Nicolas Rignord (1654-1743)

Mitxel OlabuénagaBiografías de Misioneros PaúlesLeave a Comment

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Author: Desconocido · Translator: Máximo Agustín, C.M.. · Year of first publication: 1903 · Source: Notices, IV.
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Nuestra casa de Manosque perdió el 16 de febrero de 1743 a nuestro querido hermano Nicolás Rignord, muy respetable por su edad y más aún por sus virtudes.

Nacido en Vernon, diócesis de Vienne en Dauphiné, el 11 de noviembre de 1654,  había sido recibido en Lyon el 11 de noviembre de 1686. – Es la debilidad de la naturaleza antes que una enfermedad particular la que se llevó, después de recibir todos los sacramentos. Aunque este venerable anciano estuviera al final de su carrera, siendo de edad de ochenta y nueve años, todo el mundo deseaba que Dios prolongara aún una vida tan preciosa como la suya  y conservara a un santo que edificaba por sus ejemplos y atraía la bendición del cielo por sus oraciones.

Educado en el temor de Dios por unos padres que estaban penetrados también de él, tuvo desde su juventud el deseo de consagrarse  por completo a su servicio. Frecuentaba a menudo los sacramentos, se dedicaba a la oración y a la lectura de los libros de piedad. Mandó un día comprar uno por la suma un poco notable que constituía todo su tesoro. Su párroco, a quien se había dirigido para la compra de libros, habiéndole indicado que este gasto era considerable para su estado, le respondió que no podía hacer otro más útil, ya que debía servir  a su santificación y a la de toda su familia.

Un gusto particular por la vida penitente le hizo primero ganas de entrar en los Padres Recoletos; pero Dios le destinaba para nosotros. Nuestra casa de Lyon, que necesitaba hermanos, se dirigió por casualidad al párroco de Vernon para pedirle algún sujeto. Este sabio pastor presentó la propuesta al virtuoso joven quien la aceptó, interiormente persuadido de que era Dios mismo quien le manifestaba sus designios. Al llegar a Lyon quedó tan impresionado por la modestia edificante y la exacta regularidad  que advirtió entre los nuestros que, confirmado en su vocación, se dijo a sí mismo lo que ha repetido tantas veces: «Verdaderamente está aquí la casa de Dios y el lugar donde él quiere que me santifique «. En efecto, fiel a esta gracia, se le ha visto siempre caminar a un paso igual por las vías de la perfección, sin jamás aflojar en la práctica de los deberes de su estado. Durante cincuenta y cinco años que ha estado en Manosque, se ha visto en él, sin la menor variación, todo lo que puede contribuir a la formación de un excelente  hermano.

Laborioso hasta el exceso, durante más de cuarenta años, ha hecho y con gusto, todo lo que había de más duro. Trabajaba la tierra todo el año, mañana y tarde; y, al volver del campo, en lugar de buscar relajamiento en la ociosidad, se ponía a trabajar también en la casa.

Hombre de oración, el rezo era su ejercicio favorito; le ocupaba la mayor parte del día, sobre todo desde hace siete u ocho años que sus enfermedades no le permitían entregarse a sus precedentes trabajos. En toda ocasión tenía en la boca estas palabras: «Que se cumpla la voluntad  de Dios. Yo no quiero tener otra que la suya». Por eso su tranquilidad, su ecuanimidad su paz en los acontecimientos. Le sucedía con frecuencia decir que no deseaba ni vivir ni morir, sino solamente hacer la voluntad de Dios. – Anciennes Relations, p. 498.

 

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