Mis esperanzas para la Congregación de la Misión

Francisco Javier Fernández ChentoCongregación de la MisiónLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Robert P. Maloney, C.M. · Año publicación original: 1999 · Fuente: Vincentiana.
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Hace unos años les confié mis esperanzas para la Congregación para los años siguientes. Gracias a Dios, y con la generosa cooperación de los miembros de nuestra familia en todo el mundo, un buen número de esas esperanzas se ha convertido en realidad.

Hoy, en el primer año de un nuevo mandato como Superior General, les ofrezco mis esperanzas para los próximos seis años. Deseo hacerlo en la humildad, porque sólo Dios sabe el futuro y, al descubrirse, con frecuencia Dios nos revela cosas inesperadas. Por ejemplo, hace seis años yo apenas mencioné la Familia Vicenciana y ahora tiene un importante lugar en nuestras mentes. Sin embargo hoy, aún reconociendo lo limitado de nuestra visión humana, deseo también comunicarles mis esperanzas con gran confianza porque creo que el Señor camina con nosotros y confío en que con su ayuda, y la de otros miembros de la Familia Vicenciana, podemos convertir muchos de nuestros sueños en realidad.

Por supuesto, deseo ardientemente que continuemos los proyectos que hemos comenzado durante los pasados seis años: las nuevas misiones internacionales, CIF, las nuevas formas de oración comunitaria, el uso de nuevos medios de comunicación, etc. Ya les he hablado de esto muchas veces. Las esperanzas que hoy les comunico surgen en gran parte de la Asamblea General de 1998 y de alguna reflexión iniciada en dicha Asamblea.

1. Espero que podamos ser, junto con los miembros de la Familia Vicenciana de todo el mundo, una fuerza unida, un ejército (por llamarlo así), para la evangelización y promoción humana integral de los pobres.

Durante la Asamblea General los miembros de nuestra familia nos presentaron 20 recomendaciones. No voy a repetirlas todas aquí. Permítanme mencionar únicamente las cuatro llamadas que con más clamor escuché en estas recomendaciones.

  1. Escuché una llamada a la coordinación en el ámbito local, regional, nacional e internacional. Para describir esta estructura coordinadora se usan diversas palabras. Se le llama a veces equipo, otras veces comité, otras secretariado. Pero existe una llamada clara a crear instrumentos de coordinación que canalicen nuestras energías comunes. Internacionalmente, los responsables de muchas de las ramas principales de nuestra familia nos hemos venido reuniendo regularmente durante los últimos cuatro años. Espero que dichas reuniones regulares se organicen en el ámbito nacional, regional y local.
  2. Escuché repetidamente una llamada a la ayuda mutua en la formación. Los miembros de nuestra familia desean profundizar en su espiritualidad. Quieren conocer aún mejor a San Vicente y su visión de Cristo y del mundo. Ellos creen que esta es una de las grandes necesidades de nuestra familia y reconocen que podemos ayudarnos mutuamente en la satisfacción de esta necesidad. Recientemente he pedido a un cohermano y a una señora casada que colaboraran en la redacción de un libro sobre la espiritualidad Vicenciana en la vida de los seglares, hombres y mujeres. Varios miembros de diversas ramas de nuestra familia se reunirán con los autores en un retiro para ofrecerles sugerencias y concretar esta espiritualidad.
  3. Escuché una llamada a una mayor comunicación entre la familia, compartiendo publicaciones ya existentes, creando quizás otras nuevas o con el uso de medios de comunicación como Internet. Más adelante, cuando hable de Internet, volveré sobre este tema.
  4. Escuché una clamorosa llamada, incluso un grito, pidiendo la realización de proyectos comunes, en diversas partes del mundo, para combatir las necesidades de los pobres. El pasado año publicamos en Vincentiana seis proyectos comunes realizados en diferentes continentes. Espero que en cada país donde exista nuestra familia, y con la participación de todas sus ramas, dichos proyectos sean pronto realizados.

Espero que podamos responder a estas cuatro llamadas.

2. Espero que podamos enriquecer nuestros programas de formación en toda la Congregación de la Misión en todos los niveles.

