Novena a la Medalla Milagrosa: Día 5, María Inmaculada

Francisco Javier Fernández ChentoVirgen MaríaLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Vicente de Dios, C.M. · Año publicación original: 1986.
Tiempo de lectura estimado:

Introducción

Canto:

Oh María, sin pecado concebida,
ruega por nosotros que recurrimos a ti.

Saludo:

Que el Dios de la paz os consagre él mismo íntegramente y que vuestra entera persona, alma y cuerpo, se conserve sin mancha para la venida de nuestro Señor Jesucristo (1 Ts 5, 2 3 ).

Monición:

Hermanos: Reunidos para alabar a Dios mediante nuestra devoción a su Madre y nuestra, vamos a contemplar hoy su Concepción sin mancha y su plenitud de gracia. Bella e Inma­culada se manifestó la Virgen María a Santa Catalina Labouré. La Medalla Milagrosa preparó en la Iglesia la definición de la Inmaculada Concepción. Su jaculatoria es, en todo tiempo, súplica y garantía de pureza. Y su imagen, bella y sin mancha, nos da espíritu para triunfar sobre el materialismo de la vida. Con razón llama la Iglesia a la fiesta de la Medalla Milagrosa «la manifestación de la bienaventurada Virgen María Inmaculada de la Sagrada Medalla». Bendigamos al Señor por sus dones y aclamemos con júbilo a Madre tan excepcional.

Lectura ambiental:

Monición: Santa Catalina describe el anverso de la Medalla Milagrosa: la belleza de la Virgen, los razos de luz y gracias, la jaculatoria, la promesa de la Virgen… Escuchemos con aten­ción.

Lectura de los escritos de Santa Catalina Labouré:

Su rostro era bellisimo, no podría describirlo. De pronto vi en sus dedos anillos revestidos de piedras, más bellas unas que otras, unas más grandes y otras más pequeñas, que despedían rayos, unos más bellos que otros. Estos rayos salían: de las piedras más gruesas los rayos más gruesos, siempre extendién­dose, y de las más pequeñas los más pequeños, siempre alar­gándose hacia abajo. Los rayos que salian de las piedras res­plandecían por todas partes y llenaban toda la parte baja, de modo que ya no se veía los pies. No sabría decir lo que experimenté, los pensamientos, y todo lo que percibí en tan poco tiempo…

«Estos rayos son el símbolo de las gracias que distribuyo a las personas que me las piden», haciéndome comprender cuán agradable le era la oración a la Santísima Virgen y cuán generosa es ella con quienes le ruegan, cuántas gracias dispen­sa a las personas que se las piden, qué felicidad experimenta otorgándolas… En ese momento yo era y no era, yo gozaba, yo no sé…

Se formó un cuadro alrededor de la Santísima Virgen, un poco ovalado, donde había en torno estas palabras, escritas con letras de oro: «Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti». Entonces se hizo escuchar una voz que me dijo: «Haz, haz acuñar una Medalla según este modelo; todos los que la lleven recibirán grandes gracias; las gracias serán abundantes para quienes la lleven con confian­za…».

Oración: Dios todopoderoso, que por la inmaculada concep­ción de la Virgen María preparaste una morada digna para tu Hijo y, en atención a los méritos de la muerte redentora de Cristo, la preservaste de toda mancha de pecado: concédenos, por su maternal intercesión, vivir en tu presencia sin pecado. Amén.

Liturgia de la Palabra

Primera lectura:

Monición: La Iglesia aplica a María la figura de la Esposa del Cantar de los Cantares. Obra maestra de Dios, éste le dirige palabras de amor al contemplar su santidad y belleza.

Lectura del Cantar de los Cantares: 4, 7-9.12-15

Canto responsorial (cantado o proclamado):

MARIA ES ESA MUJER QUE DESDE SIEMPRE EL SEÑOR SE PREPARO PARA NACER COMO UNA FLOR EN EL JARDIN QUE A DIOS ENAMORO.

— ¿Quién será la mujer que a tantos inspiró
poemas bellos de amor?
Le rinden honor la música y la luz,
el mármol, la palabra y el color.
¿Quién será la mujer que el rey y el labrador
invocan en su dolor;
el sabio, el ignorante, el pobre y el señor,
el santo al igual que el pecador?

