Novena a la Medalla Milagrosa: Día 3, María mediadora

Francisco Javier Fernández ChentoVirgen MaríaLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Vicente de Dios, C.M. · Año publicación original: 1986.
Tiempo de lectura estimado:

Introducción

Canto:

Oh María, sin pecado concebida,
ruega por nosotros que recurrimos a ti.

Saludo:

La Palabra de Cristo habite en vosotros abundantemente, enseñándoos y exhortándoos unos a otros con toda sabiduría, con salmos, himnos y cánticos espirituales, cantando y dando gracias a Dios en vuestros corazones (Col 3, 16).

Monición:

Hermanos: Reunidos de nuevo en asamblea santa, dispon­gamos nuestro corazón para este rato de intimidad con nuestra Madre, la Virgen Milagrosa. La Constitución del Concilio Vati­cano sobre la Iglesia (VIII, 62) nos recuerda que «la bienaven­turada Virgen María es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora». ¡Con qué claridad nos lo dice la aparición de la Medalla Milagrosa a Santa Catalina Labouré el 27 de noviembre de 1830!

Lectura ambiental:

Monición: La Virgen María se apareció a Santa Catalina intercediendo ante el Padre y su Hijo por el mundo, que tenía en sus manos. «Apoyados en esta protección maternal, debe­mos unirnos más íntimamente a nuestro Mediador y Salvador, Cristo Jesús» (LG 62).

Lectura de los escritos de Santa Catalina Labouré:

El sábado 27 de noviembre… a las cinco y media de la tarde, en el momento de la oración, después del punto de la medita­ción, en medio de un profundo silencio, de pronto, me pareció oír un ruido como el roce de un vestido de seda, que venía del lado de la tribuna. Volviendo los ojos a aquel lado, vi a la Santísima Virgen cerca del cuadro de San José.

La Virgen estaba de pie, vestida de blanco, estatura media­na, el rostro tan bello que me sería imposible decir su belleza. Llevaba un vestido de seda blanco-aurora… sin escote, mangas lisas. La cabeza cubierta con un velo blanco que le descendía por ambos lados hasta los pies. Debajo del velo llevaba el cabello liso bajo una especie de pañoleta, alrededor de la cual había un pequeño encaje aproximadamente de dos dedos de altura, sin fruncido, ligeramente apoyado sobre el cabello, el rostro muy descubierto.

Los ojos tan pronto los elevaba al cielo como los bajaba. Los pies apoyados sobre una esfera, es decir, la mitad de una esfera, o al menos a mí me pareció la mitad. Las manos elevadas a la altura del estómago de una manera muy natural, teniendo en ellas una esfera que representaba al mundo. Su rostro era bellísimo, no podría describirlo…

En ese momento en que yo la contemplaba, la Santísima Virgen bajó los ojos mirándome, y una voz se hizo escuchar desde el fondo del corazón, que me dijo: «Este globo que ves representa al mundo entero… y a cada persona en particular».

Oración: Te pedimos, Señor, que nosotros, tus siervos, gocemos siempre de salud de alma y cuerpo; y por intercesión de Santa María, la Virgen, líbranos de las tristezas de este mundo y concédenos las alegrías del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Liturgia de la Palabra

Primera lectura:

Monición: En el Antiguo Testamento se nos habla de Ester, a quien la Iglesia considera figura de María como intercesora a favor de su pueblo. Ester obtuvo del rey Asuero que salvara al pueblo judío de sus enemigos y María nos alcanza del Señor toda suerte de gracias.

Lectura del libro de Ester: 2, 17; 14, 2… 19

Canto responsorial (cantado o proclamado):

PUES QUE TU, REINA DEL CIELO, TANTO VALES,
DA REMEDIO A NUESTROS MALES.

—    Quién podrá tanto alabarte.
según es tu merecer;
quién sabrá tan bien loarte
que no le falte saber:
pues que para nos valer tanto vales,
da remedio a nuestros males.

