Nicolas Siemienski (1717-1788)

Mitxel OlabuénagaBiografías de Misioneros PaúlesLeave a Comment

CREDITS
Author: Desconocido · Translator: Máximo Agustín, C.M.. · Year of first publication: 1903 · Source: Notices, V.
Estimated Reading Time:

El Sr. Nicolas Siemienski nació en la diócesis de Kujavie en Polonia, el 12 de septiembre de 1717. Después de sus primeros estudios, entró en la Congregación de la Misión, en Varsovia, el 11 de noviembre de 1740. El Sr. Sliwicki era, desde hacía poco, Visitador de las casas de la Congregación en Polonia; fue bajo la mirada de este hombre distinguido por su virtud y por su ciencia, cuando el Sr. Siemienski fue educado. Se puede hacer una idea de lo que fue, desde los comienzos de su vocación, por las notas siguientes que dio de él el director bajo el cual había hecho su seminario.

«Celoso de la gloria de Dios, de una regularidad del todo ejemplar, combate y corrige todo lo que suena a disipación y el espíritu del mundo». Es fácil de juzgar por así de qué manera desempeñó las funciones del misionero, una vez ordenado de sacerdote. Se hallaba en Cracovia cuando, en 1755, el Sr. Sliwicki, conociendo sus talentos y su virtud, le mandó venir a Varsovia para encargarse de la dirección del seminario interno de la Congregación. Al año siguiente, unía a este el cargo de asistente de la casa y de consultor de la provincia; por último el Sr. Sliwicki, a causa del trabajo extraordinario que le ocasionaba el gobierno y las visitas de su vasta provincia, propuso al Superior general nombrar al Sr Siemienski superior de la casa de Santa Cruz de Varsovia.

En 1774, después de la muerte del Sr. Sliwicki, el Sr. Jacquier nombró al Sr. Siemienski visitador de la provincia de Polonia. El Sr. Jacquier le conocía personalmente, pues le había visto en la asamblea general de 1762, en la que había tomado parte en calidad de sustituto del Sr. Sliwicki, entonces visitador de Polonia. En 1774, los sucesos no permitieron al Sr. Siemienski formar parte en la catorceava asamblea general, pero se encontró en la quinceava, que tuvo lugar en 1786.

Como fue bajo el Señor Siemienski cuando la casa y la iglesia de Santa Cruz, de Varsovia, fueron acabadas por completo u puestas en el estado en que se encuentran hoy (1863), vamos a dar algunos detalles sobre los trabajos que se hicieron allí y sobre las obras que se establecieron.

Iglesia. –Esta iglesia, comenzada por las liberalidades de Marie-Casimire y del residente francés Maron, había sido gradualmente agrandada, gracias a los socorros entregados por numerosos bienhechores. En 1764, había caído un rayo sobre una de las torres. Esta torre, al desplomarse mató a un hermano que rezaba en la iglesia hiriendo a varias personas. El Sr. Siemienski contribuyó a su reconstrucción. Para completar la iglesia, se necesitaba un cementerio; en 1781, el Sr. Siemienski compró uno, que hizo rodear de muros y en el cual hizo construir un gran número de panteones, una capilla y una casa para los enterradores; más tarde, de 1807 1816, esta capilla sirvió de polvorín.

Hay también algunas tumbas en la iglesia de Santa Cruz. Además de las tumbas del cardenal Radziejowski y de Mons. Barthélemy Tarlo, hay en el ala derecha del altar de Santa Feliciana, el de Casimir Szczuka, obispo de Culm, hombre muy distinguido y bienhechor de la casa de los Misioneros en Culm, en 1694.

Se ve todavía, en los muros de la iglesia, los cuerpos de muchos personajes distinguidos del reino, pero sin tumbas ; allí está enterrado Auguste-Alexandre Czartoryski, palatino de Rusia, muerto en 1782, más lejos, Flemming, primeramente tesorero de Lituania, después palatino de Pomerania, bajo la capilla de la Santísima Virgen. Junto al altar mayor está la tumba de Pierre Desnoyers, secretario de la reina María Luisa; Murió bajo Jean Sobieski, siendo etaroste de Tuchol en Pomerania, en 1693.

