militar) y su instrumento de martirio estudiado y calculado, las terribles «chekas», que tantas víctimas han causado.
Y con estas violencias, que fueron aumentando hasta llenar las cárceles de hombres y de mujeres, termina el año 1937.






