Novena a la Medalla Milagrosa: Día 7, María, Madre de la Iglesia

Francisco Javier Fernández ChentoVirgen MaríaLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Vicente de Dios, C.M. · Año publicación original: 1986.
Tiempo de lectura estimado:

Introducción

Canto:

Oh María, sin pecado concebida,
ruega por nosotros que recurrimos a ti.

Saludo:

A la Iglesia de Dios (aquí reunida), a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos, con todos los que invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo en todo lugar…, la gracia y la paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo (1 Cor 1, 1).

Monición:

«Acerquémonos confiadamente al trono de la gracia, a fin de alcanzar misericordia y hallar gracia para ser socorridos en el tiempo oportuno» (Hb 4, 16). Estas palabras las refiere la Iglesia en su liturgia a la Virgen María. Todos estos días nos venimos acercando a Cristo y a María para recibir misericordia y hallar gracia. Hoy lo vamos a hacer suscitando en nosotros una viva conciencia de ser miembros del Pueblo de Dios, de ser Iglesia. Porque en la simbología de la Medalla Milagrosa se encuentra también esta verdad mariana proclamada por Su Santidad Pablo VI el 21 de noviembre de 1964, al término del Concilio Vaticano II: a saber, que María es Madre de la Iglesia. «Por ser Madre de Aquel que, desde el primer instante de la Encarnación en su seno virginal, se constituyó en Cabeza del Cuerpo Místico, que es la Iglesia; como Madre de Cristo, es Madre también de los fieles y de los pastores, es decir, de la Iglesia». Es otro título mariano contenido en la Medalla Mila­grosa. Bendigamos a María, que nos la trajo del cielo.

Lectura ambiental:

Monición: Escuchemos un resumen oficial de las apariciones de la Virgen a Santa Catalina Labouré:

Lectura tomada del antiguo Oficio Litúrgico de la Virgen Milagrosa:

El año 1830, según atestiguan monumentos legítimos, la bienaventurada Madre de Dios se apareció a una santa religio­sa, llamada Catalina Labouré y perteneciente a las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, y le confió el cuidado de que se hiciese una Medalla en honor de su Inmaculada Concepción.

Esta Medalla debía acuñarse en conformidad con la visión, de modo que en el anverso sobresaliera la imagen de la Madre de Dios, aplastando la cabeza de la serpiente con su pie virginal, iluminando el orbe de la tierra a sus pies con los rayos proce­dentes de sus manos, y escrita alrededor esta oración: «Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurri­mos a ti».

En el reverso debía colocarse el nombre sagrado de María y encima el signo de la Cruz, añadiendo en la parte inferior dos corazones, uno rodeado de espinas y otro traspasado por una espada.

La joven obedeció a la Virgen y los acontecimientos dieron pruebas del origen divino del mensaje. Apenas la nueva Meda­lla comenzó a divulgarse, comenzó también, inmediatamente, a ser venerada y llevada por los fieles como práctica muy agradable a la Madre Santísima, primero en Francia y después, con la aprobación de los obispos, en toda la tierra.

Y la causa de esta reverencia y confianza siempre en aumento, fueron los muchos prodigios que se realizaban bajo los auspicios de la Virgen, tanto en curar las enfermedades corporales como en librar a las almas del pecado.

Oración: Bajo tu protección nos acogemos, santa Madre de Dios; no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita. Amén.

Liturgia de la Palabra

Primera lectura:

Monición: La visión que nos narra el Apocalipsis de «la mujer envuelta en el sol, con la luna bajo sus pies y en la cabeza una corona de doce estrellas» se refiere lo mismo a la Iglesia que a María; de ahí que debamos «ver a María en la Iglesia y a la Iglesia en María». La Medalla Milagrosa reproduce fielmente esta visión del Apocalipsis.

Lectura del libro del Apocalipsis: 12, 1-5. 13-17

Canto responsorial (cantado o proclamado):

RUEGA POR NOSOTROS, MADRE DE LA IGLESIA, RUEGA POR NOSOTROS, ESPERANZA NUESTRA.

  • Madre de la historia, faro entre la niebla,
    guía nuestros pasos con tu luz serena.
  • Abre tu sonrisa, Virgen mañanera,
    porque la esperanza nace en tu presencia.
  • En un mar sin rumbo eres esa estrella
    que sobre las olas marca nuevas sendas.
  • Tú, que eres la vida, llena nuestra fuerza.
    Llévanos a Cristo, Madre de la Iglesia.

Aclamación antes del Evangelio:

ALELUYA, ALELUYA. Jesús dijo al discípulo: Esa es tu madre. ALELUYA, ALELUYA.