— ¿Quién será la mujer radiante como el sol,
vestida de resplandor?
La luna a sus pies, el cielo en derredor,
y ángeles cantándole su amor…
¿Quién será la mujer humilde que vivió
en un pequeño taller,
amando sin milagros, viviendo de su fe,
la esposa alegre de José?

Aclamación antes del Evangelio:

ALELUYA, ALELUYA. Alégrate, llena de gracia, el Señor es contigo ALELUYA, ALELUYA.

Evangelio:

Lectura del santo Evangelio según San Lucas: 1, 26-38

Homilía (orientaciones):

  • La Inmaculada en la Medalla Milagrosa.
  • La Milagrosa y Lourdes.
  • La Milagrosa y el dogma de la Inmaculada Concepción. María y la «carne»:
    • impureza hoy,
    • materialismo hoy,
    • plenitud de gracia en María y a nuestra disposición.
  • Contra impureza: castidad, templanza y fortaleza «al servicio del Amor».
  • Contra materialismo: el «testimonio» de atender, sin respetos humanos, en todas las manifestaciones exter­nas, a los valores espirituales. Pobreza, idealismo, espe­ranza.
  • Plenitud de gracia: «El hecho de que María haya poseído todos estos dones no la distingue de nosotros; lo que constituye la única diferencia es que ella los ha poseído desde el comienzo y de una manera incomparable. En lo que se refiere al contenido, esencia y sentido particular de ese don de la gracia, el Padre eterno no pocha ofrecer a la madre de su Hijo encarnado algo que no nos hubiera también de ofrecer y dar a nosotros en el sacramento de la justificación» (Karl Rahner, en «Ma­ría, Madre del Señor», Herder, Barcelona 1967, pp. 60­61).
  • Oración: jaculatoria, rayos no aprovechados, confianza en la promesa de la Virgen…

Oración

Oración personal:

Monición: Encomendemos a María Inmaculada, hoy de manera especial, nuestra pureza y nuestra gracia. La de los niños y jóvenes, la de los novios y casados, la de los religiosos y sacerdotes. Danos alas, Señora, para superar el materialismo de la vida. Concédenos el sentido y el amor de la pobreza. Llénanos de ilusión y libertad.

Oración en silencio…

Oración universal:

Monición: Elevemos nuestras súplicas al Salvador, que quiso nacer de María Virgen, y digámosle: «Que la llena de gracia interceda por nosotros».

Preces:

  • Oh Sol de justicia, a quien la Virgen Inmaculada prece­dió cual aurora luciente: haz que vivamos siempre iluminados por la claridad de tu presencia.
  • Salvador del mundo, que, con la eficacia de tu reden­ción, preservaste a tu Madre de toda mancha de pecado: líbranos a nosotros de culpa.
  • Redentor nuestro, que hiciste de la Virgen María taber­náculo purísimo de tu presencia y sagrario del Espíritu Santo: haz también de nosotros templo del Espíritu Santo.
  • Rey de reyes, que elevaste contigo al cielo en cuerpo y alma a tu Madre: haz que aspiremos siempre a los bienes del cielo.

(Pueden añadirse otras intenciones)

Oración: Santísima Virgen, creemos y confesamos tu santa e inmaculada Concepción pura y sin mancha. ¡Oh purísima Virgen!, por tu pureza virginal, tu inmaculada Concepción y tu gloriosa cualidad de Madre de Dios, alcánzanos de tu amado Hijo la humildad, la caridad, una gran pureza de corazón, cuerpo y espíritu, la santa perseverancia en el bien, el don de la oración, una santa vida y una buena muerte. Amén.

Conclusión

Monición final Bendición:

  • El Dios que, en su providencia amorosa, quiso salvar al género humano por el fruto bendito del seno de la Virgen María os colme de sus bendiciones. Amén.
  • Que os acompañe siempre la protección de la Virgen, por quien habéis recibido al Autor de la vida. Amén.
  • Y que a todos vosotros, reunidos hoy para celebrar con devoción estas fiestas de María, os conceda la alegría del Espíritu y los bienes de su Reino. Amén.

Canto final

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