Novena a la Medalla Milagrosa: Día 4, María reina

Francisco Javier Fernández ChentoVirgen MaríaLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Vicente de Dios, C.M. · Año publicación original: 1986.
Tiempo de lectura estimado:

Introducción

Canto:

Oh María, sin pecado concebida,
ruega por nosotros que recurrimos a ti.

Saludo:

Hermanos: Gracia y paz a vosotros de parte del que es y era y ha de venir y de parte de Jesucristo, el testigo fidedigno, el primero en nacer de la muerte y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos ama y con su sangre nos rescató de nuestros pecados, al que hizo de nosotros linaje real y sacerdotes para su Dios y Padre, a él la gloria y el poder por los siglos de los siglos, amén (Ap 1, 4-6).

Monición:

Hoy vamos a contemplar a la Santísima Virgen como Reina. Santa Catalina Labouré escribió proféticamente: «¡Qué hermoso será oír: María es Reina del universo! ¡Ella será llevada triunfalmente y dará la vuelta al mundo!». Haciendo buenas las palabras de la Santa, proclamaremos hoy a María, una vez más, Reina del corazón, de la familia, de la sociedad, de la Iglesia, del mundo. Pero veremos asimismo cómo la Virgen del Globo y la Medalla Milagrosa son la mejor representación de esta realeza. No sólo la Medalla nos vino del cielo, también se nos dio el regalo de una imagen de María Reina, que debemos recordar y venerar. El papa Pio XII rubricó este mensaje de la Milagrosa cuando el 1 de noviembre de 1954 instituyó para la piedad y la liturgia la festividad de Santa María Reina, que la Iglesia celebra el día 22 de agosto, octava de la Asunción, para expresar así la conexión entre la Realeza de María y su Asun­ción a los cielos. Felicitemos a María y proclamémosla biena­venturada.

Lectura ambiental:

Monición: De los escritos de Santa Catalina deducimos su gran interés en que nos fijáramos en la imagen y el mensaje de María Reina, que a ella se le había manifestado el 27 de noviembre.

Lectura de los escritos de Santa Catalina Labouré:

La estatua (de la Virgen del Globo) debe ser de tamaño natural, un velo sobre la cabeza que desciende hasta abajo, el rostro descubierto, en las manos una esfera de oro, las manos elevadas a la altura del estómago como si estuviera ofreciendo a Dios y los dedos guarnecidos de piedras preciosas de modo que la mayor parte destellen rayos que cubran toda la parte baja. Debajo del pedestal deben ir estas líneas: «Hijos míos, esta esfera representa al mundo entero… y a cada persona en particular… Las piedras de las que no sale nada son las gracias que se olvidan de pedirme».

Oh qué bello será oír: ¡María es la Reina del universo!… Los niños gritarán con júbilo y entusiasmo: ¡Y de cada persona en particular! Será un tiempo de paz, de alegría y de dicha, un tiempo largo. La llevarán en andas y dará la vuelta al mundo… (Laurentin-Roche, I, p. 345).

Desde hace dos años me siento atormentada y obligada a decirle que se levante un altar, tal como se lo he pedido, en el lugar mismo donde la Santísima Virgen se apareció. Será privilegiado con muchas gracias e indulgencias, y con abun­dancia de favores para usted y toda la Comunidad y todas las personas que vendrán a pedirlos… Se lo suplico una y mil veces para mayor tranquilidad de mi conciencia. Creo que el Buen Dios y la Santísima Virgen lo quieren de usted… (Ib. I, pp. 297­299).

No, no es necesario que se cambie la Medalla; pero que se haga una imagen con el globo y que se levante un altar en el mismo sitio en que se apareció la Santísima Virgen. Esta imagen ha sido el tormento de mi vida y no quisiera presentar­me a la Santísima Virgen antes de que haya sido hecha… (Ib. I, p. 74; II, p. 229).

Oración: Dios todopoderoso, que nos has dado como Madre y Reina a la madre de tu Unigénito: concédenos que, protegidos por su intercesión, alcancemos la gloria de tus hijos en el Reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Liturgia de la Palabra

Primera lectura:

Monición: El profeta Isaías nos habla de la Virgen que da a luz a un niño, que será el Mesías-Rey deseado. La madre participará de la dignidad real del Hijo.

Lectura del profeta Isaías: 7, 14; 9, 5-6

Canto responsorial (cantado o proclamado):

EL SEÑOR RIZO EN MI MARAVILLAS, ¡GLORIA AL SEÑOR!