Evangelio:

Lectura del santo Evangelio según San Juan: 19, 25-27

Homilía (orientaciones):

  • María: miembro, modelo y Madre de la Iglesia (LG 53):
    • miembro eminente y del todo singular…
    • modelo dinámico de la Iglesia (LG 63-65)…
    • Madre de la Iglesia (cf. discurso de Pablo VI el 21 de noviembre de 1964: BAC, n.° 252).
  • Los tres aspectos los podemos considerar contenidos en la Medalla Milagrosa: porque el texto bíblico más apro­piado para significarlos es el del Apocalipsis 12, y éste lo reproduce la Medalla…
  • Además, «las doce estrellas», evocadoras de las doce tribus de Israel y de los doce apóstoles, nos hablan de María «en el misterio de la Iglesia» (aluden también a la victoria final —»brillarán como el sol en el reino de su Padre»; Mt 13, 43—, cuando María, la mujer del Apo­calipsis, «terminado el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial»: LG 59)…
  • La maternidad eclesial de María no es distinta de su maternidad universal. Sólo su ejercicio… marca una diferencia y permite especificar que ella es «Madre de los hombres, particularmente de los fieles» (LG 54). De ordinario, es en la Iglesia donde los hombres reciben con mayor abundancia los dones inherentes a la vida divi­na.
  • Consecuencias prácticas: solidez en nuestra devoción a María, sentido eclesial (y aquí las aplicaciones oportu­nas en relación con la Iglesia local, diocesana, nacional, eclesial…).

Oración

Oración personal:

Monición: Veneremos el misterio de María-Iglesia y pidamos a la Madre del Pueblo de Dios las virtudes que más puedan unirnos a Cristo y responsabilizamos de la marcha de la Iglesia en santidad y justicia. Que seamos miembros activos y solida­rios de la Iglesia.

Oración en silencio…

Oración universal:

Monición: Recemos la oración de Pablo VI a la Madre de la Iglesia y Reina del mundo. Contestaremos: Ruega por nosotros que recurrimos a ti.

Oración:

  • Oh Virgen María, Madre de Dios y Madre soberana de la Iglesia: te encomendamos toda la Iglesia. Oh María sin pecado concebida…
  • Tú que eres llamada con el nombre de «Auxilio de los Obispos»: guárdalos y dales calor en el cumplimiento de su servicio, en íntima unión con los sacerdotes, religio­sos y seglares todos que colaboran en el dificil ministerio episcopal. Oh María sin pecado concebida…
  • Madre amantísima, que así fuiste proclamada por tu Hijo desde la Cruz y confiada al discípulo amado: acuér­date del pueblo cristiano, que en ti confia como hijo. Oye sus oraciones y dale la fuerza de tu santidad y poder delante del Señor. Conserva su fe indefectible y valiente, fortalece su esperanza y enciende su caridad. Oh María sin pecado concebida…
  • Tú que engendraste a Cristo, que es Puente y Arquitecto de la Unidad entre Dios y los hombres: vuelve tus benignos ojos a nuestros hermanos separados y otórga­nos la gracia de unirnos de nuevo felizmente. Oh María sin pecado concebida…
  • Templo de luz, sin sombra ni mancha: intercede ante tu Hijo unigénito, por quien recibimos la reconciliación con el Padre, para que consigamos su misericordia en nuestras miserias y se eleje toda discordia de entre nosotros, vuelto a nuestro corazón el gozo de amarnos como hermanos. Oh María sin pecado concebida…
  • Encomendamos a tu Corazón inmaculado, Virgen de Dios, todo el mundo habitado: condúcelo nuevamente al conocimiento del único y verdadero Salvador, Jesu­cristo. Aleja de la tierra los castigos provocados por el pecado. Y danos la paz en la Verdad, la Justicia, la Libertad y el Amor. Oh María sin pecado concebida…
  • Haz que toda la Iglesia… pueda elevar al Señor de la Misericordia el majestuoso himno de alabanza y grati­tud, el cántico de la alegría y de la «exultación», porque el Señor «ha hecho cosas maravillosas» por tu media­ción, oh clemente, piadosa y dulce Virgen María. Oh María sin pecado concebida…

Padre nuestro…

Conclusión

Monición final… Bendición:

Que el Señor os bendiga con todas las bendiciones del cielo y os mantenga siempre santos en su presencia; que él derrame sobre vosotros, con abundancia, las riquezas de su gloria, os instruya en la palabra de la verdad, os oriente con el Evangelio de la salvación y os haga siempre ricos en caridad fraterna. Amén.

Canto final

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