—    Tú, que te dicen bendita
todas las generaciones;
tú, que estás por tal escrita
entre todas las naciones:
pues en las tribulaciones tanto vales,
da remedio a nuestros males.

—    ¡Oh Madre de Dios y hombre! ¡Oh concierto de concordia!
Tú que tienes por renombre
Madre de misericordia:
Pues para quitar discordia tanto vales,
da remedio a nuestros males.

— Tú que eres flor de las flores,
tú que del cielo eres puerta,
tú que eres olor de olores,
tú que das gloria muy cierta:
si de la muerte muy muerta no nos vales,
no hay remedio a nuestros males.

Aclamación antes del Evangelio:

ALELUYA, ALELUYA. Su madre dijo a los sirvientes: Haced lo que él os diga. ALELUYA, ALELUYA.

Evangelio:

Lectura del santo Evangelio según San Juan: 2, 1-11

Homilía (orientaciones):

  • «Uno es el Mediador de Dios y de los hombres, Cristo Jesús» (1 Tm 2, 5).
  • Mediación de María (LG 60-62): su sentido (ver, por ejemplo, el librito «María, Madre del Señor», de Karl Rahner, Herder).
  • Toda la historia del culto y devoción a María es una prueba de su mediación.
  • Toda la historia de la Virgen Milagrosa y su Medalla también lo es.
  • Simbolismo del anverso de la Medalla…
  • Gracias que debemos pedir por sus manos…
  • Amor, confianza: «ruega por nosotros que recurrimos a ti».
  • Todos somos «mediadores» entre Dios y los hombres: responsabilidad de oración y acción cristianas.

Oración

Oración personal:

Monición: Pidamos a la Virgen que transforme la insipidez de nuestras vidas en vino generoso. Pongamos en sus manos todas nuestras necesidades, las de nuestros allegados, las de todos. Pidámosle por las intenciones del Sumo Pontífice…

Oración en silencio…

Oración universal:

Monición: Por intercesión de la Virgen Milagrosa, Mediado­ra de las gracias, elevemos en común al Señor nuestras peticio­nes. Contestaremos todos «¡Atiende nuestra súplica!».

Preces:

  • Por la Iglesia: para que alcance su plenitud «a la medida de la plenitud de Cristo» (Ef 4, 13), roguemos al Señor. Por el papa, los obispos, los sacerdotes y los fieles: para que seamos de verdad «linaje escogido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido, para pregonar el poder del que nos llama de las tinieblas a su luz admirable» (1 Pe 2, 9), roguemos al Señor.
  • Por el mundo: para que venga a él el Reino de Dios, «reino de verdad y de vida, reino de santidad y de gracia, reino de justicia, de amor y de paz», roguemos al Señor. Por la paz: para que todos los hombres «trabajemos por ella y seamos llamados los hijos de Dios» (Mt 5, 9), roguemos al Señor.
  • Por todos los cristianos: para que vengamos a ser «un solo rebaño bajo un solo Pastor», roguemos al Señor.
  • Por todos los que estamos aquí reunidos: para que tengamos «un solo corazón y una sola alma» (He 4, 32), roguemos al Señor.

(Pueden añadirse otras intenciones).

Oración: Bajo tu protección nos acogemos, Santa Madre de Dios: no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, líbranos siempre de todo peligro, ¡oh Virgen gloriosa y bendita! Amén.

Oh María, sin pecado concebida…

Padre nuestro

Conclusión

Monición final:

(El objeto de esta monición es proyectar la celebración a la vida, brevemente)

Bendición:

  • Que Dios todopoderoso os bendiga con su misericordia y os llene de la sabiduría eterna. Amén.
  • Que aumente en vosotros la fe y os dé la perseverancia en el bien obrar. Amén.
  • Que atraiga hacia sí vuestros pasos y os muestre el camino del amor y de la paz. Amén.

Canto final

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