  • Engrandece mi alma al Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador.
  • Se inclinó a la pequeñez de su esclava, desde ahora dichosa me dirán todos los siglos.
  • Maravillas hizo en mí el Poderoso y su nombre es santo.
  • Su bondad por los siglos de los siglos para aquellos que lo temen.
  • Desplegó la fortaleza de su brazo, dispersó a los soberbios.
  • Derribó a los potentados de sus tronos, y encumbró a los humildes.
  • A los hambrientos llenó de bienes y a los ricos despidió vacíos.
  • Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu por los siglos de los siglos.

Aclamación antes del Evangelio:

ALELUYA, ALELUYA. Me felicitarán todas las generacio­nes, porque el Poderoso ha hecho tanto por mí. ALELUYA, ALELUYA.

Evangelio:

Lectura del santo Evangelio según San Lucas: 1, 46-55

Homilía (orientaciones):

  • La Virgen María fue «enaltecida por el Señor como Reina del Universo, para que se asemejara más plena­mente a su Hijo, Señor de los que dominan (Ap 19, 16) y vencedor del pecado y de la muerte» (LG 59)
  • Cf. Encíclica «Ad coeli Reginam» de Pio XII: 11.10.1954 (Ver BAC, n. 128).
  • Los fundamentos de la Realeza de María —maternidad divina, cooperación a la redención, victoria total sobre el pecado—, en la Medalla Milagrosa.
  • Simbolismo: el mundo en sus manos, el mundo bajo sus pies, la serpiente hollada, las doce estrellas…
  • María y el «mundo» —éste como enemigo y como sujeto de salvación— (misiones, ecumenismo)…
  • Orientaciones de la «Ad coeli Reginam»:
    • «acercarse con mayor confianza… a nuestra Reina y Madre»;
    • «esforzarse por librarse de la esclavitud del pecado»;
    • «Frecuentar sus templos y celebrar sus fiestas»;
    • «tener en gran honor el nombre de María»;
    • «imitar las grandes virtudes de la celestial Reina»;
    • «sentirse verdaderamente hermanos y, despreciando las envidias y desmesurados deseos de riquezas, pro­mover el amor social, respetar los derechos de los pobres y amar la paz».
  • María, Reina al estilo de Jesús: «servir a Dios es reinar»; «el mayor entre vosotros será como el menor, y el que manda como el que sirve»…
  • A la Virgen del Globo se la ha llamado, desde 1830, Reina del Universo, Reina del mundo, Reina de la Igle­sia, Reina del Pueblo, Reina de las Misiones, Virgen Poderosa…

Oración

Oración personal:

Monición: Ahora, en silencio, elevemos nuestra oración particular a la Reina. «A Jesús por María» consagraremos nuestra persona, la familia y la sociedad, la Iglesia y el mundo. Pongamos nuestras intenciones y necesidades en sus manos poderosas…

Oración en silencio…

Oración universal:

Monición: Proclamemos las grandezas de la Virgen Milagro­sa e invoquemos confiadamente su intercesión, respondiendo a cada invocación «Ruega por nosotros».

Preces:

  • Virgen de inmaculada pureza
  • Virgen de belleza sin par
  • Virgen llena de gracia
  • Virgen que intercede por el mundo
  • Virgen entronizada sobre el globo terrestre
  • Virgen vencedora de la serpiente
  • Virgen Madre unida a Cristo
  • Virgen del corazón traspasado
  • Virgen de las doce estrellas
  • Virgen Madre de la Iglesia
  • Virgen de la especial protección
  • Virgen de la Santa Medalla
  • Virgen Milagrosa

Oración: ¡Reina del mundo dignísima, María, Virgen perpe­tua! Intercede por la paz y por nuestra salvación. Engendraste al Salvador y dueño de todos, Cristo. Oh Madre, ¿quién como tú? ¡Reina, reina por todos los siglos! Amén.

Oh María sin pecado concebida…

Padre nuestro…

Conclusión

Monición final:

(El objeto de esta monición es conectar la celebración con la vida. El que preside, consciente de las circunstancias y del lenguaje de la comunidad, le animará a que «haga verdad» en su vida concreta lo que la Palabra le ha enseñado y la oración le ha hecho saber).

Bendición:

  • Que Dios todopoderoso aleje de vosotros toda adversi­dad y os conceda la abundancia de sus bendiciones. Amén.
  • Que os dé un corazón tan dócil a su palabra, que encuentre su gozo en los dones eternos. Amén.
  • Que así, siguiendo el camino del bien, avancéis por la senda de los mandatos divinos y lleguéis a ser coherede­ros del reino de los santos. Amén.

Canto final

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *