Vall de Uxó es una población alegre, como todas las del levante valenciano, revestida de naranjos, impregnada de esencias de azahar y de esencias de alguna fábrica de curtidos. Valencianitos, con sus blusitas negras, límpidas, nos saludan con un «¡Adiós!» lleno de gracia; la chiquillada rebulle por las calles, al pasar el sacerdote corre como bandada de vivarachos jilgueros a besarle la mano; varias mujercitas lavan sartenes y cacerolas en el regato; al chirrido de la sirena se forma una porción de hombres y mujeres que, a través de los auríferos naranjales, se dirigen a la gran fábrica «Segarra», de donde salen como disparados, diariamente, hacia distintos puntos de la Península, más de dos millares de flamantes pares de zapatos; en casi todos dos portales se ve el pequeño caballete alpargatero, y en los bardales de las casas la típica rueda, que sirve para hilar el cáñamo. La población, de unas diez mil almas, se compone de varias calles largas, estiradas, que suben, suavemente, de oriente a poniente, con muchos claros de ruinas, efectos de los furiosos bombardeos que ha sufrido. Como cascos relucientes se levantan en el centro de las dos mitades de la población, hacia el azul del ido, las cúpulas de las dos iglesias parroquiales: la del Santo Angel y la de la Anunciación, con sus respectivas torres puntiagudas.
La vista que se goza desde los altozanos es de lo más pintoresco; desde la terraza de la casa que ocupamos, vemos a nuestros pies la hermosa vega naranjera, como salpicada de vellocinos de oro, que deslizándose entre suaves colinas va a confundirse la inmensidad de un mar resplandeciente, sonriendo en sus orillas el blanquecino pueblo de Moncófar.
A la espalda de la Vail forma toda una línea de gigantes y cabezudos, una serie de montes caprichosos, encastillados y rojizos cubiertos de algarrobos y surcados de trincheras, parapetos y líneas de chabolas; son las últimas estribaciones de la famosa sierra de Espadán.
Este es el teatro de nuestra actividad y el campo que el señor Obispo de Tortosa ha encomendado a nuestro celo, un verdadero vivero de almas; las dos parroquias sobredichas, más la de Alfondeguilla, pueblo de unas mil almas, ya como de montaña, distante unos cuatro kilómetros de la Vall, enclavado en una hermosa quebrada, donde nacen las deliciosas aguas gaseosas que aquí bebemos, entre bosques de alcornoques, cuevas y peñascales.
A estas parroquias unidas, «aeque principaliter», llegaron para encargarse de ellas los PP. Pedro Navarro (Superior), Pablo Cortés y Andrés Calderó, el día 7 de octubre de 1939, siendo muy bien recibidos, tanto por las autoridades como por el pueblo. No existiendo Casa parroquial o Abadía habitable, de momento se refugiaron los tres Padres en casa de una familia trabajadora de sentimientos tan cristianos, que no consintieron en modo alguno se hospedaran en la fonda. Padres de un hijo sacerdote asesinado por los rojos, se estrecharon cuando pudieron (pues viven dos matrimonios juntos) y los Padres aceptaron, agradecidos, el diminuto recinto cedido con magnánimo corazón. Estuvieron diez días en tan buena compañía, tratados espléndidamente y sin conseguir que tan cristiana familia aceptase remuneración alguna por el hospedaje y la manutención. Después, se trasladaron a la casa de D. Vicente González, cedida generosamente, a los Padres, mientras no tengan otra disponible. Casa hermosísima, pero carente de puertas y ventanas y sobre todo de cristales, que sólo los hay en la ventana del comedor. Debido esto a la guerra, que causó muchos destrozos en Vall de Uxó; de suerte que esta ciudad es una de las adoptadas por nuestro invicto Caudillo para su restauración.
Posteriormente, por enfermedad del P. Cortés, (quien está hospitalizado en Valencia, solícitamente atendido por aquellas buenas Hijas de la Caridad), me he venido un servidor de ustedes, el día 12 de diciembre, desde Mallorca, para suplirle.
El día 15 de diciembre llegó el Sr. Visitador, P. Comellas, quien permaneció tres días con nosotros, dejando instalado canónicamente en su oficio de Superior al P. Navarro.
Aquí se reorganizaron inmediatamente las tres parroquias. La del Santo Angel, la más deteriorada, renegrida de humo, tiene ya montados sus andamiajes hasta la cúpula, y se han reparado todas las heridas de la guerra, trabajándose con toda la actividad a que dan alcance las limosnas que se vienen recogiendo; lo mismo la de la Asunción, esperando que, a no tardar, van a quedar como nuevas, Dios mediante. Se trabaja también, con aquel tino que se debe, en los principios de toda obra, en la parte espiritual, que debe ser el objeto de todos nuestros intereses y ambiciones, y que esperamos María, la Madre del cielo, bendecirá. Estamos seguros, mientras tanto, de que tierras fecundadas por santos de la talla del gran apasionado de la Eucaristía y de la Virgen, San Pascual Bailón, del Apóstol Santo Tomás de Villa- nueva, y del gran San Vicente Ferrer, son capaces, tales tierras, de producir flores más perfumadas aún que sus azahares y frutos más ricos que el oro de sus deliciosos naranjos.
JOSÉ POUS, C. M.
Vall de Uxó, 31 de diciembre de 1939.






