Novena a la Medalla Milagrosa: Día 6, María, unida a Jesús

Francisco Javier Fernández ChentoVirgen MaríaLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Vicente de Dios, C.M. · Año publicación original: 1986.
Tiempo de lectura estimado:

Introducción

Canto:

Oh María, sin pecado concebida,
ruega por nosotros que recurrimos a ti.

Saludo:

La gracia y la paz sean con vosotros de parte de Dios y de nuestro Señor Jesucristo, que se entregó por nuestros pecados para librarnos de este siglo malo, según la voluntad de nuestro Dios y Padre, a quien sea dada la gloria por los siglos de los siglos (Gál 1, 3-5).

Monición:

Hermanos: «Ved qué dulzura, qué delicia convivir los her­manos unidos», nos dice el salmo 133. Esa convivencia frater­na la sentimos de manera especial cuando nos reunimos para alabar a la Madre, la Virgen María. Madre nuestra, como bien lo demostró en su primera aparición a santa Catalina. Y Madre de Dios, como gráficamente nos lo dice el reverso de la Medalla. Madre de Dios y Cooperadora de su Hijo desde la Encarnación hasta el Calvario y siempre. Junto a la Cruz, que nace de la letra M, aparecen además en el reverso de la Medalla los dos corazo­nes, el de Jesús y el de María, unidos íntimamente y sustentan­do símbolos de amor y de dolor. ¡Con cuánta elocuencia nos habla esta pequeña Medalla! Amemos este regalo del cielo y «demos gracias a Dios porque es bueno, porque es eterna su misericordia» (Sal 136).

Lectura ambiental:

Monición: La descripción que hace Santa Catalina del rever­so de la Medalla es muy breve. Pero la Virgen misma le dio a entender el profundo contenido que encierra.

Lectura de los escritos de Santa Catalina Labouré:

Después de haber contemplado aquel cuadro, me pareció que daba la vuelta. Fue entonces cuando vi el reverso de la Medalla. Inquieta por saber lo que había que poner en el reverso de la Medalla, después de muchas oraciones, un día, en la meditación, me pareció oír una voz que me decía: «La M y los dos Corazones dicen bastante».

Y todo desapareció como algo que se apaga y quedé repleta de yo no sé, no sé de qué, de buenos sentimientos y de gozo de consolación…

Oración: Señor, tú que has querido que la Palabra se encar­nase en el seno de la Virgen María: concédenos, en tu bondad, que cuantos confesamos a nuestro Redentor, lleguemos a ha­cernos semejantes a él en su naturaleza divina. Por el mismo nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Liturgia de la Palabra

Primera lectura:

Monición: Escuchemos ahora la lectura del Protoevangelio. En él se contiene la promesa de María, vencedora del mal, lo mismo como Madre del Linaje redentor que como unida a El en su obra redentora. María es la aurora de la Salvación que Dios nos anuncia después del pecado original.

Lectura del libro del Génesis: 3, 1.6.9-15

Canto responsorial (cantado o proclamado):

MADRE DE LOS CREYENTES, QUE SIEMPRE FUISTE FIEL;
DANOS TU CONFIANZA, DANOS TU FE.

  • Pasaste por el mundo en medio de tinieblas,
    sufriendo a cada paso la noche de la fe.
    Sintiendo cada día la espada del silencio,
    a oscuras padeciste el riesgo de creer.
  • La fe por el desierto a lomos de un asnillo,
    la fe cuando en las bodas Jesús se hizo esperar,
    la fe cuando pensaban que el Hijo estaba loco,
    la fe cuando el Calvario, al borde de acabar,
  • Guardaste bajo llave las dudas y batallas,
    formándose el misterio al pie del corazón.
    Debajo de tu pecho de amor inagotable
    la historia se escribía de nuestra redención.

Aclamación antes del Evangelio:

ALELUYA, ALELUYA. A ti una espada te atravesará el alma. ALELUYA, ALELUYA.