La iglesia contiene muchas más tumbas modernas. Es rica en cuadros de los antiguos artistas polacos, que están colocados por encima de los altares.

Biblioteca. –Gracias a los cuidados del Sr. Siemienski, la casa de Santa Cruz posee una hermosa biblioteca. Contiene más de doce mil volúmenes. Comenzada por los primeros Misioneros, fue sucesivamente aumentada por los ahorros y por los regalos de los sucesores, los Srs. Siwicki, Siemienski, Jaszewski, Wolski, Wolinski, Hussarzewski, Jakubowski, y también por Zachariaszewicz, y por el ex jesuita Kozminski. El local que ocupa hoy fue dispuesto por los cuidados del Sr. Siemienski, en 1784.

Imprenta. -El Sr. Siemienski enriqueció también la casa de Santa Cruz con una imprenta. Cuando la casa de Culm, después del reparto de Polonia, cayó bajo la dominación de Prusia, el Sr. Siemienski, viendo que la imprenta perdería su utilidad o incluso cesaría de poder funcionar, la mandó transportar a Varsovia, en 1780.  No sorprenderá el cuidado que ponía en poseer esta imprenta, cuando se sepa que incluso en esta época esta industria estaba muy poco desarrollada en Polonia, testigo Wladislas Lubienski, primado del reino y arzobispo de Gnesen quien, para evitar a sus secretarios la molestia de copiar sus circulares, estableció una imprenta en su palacio episcopal de Lowicz, en 1760; y es allí donde varios literatos de la época vinieron a imprimir sus obras.

Con el establecimiento de una imprenta en Santa Cruz, el Sr. Siemienski prestó un  verdadero servicio a la religión y a su país. Pidió y obtuvo, en 1780, el permiso de los magistrados de la ciudad y la autorización real necesarios a este efecto. Se limitó, por lo demás, a pedir el permiso de imprimir las obras religiosas útiles a la Congregación y a la Iglesia. El material de esta imprenta estuvo siempre bastante restringido, pero ha servido para reproducir hasta hoy un gran número de obras útiles que han favorecido la instrucción y la piedad de los fieles.

Escuela  parroquial. – En los edificios de la casa de Santa Cruz, los Misioneros habían establecido una escuela de chicos. Se enseña no solo a leer, a escribir y a calcular, sino también  los principios del latín y del alemán. Es frecuentada por un centenar de niños. El Sr. Siemieski estableció, en 1767, otra escuela en el barrio Bielawy, en favor de la población pobre de alemanes que se hallaban en esa parte de la parroquia. Era una escuela alemana. Había hecho construir una casa y la había amueblado. Pero, en 1824, el gobierno se adueñó de ella para ponerla al servicio del departamento de instrucción pública. La escuela polaca de Santa Cruz subsiste todavía hoy (1863)

Hospital. –Desde el comienzo, a la iglesia de Santa Cruz iba unido un pequeño hospital de seis pobres. A causa de varias donaciones, este hospital contiene hoy doce pobres, cuyo único empleo es mantener la limpieza en la iglesia y rezar por los bienhechores.

Monte de Piedad. – El Sr. Sliwicki, en 1743, había establecido cerca de Santa Cruz, un monte de piedad, sobre el modelo del que existía en Roma. La finalidad de esta institución era [35] prestar a los pobres dinero sin interés, mediante ciertos objetos depositados en préstamo, para impedirles ir  a pedir prestado a usureros. El fundador de esta institución fue el Sr. Gabriel-Raphaël Wyrzynski, montero de Sanok, que dedicó a este fin una suma de 10 000 florines, y confió su dirección al párroco de Santa Cruz. Esta fundación fue aprobada por  Mons.  Théodore Czartoryski, obispo de Posen, en 1743. A pesar de muchas pérdidas provenientes de la negligencia o de la mala fe de los prestamistas, este monte de piedad pudo aguantar hasta 1838, bajo la dirección de un sacerdote de la Congregación de la Misión.

En 1838, cesó de existir porque, para sostenerle, habría que estar continuamente en pleitos con prestamistas de mala fe. No obstante, en 1857, después de que se hubo hecho fructificar el capital primitivo de la fundación, se buscó un medio de aplicarlo útilmente a los pobres. Se estableció una caja de socorro confiada a la Asociación de las Damas de la Caridad; hay un comité de hombres que se ocupa del empleo de esta caja en préstamos al 4%. El capital primitivo, aumentado por un legado del Sr. Skarzynski, se leva  hoy a 33 000 florines. Esta caja está colocada bajo la dirección del Visitador que da cuenta todos los meses.

Aparte de estas obras, el celo del Sr. Siemienski se extendía sobre todo a los seminarios. Se ven los cuidados que se tomaba en este sentido en las recomendaciones que hacía en sus visitas. Desafiando la agitación del país y la distancia de los lugares, no dejaba de visitar las casas a su tiempo, sea en persona, sea por sustitutos. Animaba a los Misioneros al celo por su propia perfección y a no descuidar las misiones, a pesar de la pobreza de las casas y la pérdida de sus recursos.

Recomendaba también en los seminarios la enseñanza del dogma, parte de la teología que hasta entonces no se había cultivado y que la necesidad de los tiempos obligaba a cuidar de manera particular. Bajaba a los detalles y no descuidaba nada; se puede juzgar de ello por lo que Bartoszewicz nos cuenta a propósito del entierro del primado Wladislas Lubienski, en Lowicz, en 1767; el Sr. Siemienski era entonces superior de Santa Cruz:

«Los Misioneros de Varsovia, dice, acudieron en gran número a este entierro. No hubo música, pero ejecutaron tan bien en canto llano todo este oficio fúnebre que los asistentes se sentían impresionados hasta las lágrimas».

El Sr. Siemienski era el padre espiritual de las religiosas de la Visitación; esta función, desde san Vicente, se ha quedado casi como hereditaria  en la casa de Santa Cruz. Pero por su cargo de Visitador, el Sr Siemienski debía ocuparse más especialmente de las Hijas de la Caridad. Fue con él cuando se hizo el establecimiento de Rozdol, en Galicia, como el de Zamosc en la misma región.

Este último establecimiento fue trasladado, en 1812, a Szczebrzesz, en la provincia de Lublin. Otro acontecimiento, que dio también su parte de consuelo al Sr. Siemienski, fue la reunión a la comunidad de las Hijas de la Caridad de una rama  separada que existía en Pultusk.

En 1727, Mons. Stanislas Zaluski, obispo de Plock, había fundado un hospital en la ciudad de Pultusk, y había hecho venir a las Hijas de la Caridad. No tardó en imponer reglamentos que su comunidad no podía aceptar. De ahí salió una ruptura; ¿las hermanas se volvieron a Varsovia, o se quedaron en Pultusk, separadas de la familia? Se ignora, ya que todos los papeles del hospital fueron arrebatados por los prusianos en 1793.

Lo que sí es cierto es que se formó allí una pequeña comunidad privada, que existió así hasta 1776, y que dio incluso hermanas, en 1774, a la fundación de Zytomir, en Ucrania. Mons. Michel Poniatowski, obispo de Plock, cediendo al deseo de estas hermanas, consintió, en 1776, su reunión solemne y oficial con la Comunidad de las Hijas de la Caridad. Este acto fue realizado de una manera muy impresionante, y la Visitadora, que era en esta época la hermana Madeleine de Suerien, se dirigió, para ello a Pultusk, para tomar posesión del establecimiento.

Durante los catorce años que fue Visitador, el Sr. Siemienski vio nacer, en su provincia, numerosos establecimientos, tales como los de  Worni ou Medniki, dans le diocèse de Zmudz ou Samogitie (1775); de Mohilew, en Lithuanie (1784); de Posen (1783); de Zytomir, en Ukraine (1785); d’Oswiéi (1785), et d’Illukszta 1787); ces deux derniers en Courlande; et, enfin, de Mikulenice, en Galicie (1779).