La Asamblea General trató esta cuestión muy concretamente y formuló diversos compromisos sobre:

  1. la formación inicial y permanente de nuestros miembros,
  2. la formación de nuestros formadores,
  3. la formación de la Familia Vicenciana

Tengo grandes esperanzas a este respecto. Permítanme mencionar sólo tres:

  1. Espero que podamos ayudar a nuestros formadores a ser maestros y guías en el camino espiritual. Es muy importante que nuestros formadores estén profundamente enraizados en el misterio del amor de Dios a fin de poder ayudar a nuestros candidatos a compartir profundamente ese mismo misterio. Después de todo, la misión de la Congregación es anunciar gozosamente este misterio. La buena noticia es que Dios vive, que vive en nosotros, que trabaja entre nosotros, y que tiene un amor especial a los pobres. Nuestros formadores desempeñan una función crucial ayudándonos a todos a sumergirnos en este misterio. Mi esperanza es que la Congregación pueda ayudarles a ellos a penetrar cada vez más en sus profundidades.
  2. Espero que podamos establecer centros regionales para la formación Vicenciana de nuestros formadores. Deseo animar a todas las Conferencias de Visitadores (CLAPVI, ASPAC, COVIAM, CEVIM, los Visitadores de USA) a organizar dichos centros, donde nuestros formadores puedan reunirse, por ejemplo, una vez al año durante varias semanas para estudiar, compartir experiencias y preocupaciones como formadores, y para vivir una experiencia de vida comunitaria y de oración juntos.
  3. Espero que nosotros podamos ayudar a otras ramas de la Familia Vicenciana a desarrollar buenos programas de formación. Como ya he mencionado anteriormente, yo escucho esta llamada repetidamente. Nuestras ramas seglares (especialmente la AIC, la Juventud Mariana Vicenciana y la Sociedad de San Vicente de Paúl) nos animan continuamente a ofrecerles esa ayuda. Esto, con frecuencia, exige mucho trabajo, creatividad y preparación de materiales atractivos, incluso libros, que ayuden a otros en su formación. El desafío es también divulgar estos materiales ampliamente a fin de que lleguen a la base. Hay millones de miembros laicos en nuestra familia. Cómo poder hacer llegar a todos este material de formación. Este es el desafío clave. Mi esperanza es que le demos respuesta.

3. Espero que las «nuevas provincias» —las de África, la región de Asia-Pacífico y Latinoamérica— puedan continuar creciendo en la inculturación del carisma Vicenciano, y que las provincias más «veteranas» —especialmente las de Europa Occidental y Norte América— puedan generar nueva vida como entidades más pequeñas, con más enfoque y más flexibles.

La Congregación está creciendo con gran rapidez en África, en la región Asia-Pacífico y en muchos países de América Latina y disminuyendo en los Estados Unidos y en Europa Occidental. Espero la total inculturación del carisma Vicenciano en las «nuevas provincias» y la revitalización del carisma en las «provincias veteranas».

El leitmotiv de la santidad fue impresionante durante los Sínodos de África, de la Vida Consagrada, de Asia, de las Américas y de Europa. El mensaje del Sínodo de África proclama que la santidad es el fin y el verdadero fruto de la inculturación. La santidad supone autenticidad, integridad, coherencia entre lo que decimos y cómo lo vivimos, especialmente con respecto a la vivencia de los votos. En otras palabras, cuando predicamos la solidaridad con los pobres, debemos también vivir en solidaridad con los pobres. Cuando exhortamos a los demás a un estilo de vida sencillo, nosotros debemos también vivir en sencillez. Cuando hablamos de la obediencia, debemos ser rápidos en escuchar, rápidos en obedecer los signos de la voluntad de Dios. Nuestro amor a Dios y a su pueblo debe ser profundo y fructífero; debe ser evidente que nosotros tenemos muchos hijos e hijas cuya vida en Dios buscamos nutrir diariamente.

Autenticidad, integridad, coherencia (o lo que San Vicente llamaba «sencillez») deben ser el signo de la santidad Vicenciana dondequiera que la Congregación está realmente inculturada.

Aquí en Europa hay signos muy prometedores de crecimiento en el Este, con expansión hacia los países de la anterior Unión Soviética. Sin embargo en Europa Occidental y en los Estados Unidos el número de vocaciones ha disminuido enormemente y la edad media de los cohermanos ha ascendido de modo notable. Admiro los esfuerzos hechos por estas provincias para revisar sus obras, crear nuevas formas de vida comunitaria, y revitalizar la oración común. Deseo animar a los Visitadores y a todos los miembros de dichas provincias en una tarea difícil. Me dirijo hoy a cada miembro de estas provincias para decirles que: no se desanimen. Tengo una total confianza en que el Señor está con nosotros, en que Él ama a los pobres, y que el carisma de Vicente de Paúl es inmensamente atractivo como medio de llegar a los pobres. Les apremio a ser creativos para atraer a otros al ejercicio de la caridad práctica y efectiva por la que es tan conocido nuestro fundador. Al mismo tiempo atráiganles a la espiritualidad profundamente evangélica de San Vicente. Ayúdenles a ver a Cristo evangelizador y siervo de los pobres como el centro de sus vidas.

4. Espero que podamos hacer oír claramente nuestra voz Vicenciana en los organismos internacionales, como las Naciones Unidas y la Comunidad Europea.

A este respecto tenemos mucho que aprender de la AIC. Puede servirnos de modelo el trabajo que ellas realizan en su centro de Bruselas.

Como Vds. saben, en Diciembre de 1998 fuimos reconocidos oficialmente como Organización No Gubernamental con derecho a participar en diversas comisiones de las Naciones Unidas. Esta nueva forma de servicio a los pobres está a punto de comenzar. Deseo ardientemente hacer oír nuestra voz Vicenciana en las Naciones Unidas sobre temas sociales importantes como la pobreza, el hambre, la educación, la sanidad, y los derechos humanos.

5. Espero que podamos desarrollar una «ratio missionum» creativa que sirva para las misiones ad gentes patrocinadas por las provincias y para las nuevas misiones internacionales que dependen del Superior General.

Este fue uno de los compromisos concretos de la reciente Asamblea General.

Más concretamente, lo que yo desearía es tener un plan general para las misiones, delineado por cohermanos con experiencia, que ofrezca líneas de acción para una evangelización a gran escala en la misión y a la vez tiempo para la promoción humana integral. La unión entre evangelización y promoción humana, tan importante para San Vicente, se ha convertido hoy en una piedra angular en la doctrina social de la Iglesia.

Para poner esto en práctica, hemos nombrado recientemente una comisión para empezar a redactar el Ratio. Sus miembros son: Victor Bieler, Antonius Sad Budianto, Jorge Homero Elías, Dominique Iyolo Iyombe, Hugh O’Donnell, Ángel Santamaría. La comisión se reunió a principios de Enero y ahora ha enviado un cuestionario con el que persigue la aportación de todos los cohermanos.

6. Espero que podamos usar los medios modernos de comunicación con creatividad en el servicio de los pobres y canalizar nuestras energías en temas de justicia y paz.

La Asamblea General de 1998 nos encomendó establecer una red de comunicaciones en el ámbito mundial, en cooperación con la Familia Vicenciana y usarla, no sólo para promover nuestra formación y la difusión de la información entre la Familia, sino también encontrar medios de hacer este instrumento accesible para los pobres.

En la reunión de los responsables de las principales ramas de nuestra familia, del 14 al 16 de Enero de 1999, en Roma, decidimos abrir una «página de familia». Esperamos que comenzará a principios de Abril de este año. Los comienzos serán modestos ya que se necesita mucho trabajo en cada una de las ramas de la familia y en cada una de nuestras provincias. Recientemente escribí a todos los Visitadores pidiéndoles una lista de todos los «sitios web» de la Congregación de la Misión y los nombres de cualquier cohermano de sus provincias que esté interesado en colaborar en el desarrollo de la «página de nuestra familia». Los colaboradores pueden trabajar en este proyecto varias horas a la semana, en sus mismas casas, sin necesidad de trasladarse.

Espero que esta página pueda ser un lugar de diálogo donde podamos informarnos mutuamente sobre temas de justicia y paz y unir nuestras energías hacia metas concretas.

7. Espero que MISEVI se extienda a otros países.

Nuestra Asamblea General pidió que trabajemos unidos, como familia, en las misiones ad gentes. Me alegra decir que, cuando la Provincia de Colombia se ofreció a abrir una nueva misión en Ruanda, dijo que sería una misión de la familia.

Recientemente, después de dos años de consultas, presenté los Estatutos Internacionales de MISEVI a la Santa Sede para su aprobación. Este nuevo miembro de nuestra familia tiene como fin enviar laicos, hombres y mujeres, a las misiones ad gentes. MISEVI les ofrece formación, un lugar de apostolado, ambiente comunitario, mantenimiento económico, el apoyo humano y espiritual de su organización y el regreso a su lugar de origen.

Espero que esta Asociación, que existe ahora principalmente en España, se extienda a otros países.

8. Espero que podamos animar a los jóvenes a formar parte de los grupos laicos Vicencianos ya existentes (como JMV, AIC, Sociedad de San Vicente) y podamos también formar otros grupos Vicencianos al servicio de los pobres.

El Consejo General recientemente finalizó un estudio, en el cual todos hemos gozado, ya que lo encontramos muy interesante. Dicho estudio se titula «Asociación de Grupos y Personas con la Congregación de la Misión». Ahora se ha enviado a los Visitadores y próximamente se publicará en Vincentiana en tres idiomas.

Este estudio, y sus conclusiones, ofrecen muchas sugerencias concretas sobre grupos y personas que pueden establecer lazos con la Familia Vicenciana, como profesores, doctores, enfermeras, estudiantes de nuestros colegios, etc. Yo esperaría que podamos fomentar asociaciones Vicencianas que ofrezcan a dichas personas el compartir nuestra espiritualidad, la oración, nuestra amistad y nuestra misión apostólica.

9. Espero que podamos incrementar los fondos que estamos recogiendo para nuestras misiones y para la formación.

Permítanme comenzar agradeciendo a los Visitadores y a las personas individuales que han contribuido con tanta generosidad al Fondo Internacional para las Misiones 2000, que empezó en 1995 y que se está incrementando regularmente. El año próximo empezaremos a utilizar los intereses de estos fondos para los pobres y en la formación de quienes les servirán.

Cuando San Vicente estableció las obras, siempre intentaba proveerlas de una base económica que garantizara su futuro. El fin del IMF: 2000 es precisamente establecer dicha base. Yo continuaré haciendo una llamada a los Visitadores y cohermanos para que contribuyan al incremento de este fondo, ya que precisamente la congregación está creciendo con más rapidez en los lugares donde los recursos económicos son más escasos.

10. Espero que podamos llegar a ser una familia que ora con fervor y atractivamente.

¿Nos dice la gente: «¡Realmente los misioneros de la Congregación de la Misión saben orar!?».Ciertamente, las gentes conocen nuestra familia por las obras. El nombre de Vicente de Paúl es sinónimo de obras de caridad. Muchos obispos espontáneamente piensan también en la Congregación de la Misión cuando se encuentran en la mesa de su despacho con un tema de formación. Pero, ¿nos ve la gente como grupo profundamente comprometido con la oración? ¿Los jóvenes que se encuentran entre nosotros se sienten atraídos al experimentar cómo oramos?

San Vicente fue admirable en la oración. Sus contemporáneos le reconocían como un contemplativo en acción. Él puso gran énfasis en la oración mental pero nos pidió también que nos atuviésemos al ritmo de la vida litúrgica de la Iglesia y lo celebráramos con esplendor.

Mi esperanza es que podamos ayudarnos mutuamente a meditar diaria y fructíferamente y que nuestra oración común litúrgica, como he indicado repetidamente, sea «algo maravilloso para Dios» y atractivo para los jóvenes. Estoy a punto de escribir a toda la Congregación en este sentido.

Jürgen Moltmann escribió recientemente:

Los místicos — especialmente las místicashan descrito repetidamente la cercanía de Dios como…. corriente de olas de energía. Rodeados, inundados y penetrados totalmente de las corrientes de energía divina, cuerpo y alma despiertan como flores en primavera y dan frutos— es decir, se convierten en vida que da vida… Las personas colmadas del espíritu pasan las energías de la vida que da vida, y aparentemente no sólo de espíritu a espíritu, sino también a través de sus cuerpos. Las partes del cuerpo que irradian energía son un rostro ardiente, ojos brillantes, la boca al hablar, el juego de posturas y gestos que muestran afecto y compromiso. Es esto lo que aporta y carga de metáforas de dador de vida, la estimulante y electrizante cercanía de Dios en el Espíritu.1

Espero que nuestra familia irradie la vida de Dios. En nuestra familia, como dice el autor de los Hebreros, estamos rodeados, «de una gran nube de testigos».2 Ellos irradian energía: Vicente de Paúl, Luisa de Marillac, Catalina Labouré, Isabel Ana Seton, Federico Ozanam, Rosalía Rendu, Justino de Jacobis, Juan Gabriel Perboyre y otros muchos innumerables. Espero que muchos de nosotros seamos como ellos, llenos de la vida de Dios, llenos de amor a los pobres, testigos radiantes de los que brote la energía de Dios.

  1. Jürgens Moltmann, The Life of the Spirit (Minneapolis: Fortress Press, 1992) 273-276.
  2. Heb. 12,1.

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