Evangelio:

Lectura del santo Evangelio según San Lucas: 2, 21-35

Homilía (orientaciones):

  • Los dos símbolos principales del reverso (M + Cruz, los dos Corazones) significan claramente la unión en todo de María con Jesús.
  • La Cruz significa la persona de Cristo (y su obra redento­ra y el modo doloroso de la redención).
  • La letra M significa la persona de María (y su coopera­ción a la redención de Cristo y el modo doloroso de realizarla).
  • «La bienaventurada Virgen María avanzó en la peregri­nación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la Cruz, en donde, no sin designio…, se asoció con corazón maternal a su sacrificio, consintiendo con amor en la inmolación de la víctima engendrada por ella misma…» (LG 58).
  • El relato que hace la Constitución sobre la Iglesia (nn. 57-58) de la unión de María con Jesús, tanto en la vida de niño como en la vida pública del Señor, puede fácilmente encontrarse reflejada en los diversos símbo­los de la Medalla Milagrosa…
  • Lo importante en María es tanto el haber sido Madre de Cristo cuanto el haber sido la primera y mejor de sus discípulos, haber recibido la semilla de la Palabra y haberla hecho fructificar. María es nuestro modelo en el discipulado cristiano: escuchó la Palabra de Dios y la puso en práctica.
  • La Milagrosa y la devoción al Corazón de María (Archi­cofradía de Nuestra Señora de las Victorias…). Amor (fuego) y dolor (espinas-espada) en el reverso de la Medalla: los dos grandes problemas del hombre, en los que tanto nos pueden orientar y ayudar Jesús y María.

Oración

Oración personal:

Monición: Confiemos al Señor y a la Virgen Santísima nuestro amor y nuestro dolor. Recemos por los que aman y por los que sufren y, sobre todo, por aquellos a los que no hayan llegado los frutos de la Redención. Pidamos permanecer siem­pre unidos a Cristo nuestro Señor: que escuchemos su palabra y la pongamos en práctica…

Oración en silencio…

Oración universal:

Monición: Vamos a rezar un salmo de alabanza a la Virgen Milagrosa, catecismo de teología y brevario de verdadera devo­ción. Contestaremos todos: Ruega por nosotros que recurri­mos a ti.

Alabanzas y preces:

  • ALABEMOS la Medalla Milagrosa, porque es moneda del cielo acuñada en la tierra, valor estimable así en la tierra como en el cielo. Oh María sin pecado concebida… CONTEMPLEMOS la Medalla Milagrosa, porque es el último retrato de María hecho según el gusto de su propio modelo. Oh María sin pecado concebida…
  • CELEBREMOS la Medalla Milagrosa, porque es un salte­rio abreviado donde las manos de María pulsan el arpa de luz de sus innumerables gracias. Oh María sin pecado concebida…
  • DESCIFREMOS la Medalla Milagrosa, porque es una página del Libro de la Vida, descubierta y señalada por el dedo de la Virgen. Oh María sin pecado concebida… CUSTODIEMOS la Medalla Milagrosa, porque es un mo­numento sin par al dulcísimo Corazón de María. Oh María sin pecado concebida…
  • BESEMOS la Medalla Milagrosa, porque es un regalo de las manos de María, fabricado por ella misma. Oh María sin pecado concebida…
  • ADMIREMOS la Medalla Milagrosa, porque es un espejo que lleva en sí mismo la Luz y la Imagen. Oh María sin pecado concebida…
  • LLEVEMOS la Medalla Milagrosa, porque es un escudo pequeño que embota los dardos de las tentaciones más grandes. Oh María sin pecado concebida…
  • AMEMOS la Medalla Milagrosa, porque es la Forma Consagrada por la Virgen como nuevo memorial y estupendo sacramento de sus gracias. Oh María sin pecado concebida…
  • PREDIQUEMOS la Medalla Milagrosa, porque es el Evangelio de María. Oh María sin pecado concebida… BENDIGAMOS la Medalla Milagrosa, porque es estrella de paz en la noche de toda tribulación. Oh María sin pecado concebida…
  • IMPONGAMOS la Medalla Milagrosa, porque es prenda y garantía de salvación. Oh María sin pecado concebi­da…
  • PROPAGUEMOS la Medalla Milagrosa, porque es heren­cia inexhausta de la Iglesia ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Oh María sin pecado concebida…

Oración: Señor nuestro Jesucristo, que dijiste: aprended de mí que soy manso y humilde de corazón: infunde tu gracia en nuestras almas para que, a ejemplo de la Virgen María, sepa­mos imitarte fielmente y conformarnos a tu divina imagen. Que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Conclusión

Monición final

(El objeto de esta monición es hacer que la celebración se proyecte a la vida…)

Bendición:

  • Que el Dios de todo consuelo disponga vuestros días en su paz. Amén.
  • Que os libre de toda perturbación y afiance vuestros corazones en la paz. Amén.
  • Que, enriquecidos por los dones de la fe, la esperanza y la caridad, abundéis en esta vida en buenas obras y alcancéis los frutos de la eterna. Amén.

Canto final

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