Pero, por otro lado, fue testigo de los funestos resultados  del reparto de Polonia y de la supresión de ocho casas, que se hallaban bajo el dominio del  emperador de Alemania. Las casas suprimidas por José II, en 1782, fueron Sambor, Przemysl, Krasnostaw, Horodenka, Brzozow, Léopol, Glowow et Mikulenice.

Conocemos los motivos de esta supresión. El emperador de Alemania, Joseph II, defensor nato de la santa Iglesia romana, se convirtió sistemáticamente en el opresor. Imbuido de las tradiciones absolutistas de sus predecesores y de los príncipes anticristianos del siglo dieciocho, se le metió en la cabeza reformar la Iglesia y al clero a su talante. Muchos desórdenes, sin duda, parecieron darle  pretextos; pero tampoco es menos cierto que muchas de estas reformas no pudieron sino aumentar aún los males existentes. El clero secular fue considerado como una categoría nueva de funcionarios; el clero regular pasó al dominio de la burocracia. Toda comunicación con el centro de la Iglesia, la sede apostólica, hallándose prohibida, la actividad eclesiástica, ya tan debilitada en el siglo dieciocho, se retardó todavía más. Los grandes beneficios se convirtieron en objetos de intrigas a menudo escandalosas. La ciencia, el mérito personal, la piedad, las cualidades sacerdotales, no eran siempre títulos suficientes para la entrega de las dignidades eclesiásticas. Las órdenes religiosas, sustraídas a las visitas de sus superiores generales, se alejaron más que nunca del espíritu de sus reglas.

La provincia de la Congregación de la Misión en Polonia se preservó de estos males mediante la hermosa conducta que tuvo en esta circunstancia, mostró por el general abandono que hizo de tantas casas, que ella prefería a todos los bienes de la tierra, la fidelidad a las reglas de la Congregación y el afecto al sucesor de san Vicente. Cuando se vieron ante el dilema del exilio o la separación del Superior general, todos los Misioneros, animados por el Sr. Siemienski, abandonaron las ocho casas de la Provincia de Galicia con todos sus bienes, teniéndose por felices de ser juzgados dignos de sufrir algo por el amor a su vocación. Fue un bonito ejemplo dado a toda la Congregación. Dios quiso coronar por ese hermoso acto la vida del Sr. Siemienski, que no sobrevivió por largo tiempo a la supresión de la Congregación en Galicia.

Las descripción de la obras establecidas en Varsovia y dirigidas por los Misioneros que se ha leído más arriba, data de 1863. Ese año mismo, teniendo lugar un atentado en Varsovia, contra el gobernador de esta ciudad, el gobierno ruso implicó a las comunidades  religiosas en la represión. En el transcurso del año siguiente, los misioneros Lazaristas de la provincia de Varsovia fueron dispersados,  sus bienes confiscados y la iglesia de Santa Cruz, con lo que subsiste de sus obras, pasó a las manos del clero diocesano. – Mémoires de la Congrégation de la Mission. Pologne, p. 432 et suivantes.

El Sr. Siemienski murió en Varsovia el 10 de octubre de 1788; tenía setenta y un años y había vivido cuarenta y ocho años en la familia religiosa de san Vicente de Paúl. Su cuerpo fue depositado en los mausoleos de la iglesia de Santa Cruz.

El Superior general, en su circular a toda la Congregación, con fecha del 1º de enero de 1790, hizo de él este hermoso elogio:

«No había podido hablarles, el año pasado, del Sr. Siemienski, visitador de Polonia, muerto el mes de diciembre, porque no he recibido la noticia hasta finales de enero. Su muerte ha llenado del dolor más vivo a todas nuestras casas de Polonia que había gobernado durante muy largo tiempo con la mayor sabiduría. Y ella inspirará los mismos sentimientos a todos los que habían tenido la suerte de conocerle. Había sido designado por el difunto Sr. Sliwicki para ser sucesor suyo. Ha justificado la elección por las grandes cualidades que ha desarrollado en administración de una provincia inmensa y por las virtudes cuyo modelo ha presentado durante el curso de una larga vida. Ha muerto lleno de días y de méritos, su memoria será por largo tiempo bendita entre los cohermanos numerosos que él había engendrado en la Congregación y que han recogido sus últimos suspiros».

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *